En arte —como en la vida— la materia asesina al espíritu. El exceso
de fruición en los medios expresivos es siempre fruto del canto de
sirena con que la materia —palabra, color, sonido, mármol— nos atrae.
Fruición es decir primor. Primor es decir virtuosismo.
Un convidado que prefiriese andar por la cocina catando salsas y
charlando con los cocineros, pierde toda la emoción del festín.