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¡Quanto se ha de estimar uno que quiera
Siempre morir, por siempre contentaros!
Y que en todo lugar, y con quien quiera,
Nunca sepa jamás sino alabaros!
Y que en vosotras viva y en sí muera, 25
Y su vida y morir esté en amaros;
Y sus placeres mude y sus enojos,
A cada revolver de vuestros ojos!
¡Qué gusto debe ser un caimiento {p. 69}
Con un cierto desmayo enamorado!
Y un sosegado y blando sentimiento
Por mitad de las venas derramado!
Y un no sé qué, que está en el pensamiento, 5
Que al corazón descansa fatigado;
Y un pensar si sentís una pisada
Que alguna nueva os traen deseada!
¿Y no es placer que halléis muchas razones
Para hallar deleyte en las tristezas? 10
Y á hurto que escribáis con mil borrones,
Y sea el escribir puras llanezas?
Y que juntos estén dos corazones,
Produciendo de amor grandes finezas?
Y en quanto hacéis, pensáis y deseáis, 15
Que el uno por el otro más valgáis?
¿Y no es gusto también así entenderos
Que podáis siempre entrambos conformaros?
Entrambos en un punto entristeceros,
Y en otro punto entrambos alegraros? 20
Y juntos sin razón embraveceros,
Y sin razón también luego amansaros?
Y que os hagan en fin vuestros amores
Igualmente mudar de mil colores?
¡Qué deleyte, pues, es desaveniros, 25
Si tras ello sucede concertaros!
Y sin por qué, mil lástimas deciros,
Y luego blandamente perdonaros!
Y alguna vez con lágrimas reiros,
Y entre la risa y el llorar quexaros! 30
Y que pare el quexar en mil dulzuras,
Y en mil enamoradas travesuras!
Puédese bien contar por muerta aquella
Que estos gustos de amor nunca ha alcanzado;
Quedará tal qual queda la centella {p. 70}
Al tiempo que ceniza se ha tornado;
Que ninguno recibe placer della,
Y en nonada la veis vuelto su estado;
Así es la dama que no siente amores, 5
Que nunca da placeres ni dolores.
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