XXIV

El buen bailarín solo necesita una baldosa. Como el buen novelista

solo necesita un gesto o la ausencia de un gesto. Proust construye una

espléndida arquitectura sobre la frágil primera piedra de un beso

fracasado. Charlot enlaza una sutil cadena de emociones a un primer

brote, a una primera sombra de emoción.

Es que en ellos la limitación es creadora. Hundidos voluntariamente en

cualquier grieta abierta en la roca viva, siguen rasgando el corazón

de la montaña, hasta dejarla toda socavada por un maravilloso túnel.

En vez de recorrer vagamente el paisaje, ellos enfilan sus prismáticos

a una parcela cualquiera de terreno. En una excursión, el viajero más

curioso es siempre aquel que ha visto menos cosas, porque se contentó

con detenerse ante una sola.

_Non multa, sed multum_ —decían ya los viejos dómines—. Nadie es menos

viajero que el poseedor de un coche ostentoso. El viaje consiste para

él en ir de prisa. Lo mismo, en el arte. «La vuelta al mundo de un

novelista» es la excursión de un colono que sale a recorrer sus

plantaciones de novela, para calcular la próxima recolección. Nadie

menos curioso de las maravillas de la tierra que un agricultor, como

nadie menos curioso de las bellezas orográficas que un ingeniero de

montes. Es preferible un alpinista.

Por fortuna, el arte va aprendiendo ya a andar con lentitud, a

detenerse a subrayar cualquier minuto, cualquier fugitivo escorzo.

Charlot, al parecer, solo intentaba divertirnos con un juego de manos,

pero sus encantadores panecillos trenzaron en el aire el sutil andamio

de una inesperada arquitectura. De lo que apenas fue siempre un humilde

desayuno, él creó un gracioso surtidor de peregrinos ritmos.

Ejercicios · 第 26 / 51 题