SONETOS {p. 151}

I

Oh, nunca fueras, África desierta,

En medio de los trópicos fundada,

Ni por el fértil Nilo coronada

Te viera el alba cuando el sol despierta;

Nunca tu arena inculta descubierta 5

Se viera de cristiana planta honrada,

Ni abriera en ti la portuguesa espada

A tantos males tan sangrienta puerta.

Perdióse en ti de la mayor nobleza

De Lusitania una florida parte, 10

Perdióse su corona y su riqueza;

Pues tú, que no mirabas su estandarte,

Sobre él los piés, levantas la cabeza,

Ceñida en torno del laurel de Marte.

II

Daba sustento á un pajarillo un día 15

Lucinda, y por los hierros del portillo

Fuésele de la jaula el pajarillo

Al libre viento en que vivir solía.

Con un suspiro á la ocasión tardía

Tendió la mano y no pudiendo asillo 20

Dijo y de las mejillas amarillo

Volvió el clavel que entre su nieve ardía:

«¿A dónde vas, por despreciar el nido

Al peligro de ligas y de balas,

Y el dueño huyes que tu pico adora?» 25

Oyóla el pajarillo enternecido

Y á la antigua prisión volvió las alas.

¡Qué tanto puede una mujer que llora!

III {p. 152}

MAÑANA

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

Que á mi puerta, cubierto de rocío,

Pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras, 5

Pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,

Si de mi ingratitud el hielo frío

Secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:

«Alma, asómate agora á la ventana; 10

Verás con cuánto amor llamar porfía!»

Y ¡cuántas, hermosura soberana,

«Mañana le abriremos,» respondía!

Para lo mismo responder mañana.

IV

EL BUEN PASTOR

Pastor, que con tus silbos amorosos 15

Me despertaste del profundo sueño;

Tú, que hiciste cayado dese leño

En que tiendes los brazos poderosos;

Vuelve los ojos á mi fe piadosos,

Pues te confieso por mi amor y dueño, 20

Y la palabra de seguirte empeño,

Tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, que por amores mueres,

No te espante el rigor de mis pecados,

Pues tan amigo de rendidos eres; 25

Espera pues, y escucha mis cuidados;

Pero ¿cómo te digo que me esperes,

Si estás para esperar los pies clavados?

V {p. 153}

Á LA NUEVA LENGUA

Boscán, tarde llegamos. ¿Hay posada?

—Llamad desde la posta, Garcilaso.

—¿Quién es?—Dos caballeros del Parnaso.

—No hay donde nocturnar palestra armada.

—No entiendo lo que dice la criada. 5

Madona, ¿qué decís?—Que afecten paso,

Que ostenta limbos el mentido ocaso,

Y el sol depinge la porción rosada.

—¿Estás en ti, mujer?—Negóse al tino

El ambulante huésped.—¡Que en tan poco 10

Tiempo tal lengua entre Cristianos haya!

Boscán, perdido habemos el camino;

Preguntad por Castilla, que estoy loco,

Ó no habemos salido de Vizcaya.

VI

UN SONETO

Un soneto me manda hacer Violante, 15

Que en mi vida me he visto en tal aprieto,

Catorce versos dicen que es soneto,

Burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,

Y estoy á la mitad de otro cuarteto, 20

Mas si me veo en el primer terceto

No hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,

Y aun parece que entré con pie derecho,

Pues fin con este verso le voy dando. 25

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho,

Que estoy los trece versos acabando:

Contad si son catorce, y está hecho.

A Spanish Anthology  A Collection of Lyrics from the Thirteenth Century Down to the Present Time · 第 197 / 355 题