A mis soledades voy, 25
De mis soledades vengo,
Porque para andar conmigo
Me bastan mis pensamientos.
¡No sé qué tiene la aldea
Donde vivo y donde muero, 30
Que con venir de mí mismo
No puedo venir más lejos!
Ni estoy bien ni mal conmigo; {p. 149}
Mas dice mi entendimiento,
Que un hombre que todo es alma
Está cautivo en su cuerpo.
Entiendo lo que me basta, 5
Y solamente no entiendo
Cómo se sufre á sí mismo
Un ignorante soberbio.
De cuantas cosas me cansan,
Fácilmente me defiendo; 10
Pero no puedo guardarme
De los peligros de un necio.
Él dirá que yo lo soy,
Pero con falso argumento;
Que humildad y necedad 15
No caben en un sujeto.
La diferencia conozco,
Porque en él y en mí contemplo,
Su locura en su arrogancia,
Mi humildad en su desprecio. 20
Ó sabe naturaleza
Más que supo en otro tiempo,
Ó tantos que nacen sabios
Es porque lo dicen ellos.
Sólo sé que no sé nada, 25
Dijo un filósofo, haciendo
La cuenta con su humildad,
Adonde lo más es menos.
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Oigo tañer las campanas,
Y no me espanto, aunque puedo, 30
Que en lugar de tantas cruces
Haya tantos hombres muertos.
Mirando estoy los sepulcros {p. 150}
Cuyos mármoles eternos
Están diciendo sin lengua,
Que no lo fueron sus dueños.
¡Oh bien haya quien los hizo, 5
Porque solamente en ellos
De los poderosos grandes
Se vengaron los pequeños!
Fea pintan á la envidia;
Yo confieso que la tengo 10
De unos hombres que no saben
Quién vive pared en medio,
Sin libros y sin papeles,
Sin tratos, cuentas ni cuentos:
Cuando quieren escribir 15
Piden prestado el tintero.
Sin ser pobres ni ser ricos
Tienen chimenea y huerto;
No los despiertan cuidados,
Ni pretensiones, ni pleitos, 20
Ni murmuraron del grande,
Ni ofendieron al pequeño;
Nunca, como yo, firmaron
Parabién, ni pascua dieron.
Con esta invidia que digo, 25
Y lo que paso en silencio,
A mis soledades voy,
De mis soledades vengo.