No he de callar por más que con el dedo,
Ya tocando la boca, ó ya la frente,
Silencio avises, ó amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente? 10
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Hoy, sin miedo que libre escandalice,
Puede hablar el ingenio, asegurado
De que mayor poder le atemorice. 15
En otros siglos pudo ser pecado
Severo estudio, y la verdad desnuda,
Y romper el silencio el bien hablado.
Pues sepa, quien lo niega, y quien lo duda,
Que es lengua la verdad de Dios severo, 20
Y la lengua de Dios nunca fué muda.
Son la verdad y Dios Dios verdadero:
Ni eternidad divina los separa,
Ni de los dos alguno fué primero.
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La justicia de Dios es verdadera 25
Y la misericordia, y todo cuanto
Es Dios, todo ha de ser verdad entera.
Señor excelentísimo, mi llanto
Ya no consiente márgenes ni orillas,
Inundación será la de mi canto. 30
Ya sumergirse miro mis mejillas, {p. 164}
La vista por dos urnas derramada
Sobre las aras de las dos Castillas.
Yace aquella virtud desaliñada,
Que fué, si rica menos, más temida, 5
En vanidad y en sueño sepultada.
Y aquella libertad esclarecida,
Que en donde supo hallar honrada muerte,
Nunca quiso tener más larga vida.
Y pródiga del alma, nación fuerte, 10
Contaba por afrenta de los años
Envejecer en brazos de la suerte.
Del tiempo el ocio torpe, y los engaños
Del paso de las horas y del día,
Reputaban los nuestros por estraños. 15
Nadie contaba cuanta edad vivía,
Sino de que manera, ni aun un hora
Lograba sin afán y valentía.
La robusta virtud era señora,
Y sola dominaba al pueblo rudo; 20
¡Edad, si mal hablada, vencedora!
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