¡Con qué alegres cantares 20
Oh ruiseñor, celebras
Tu dicha, y de tu amada
El tierno afán recreas!
Ella del blando nido
Te responde halagueña 25
Con piadas süaves,
Y se angustia si cesas.
Las otras aves callan; {p. 212}
Y el eco tus querellas
Con voz aduladora
Repite por la selva;
Mientras el cefirillo, 5
De invidioso, te inquieta,
Las hojas agitando
Con ala más traviesa.
Tú cesas y te turbas:
Atento adonde suena 10
Te vuelves, y cobarde
De ramo en ramo vuelas.
Mas luego ya seguro,
Los silbos le remedas,
El triunfo solemnizas, 15
Y tornas á tus quejas.
Así la noche engañas,
Y el sol, cuando despierta,
Aun goza la armonía
De tu amorosa vela. 20
¡Oh avecilla felice!
¡Oh! ¡qué bien la fineza
De tu pecho encareces
Con tu voz lisonjera!
Ya pías cariñoso, 25
Ya más alto gorjeas,
Ya al ardor que te agita,
Tu garganta enajenas.
¡Oh! no ceses, no ceses
En tan dulce tarea, 30
Que en delicias de oirte
Mi espíritu se anega.
Así el cielo tu nido
De asechanzas defienda,
Y tu amable consorte {p. 213}
Fiel por siempre te sea.
Yo también soy cautivo:
También yo, si tuviera
Tu piquito agradable, 5
Te diría mis penas;
Y en sencillos coloquios
Alternando las letras,
Tú cantaras tus glorias,
Y yo mi fe sincera; 10
Que los malignos hombres
Burlan de la inocencia,
Y expónese á su risa
Quien su dicha les cuenta.