Donde se refiere lo que no se sabe; pero al fin del capítulo se sabrá
su contenido.
1. La mañana siguiente al dia de su arrivo se fué á buena hora á la
celda prelacial, á dar cuenta al Superior de todas sus gloriosas
expediciones, sin olvidarse de hacer con él alguna expresioncilla de
agradecimiento, pretextando el influxo que havia tenido su Paternidad
en el nuevo empléo á que acababan de elevarle. Refirióle lo mas
substancial que le havia sucedido, sin dissimular los aplausos con que
le havian honrado, bien que añadió que estos mas suelen ser hijos de la
dicha que del merecimiento. Pero se guardó muy bien de hablar palabra
ni de la terrible repassata del Magistral de Leon, ni de las graciosas
pullas y solidíssimos argumentos del Familiar, ni de la bella doctrina
del Padre Abad de San Benito. Por fin, le dixo al Prelado como le
havian encargado la Semana Santa de Pero-Rubio, la qual tenia entendido
que valia cinqüenta ducados en dinero phýsico, y como otros treinta,
poco mas ó ménos, en lo que se sacaba de limosnas, y que le pedia su
bendicion para acetarla. Diósela el Prelado con mil amores; porque,
si bien no le armaba mucho el modo de predicar de Fray Gerundio, por
quanto él era hombre ramplon y solidote, pero, como entendia que las
gentes le oían con gusto, y él necessitaba complacer á todos, ya para
no perder, ya para aumentar los devotos de la Orden y los bienhechores
del Convento; viendo tambien por otra parte que los Prelados mayores le
promovian y le autorizaban, le dixo desde luego que durante su triennio
podia predicar todos los sermones que le encomendassen.
2. Salió Fray Gerundio muy contento de la celda prelacial con esta
licencia tan amplia; y apénas havia entrado en la suya, quando llamaron
á la puerta el Maestro Fray Prudencio y aquel otro Beneficiado
tan hábil, tan leído y de tan buen humor, de quien se hizo larga
y honorífica mencion en los capítulos 5 y 6 del libro segundo de
la primera parte. Venia con dos fines: el primero y principal, á
divertirse un poco con Fray Gerundio, ya que havia desesperado de sacar
de él otra cosa; y el segundo, á darle la bienvenida y juntamente la
enhorabuena de su promocion á la dignidad de Predicador mayor del
Convento.
3. Passáronse los primeros cumplidos en palabras de buena crianza, y
despues de las generales dixo el Beneficiado: «De los sermones que
vuestra Paternidad ha predicado por essas tierras no hablo, porque
ya llegaron por acá los ecos esforzados á soplos del clarin sonoro
de la Fama. Nada me cogió de susto, porque siempre hice juício que
predicaria vuestra Paternidad como acostumbra.» -- «Y yo y todo, añadió
Fray Prudencio; pero esso es lo peor que tendria el Padre Predicador.»
-- «Fuesse lo peor ó fuesse lo mejor, respondió Fray Gerundio, crea
vuestra Paternidad muy reverenda, Padre nuestro, que nada perdió
la Religion por mis sermones.» -- «Assí lo creo, dixo el Maestro
Prudencio; porque adonde iriamos á parar, si las Religiones perdiessen
algo por las boberías ni por los desaciertos, sean de la linea que se
fueren, de estos ó de aquellos particulares? Todas las Universidades
son unos cuerpos sabios, aunque no todos sus miembros lo sean mucho.
Todas las familias religiosas son santas, aunque tal qual Religioso
no sea muy exemplar. Y, en fin, la Religion christiana es santíssima,
aunque haya innumerables Christianos escandalosos.»
4. -- «Dexémonos de puntos serios, interrumpió el Beneficiado, y
alegremos un poco la conversacion. A propósito de sermones y de
Predicadores, acabo de recivir el corréo, y un amigo de Madrid me envía
dos papeles muy preciosos, cada uno por su término, que me han dado el
mayor gusto. El uno es una esquela, con que se hallaron muchos sugetos
de la Corte baxo un simple sobreescrito, y dice assí:
«El Mayordomo de la Casa de los locos de la Ciudad de Toledo participa
á V. havérsele escapado dos docenas de los mas furiosos, los quales
le asseguran se han disfrazado de Predicadores en la Corte. En cuya
atencion suplica á V. se sirva concurrir á los sermones y notar si
hablan desconcertados, sin méthodo, órden ni decencia, si amontonan
conceptos, textos truncados, fábulas de Gentiles, cuentos ridículos,
idéas phantásticas, acciones y expressiones burlescas, contra el
respeto y decoro de la palabra de Dios, de la Cáthedra del Evangelio,
del auditorio christiano, á fin de dar las providencias necessarias
para restituirlos á esta santa Casa y curarlos en ella; en lo que hará
V. una obra de charidad. Me asseguran que uno ha de predicar el dia...
á las... de la mañana, en la Iglesia de...»
5. -- «Bella esquela! noble esquela! especie de exquisito gusto y de
gran juício!» exclamó el Maestro Prudencio. -- «Yo por tal la tengo,
dixo el Beneficiado, y me dicen que la han celebrado infinito todos
los hombres serios, entendidos y cultos. Verdad es, que tambien
me añaden que á otros muchos los ha consternado extrañamente.» --
«Esso es muy natural, repuso el Maestro Prudencio; todos aquellos,
que, por las señas que da el Mayordomo, teman que los recojan á la
santa Casa por _orates de los mas furiosos_, levantarán el grito y
alborotarán al mundo contra la esquela; y en verdad que yo no esperaria
á otros indicios para recogerlos al instante.» -- «Engruesse vuestra
Reverendíssima esse partido, que es bien numeroso, dixo el Beneficiado,
con los muchos que los aplauden y los celebran, y se juntará contra la
esquela un exército formidable. Es menester echarse esta cuenta, porque
estos tales se ven reducidos á uno de dos extremos: ó á reconocer y
confessar que hasta aquí han vivido alucinados, aplaudiendo lo que
debieran abominar y siguiendo ciegamente á los que debieran huir; ó á
obstinarse, por tema y por capricho, en su errado dictámen. Lo primero
no hay que esperarlo, ó hay que esperarlo de muy pocos, porque son muy
raros los que quieren confessarse engañados; con que es preciso que
suceda lo segundo.»
6. -- «Essa esquela, replicó Fray Gerundio con innocentíssimo candor,
no merece fé ni crédito en juício ni fuera de él y aún, si mucho se
apura, está condenada por la Inquisicion: lo primero, porque no trahe
nombre de Autor, y lo segundo, porque no se sabe á quien se dirige,
pues en toda ella no se habla con nadie, sino con V.V. y V., y no
hay noticia de que haya ni haya havido en el mundo muger ni hombre
que se llame V.» -- «Hace fuerza el argumento, dixo el bellaco del
Beneficiado, y en verdad que no es tan facililla la solucion. Con todo
esso, me parece que se pudiera responder á lo de que no trahe nombre
de Autor, que ya dice ser del Mayordomo de la Casa de los locos de
Toledo, el qual es muy natural que tenga su nombre y apellido.» --
«Mas que tenga treinta apellidos y otros tantos nombres, replicó Fray
Gerundio, lo dicho dicho: no trahe nombre de Autor; porque Autor es
el que da ó ha dado á la estampa algunos libros, y no sabemos que el
Mayordomo de la Casa de los locos de Toledo haya impresso hasta ahora
alguna obra.» -- «Vaya, dixo el Beneficiado, que la solucion no admite
réplica. Pero, á lo otro que añadió vuestra Paternidad de que no ha
havido hasta aquí hombre ni muger que se llamasse _U_, paréceme que se
pudiera decir, lo primero, que, si ha havido una tierra que se llamaba
_Hus_, y fué la patria de Job, segun aquello de _vir erat in terra Hus,
nomine Job_, yo no hallaba inconveniente en tener por verosímil que en
aquella tierra huviesse muchos con el apellido de _U_, pues no hemos de
reparar en letra mas ó ménos, siendo tan comun esto de dar apellidos á
las familias los lugares y las tierras. Lo segundo, que aún en nuestros
tiempos huvo un Emperador de la China que se llamaba _Can-Y_. Pues,
por qué no podrá haver otros ciento que se llamen, unos _Can-A_, otros
_Can-E_, otros _Can-O_, y otros _Can-U_?»
7. -- «Valiente gana tiene vuestra Merced, Señor Beneficiado, dixo Fray
Prudencio, de perder tiempo con esse pobre simple. Ahora se para en
contestar con un hombre, que no sabe lo que significa la V. en convites
ó avisos de esquelas y en cartas circulares? El reparo de nuestro nuevo
Padre Predicador mayor se parece mucho á el del otro Clérigo, tonto
como él, que, haviendo leído los quatro tomos de _Cartas eruditas_ del
Maestro Feijoó, los arrojó de sí con desprecio, diciendo que las mas de
aquellas cartas eran fingidas, y que él no creía que fuessen respuestas
á sugetos verdaderos que huviessen consultado al Autor sobre los puntos
que en ellas se trataban. Y se quedó muy satisfecho el pobre mentecato,
sin advertir que, aún quando fuesse cierto lo que presumia su apatanada
malicia, no por esso se disminuía un punto el mérito de las cartas.»
8. «Pero, dexando á un lado esta impertinencia, lo que yo reparo en la
graciosa esquela es, que su Autor anduvo muy moderado. Suponer que no
fueron mas que dos docenas los locos furiosos que se escaparon de la
Casa de los orates y andaban por la Corte disfrazados en Predicadores,
es una moderacion digna de que muchíssimos se la agradezcan mucho;
porque, segun las señales que él mismo da, el número de los locos
es incomparablemente mas crecido.» -- «Sí, Señor, respondió el
Beneficiado; pero no todos estarian recogidos, y él solo habla de los
que lo estaban y se le escaparon.»
9. «El segundo papel que me envían por el corréo, en su linea no es
ménos solemne ni ménos divertido; y desde luego digo, que este sí que
ha de caer en gracia al Reverendo Padre Fray Gerundio. Es un cartel
ó cedulon que se fixó en las esquinas y parages mas públicos de la
Corte, convidando para ciertas funciones de Iglesia, que se hicieron
en obsequio de la seráphica Madre Santa Theresa de Jesus. El cedulon
aún fué mas solemne que las mismas fiestas, y, haviéndole leído con
singular complacencia cierto amigo mio de gusto muy delicado, arrancó
uno para remitírmele, sabiendo quanto lisongéa mi diversion con este
género de piezas. Aquí está el mismo cartel, todavía con las señas del
engrudo ó pan mascado con que se pegó, y dice assí, sin quitar letra: