Aquellos dos verdugos
De las flores y pechos, 25
El amor y la abeja,
A un rosal concurrieron.
Lleva armado el muchacho
De saetas el cuello,
Y la bestia su pico 30
De aguijones de hierro.
Ella va susurrando, {p. 177}
Caracoles haciendo,
Y él criando mil risas
Y cantando mil versos;
Pero dieron venganza 5
Luego á flores y pechos,
Ella muerta quedando
Y él herido volviendo.