4.--NO CONFORMISMO Y OBEDIENCIA

Desconociendo el valor de los preceptos y dogmas tradicionales, como

fundamento de la ética, Emerson da una amplitud antes desconocida al

_No-Conformismo_, afirmado por las iglesias disidentes de la Anglicana.

Conocéis, sin duda, ese episodio de la historia religiosa. Así como el

Cristianismo fué una herejía dentro del Judaísmo, y el Protestantismo

dentro del Catolicismo, numerosas sectas protestantes han nacido como

herejías dentro de la iglesia Anglicana. Bajo el reinado de Elisabeth,

en 1563, el parlamento inglés votó una _Acta de Uniformidad_, fijando

las doctrinas y el rito del culto anglicano, que fué luego renovada,

en 1662, bajo Carlos II. Desde entonces llamáronse _conformistas_ los

que acataron esa Acta, y _no-conformistas_ todos los que le negaron su

adhesión, generalizándose después el término a todos los cristianos

disidentes que no aceptaban la autoridad dogmática de la iglesia

Anglicana.

Dentro de esa actitud común, el _no-conformismo_, nacido como simple

episodio de política religiosa, ha evolucionado muy diversamente en

las distintas iglesias disidentes. Partiendo del derecho del libre

examen, afirmado por la Reforma, algunas se han limitado a simples

apartamientos del dogma y del rito, mientras otras han extendido

progresivamente su libertad de crítica a todos los problemas

teológicos, éticos y sociales; conservándose cristianas, han abierto

ampliamente sus puertas a todas las doctrinas modernas, encauzándose

sin reticencia, desde principios del siglo XIX, en las corrientes de

liberalismo nacidas al calor de la renovación enciclopedista.

Tal era la posición de la _iglesia Unitaria_ en que Emerson fué

educado; en ella, el _no-conformismo_ desbordaba ya de la disidencia

inicial y contenía los gérmenes que se manifestaron ampliamente en

el Trascendentalismo. "Lutero, escribe Emerson, se habría cortado la

mano derecha antes de clavar sus tesis en la puerta de Witenburgo, si

hubiese podido suponer que ellas conducirían a las escuetas negaciones

del Unitarismo de Boston". Y el mismo Emerson, cuando habla de

No-Conformismo, se refiere a un desacato sistemático de todas las ideas

y cosas tradicionales; conformarse a la tradición es renunciar a la

vida misma, cuya continuidad se desenvuelve en un incesante porvenir.

El conformismo importa cerrar nuestra inteligencia a toda verdad nueva,

apartar de nuestra felicidad todo elemento no previsto en el pasado,

negar la posibilidad misma del progreso y de la perfección. Acatar

los intereses creados en el orden moral, lo mismo que en el material,

significa negar el advenimiento de una humanidad moralmente mejor.

¿Porqué, se pregunta Emerson, seguiremos bebiendo aguas estancadas en

pantanos seculares, mientras la Naturaleza sigue ofreciéndonos en la

veta de sus rocas el chorro de fuentes cristalinas, que pueden apagar

nuestra sed infinita de saber y de amor? Para él las aguas estancadas

son los dogmas consagrados por la tradición y las fuentes de roca son

las fuerzas morales que siguen manando de nuestra naturaleza humana,

incesantes, eternas. Esas fuerzas morales, que llama "divinas", no

han dejado de brotar nunca, jamás se han cegado sus fuentes; viven,

crean todavía, cada vez mejores; renunciar a ellas, como quiere el

tradicionalismo, es decir ¡alto! a la divinidad misma, es decir ¡no! a

todos los ideales éticos de la humanidad presente.

El No-Conformismo, en esta significación amplia, se nos presenta

como la antítesis del dogma de obediencia; leed algunas páginas que

dedica a este asunto William James y reconoceréis, como él, que "es

imposible comprender, y hasta imaginar, que hombres dotados de una vida

interior suya y propia, hayan podido llegar a considerar recomendable

la sujeción de su voluntad a la de otros seres finitos como ellos". Le

parece inverosímil ese renunciamiento de la personalidad, exigido por

algunas órdenes religiosas como un voto necesario para la profesión. La

obediencia no es a Dios, sino a otro hombre, al superior; y es curiosa

la explicación poco mística y muy utilitaria que da de ella el ilustre

jesuíta Alonso Rodríguez: "Uno de los mayores descansos y consuelos que

tenemos los que estamos en Religión, es éste: que estamos seguros de

que, haciendo la obediencia, vamos acertados. El superior podrá errar

en mandar esto o aquello; mas vos cierto estáis de que en hacer eso

que os mandan no erráis, porque a vos solamente os pedirá Dios cuenta

si hicisteis lo que os mandaron, y con eso daréis vuestro descargo muy

suficientemente delante de Dios. No tenéis que dar cuenta, si fué bien

aquello, o si fuera mejor otra cosa; porque eso no pertenece a vos, ni

se pondrá a vuestra cuenta sino a la cuenta del superior. En haciendo

la cosa por obediencia, quita Dios eso de vuestro libro y lo pone en

el libro del superior." Así entendido, el dogma de obediencia lleva

implícito un renunciamiento a la responsabilidad moral: el hombre se

convierte en una cosa, en un instrumento irresponsable al servicio de

quien lo manda. Y para que todo no sea solemne, James transcribe de

Sainte-Beuve (_Hist. de Port Royal_, I, 346), una anécdota que muestra

la extravagante interpretación que pueden dar al dogma de obediencia

los temperamentos sugestionables: "Sor María Clara, estaba muy

penetrada de la santidad y excelencia de M. de Langres. Este prelado,

luego de llegar a Port-Royal, le dijo un día, viéndola tiernamente

unida a la Madre Angélica, que sería mejor que no volviera a hablar con

ella. María Clara, sedienta de obediencia, tomó como un oráculo divino

aquellas palabras dichas inadvertidamente, y desde aquel día estuvo

muchos años sin dirigir la palabra a su hermana en religión".

Mostrado el conformismo bajo esta fase rigurosa en que lo traduce el

sentimiento de obediencia, podéis comprender mejor, por contraste, cuál

es el horizonte máximo en que Emerson pudo dilatar su no-conformismo.

El derecho de crítica y de libre examen se prolonga hasta las fuentes

de la moralidad humana; es el derecho de buscarlas, de afirmarlas, de

aprovecharlas para el porvenir, impregnando de ellas la educación,

ajustando progresivamente a ellas la conducta de los hombres. La

sabiduría antigua, hoy condensada en dogmas, sólo puede ser respetable

como punto de partida. Así mirada conviene respetarla, y aprovechar

de ella todo lo que no sea incompatible con las verdades nuevas que

incesantemente se van haciendo; pero acatarla como una inflexible norma

de la vida social venidera, confundiéndola con un término de llegada

que nuestra experiencia está condenada a no sobrepasar, es una actitud

absurda frente a la evolución incesante de toda la Naturaleza accesible

a nuestro conocimiento.

Así planteado, el no-conformismo de Emerson, aunque siempre enmarañado

por su lenguaje literario y místico, se nos presenta como una

concepción moral antidogmática y esencialmente evolucionista, como

la antítesis de un sistema teórico cerrado, como afirmación de un

pragmatismo ético abierto a toda eventualidad de perfeccionamiento

moral, ilimitado. No necesito explicar a los que conocen la doctrina de

la perfectibilidad, común en esa época a todos los sansimonianos, que

la posición de Emerson concuerda con ella plenamente, no obstante el

lenguaje religioso a que la tradujo: porque Emerson, en todo y siempre,

conservó la "manera" religiosa aprendida en su juventud e impuesta por

su ambiente, aun cuando sus ideas tomaban una dirección contraria.

Hacia una Moral sin Dogmas: Lecciones sobre Emerson y el Eticismo · 第 19 / 51 题