Las precedentes iniciativas encaminadas a la separación de la moral
y el dogma, tuvieron expresión concreta en la constitución de una
sociedad religiosa libre, la "_Free Religious Association_" que,
en 1867, se declaró independiente de todas las sectas cristianas.
Propúsose, en consonancia con los preceptos de Emerson, "favorecer los
intereses prácticos de la religión pura", dejando a sus miembros la
responsabilidad individual de sus creencias religiosas, sin exigirles
más que su conformidad con el mejoramiento humano obtenido por la
práctica de la virtud, la investigación de la verdad, el desarrollo de
la solidaridad y la aspiración a la justicia social.
Esta sociedad religiosa libre equivalía estrictamente a las sociedades
que en los países latinos se denominan de libres pensadores o de
creyentes libres. La diferencia de actitud entre aquélla y éstas, fué
lógica dentro de la mentalidad dominante en unos y otros países. Los
anglo-americanos, respetuosos de la costumbre, prefieren afirmar su
liberalismo como una reforma de las costumbres religiosas existentes,
más bien como un esfuerzo por mejorarlas que como un propósito de
destruirlas; los latinos, sin duda por ser mayor la estabilidad e
intolerancia de su religión, no pueden ser liberales sino contra
ella misma, para combatirla antes que para transformarla. ¿Por qué?
Es sencillo. El cristianismo católico, llevado hasta la proclamación
dogmática de la infalibilidad papal, excluye todas las transformaciones
legítimas exigidas por el aumento progresivo de la cultura social; el
cristianismo disidente, en cambio, las consiente, por la afirmación
del principio del libre examen. Lo que puede criticarse y mejorarse
merece respeto; lo que se reputa infalible e intangible, sólo deja la
posibilidad de su abandono y sustitución. Por este motivo es fácil
comprender que la evolución liberal del mundo cristiano se presente
en los países educados en el libre examen con los caracteres de un
movimiento de progreso religioso, y en los países educados en la
intolerancia como una lucha abierta contra las religiones que excluyen
la posibilidad de su propio progreso.
En la _Free Religious Association_ persistió cierto espíritu
irreligioso que no era nuevo entre los unitarios más radicales; de allí
cierta falta de cohesión que acabó por producir la decadencia de la
sociedad, confirmando un precepto emersoniano: las personas no pueden
juntarse sino para la acción, para hacer en común, y nunca para dejar
de hacer lo que ya no les interesa.
Cuando falta comunidad de sentimientos, no existe religión. Es el
misticismo de los individuos lo que establece entre ellos la unidad de
acción. La asociación religiosa libre era una sociedad de incrédulos
que no querían parecerlo, olvidando que tras su irreligiosidad había
una cuestión de temperamento. Observa Augusto Sabatier, en su _Esbozo
de una filosofía de la religión_, que las llamadas "religiones
naturales" no son tales religiones, sino artefactos intelectuales de
personas que carecen de sentimientos místicos y no saben comunicarse
con su divinidad racional por medio de la oración. Por eso mantienen
una distancia entre el hombre y la divinidad, sin ningún comercio
intenso, sin buscar una acción de ella sobre el hombre, fuera de la
que naturalmente fluye de las leyes naturales. En el fondo, estas
pretendidas religiones le parecen simples filosofías; nacidas en una
época de racionalismo y de historiografía crítica, nunca han sido otra
cosa que abstracciones nominales, sin contenido alguno místico. Por
eso veremos que, poco a poco, en las sociedades éticas fué penetrando
un misticismo que en sus comienzos quisieron evitar; su función de
aunar voluntades para la acción moral sin dogmas, habría sido ineficaz
mientras la masa de sus miembros no fuese animada por la levadura de
una fe nueva. Sólo así se satisfacen los temperamentos religiosos;
nunca por simples doctrinas de arquitectura racional.