Mucho cuidado antes de coincidir con cualquier vecino de butaca. Una
noche Stendhal escuchaba indignado una mala ejecución de «Armida». De
pronto oye decir:
—¡Esto es intolerable, es indigno!
Y Stendhal, agrega, complacido:
—Tiene usted razón.
—Es indigno —continúa el vecino— ¡que esos músicos no vistan de calzón
corto!
No fiarse tampoco de las llamadas «lecciones de la vida» —tan útiles
siempre a algunos grandes novelistas, a un tiempo «grandes vividores»—.
Cuenta el mismo Stendhal que Voltaire intentaba hacer aprender el arte
de declamar a una bella amiga aficionada al teatro. La joven comenzó,
al fin, a recitar el papel de Amenaida; pero el maestro, sorprendido al
ver una extraña frialdad en su discípula, le dijo:
—Pero, amiga mía, si un amante te hubiese traicionado, huyendo de ti
cobardemente, ¿qué harías tú?
—Buscarme otro —respondió sencillamente la muchacha.