Donde se cuenta el maravilloso fruto que hizo el sermon del Magistral
en el ánimo de Fray Gerundio.
1. El qual assí atendió á toda la entretenida y graciosa conversacion,
que passó entre el Magistral y el _monsieuríssimo_ de Don Cárlos,
como ahora llueven albardas; porque enteramente preocupado de la
jabonadura, que aquel le estaba dando, no podia echar de la imaginacion
las especies, pegándosele mas aquellas que le herian mas en lo vivo,
no de otra manera que una mosca de burro se clava mas en la carne que
otra mosca regular, por quanto aquella tiene el aguijon mas penetrante
que esta. Sobre todo le afligia extrañamente ver desvanecidas en un
instante todas aquellas alegres idéas de fortuna, que él se havia
representado, dando por supuesto que su Tio quedaria encantado
de sus prendas y talentos, luego que le oyesse predicar. Lloraba
amargamente dentro de su corazon, que ya el Magistral, aunque llegasse
á ser Arzobispo de Toledo, no haria caso de él, y que ni siquiera
solicitaria con la Orden que le hiciessen Superior de una Pinzocha,
quanto mas proporcionarle un Obispadillo en Indias, como ya él lo tenia
consentido, y tanto que havia dado palabra á una buena viuda del lugar
que, quando le hiciessen Obispo, (lo que á su parecer no podia tardar
mucho,) llevaria consigo á un hijo suyo, que á la sazon tenia doze
años, y le haria su Page de cámara, cosa que consoló infinitamente á
la bendita de la muger, la qual le pidió por gracia, que no le dexasse
comer turron ni mermelada ni cosa de dulce, porque el muchachuelo
era goloso y padecia mucho de lombrizes, concluyendo que assí se lo
suplicaba por amor de Dios á su Ilustríssima. Fray Gerundio la empeñó
su palabra episcopal de que esta seria la primera advertencia que
haria, assí á su Mayordomo como á el Maestro de Pages, y, dándola á
besar la mano con mucha autoridad, la echó la bendicion y la despidió
muy consolada.
2. Pero, como todas estas alegres imaginaciones se convirtieron en
humo, luego que se acabó ó se interrumpió la terrible repassata
del juicioso y docto Magistral, no se puede ponderar qué triste,
melancólico y pensativo quedó el pobre Fray Gerundio: todos los demas
salieron á despedir á Don Cárlos; solo él se quedó en la sala, sentado
en una silla, el codo derecho sobre el brazo de ella, la cabeza
reclinada sobre la mano, los ojos clavados en la tierra, y lanzando
profundos suspiros de lo mas íntimo de su corazon. En esta postura le
encontró su grande amigo Fray Blas, que hasta entónces havia estado
durmiendo la siesta, para cuya larga duracion havia hecho méritos en
la mesa; y, como no havia oído el sermon del Magistral ni assistido á
la visita del Cortesano Don Cárlos, quedó estrañamente sorprendido,
quando vió á Fray Gerundio convertido en una viva imágen de la misma
melancolía.
3. «Qué es esto, Gerundio amigo?» le preguntó sobresaltado. «Qué
novedad es esta? Assí te dexas dominar de la tristeza en el dia de
tus mayores glorias? Quando has llenado de regocijo á tu patria, has
de dar entrada en tu corazon á essa negra melancolía? Es possible que
las bocas de todos están hoy empleadas en panegyrizar tus assombrosos
talentos, sin acertar con otras voces que no sean las de tus mayores
aplausos, y solamente la tuya ha de obscurecer la celebridad del dia
con dolorosos suspiros? Te duele algo? Te ha sentado mal la comida?
O acaso te atormenta tu aprehension, pareciéndote que dexaste algo
que desear en el assombroso sermon que predicaste? ó que omitiste
alguna circunstancia substancial, ó que pudiste tocar mejor alguna de
las que tocaste, ó finalmente que alguno de los innumerables textos
que traxiste no vino tan á pelo, como ahora se le representa á tu
delicadíssimo ingenio? Pues te hago saber que, si es algo de esto
lo que te melancoliza, miente tu aprehension como una grandíssima
embustera, y no has de hacer mas caso de ella que de un cínife que te
zumba á los oídos, todo bulla y nada substancia: no ha oído el Páramo
sermon igual, ni en los famosos púlpitos, que bañan las aguas del
rio Tuerto y las del rio Grande, se ha de predicar en muchos siglos
panegýrico mayor; hora se mire la propriedad ingeniosa del assunto,
hora se atienda la delicada oportunidad de las pruebas, hora se
considere la menuda y sútil comprehension de todas las circunstancias,
hora se reflexione la casi divina aplicacion de los textos, hora se
examine la sutileza de los reparos y la agudeza de las soluciones, hora
finalmente se pare la consideracion en la variedad hermosa del estilo,
unas veces elevado, otras cadencioso, pero siempre sonoro, y elegante
siempre: pues, siendo esto assí, de que te entristeces? qué motivo
tienes para estar tan melancólico, tan enagenado y tan pensativo?»
4. -- «Ay, Padre Predicador mio de mi alma, exclamó Fray Gerundio, y
como se conoce que no sabe vuestra Merced lo que me ha passado con mi
Señor Tio el Magistral! Pero aquí no estamos bien, ni podemos hablar
con libertad; tomemos los sombreros y los báculos y salgámonos al
campo por la puerta del corral, miéntras la gente está allá ocupada
y divertida en despedir á un tal Don Cárlos, que viene de Madrid y
para mí debió de ser algun Angel del Cielo, que traxo Dios para que me
conservasse la vida; porque llegó á tiempo que ya no podia mas, y temí
que me diesse un accidente, oyendo las cosas que me estaba diciendo mi
Tio. La entrada de Don Cárlos cortó la conversacion, y ellos tuvieron
allá otra á que yo no atendí, aunque me hallaba presente, porque me
ocupaba enteramente la atencion aquello que me dolia. Salgámonos,
salgámonos al campo, que ya rebiento por desahogarme con vuestra
Merced, y oirá cosas que le aturdirán.»
5. Cogieron los sombreros, tomaron los báculos, y, sin que los viesse
ninguno de los que estaban enfrascados en la bulla de la despedida,
se salieron al campo por la susodicha puerta. Contó Fray Gerundio á
su estrechíssimo amigo todo quanto le havia dicho el Magistral, sin
perder casi punto, sýlaba ni coma; porque, sobre ser de una memoria
feliz, como le havian penetrado tanto las razones de su Tio, se le
havian gravado profundamente en el alma. Díxole, que lo mas que havia
sentido en aquella sangrienta correccion era, que se la huviesse dado á
presencia del Canónigo Don Basilio y del Familiar; porque, ademas de lo
que perderia con ellos, no dexarian de divulgarlo entre otros muchos,
y con esso iba su crédito por los suelos: especialmente desconfiaba
mucho de su pariente el Familiar, porque le havia notado la grande
complacencia con que estaba oyendo al Magistral, y que á su modo cerril
y tosco seguia en todo las mismas máximas, á que se añadia tener un
genio zumbon á lo socarron y ladino, en fuerza del qual no dexaria de
divertirse á su costa todas las veces que se ofreciesse. Finalmente,
no le dissimuló que le havian hecho mucha fuerza las razones del
Magistral, y que estaba muy tentado á dexar la carrera, porque conocia
que no era para ella, y entablar la pretension de que le volviessen á
los estudios, ó, quando esto no pudiesse ya ser, que le dedicassen al
choro.
6. «Víctor! dixo Fray Blas, y que te den un confite por la gracia:
vamos claros, que la docilidad del chico y su blandura de corazon
es admirable. Es possible, (pecador de mí!) que te haya hecho tanta
fuerza el lastimoso sermoncillo del Señor Magistral, que, si solo se
reduxo á lo que me has contado y yo te he estado oyendo con grandíssima
paciencia, es de lo mas fútil y ridículo que se puede pensar? Dime,
hombre apocado, te dixo alguna cosa tu Tio, que no hayas oído ya
cincuenta mil veces? Añadió algo de substancia á las vejeces de nuestro
Reverendo Padre Fray Borzeguíes Marroquíes, _alias_ el Maestro Fray
Prudencio? La missioncita que te predicó á tí el circunspectíssimo
Señor Don Magistral, no es tan parecida como un huevo á otro huevo á la
otra, que me predicó á mí aquel otro Reverendíssimo de márras, despues
de mis dos famosos sermones de la Trinidad y de la Encarnacion, cuya
memoria durará por los siglos de los siglos, y de cuyas utilidades se
conservarán reliquias por algunos años en el baul y en las navetas?»
7. «Oh Señor, que son disparates! Oh Señor, que son locuras! Esto se
dice, pero no se prueba. Mas séanlo en buen hora. Si las locuras y
los disparates grangéan tanto aplauso, dónde hay en el mundo mejor ni
mayor sabiduría? Si los disparates y las locuras son tan proficuos, qué
mayor locura que ser cuerdo? ni qué mayor disparate que predicar con
juício? A este precio sea sabio el que quisiere, que yo á mi bolsillo
me atengo: éntrese en casa la dicha, y mas que se entre por la garita.
Díxolo todo divinamente un Theatino, que en Dios y en mi conciencia es
lástima que lo sea:
_... Quod si hæc insania dici_
_Debet, amabilior nulla est sapientia; malo_
_Desipere hoc pacto, fias utcumque beatus;_
_Optandum ut fias; sunt et deliria tanti._»
8. «Ven acá, corazon de lana: tú no sabes la estrecha amistad y
la grande correspondencia, que tiene el Señor Magistral con los
padrotíssimos de la Orden? Ignoras que estos le han pegado sus máximas
de _in illo tempore_, y que las suyas no son mas que echos de las de
sus Reverendíssimas? Pues, si no te hicieron fuerza en la boca de
estos, por qué te la han de hacer en la de aquel? Acaso las da mas peso
la sobrepelliz y el bonete que el escapulario y la capilla?»
9. «Amen de esso, has de tener entendido que tu Señor Tio, á lo que he
oído decir, se ha declarado sectario de ciertos Predicadores, que ahora
se van usando assí en la Corte como fuera de ella, los quales se llaman
_Predicadores modernos_, ó á la moderna, para distinguirlos de los
antiguos, á quienes se los da el nombre de _Predicadores veteranos_,
y con grande propriedad á mi pobre juício; porque, assí como en la
milicia vale mas un soldado veterano que quatro visoños, assí en las
campañas del púlpito un _veterano Predicador_ importará por quatro
modernos; y créeme que hablo con modestia, porque no exageraria mucho,
aunque dixesse que valia por quarenta.»
10. «Porque al fin, á qué se reduce esta secta? Ante todas cosas sienta
por primera máxima fundamental, que todo sermon, sea panegýrico, sea
moral, sea fúnebre y aunque sea tambien de ánimas (cosa ridícula),
se ha de dirigir primaria y principalíssimamente á la reformacion de
las costumbres, haciendo amable la virtud y aborrecible el vicio;
con sola esta diferencia que en los del género laudatorio, á que se
reducen los panegýricos y los fúnebres, se hace comunmente por via de
imitacion; en los morales, á fuerza de razones; y en los de ánimas se
ha de proceder por el terror y por el escarmiento. Has oído en tu vida
cosa mas extravagante? Con que, hétele que todo sermon ha de ser una
missioncita, y el Predicador que no se meta á Missionero, que aprenda
otro officio... Vamos claros; que es buena impertinencia.»
11. «Supuesto este principiote, se sigue naturalíssimamente el otro,
conviene á saber, que todo assunto, sea en la oracion que se fuere,
ha de ser mazorral y á plomo, quiero decir, tan sólido y tan macizo
que no haya mas que desear. Pongo por exemplo: predicas un panegýrico
en la fiesta de Todos Santos; pues, has de tomar por assunto esta
proposicion ú otra equivalente: _La santidad es la verdadera sabiduría;
esta habita en los Santos y reina en toda su conducta_. Lo mas mas que
se te permite, es que dividas el mismo pensamiento ú otro semejante en
dos proposiciones, proponiéndolos con un airecillo de antíthesis, como
si dixéramos: _El Santo tenido por ignorante es el verdadero sabio,
primera parte; el sabio sin virtud reputado por docto es el verdadero
ignorante, parte segunda_. Has visto cosa mas fria?»
12. «Predicas el panegýrico de un Santo, verbi gracia de San Joseph;
pues guárdate bien de tomar por assunto, que _San Joseph fué mas Padre
de Jesus que el mismo Padre eterno, fué mas hijo del Padre eterno
que el mismo Verbo divino, fué mas Esposo de la Vírgen que el mismo
Espíritu Santo_; porque este divino assunto, predicado por un orador
portugués, monstruo del púlpito, (y no es el Padre Vieyra,) aunque se
reduce en suma á tres hypérboles galantes, levantarán el grito los
sectarios de la nueva moda y te dirán con la mayor frescura en tus
mismas barbas, que son tres heregías valientes. Solo pues te será
licito decir que _San Joseph, como Padre putativo de Jesus, fué el
hombre á cuyas órdenes estuvo Dios mas rendido, y fué el hombre que mas
se rindió á las órdenes de Dios_. Mira por tu vida, qué grandíssima
frialdad!»
13. «Quieres predicar de algun mysterio, como verbi gracia de la
Trinidad? Si te empeñaras en probar, que las tres divinas Personas en
una indivisible essencia eran el Geryon de la gracia, ó el impossible
de Edipo, ó el lazo gordiano burlador del azero de Alexandro, todos
estos Oradores á la moderna te gritarian: _Al loco, al blasphemo, al
impío!_ Y no te verias de polvo, siendo assí que todos tres son otros
tantos pensamientos assombrosos, que andan impressos con todas las
licencias necessarias, y que merecen realmente eternizarse, no digo
yo en los moldes, sino en letras de diamantes; pero tú, guárdate bien
de empeñarte en essas valentías del ingenio; porque estos hombres
hocicudos, que tienen ojeriza con todo lo que es delicadeza, sobre
los silvos susodichos, te delatarian á la Inquisicion ó te harian
ridículo en estrados y tertulias. Conténtate pues con decir simple y
sencillamente, como pudiera un Sayagués: _El mysterio de la Santíssima
Trinidad es entre todos los mysterios, lo primero, el mas obscuro á la
razon, y lo segundo, el mas evidente á la fé_. Insulsez que es capaz de
hacer insípida y zonza á la misma sal.»
14. «Consiguientes en todo á su systema, dicen despues, que estos
assuntos de argamassa se han de probar con razones de cal y canto, y
es claro que las han de encontrar en abundancia y á qual mas metida en
harina; porque, como todas aquellas proposiciones son unas verdades
perentorias, que parece las está dictando la misma razon natural, á la
primera azadonada de la reflexion descubren una cantera de pruebas, con
que fabrican un sermon mas sólido que la obra de Escurial. Es cierto,
que estas razones las tornéan, las vuelven y las revuelven de mil modos
diferentes, adornándolas con tropos, con figuras y con todo el aparato
rhetórico, que no parece sino que está un hombre oyendo á Ciceron, á
Junio Bruto, á Cayo Graco ó á Cornelio Cethego. No dexan de la mano
á aquel eterno hablador, que se ha levantado lo mas iniquamente del
mundo con el título de _Príncipe de los Oradores_, siendo assí que le
quadraria mejor el de _Director_ ó _Bastonero de todos los locutorios_
_manibus Cicerunculus hæret_
_Semper, et adtritus nocturno idemque diurno_
_Pollice_.
Conceptos, agudezas, equívocos, reparos subtiles, réplicas delicadas,
todo esso lo destierran de sus sermones, y, si tal vez tocan algo de
mythología, de fábula ó de erudicion profana, es tan de corrida y con
tanta vergüenza, que visiblemente se llena de vermellon donzel su
pudibundo semblante.»
15. «A la Historia sagrada, á la eclesiástica y á los Santos Padres ya
dan algun lugar, pero como? No como nosotros que, si citamos algun
passo historial ó algun texto ó sentencia de Santo Padre, aunque
sea muy larga, lo presentamos todo con su ser, corpulencia y tamaño
natural, para que venga á noticia de todo el auditorio, con sus pelos,
señales y circunstancias. Ellos no van por esse camino: toda essa
erudicion la entretexen, la embuten ó la incrustan en sus proprios
discursos, de modo que todo parece una misma pieza, sin que se descubra
rima, encaxe, barniz ni escotadura: sermones parecidos á las fábricas
modernas de Roma que llaman impelichadas, las quales parecen todas de
pórphydo, mármol, jaspe ó alabastro, quando, en realidad, de todas
essas piezas no tienen mas que una hojita superficial para engaño de
los ojos, que se dexa levantar al impulso de una uña:
_Vana superficies, quam solus judicat unguis_
_Aut oculus._
Y hay tanta diferencia en el modo de citar de los Predicadores
veteranos al modo de citar de los modernos, quanto va de las fábricas
modernas á las antiguas. En estas, para formar una urna de jaspe era
menester consumir un monte:
_Scilicet ut grandem mons integer iret in urnam_;
y en aquellas se fabrica un palacio con el jaspe que ántes se gastaba
en una urna.»
16. «Allá se va el modo con que citan los otros textos de la Escritura,
que no son historiales, sino doctrinales, sentenciosos ó prophéticos.
Los mas los dan desleídos en sus mismos raciocinios, pareciendo el
texto, la glosa y la aplicacion vino todo de una misma cuba, al modo
que San Bernardo los cita sin citarlos, componiendo una cláusula
perfecta la mitad de sus palabras, y la otra mitad de palabras de la
Sagrada Escritura. Tal qual textecillo presentan al auditorio á cara
descubierta, pero con grande parsimonia, como se usan las especies
en los guisados, porque dicen, que en cargándolos de ellas los hacen
desabridos en lugar de sazonarlos. Aún los poquitos que sacan al
theatro son por lo comun literales, porque del sentido alegórico gastan
y gustan muy poco; del tropológico ó acomodaticio casi nada, y no les
falta un tris para condenarle; no lo hacen con las palabras, pero lo
hacen con la obra, dexándole arrinconado y no dándoseles un pito de que
se cubra de telarañas.»
17. «De intérpretes, expositores y versiones, cuya hermosa variedad
adorna tanto nuestros sermones y nos sirve para probar todo quanto se
nos antoja, hacen ellos poquíssimo caudal ó, por mejor decir, ninguno.
Veráse, no digo ya todo un sermon, sino un tomo entero de sermones á la
moderna, sin que en todo él se haga memoria ni del sabio Cornelio, ni
de la púrpura de Hugo, ni del erudito Calmet, ni del profundo Baeza, ni
de Celada, á quien nada se le esconde, ni del agudo Zuleta, y lo que
es mas, ni del doctíssimo Silveyra, siendo assí que con este último
inagotable expositor puede un Predicador, que sepa manejarle, andarse
por esse mundo de Dios y probar hasta la existencia de los mismos
impossibles, en caso urgente y necessario, siendo cosa averiguada
que no hay almagacen mas socorrido para un aprieto y para qualquiera
assunto.»
18. «Es lástima oir, como tratan estos Predicadores de moda á muchos
expositores. No se atreven á tocar en los Santos Padres, de los quales
hablan en realidad con respeto; porque no quiero infernar mi alma ni
levantarles falsos testimonios. Tambien hacen la cortesía á algunos
pocos intérpretes de los que no están tan arriba, confessando que
fueron hombres verdaderamente sabios, de penetracion, de juício y de
una profunda inteligencia de la Sagrada Escritura, á la qual convienen
que ilustraron mucho con sus doctos comentarios. Pero de otros
expositores, á quienes llaman ellos _de escalera abaxo_, _de turba
multa_, ó _Expositores de municion_, da cólera oírlos hablar: dicen
que los mas no hicieron otra cosa que poner en mal latin los sermones
que havian predicado en peor romance; que con el glorioso título de
Comentarios sobre esta ó aquella parte de la Escritura embarraron
cantidad immensa de papel, llenándole de conceptillos aereos, de
pensamientos inanes, de discursos pueriles y de dissertaciones
phantásticas, cargándolas de erudicion á metralla; y finalmente, que
los mas, como totalmente ignorantes de las lenguas Hebréa, Syriaca,
Caldéa y Griega, en que se escrivieron originalmente los libros
sagrados, desbarraban lastimosamente en la inteligencia del texto de
la Vulgata, dándole una significacion tal vez contraria á su verdadero
sentido, muy violenta y casi siempre arbitraria. Imbuídos en estas
máximas, quiebra el corazon ver el desprecio, con que tratan á los
mejores y mas socorridos autores de que se compone regularmente la
escogida librería de un Predicador de tabla; y assí no los verás
citados en sus sermones, aunque te descejes ni aunque dés una peseta
por cada cita.»
19. «De esso de variedad de versiones no se trate: su Vulgata á pasto
y tal qual vez, por plato extraordinario, un poco de la version de
los Setenta, y á Dios amigo. La Syriaca, la Caldéa, la de Pagnino,
la de Vatablo, ni saber como leyó Arias Montano, les da á ellos el
mismo cuidado que averiguar qual fué el centesimo abuelo de Tamas
Kauli-Kan: siendo assí que nosotros los Predicadores veteranos con
la diferencia de versiones nos bandeamos maravillosamente para
guisar, probar y ajustar todo quanto queremos, sazonando nuestros
pensamientos con tanta delicadeza que el apetito mas dormido abre
tanto ojo, y el paladar mas melindroso se chupa los dedos tras de
ellos; porque, en realidad, donde hay cosa mas aguda ni mas divertida
ni mas sazonada que decir un Predicador: _Donde la Vulgata lee_
=piedra=, _el Syriaco vierte_ =anillo=, _el Caldéo_ =círculo=, _los
Setenta_ =cúpula=; _y donde lee_ =pan= _la Vulgata_, _Vatablo leyó_
=espada=, _Pagnino_ =misericordia=, _Arias Montano_ =sabiduría=, _y
el Burgense_ =calabaza=? y haciendo despues, de todas estas idéas,
quantas combinaciones á uno se le antoje, probar todo lo que quisiere
con ingenio y con sutileza; fuera de que, oyendo el auditorio que el
Predicador cita á roso y velloso al Syriaco, al Caldéo, al Griego
y al Hebréo, se persuade sin razon de dudar, que sabe todas estas
lenguas como la suya propria, tiénele por monstruo de sabiduría, y
oye todo quanto dice con un respeto que pasma. Los oradores modernos
se burlan de todo esto, teniéndolo por ostentacion, aparato, alaracas
y charlatanería; pero yo, con licencia de sus Mercedes y de sus
Reverendíssimas, me burlo de todos ellos.»
20. «Ves aquí, Gerundio amigo, el plan de la nueva secta, de la qual,
segun tengo entendido, se ha declarado ciego partidario tu Tio el
Señor Magistral, siendo uno de los que mas furiosamente predican á la
francesa; que en suma, á esso se viene á reducir la nueva moda. No
te dissimularé, que la gente sesuda, la que se llama _crítica_, la
devota y la que se precia de culta, se ha declarado tambien á banderas
desplegadas por el mismo partido. Vase tras de un orador á la moderna,
como los niños se van tras los danzantes y tras la tarasca en el dia
del Córpus: á estos los celebran, los ensalzan, los colocan mas arriba
de las nubes, quando á nosotros nos desprecian, nos deprimen, haciendo
tanta burla y tanta chacota de nuestro modo de predicar, que no parece
sino que hemos nacido para ser los dominguillos de sus conversaciones y
tertulias.»
21. «Pero, qué importa ni qué nos empece este puñado de gente
melancólica y descontentadiza, quando tenemos á nuestro favor la
mayor, la mas sana y la mas discreta parte de nuestra península, desde
oriente á poniente y desde el septentrion á mediodía? Nuestras son
todas quantas Cofradías levantan varas ó enarbolan estandartes en
el continente español, desde los Pirinéos hasta la embocadura de el
Tajo, y desde Finisterre hasta las Algeziras. Nuestros son todos los
Mayordomos de estos ilustres cuerpos, que se exhalan por buscarnos y se
empobrecen por enriquecernos. Nuestros son los formidables gremios de
Zapateros, Curtidores, Sastres, Barraganeros, Mercaderes, Escrivanos,
Procuradores, y hasta en el respetable gremio de los Abogados no
nos faltan innumerables parciales. Nuestra es la muchedumbre de las
Ciudades, el Concejo de las Villas, el total de las Aldéas, la
mosquetería de las Universidades, la juventud de los Claustros, y aún
en la misma ancianidad podemos contar amigos, auxiliares y defensores.»
22. «Dígalo, si no, aquel famoso campeon y aquel valiente Paladin,
que á los sesenta y mas años de su edad, y á los veinte y mas de
Predicador veterano, exercitados muchos de ellos en el mayor theatro
de España, salió tan denodadamente á nuestra defensa. Havia predicado
á la moderna en una de las funciones mas famosas de la Corte cierto
Orador, Cathedrático á la sazon en una célebre Universidad, y, aunque
no de muchos años, estaba reputado por gran Theólogo, por insigne
Predicador, por ingenio conocido y, en fin, por hombre verdaderamente
sabio, mas que regularmente instruído en las divinas y en las humanas
letras (quédese esta opinion en su lugar, que yo no soy amigo de quitar
á nadie la buena ó mala que Dios le deparare). En fin, él predicó
un sermon que logró exquisito aplauso de todos los anti-veteranos:
assunto grave, pruebas macizas, mucho de esto que se llama eloquencia,
pocos textos, citas por alambique, reflexiones morales en abundancia,
Escritura desleída, Evangelio, y á ello nada de chistes, y lo mismo
de circunstancias. Imprimióse la oracion, y aprobóla con grandes
campanillas cierto Clérigo de autoridad,[25] que ha dado la gente en
la manía de que es el Gallo de Predicadores y que como tal puede y
debe cantar en toda España, como si dixéramos en su propio muladar.
Mas hay hombres de tan mal gusto, que no dudan decir que este Gallo,
respecto de nuestra oratoria evangélica, á la qual suponian sepultada
en una obscuríssima noche, es el precursor del dia, el despertador del
sol, el que derrite las densas tinieblas que se havian apoderado de
nuestro polo pulpital, el que dissipa las patrullas de los Predicadores
arlequines, saltimbanquis, ligeros y matachines, que divertian á la
gente en vez de instruírla, y empeoraban las costumbres en lugar de
enmendarlas; aplícanle sin mas ni mas aquel par de estrophas de cierto
hymno:
_A nocte noctem segregans_
_Præco diei jam sonat_
_Jubarque solis evocat._
_Hoc excitatus Lucifer_
_Solvit polum caligine:_
_Hoc omnis errorum cohors_
_Viam nocendi deserit._»
23. «Y qué te parece? que se contentan con esto? No paran aquí: passan
adelante, y no dudan aplicarle otro buen trozo del mismo hymno,
queriéndonos persuadir que le viene como de molde. Empéñanse en decir,
que este Gallo hace abrir los ojos á los amodorrados, mete tanto
aguijon á los soñolientos, confunde y convence á los pertinaces, y,
en fin, que á fuerza de cantar él en el púlpito como se debe, hay
esperanza de que haga cantar á todos los demas Predicadores como es
razon:
_Gallus jacentes excitat_
_Et somnolentos increpat;_
_Gallus negantes arguit._
_Gallo canente spes redit._
De este hombron, coco de los Predicadores y choriphéo de la nueva
secta, es la aprobacion susodicha.»
24. «No la pudo sufrir aquel Predicador veterano, cuyos nobilíssimos
sermones peinaban tantas canas como su cándida cabeza. Caló el morrion,
echóse la visera, vistió la cota, que algunos, por lo breve de su
cuerpo, dixeron era cotilla, enristró la lanza, y desde la misma
dedicatoria, dirigida á un gran Señor, comenzó á correr el Gallo,
pero como? Desplumándole, descrestándole, y en fin haciéndole añicos.
Alaba lo que él reprueba, y condena lo que él aplaude, haciendo una
descripcion tan galante de los sermones de moda que no hay mas que
pedir; yo la tomé de memoria, porque me cayó muy en gracia, y dice
assí»:
25. «_Si V. E. Señor para mientes, como dice nuestro castizo idioma,
hallará en estos sermones, que ya llaman de moda, si no el todo, parte
mucha de lo que en aquel gabinete sucedia_: =Vamos, vamos á oir al
Padre Don F., al Señor Don Z., al Doctor tal, que predica de moda.=
_Quiere á mi ver decir esta palabra un quadro sin imágen, una imágen
sin templo, un templo sin altar, un altar sin sacrificio, un sacrificio
sin Sacerdote, y un Sacerdote sin el proporcionado ornamento: es
puntual descripcion de un sermon de moda._»
«Qué te parece, amigo Gerundio? Has oído en tu vida comparacion mas
á pelo, símil mas adequado, ni descripcion mas puntual de un sermon
á la moderna? Porque, en realidad, si la cosa se considera bien y
sin passion, la multitud de textos, la bulla de citas, el aparato de
erudicion, la variedad de versiones, el paloteado de retruécanos, la
gala de los equívocos, lo sútil de los conceptos, la delicadeza de
los reparos, el escape de las soluciones, y de quando en quando el
chiste de los gracejos, son puntualíssimamente la imágen, el templo, el
altar, el sacrificio, el Sacerdote, el amito, la alba, el cíngulo, el
manípulo, la estola y la casulla de un sermon equipado como es justo; y
al que le falta todo esto, hágote un sermon en carnes vivas, que es una
vergüenza y una compassion.»
26. «No es mi intento, ni por ahora seria del assunto, hacerte una
relacion individual de todo lo que dixo el Predicador veterano en el
discurso del sermon, que dedicó al susodicho gran Señor, en immortal
gloria nuestra y en eterna confusion de los modernos. Essa seria obra
larga, y era menester producir toda la pieza, que es única en su linea
y la conservo en la celda enquadernada en papel dorado, para molde y
original de mis sermones, (se entiende despues del _Florilegio sacro_,)
si es que alcanzan mis fuerzas á una débil imitacion. Ni quiero cansar
tu atencion con referirte, que un tal _D. Gutierre Fernandez_ (hombre
ignorantíssimo y desalmado, si los ha havido jamas,) disparó un par
de cartas insolentes y atrevidas á un qual _D. Fulano Valdenoches_,
las quales, puesto que no salieron á luz, anduvieron de ronda de mano
en mano, de casa en casa, y de estudio en estudio, assí en la Corte
como fuera de ella, é hicieron una riza de todos los diantres. Pero
en quienes? En los _anti-Oradores Magistrales_ y en sus seguaces, que
son unos pobres pelones; porque, aunque es assí que las tales cartas
convencen, que en el sermon de nuestro heróico defensor se hallan tres
ó quatro proposicioncillas heréticas, algunas otras malsonantes, tal
qual textecillo de la Escritura supuesto, muchos mal citados, este ú el
otro testimonio venial levantado á los Santos Padres, y assí de otras
cosuelas á este tenor, qué hombre de juício hace caso de semejantes
bagatelas? Quien no sabe, que essos son hypérboles galantes, valentías
del discurso, arrojos del ingenio, y _festivíssimas aperturas_ de una
fantasía que se eleva, que se arrebata y no anda arrastrando por el
suelo? Si se huvieran de reparar y cortar en nuestros sermones estos
Icáricos vuelos, donde iriamos á parar?»
27. «En fin, este Orador insigne á la veterana, que contaba entónces
sesenta y ocho años de edad, y á los veinte y quatro de púlpito,
al qual, segun esta cuenta, no subió hasta los quarenta y quatro,
que es ya edad madura, en la qual al Predicador mas tardío le puede
haver salido el uso de la razon pulpitable; este Orador veterano,
vuelvo á decir, añoso, famoso y canoso, acredita bien que aún dentro
de los claustros tenemos partido, no solo entre aquellos que apénas
los apunta el bozo de la oratoria, que essos á red barredera los
puedes contar por nuestros, sino entre los mas añejos, mas veteranos
y aún mas vetustíssimos. Y hay la gracia particular de que estos
hablan por experiencia, en cuya escuela, que es la mas segura y la
mas convincente, han aprendido lo bien que les ha salido la cuenta
predicando á la veterana, pues no hay mejores cien doblones que los que
se hallan de repuesto en sus religiosas navetas, ni chocolate mas rico,
ni botes de tabaco mas exquisito, ni pañuelos de tela y de color mas
finos, ni ropa blanca mas delgada que la que encontrarás en sus pobres
alacenas, caxones y baúles.»
28. «Pues, siendo todo esto assí, _quis furor, quæ te dementia cepit_?
qué locura es la tuya? qué delirio se apoderó de tu cabeza, quando assí
te la trastornó esse tu tiesíssimo y circunspectíssimo Tio, tumbándote
patas arriba á quatro razones miserables, que te alegó el tal Dómine
Espetera? Perdóname si me descompongo, porque no me puedo contener al
hablar de estos encaprichados y testarudos parciales de la sinrazon,
aunque por otra parte sean hombres de autoridad y de respeto. No
quiero ya, que hagas caudal de mis razones, sin embargo de ser todas
tan convincentes, tan triumphantes que no admiten réplica ni sufren
resistencia. Tampoco quiero ya, que te hagan fuerza los exemplares
que te he puesto delante de los ojos, ni tantos millares de millares
de Predicadores veteranos como han hecho fortuna por este camino, ni
lo que has tocado y estás tocando por tus proprias manos en mí mismo,
que siempre le he seguido y que en mi vida no pienso seguir otro. Será
possible, Gerundio del alma, que no te convenza tu experiencia propia?
Tan mal te ha ido desde que comenzaste la carrera, emprendiéndola por
esta via lactea ó, hablando con mas propriedad, por este caminito de
la plata? Sermon y medio has predicado hasta ahora en público, y otro
entre las paredes del Convento, y qué hombre hay ya mas famoso en toda
la redonda? De qué otro retumban mayores ni mas encarecidos aplausos
en todo el dilatado y espacioso ámbito del Páramo? Piensas que tu fama
se ha limitado á las paredes solas de Campazas? Oh quanto te engaña
tu encogimiento y tu modestia! Llegó ya á Villaquexida, extendióse á
Villamandos, se dilató á Villamañan, y hasta en las márgenes del Orbigo
resuena el eco de tu nombre con tanta claridad como en las concavidades
de Villaornate; poco dixe: ó me engaña mucho el pensamiento, ó siento
acá en lo mas interior del alma no sé qué prophéticos presagios de que
en breve tiempo no se ha de hablar de otra cosa que de Fray Gerundio
en toda España, y aún se adelanta el vaticinio á descubrir entre no
sé qué lejanas lumbres, que ha de penetrar tu famoso nombre hasta las
provincias extrangeras.»
29. «Miéntras tanto, es cierto que ya no se sabe hablar sino de tus
sermones, de tus prendas y de tus talentos, en essos caminos, en essos
campos, en essas tierras, en essas viñas, en essos erreñales, en essas
eras, y aún en todos essos mercados del contorno. Miéntras tanto, es
indubitable que ya no hay Cofradía que no te desée, no hay Mayordomo
que no te solicite, no hay sermon de ánimas que no te aguarde, no
hay retablo nuevo que no clame por tí, y no hay semana santa que no
te tienda los brazos. Pues, corazon amilanado, por qué te acobardas?
Alma de cántaro, por qué te quiebras? Espíritu pusilánime, por qué te
desmayas? Desprecia, desprecia generosamente esse terror pánico que
se ha apoderado de tu pecho; no hagas caso de essas pasmarotas, con
que intentan aturrullarte los ciegos y apassionados sectarios de la
novedad y, confirmándote en el heróico empeño de no desviarte un punto
del camino real y derecho que tan gloriosamente has comenzado, ríete
á carcajada tendida de todos aquellos que pretenden arredrarte de él,
no dando otra respuesta á sus razones que la que yo dí, y tambien te
suministré en ocasion muy semejante, de la qual te acordarás sin que yo
te la repita:
_Mingere cum bombis res est gratissima lumbis!_»[26]
30. No de otra manera que quando en el corazon del invierno amanece
el Orizonte cubierto de una densa niebla, la qual poco á poco se va
al principio enrareciendo, luego que el sol presenta la batalla,
comenzando la funcion con la escaramuza de sus rayos; pero no se
declara tan de repente la derrota de los esquadrones tenebrosos, que
no disputen por largo tiempo el terreno, pues, titubeante al parecer y
como neutral la victoria, ya el sol abre los nebulosos esquadrones, ya
estos se vuelven á cerrar mas densamente, muchas veces aquel los rompe,
y otras tantas estos le rebaten; ya el exército del sol passa por el
vientre del campo de la niebla y, aunque con luz cansada, no tanto
dora quanto argentéa la cima de un vecino monte, ya se vuelve á cerrar
el exército enemigo y, repeliendo al contrario, parece que le retira
hasta su mismo atrincheramiento; durando el fluxo y el refluxo de la
dudosa contienda hasta que, al acercarse el mediodía, encendidas en
fogosa cólera las tropas de la luz, acometen tan furiosamente al campo
de la niebla, que por todas partes le rompen, le penetran, le pisan, le
atropellan, le dissipan, y, dueño enteramente el sol del campo de la
batalla, se dexa ver en todo el hemispherio el mas claro, el mas sereno
y el mas despejado dia. Assí, ni mas ni ménos, dissipó el razonamiento
de Fray Blas las nieblas que havian obscurecido el entendimiento de
nuestro Fray Gerundio, y quedó tan despejado y tan claro como el dia
mas apacible y mas sereno del mes de Enero ó de Febrero. Dió mil
abrazos á su amigo por lo que le havia consolado, iluminado y alentado,
y renovó en sus manos el pleito homenage, que ya havia hecho en otra
ocasion, de que no predicaria de otra manera en todos los dias de su
vida, aunque el mismo Gallo de la passion le predicara lo contrario.
Con esto dieron la vuelta al lugar, donde sucedió lo que dirá el
capítulo siguiente; pero, ántes de escribirle, suplico al Lector que
tenga un poco de paciencia, porque voy á tomar un polvo.