Antes de esta versión inglesa, hízose otra, parcial é inadecuada,
por Ambrose Colman, O. P., publicada en Rosary Magazine, 1900. James
A. Robertson dice que esta memoria «is one by those who are fighting
for life, and who see dimly ahead the fate that may overtake them
(obra citada, página 25), James A. LeRoy, refiriéndose á esta versión
de Robertson, dice lo siguiente:
«The chronological record of Spanish rule is very appropriately closed
with a document of the religious orders, which had from the first been
at the forefront in this history; it is the memorial signed by the
four Philippine orders that had figured in the political controversy
and by the Jesuits and addressed to the Colonial Minister at Madrid
(but never formally presented) on the eve of the outlook of war in
1898 and just before Dewey's ships sailed from Hong-kong. Those who
believe that the friars' mission in the Philippines was over will
find confirmation of that view in the arrogant tone and intolerant
viewpoint of this message, a veritable gauntlet of defiance flung down
before the Liberal administration at Madrid. But it is an eloquent
defense of the friars' record in the Philippines, nevertheless,
and a fine piece of rhetoric. Though the translation is faulty in
places, it makes available a document practically unknown heretofore»,
[The American Historical Review, núm. de Oct., 1908, págs. 159 y 160.]
Tal era el ambiente de entonces, 1896-97, en que ser masón,
librepensador ó reformista, era lo mismo que ser filibustero y
antiespañol. Y aunque los hechos depusieren lo contrario, no habría
remisión. El P. Pablo Pastells mismo, amigo de Rizal, jesuita de los
muy liberales, escribía á Retana con respecto á Rizal lo siguiente:
....«Y para refutar sus ideales filibusteros, entre otras, le propuse
la demostración de éstas dos tesis: El separatismo es imposible en
la ejecución; insostenible en la práctica: y en último resultado
contraproducente. Unida á España, recorrerá triunfante Filipinas la
senda del verdadero progreso; separada, precipitaráse en el caos de la
anarquía, de la esclavitud y del salvajismo. Rehuyó siempre Rizal, á
pesar de mis reiteradas instancias y retos, entablar conmigo discusión
alguna por escrito sobre este último extremo [del separatismo] por no
juzgarse con la independencia necesaria para emitir su pensamiento,
durante la deportación, sobre aquel punto. Así fué que nuestra polémica
hubo de circunscribirse solamente al asunto religioso. Aproveché este
cabo; harto sabía yo que reducido Rizal á la Religión Católica, la
cuestión de españolismo se hubiese ventilado luego con mayor facilidad,
como consecuencia de sus principios y deberes religiosos».... [Carta
de 6 de Enero, 1897].
En otra carta, de 19 del mismo mes y año, sienta la siguiente
doctrina: «El error ó herejía de nuestros días, sabe V. muy bien que
consiste en emancipar la política de la moral y de la Religión; como
si el Dios de la Religión no fuese al propio tiempo el Dios de la
Sociedad. Cuando Rizal lamentó que Pañganiban no hubiese podido dar
su sangre por la causa, lamentablemente mal lo hizo; si él ofreció
otro tanto, no pudo ofrecerlo; y por lo tanto, debió no cumplirlo;
y no cumpliéndolo supo hacer lo que debía. Nadie puede rebelarse en
conciencia contra la autoridad legítimamente constuída, nos lo dice
San Pablo. No hay autoridad que no dimane de Dios; el que resiste á
la potestad, resiste á la ordenación de Dios, y los que la resisten
adquieren para sí la condenación».
Estas ideas, adicionadas y desarrolladas convenientemente, se exponen
con un muy sutil razonamiento, y entonación valiente y solemne,
un la Memoria de las Corporaciones religiosas de Manila. En ella se
contestan ciertas acusaciones de Blanco ante el Parlamento español.
Ciertamente, Blanco en su Memoria al Senado (1897) transcribe, en los
apéndices (págs. 190 al 195), tanto el Oficio del M. R. P. Provincial
de Dominicos como el suyo contestando al del Provincial, y donde,
de paso, formula graves cargos contra los religiosos, cargos que no
recibieron réplica, añade Blanco, aparte otras insinuaciones irónicas
que éste ingirió en el cuerpo de su trabajo, referentes á los agustinos
Eduardo Navarro y Mariano Gil, cuyo retrato, el de este último, al
hacerlo campear como trofeo de gloria en el centro del periódico El
Español, hízolo con daño de su sagrado carácter de sacerdote.
Hélos á continuación:
Oficio del M. R. P. Provincial de Dominicos.
Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas de la Orden de
Predicadores.--Excmo. Sr.: Las noticias que del Padre Vicario
Provincial y de otros párrocos de mi Corporación en Cagayán recibo
acerca del estado grave en que se encuentra dicha provincia, son,
dada la excepcional situación por que atraviesa el archipiélago,
de tal importancia, que creo un deber ponerlas en conocimiento de
V. E., por si en su elevado criterio juzga conveniente tomarlas en
consideración.--Efectivamente, en dicha provincia hay, como debe
constar en ese Gobierno general, por lo menos dos logias masónicas y
separatistas: una en Aparri y otra en Tuguegarao: aquella compuesta,
según referencias de gran crédito, de más de 80 individuos principales
de la localidad y de influencia en Cagayán, todos ellos dispuestos,
así como los de Tuguegarao, á levantar la provincia en cuanto
reciban indicaciones de sus ignorados y misteriosos Jefes, con lo
cual conseguirán establecer un nuevo y apartado foco de insurrección
que distraiga nuestras tropas y les facilite más la consecuencia de
sus malvados intentos: Se dice que en las costas próximas al puerto
de San Vicente ha habido alijos de armas; que los negritos flecheros
de los montes de Cabo Engaño están convenidos con los laborantes de
Aparri para bajar sobre los pueblos cuando se les llame, con objeto de
coadyuvar á la rebelión; que en dicho Aparri tienen ya los laborantes,
en sus casas ó en las de sus dependientes, armas dispuestas para el
caso de la sublevación; que se vió hace tiempo en aguas de dicho cabo
un vapor sospechoso, del que se cree hizo alijo de armas, pues se halló
en el bosque inmediato á la playa un bote sin quilla, de estructura
no acostumbrada allí, con 10 remos, á propósito para acercarse
mucho á tierra, el cual bote lo recogieron los señores Astigarraga,
madereros de aquella comarca, coincidiendo ésto con la boya que se
recogió en las costas de Palanan y con los frecuentes viajes que en
bancas, dichas allí taculis, hacía la gente del Sr. Macanaya, muy
tildado de laborante, doblando el Cabo Engaño sin motivo racional
que explique dichos viajes.--A esto se agrega que el Gobernador
civil de la provincia, á pesar de las repetidas veces que se le han
expuesto estas noticias, y no dando importancia á los clamores de la
colonia peninsular, no ha tomado medida alguna para impedir cualquier
movimiento en la provincia, no ha recogido las armas á las personas
tildadas y se ha negado á gestionar eficazmente el armamento de los
peninsulares, que se lo pedían con insistencia. Unido ésto á que él
mismo, según referencias, se ha confesado masón, y, por lo tanto, no
puede estar á la altura de las presentes circunstancias; á que no se
pone de acuerdo con el elemento peninsular, ni se entiende para nada
con los párrocos, y, en cambio, en comunicaciones, pidiendo nombres de
sospechosos, se dirige solo á un Capitán municipal como el de Aparri,
D. Pedro Alvarado, conocido masón, motiva gran desconfianza y fomenta
la intranquilidad y los temores en la provincia, de suerte que algunas
familias de los peninsulares y extranjeros han abandonado la cabecera
y refugiádose en Aparri para más fácilmente coger un vapor que los
ponga á salvo.--Añádase á ésto que, hallándose tan lejos del centro
de las islas esta provincia, y pudiendo fácilmente los separatistas,
que son allí ricos é influyentes, en el triste caso de ocurrir un
movimiento, cerrar la barra de Aparri, la insurrección se extendería
por todas las provincias del Valle, se nos impediría la entrada por mar
á aquellas vastas y ricas comarcas, á las que por otro lado tan fácil
es que de las costas del Japón ó del Norte de América se verifiquen
desembarcos de armas, como se han verificado ya en otras partes del
archipiélago. Llegado este caso, no inverosímil, y que debe prevenirse,
la pacificación de Cagayán resultaría sumamente difícil y costosa,
cuando no imposible.--Noticias son éstas de cuya certidumbre, en cuanto
á los detalles, atendida la índole de las mismas y el secreto con que
los laborantes trabajan, no se puede responder, pero que demuestran
desde luego que en Cagayán hay elementos que se agitan contra la madre
Patria, aunque la masa de la población es fiel y leal, razón de más
para que á tiempo se tomen precauciones que imposibiliten su defección;
que en esta provincia, por su distancia de Manila, por la extensión
de su territorio y de sus costas, es mayor y más temible el peligro
que en otras partes, y que el actual Gobernador Civil de la misma,
según la opinión general, dado su proceder hasta el presente, no reune
condiciones para impedir que la rebelión levante su cabeza.--El envío
á las provincias del Valle de algún cañonero que guarde la barra del
Ibanang y vigile las costas para evitar desembarcos muy posibles
de armas, y á la vez de una compañía de soldados que se sitúen en
Aparri, Tuguegarao é Ilagan, puntos céntricos de aquel territorio;
el adoptar disposiciones de cierto rigor, suavizado por la prudencia,
para contener los trabajos de los laborantes, privándoles de los
medios de conspirar y rebelarse, y el nombramiento de un Secretario
del Gobierno de la misma, porque la persona que ahora tiene dicho
cargo, por sus ideas y proceder, no es el más á propósito para estos
momentos de prueba, son medidas que la opinión de los Padres y de los
peninsulares de aquella comarca reclaman, pero que el Provincial que
suscribe no se atreve á pedir á V. E., concretándose á manifestárselo,
por si las creyera dignas de tomarse en cuenta y dispusiera de medios
bastantes para realizarlas.--Es cuanto, en previsión de lo que ocurrir
pudiera en la provincia de Cagayán, y haciéndome eco de los informes
que sobre la misma tengo, debo manifestar á V. E.--Dios, etc.--Manila,
24 de Noviembre de 1896.--Excmo. Sr. F. Bartolomé Alvarez del Manzano,
Provincial de Dominicos.--Excmo. Sr. Gobernador Capitán General
de Filipinas.
Oficio del Gobernador General al M. R. P. Provincial de Dominicos.
Gobierno general de Filipinas.--Recibo la atenta comunicación de V. R.,
fecha 24 del corriente, en la que, con referencia á los informes
del Rvdo. P. Vicario Provincial y de otros párrocos de su respetable
corporación en Cagayán, se sirve darme noticia del estado en que se
encuentra aquel territorio, que, dada la excepcional situación por
que atraviesa el archipiélago, considera gravísimo, creyendo de su
deber ponerlo en mi conocimiento.--Esta es la primera vez que recibo
de V. R., ni de ningún otro Padre Provincial de las distintas órdenes
religiosas comunicación oficial alguna relativa á asuntos políticos
del archipiélago, á pesar del indiscutible derecho que para hacerlo
les asiste, no solo por el conocimiento que del país deben tener, y
tienen indudablemente, sino por las funciones que en la administración
de estas provincias se les señala tradicionalmente.--Por cierto,
Rvdo. P. Provincial, y le ruego me dispense esta pequeña digresión,
que si en vez de valerse de la crítica, de la murmuración y de la
pública censura, se valieran las comunidades religiosas de ese medio,
que siempre tienen expedito, y que, además de ser perfectamente legal,
es natural y lógico, ganarían mucho, á no dudarlo, el gobierno de
estos pueblos, el principio de autoridad, en cuyo desprestigio nada
va ganando tampoco el elemento religioso, y el buen nombre de las
mismas corporaciones, que tan alta deben conservar en todo tiempo su
secular y bien cimentada reputación de virtud y nobleza.--Consecuente
con esos principios, y agradecido, como no puedo menos de estarlo, de
los avisos y apreciaciones contenidos en el escrito de V. R., reitero
las órdenes que tengo ya comunicadas para extremar la vigilancia en
la provincia de Cagayán, prevengo á la Comandancia general de la
escuadra la necesidad de enviar á aquellas costas un cañonero que
las vigile y guarde la barra del Ibanang, siendo grato para mí, en
cuanto á este asunto se refiere, manifestarle que la boya por allí
no hace mucho aparecida se cree fuese una fondeada y perdida en un
temporal por el cuerpo de Obras Públicas, que la situó cerca del
faro para facilitar el servicio de los vapores que aprovisionaban
á los torreros.--Así mismo me propongo enviar á Cagayán un fuerte
destacamento que, convenientemente distribuído y colocado, asegure el
orden en el territorio, inspirando confianza á sus honrados y leales
habitantes.--Por lo que toca al actual Gobernador de la provincia,
habían llegado ciertamente hasta mí rumores poco favorables; pero las
noticias que V. R. me comunica, la opinión que tanto á V. R. como
á los demás Padres de la provincia merece, y la filiación masónica
que se le atribuye, gravísima siempre, pero mucho más en estas
circunstancias, son motivos más que suficientes para relevarle de
su cargo, como me propongo también hacerlo muy en breve.--Lo digo á
V. R. como resultado de su precitado oficio, esperando no será ésta
la única vez en que me haga presente cuanto al mejor servicio del
Estado crea oportuno y conveniente, seguro de que por mi parte he
de atenderlo siempre con el interés y la preferencia que merece su
respetable origen.--Dios, etc.--Manila, 27 de Noviembre de 1896. Ramón
Blanco.--M. R. P. Provincial de Dominicos.--Manila.
Dice Blanco que las concertadas calumnias contra él adquirieron
carácter de delirium tremens poniendo de relieve la falta de
sentido moral de sus enemigos, porque no había querido fusilar
á diestro y siniestro conspiradores grandes y opulentos, sino
desgraciados, sin nombres, sin bienes y sin carácter; hombres
obscuros y desconocidos. «¿Qué tenía que ver yo, decía, autoridad
judicial, con que fuesen ricos ó pobres ó que tuviesen ésta ó la
otra figura? ¿Había que suspender el fallo de estas causas contra
personas poco acomodadas, hasta que pudieran fallarse las de las bien
acomodadas? ¿Ó coger á éstas, que es á lo que al parecer se tendía,
y fusilarlas gubernativamente sin más forma de proceso, cosa que yo
no podía, ni debía, ni estaba dispuesto á hacer? ...»
«La misión de la autoridad en estos casos es, á mi juicio, bien
clara. Castigar duramente á los traidores convictos de su crimen,
nunca sacrificar sin pruebas ni sentencia á los que acuse la pasión
ó el estravío de entusiasmos ardientes, que pueden ser hasta nobles,
pero equivocados en sus juicios. Para ciertas gentes las pruebas
de carácter y de energía se dan fusilando á diestro y siniestro, á
gusto del público, que suele ser apasionado, cuando es precisamente
lo contrario: la energía se demuestra resistiendo todo género de
imposiciones, y esa más que ninguna. Fusilar, es muy fácil; lo difícil
es no fusilar.»
«Si en algo debe una autoridad extremar el severo cumplimiento de la
ley es en la recta administración de justicia, que nunca ni por nada
debe torcerse.» [págs. 65 y 68, de su Memoria]
Y porque no quiso dar cebo ni pasto á la opinión conjurada, fué
relevado. «Bien pueden estar satisfechos y orgullosos--termina--los
conjurados. Su triunfo ha sido completo y pueden vanagloriarse
de haber derribado á un Gobernador y Capitán General de Filipinas
mandando su Ejército frente al enemigo; pero yo daré por bien empleada
mi horrible mortificación, mi sufrimiento y, ¿por qué no decirlo?,
hasta la vergüenza, que aún ahora mismo me enrojece el rostro, si esa
humillación sirve de ejemplo para que no se repitan nunca más hechos
parecidos.» (pág. 78)
Polavieja, pues, fué la concesión á la opinión conjurada; y á lo
que se negó Blanco, hízolo Polavieja: fusilar á Rizal. Porque, de
no hacerse así, como dijo Cánovas á Pí y Margall, ¿«quién pondría
entonces el cascabel al gato?». Había tal fiebre patriótica que el
desvarío fué no más que consecuencia de estado tan morboso. Quizás,
Jesús, previendo cosas por el estilo en las convulsiones sociales,
dijo á sus discípulos: «Va á venir tiempo en que quien os matare, se
persuada hacer un obsequio á Dios.» Tan terrible verdad, sobre todo,
cuando median fanatismo, interés ú odios de raza, no debe olvidarla
el historiador. Es propio del espíritu humano, escribe Federico el
Grande, que los ejemplos no corrijan á nadie; las tonterías de los
padres no enmiendan á los hijos; es necesario que cada generación haga
las suyas. Y la generación de aquella aciaga época tuvo que pagar su
escote á verdad tan humana.
Justo es declarar que hubo entonces espíritus serenos,
imparciales. Blanco en primer término, y luego los hermanos Andrade y
algún otro más. Polavieja mismo, á costa de dolorosísima experiencia,
convencióse de su error y del de la situación que le trajo á las Islas,
y dijo, á su regreso á España, lo que tanto deplora Fr. Matías Gómez:
que los Religiosos no conocen el país ni al indio. «La verdad es,
informó Blanco, que nadie sabía más, ni aún siquiera tanto como yo.»
Con la lección de los acontecimientos posteriores ¿no habría sido
mejor haber seguido las indicaciones de Sinibaldo de Más, quien en 1842
propuso al Gobierno español medios tendentes á emancipar las Islas?
«Para conseguir este fin [de resolver la emancipación de Filipinas y
prepararla para darle la libertad] se hace necesario adoptar un sistema
cuasi diametralmente opuesto al primero [de retención perpetua de las
Islas]. El objeto principal debe ser el que no se derrame sangre,
que las relaciones de amistad y de comercio con la España no se
interrumpan, que los españoles europeos que en ella se encuentra no
pierdan sus bienes muebles ó inmuebles, y sobre todo que nuestra
raza allí, los españoles filipinos, conserven sus haciendas y los
derechos de naturalización y queden libres de la desgraciada suerte
que les amenaza y aún que inevitablemente les espera, si se separa
violentamente y en este momento la colonia. Es preciso fomentar la
instrucción pública por todos los medios posibles, permitir periódicos
sujetos á una liberal censura, establecer en Manila un colegio de
medicina, cirujía y farmacia: romper las vallas que dividen las razas,
amalgamándolas todas en una, á cuyo fin se admitirán para cadetes de
los cuerpos militares, con perfecta igualdad á españoles del país,
mestizos chinos y filipinos: se abolirá la contribución del tributo
personal, ó se impondrá uno igual y general, al que estarán sujetos
todos los españoles; este último plan me parece más conveniente por
hallarse la capitación ya establecida y no ser oportuno hacer prueba
de contribuciones nuevas cuando se trate de dejar al país que se
gobierne por sí mismo. Como el tributo actual no es igual, se tomará el
promedio y se fijará por consiguiente, á quince ó diez y seis reales
por tributo entero, ó sea un peso fuerte anual para cada persona
adulta tributante: este arreglo producirá un aumento en las rentas
de 2 á 300,000 pesos fuertes, cuya suma se consagrará á dar impulso
á la mezcla de las razas, protegiendo los matrimonios cruzados por
medio de dotes concedidos á las solteras de este modo. A una mestiza
china que se case con un filipino 100 ps. fs.; á una filipina que
se case con un mestizo chino 100 ps. fs.; á una mestiza china que se
case con un español 1,000 ps. fs.; á una española que se case con un
mestizo chino, 2,000 ps. fs.; á una filipina que se case con un español
2,000 ps. fs.; á una española que se case con un principal filipino,
3 ó 4,000 ps. fs. Se nombrarán algunos alcaldes mayores de provincia
mestizos y filipinos; se mandará que cuando un principal filipino
vaya á casa de un español le dé asiento como á su igual, en fin,
por éstos y otros medios se borrará de la mente de los naturales la
idea de que ellos y los castilas son dos clases de gentes distintas,
y se emparentarán las familias de tal modo que cuando libres del
dominio castellano quisiesen algunos exaltados filipinos expulsar ó
esclavituar á nuestra raza la hallasen tan entrelazada con la suya
propia, que fuese su proyecto materialmente impracticable.
Al cabo de algunos años cuando esté la población desbastada
suficientemente, se formará una asamblea de diputados del pueblo para
que celebre sesiones en Manila durante dos ó tres meses cada año,
en las cuales se tratará de los negocios públicos, particularmente
de las contribuciones y presupuestos; y después de algún tiempo de
tal educación política se podrá sin temor retirar nuestro gobierno,
fijando antes el que haya de quedar establecido, que probablemente
sería alguna Constitución análoga á las de Europa, con un príncipe
real al frente escojido de entre nuestros infantes.
Mi tarea está concluída. Cual de los planes arriba analizados sea
más justo ó conveniente seguir, no me toca á mí recomendar cuanto
menos proponer.
Añadiré, sin embargo, una página para emitir mi opinión como
individuo de la nación española. Si yo hubiese de elegir votaría por
el último. No sé qué beneficios hayamos reportado de las colonias:
la despoblación, la decadencia de las artes y la deuda pública nos
vienen en gran parte de ellas. El interés de un Estado consiste, á mi
modo de ver, en tener una población densa y bien educada; y no hablo
solamente de educación literaria ó política, sino de aquella general
que hace á cada uno perfecto en su oficio, quiero decir de aquella
que constituye á un ebanista, tejedor, ó herrero, el mejor ebanista,
tejedor, ó herrero posible. El mayor ó menor número de máquinas es
en nuestro siglo un termómetro cuasi seguro para conocer el poder de
los imperios.
Una colonia no puede ser útil sino con el fin de llenar alguno de
estos tres objetos. Hacer de ella un país tributario para aumentar
la renta de la metrópoli; (como efectúa la Holanda por medio de un
sistema compulsivo y exclusivo); erigirla en segunda patria y sitio de
emigración para la población sobrante (como son más particularmente
la Australia, Van-Diemen y Nueva Zelandia); en fin procurarse en
ella una plaza para espender productos de la fábricas nacionales
(que es el principal blanco de los establecimientos ultramarinos
modernos). Para el primero ya hemos visto que las Filipinas son un
pobre recurso y lo serán en mucho tiempo; y no me admiraré de que
antes de perderlas nos cuesten al contrario algunos millones; para
el segundo, son innecesarios; pues no tenemos población sobrante
de que descargarnos; y para el tercero inútiles, pues carecemos
de manufacturas que exportar. Barcelona que es el país más fabril
de la Península no tiene con ellas la menor comunicación directa:
todo lo que se lleva allí desde Cádiz consiste en un poco de papel,
aceite y licores: sino fuese por el tabaco y los pasageros que van
y vienen, uno ó dos buques anuales bastarían para encerrar todas las
especulaciones mercantiles entre ambos países. Algunos observarán sin
embargo, que si ahora nuestra industria está atrasada podrá dentro
de algunos años hallarse al nivel de las más perfectas y contar en
Filipinas con un rico mercado ... La separación no impedirá entonces
esta ventaja: el comercio de Inglaterra con la América del Norte,
es ahora cien veces mayor que cuando obedecía á sus leyes.--Que
si no tenemos población sobrante podremos tenerla dentro de un
siglo.... Entonces las Filipinas no estarán escasas de habitantes
y sería preciso emigrar á las Marianas.--Que si dejamos el país,
pronto se perderá, por lo menos entre los naturales, la religión
cristiana.... Como no soy misionero, confieso que la objeción no me
hace gran fuerza y creo que Dios basta por sí solo para cuidar de la
salvación de sus pueblos....--Que atendida la dificultad de defender
aquel país dividido en muchas islas y sus demás circunstancias no se
puede dudar de que pronto caerían con alguna excusa ó sin ella en
poder de la Inglaterra, Francia ú Holanda, de lo cual hasta ahora
se ha librado por el respeto que se tiene á la España, y que si no
en manos de potencias europeas caerían en las de naciones asiáticas,
especialmente de los chinos, bajo cuyo yugo gemirían ya hace muchos
años, si no hubiesen batallado para impedirlo soldados de Castilla,
ó si no en las de los nacientes estados de Nueva Australia, Van-Diemen
y Nueva Zelandia.... Por estos principios deberíamos erigirnos en
caballeros andantes de todos los pueblos desvalidos: cuando tal
caso llegue, los españoles establecidos en el país tendrán siempre
el recurso de volver á su patria primitiva....--Que la España ha
gastado por las islas más de 300 millones de pesos fuertes, á más de
infinitas vidas, y es muy justo que nos reembolsemos.... También hemos
gastado mucho oro en expediciones á la Tierra Santa, y no pensamos
en recobrarle....--Que con un rey ó gobierno propio tendrían los
filipinos que pagar más pesadas contribuciones que las que ahora
de ellos se exigen como es fácil comprobar con el ejemplo de las
naciones libres, sin exceptuar á la misma España.... Lo propio ha
sucedido á los griegos, que están ahora más pobres y pagan más que
antes de la insurrección, y sin embargo no llaman á los Osmanlis. Y si
los filipinos nos echan de menos algún día, se acordarán entonces de
nuestros tiempos con reconocimiento, y se arrepentirán de la ingratitud
que muchos de ellos nos han manifestado...--Que la culpa de algunos
no ha de caer sobre la cabeza de todos, que los que desean la ruina
de nuestro dominio son los menos, los díscolos y los ambiciosos;
y que si se preguntase á los habitantes uno por uno si querrían
que nos marchásemos ó nos quedásemos los 90 por 100 votarían por lo
último.... Suponiendo que sea ésto cierto, no me convence enteramente,
porque sé que las mujeres turcas juzgan que su suerte es muy feliz y
compadecen la de las Europeas y ésta no es sin embargo, una razón para
creer que su condición es envidiable y que si conociesen otra vida que
la del harem pensasen del mismo modo. En conclusión, si conservamos
las islas por amor á los isleños, perdemos el tiempo y el mérito;
porque el agradecimiento se encuentra á veces en las personas, más
nunca debe esperarse de los pueblos; y si por amor nuestro, caemos en
una anomalía porque ¿cómo combinar el que pretendamos para nosotros
la libertad y queramos al mismo tiempo imponer la ley á pueblos
remotos? ¿por qué negar á otros el beneficio que para nuestra patria
deseamos? Por estos principios de moral y justicia universal y porque
estoy persuadido de que en medio de las circunstancias políticas en
que se halla la España se descuidará el estado de aquella colonia;
no se adoptará (ésta es mi convicción) ninguna de las medidas que
yo propongo para conservarla; y se emancipará violentamente, con
pérdida de muchos bienes y vidas de españoles europeos y filipinos,
pienso que sería infinitamente más fácil, más útil y más glorioso
el adquirir nosotros el mérito de la obra, anticipándonos con la
generosidad. Así los escritores extranjeros que tantas calumnias
han estampado injustamente contra nuestros gobiernos ultramarinos,
escritores de naciones que nunca satisfacen su hambre de colonias,
tendrían por lo menos esta vez que decir; «los españoles, cruzando
nuevos y remotos mares, extendieron el dominio de la geografía
descubriendo las Islas Filipinas. Hallaron en ellas la anarquía y el
despotismo, y establecieron el orden y la justicia: encontraron la
esclavitud y la destruyeron imponiendo la igualdad política; rigieron
á sus habitantes con leyes, y leyes benévolas; los cristianizaron,
los civilizaron, los defendieron de chinos, de piratas moros y de
agresores europeos; les llevaron mucho oro y luego les dieron la
libertad.» (Política interior.... págs., 95 al 101).
Como los papeles que aquí exhumamos y reproducimos pertenecen al
régimen español y son de procedencia española, nuestras notas se
circunscriben también á homogéneas fuentes de información, así
autógrafas, como manuscritas ó impresas, y de nuestra propiedad,
con el objeto de indicar, de una manera autorizada, las distintas
fases y aspiraciones de la política española en Filipinas, omitiendo,
de las impresas, las de general conocimiento y de fácil adquisición.
Epifanio de los SANTOS CRISTOBAL.