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¡Ved! Cual la escarcha fría
Por siempre yace la inspirada frente,
Que de Byron el lauro refulgente 15
Recibir merecía.
¿Cómo calla la voz cuya armonía
El ángel de los cantos envidiara?
¿Qué se hizo la luz clara,
Reveladora de alta inteligencia, 20
Que fulguraba en sus brillantes ojos?
¿Será eterna la ausencia
De la vida, ¡gran Dios! y esos despojos
—Que va á tragarse el sempiterno olvido—
Se llevarán al pensamiento helado, 25
Como un astro apagado
Por espacios incógnitos perdido?
¡Blasfemia horrible!... ¡loco pensamiento! {p. 299}
¡Jamás mi mente á tu ilusión sucumba!
¿La nada invocaré con torpe acento
Del genio ante la tumba?
¿Quién la bondad suprema 5
Podrá ultrajar con tan odiosa duda?
¿Quién su justicia dejará en problema
Ante el estrago de la muerte muda?
A ti—que viertes en el triste lecho
Del humano que espira 10
Bálsamo dulce de consuelo y calma—
¡Oh esperanza final! á ti saluda
Con rudos sones mi enlutada lira;
A ti se acoge en su dolor el alma.
Rindióse el cuerpo deleznable al peso 15
Del espíritu inmenso que oprimía,
Y ya el ilustre preso,
Que rota deja la coyunda impía,
Con libre vuelo sube
Al foco de la eterna Inteligencia, 20
Donde su centro y su reposo obtiene.
Tal de las flores la exquisita esencia
Se alza y se extiende en invisible nube,
Cuando rompe el cristal que la contiene.
¡Ay de aquel genio las fulgentes alas 25
Se lastimaban con el roce duro
De la materia frágil y grosera,
Que lo encerraba, cual estrecho muro.
Asaz sufriste ¡oh mísero! no era
La tierra tu morada. La profunda 30
Sed de goces y amor, que desdeñaba
Mezquinas fuentes de la tierra inmunda;
El inmenso vacío
Del insondable corazón; el tedio, {p. 300}
Que con su diente inexorable y frío
Te envenenaba heridas sin remedio.
¡Todo á su fin llegó! ¡todo ha cesado!
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