I
Oh, nunca fueras, África desierta,
En medio de los trópicos fundada,
Ni por el fértil Nilo coronada
Te viera el alba cuando el sol despierta;
Nunca tu arena inculta descubierta 5
Se viera de cristiana planta honrada,
Ni abriera en ti la portuguesa espada
A tantos males tan sangrienta puerta.
Perdióse en ti de la mayor nobleza
De Lusitania una florida parte, 10
Perdióse su corona y su riqueza;
Pues tú, que no mirabas su estandarte,
Sobre él los piés, levantas la cabeza,
Ceñida en torno del laurel de Marte.
II
Daba sustento á un pajarillo un día 15
Lucinda, y por los hierros del portillo
Fuésele de la jaula el pajarillo
Al libre viento en que vivir solía.
Con un suspiro á la ocasión tardía
Tendió la mano y no pudiendo asillo 20
Dijo y de las mejillas amarillo
Volvió el clavel que entre su nieve ardía:
«¿A dónde vas, por despreciar el nido
Al peligro de ligas y de balas,
Y el dueño huyes que tu pico adora?» 25
Oyóla el pajarillo enternecido
Y á la antigua prisión volvió las alas.
¡Qué tanto puede una mujer que llora!
III {p. 152}
MAÑANA
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
Que á mi puerta, cubierto de rocío,
Pasas las noches del invierno escuras?
¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras, 5
Pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
Si de mi ingratitud el hielo frío
Secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate agora á la ventana; 10
Verás con cuánto amor llamar porfía!»
Y ¡cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos,» respondía!
Para lo mismo responder mañana.
IV
EL BUEN PASTOR
Pastor, que con tus silbos amorosos 15
Me despertaste del profundo sueño;
Tú, que hiciste cayado dese leño
En que tiendes los brazos poderosos;
Vuelve los ojos á mi fe piadosos,
Pues te confieso por mi amor y dueño, 20
Y la palabra de seguirte empeño,
Tus dulces silbos y tus pies hermosos.
Oye, Pastor, que por amores mueres,
No te espante el rigor de mis pecados,
Pues tan amigo de rendidos eres; 25
Espera pues, y escucha mis cuidados;
Pero ¿cómo te digo que me esperes,
Si estás para esperar los pies clavados?
V {p. 153}
Á LA NUEVA LENGUA
Boscán, tarde llegamos. ¿Hay posada?
—Llamad desde la posta, Garcilaso.
—¿Quién es?—Dos caballeros del Parnaso.
—No hay donde nocturnar palestra armada.
—No entiendo lo que dice la criada. 5
Madona, ¿qué decís?—Que afecten paso,
Que ostenta limbos el mentido ocaso,
Y el sol depinge la porción rosada.
—¿Estás en ti, mujer?—Negóse al tino
El ambulante huésped.—¡Que en tan poco 10
Tiempo tal lengua entre Cristianos haya!
Boscán, perdido habemos el camino;
Preguntad por Castilla, que estoy loco,
Ó no habemos salido de Vizcaya.
VI
UN SONETO
Un soneto me manda hacer Violante, 15
Que en mi vida me he visto en tal aprieto,
Catorce versos dicen que es soneto,
Burla burlando van los tres delante.
Yo pensé que no hallara consonante,
Y estoy á la mitad de otro cuarteto, 20
Mas si me veo en el primer terceto
No hay cosa en los cuartetos que me espante.
Por el primer terceto voy entrando,
Y aun parece que entré con pie derecho,
Pues fin con este verso le voy dando. 25
Ya estoy en el segundo, y aun sospecho,
Que estoy los trece versos acabando:
Contad si son catorce, y está hecho.