Tronó la alzada cumbre de Pirene,
Y sobre el suelo hispano
Lanzó horrorosa nube de asesinos;
Y las madres de Iberia al triste pecho
Los hijos estrecharon 25
Y piedad y venganza reclamaron.
Pasa el dorado Tajo y las vertientes
Del Mariano monte
La caterva sin ley. Nuevas matanzas
Viene y nuevos destrozos meditando; 30
Y en su furor sañoso
Dijo entonces el bárbaro orgulloso:
«Venid, y en la florida Andalucía {p. 253}
De oro y sangre saciemos
Nuestros sedientos pechos. Sús, varones:
¿No sois los invencibles que llevaron
Muerte, luto y ruina 5
Del Rin á la remota Palestina?»
. . . . . . . . . .
Españoles, volad: hijos de Marte,
Que el Ganges y el ocaso
Hicisteis resonar con vuestro nombre,
Volad; arrebatad á esos perjuros 10
Sus laureles odiosos,
A la mísera Europa tan costosos.
Castaños inmortal, nombre de triunfo,
Dulce alumno de Palas,
Y querido de Marte, á ti encomienda 15
Su justa causa España; la victoria
Tus estandartes guía,
Y su temido rayo te confía.
. . . . . . . . . .
¿Quién sube por el Betis? ¿quién terrible
El defendido paso 20
Rompe ya de Mengíbar? ¿Quién asciende
A las alturas de Bailén y al campo,
Do humea todavía
Del sarraceno infiel la sangre impía?
Y ¿qué, Dupont, vacilas? La alta sierra 25
Te niega sus gargantas,
Por sus audaces hijos defendidas.
¡Mísero! ¿donde irás? Tienes delante
Cabe el Betis undoso
Al fuerte Ibero de tu sangre ansioso. 30
Huye infelice, huye: negra noche,
Escudo de malvados,
Cubre en su horror tu vergonzosa fuga: {p. 254}
Mas ¡ay! que en tu camino se interpone
Nuevo escuadrón valiente
Que _rendirte_ ó _morir_ sólo consiente.
Mas ¡oh! cede el impío: la fiereza 5
Y el orgullo altanero
Postra al valor del inmortal Castaños:
Yace abatida el águila rapante,
Terror de las naciones,
Al pié de nuestros fuertes escuadrones. 10
. . . . . . . . . .
Vive glorioso vengador: tu nombre
Tiembla el galo vencido,
Y venera la Europa belicosa:
Vandalia, madre antigua de guerreros,
Su claro honor te llama, 15
Y España libre tu valor aclama.
¡España, España! ¡amada patria mía!
¡Patria de los valientes
Que el largo oprobio de tu faz borraron!
Cuando tu afecto de mi pecho salga, 20
Mi cantar abatido
Sepúltese en el polvo del olvido:
Ni en las umbrosas faldas de Helicona
Honor tenga mi lira,
Y mustio de mi frente envilecida 25
Caiga el laurel sagrado de los vates,
Cuando á tu excelsa gloria
El cántico no entone de victoria.