6.--GEOGRAFÍA MORAL DE LOS ESTADOS UNIDOS

En 1847, mientras Emerson pronunciaba algunas conferencias en

Inglaterra, llegó a Estados Unidos nuestro Sarmiento.

Autor ya de _Facundo_ y ejercitado en las tareas educacionales,

Sarmiento acababa de recorrer la Europa en busca de inspiración y de

ejemplos que pudieran servir al progreso de nuestra América. Había

visto mucho y aprovechado poco en Europa, donde todo era inquietud,

preludiando la gran tempestad que estallaría un año después. En Estados

Unidos llamó singularmente su atención la intensa agitación religiosa,

pues los unitarios y los trascendentales habían provocado, como

dijimos, una formidable reacción de las iglesias dogmáticas. Cada una

ponía un fervor inusitado en la propaganda, siendo curioso que todas se

disputaran las simpatías de la opinión, Biblia en mano y en nombre del

cristianismo.

En una carta a don Valentín Alsina, incluída en su libro "Viajes por

Europa y por América" (Vol. V de sus _Obras Completas_), examina

Sarmiento la _geografía moral_ de los Estados Unidos.

Para describir la rigidez de los puritanos ortodoxos trae un cuento al

caso. "Sábese que en la Nueva Inglaterra rigieron por mucho tiempo las

leyes de Moisés: tal era, y es aún, la idea de la perfección inmaculada

de cada frase y de cada versículo de la Biblia. A bordo de un buque

se hablaba de las maravillas del cloroformo. Un médico aseguraba que

podía aplicarse a los alumbramientos, sin peligro.--¿Y Vd. lo aplicaría

a su mujer? preguntaba un puritano presente.--¡Por qué no!--Pues yo

no lo haría, replicó seriamente el interlocutor.--Eso depende del

grado de confianza de cada uno en su eficacia.--No, señor; el Génesis

dice: alumbrará la mujer con dolores, y Vd. contraría la voluntad de

Dios.--Como se ve, la cuestión del cloroformo era mirada por el lado de

la conciencia, y medida su bondad en el cartabón de la Biblia".

Sarmiento llegó cuando más ardía la hoguera mística. "Para mantener

el fuego sagrado, hay en viaje permanente por las campañas remotas,

millares de pastores viajeros, que pasan toda su vida en misión;

hombres rudos y enérgicos, que llevan a todas partes la agitación,

despiertan los ánimos, excitándolos a la contemplación de las verdades

eternas. Son éstos verdaderos ejercicios espirituales, como los de

los católicos; más espirituales aún, pues sin amedrentarlos con las

penas del infierno, el pastor, o los pastores, reunidos en _meeting_

religioso, al aire libre o en algún galpón (improvisado), sacuden las

embotadas inteligencias de los campesinos, les presentan la imagen de

Dios en formas grandiosas, inconcebibles; y cuando el estimulante ha

producido su efecto, envían a las mujeres al bosque de un lado, y a los

hombres de otro, para que mediten a solas, se encuentren en presencia

de sí mismos viendo su nada, su desamparo y sus defectos morales". Para

Sarmiento no tenían interés las doctrinas difundidas, sino el hecho

mismo de la agitación espiritual mantenida por los predicadores, que

así efectuaban una obra educativa y moral. "Pero lo que de todo esto

importa para mi objeto, es que mediante los ejercicios religiosos,

las disidencias teológicas y los pastores ambulantes, aquella gran

marea humana vive todavía en fermentación, y la inteligencia de

los habitantes más apartados de las centros se conserva despierta,

activa, y con sus poros abiertos para recibir toda clase de cultura.

A semejanza de una cuba, se mantiene ajustada y apta para servir, no

importa la calidad del líquido que encierre; mientras que si la dejan

vacía, las duelas se tuercen, los arcos se aflojan y queda, con la

acción del tiempo y las fluctuaciones de la intemperie, inutilizada

para siempre". En el fondo, con palabras distintas, repite Sarmiento

el concepto fundamental de Emerson: lo que importa es la acción moral,

independientemente de cualquier contenido dogmático o doctrinario.

Esto no significa que Sarmiento no hiciera diferencias entre las

sectas ortodoxas y las liberales. "Este caos religioso, aquellas cien

verdades contradictorias, están a su vez sufriendo una elaboración

lenta, es verdad, pero segura, ascendente". Y no se equivoca en sus

preferencias: "La filosofía religiosa de los descendientes de los

peregrinos viene descendiendo de lo alto hasta las profundidades de

la sociedad, acercando las distancias que separan las disidencias,

echando entre ellas blandas ligaduras que acaban por estrecharlas, y

que terminarán al fin en absorberlas en el _unitarismo_, secta nueva,

panteísta, en cuanto admite todas las disidencias y respeta todos los

bautismos por cuyo intermedio se ha transmitido la gracia; y elevándose

a regiones más encumbradas, desprendiéndose de toda interpretación

religiosa, concluye por reunir en un solo abrazo a judíos, mahometanos

y cristianos, prescindiendo de milagros y ministerios, como cosas que

no cuadran con la forma orgánica que Dios ha dado al espíritu humano y

clasificándolas en el número de las figuras de retórica. La moral del

cristianismo, como expresión y regla de la vida humana, como punto de

reunión asequible y aceptable por todas las naciones: he ahí el único

dogma que admiten, así como la virtud y la humanidad forman el único

culto y la única práctica que prescriben a los creyentes".

Los comentarios que todo ello le sugiere son interesantes y

exactos; espiguemos algunos. "El espíritu puritano ha estado en

actividad durante dos siglos, y marcha a darse conclusiones pacíficas,

conciliadoras, obrando siempre el progreso sin romper en guerra con

los hechos existentes, trabajándolos sin destruirlos violentamente

como lo emprendió la filosofía nacida del catolicismo en el siglo

XVIII, y que tan poco camino ha hecho". "Concluyo de todo esto, mi

buen amigo, en una cosa que hará pararse los pelos de horror a los

buenos yankees, y es que marchan derecho a la unidad de creencias, y

que un día no muy remoto la Unión presentará al mundo el espectáculo de

un pueblo devoto, sin forma religiosa aparente, filósofo sin abjurar

al cristianismo, exactamente como los chinos han concluído por tener

una religión sin culto, cuyo gran apóstol es Confucio, el moralista

que con el auxilio de su razón dió con el axioma: "no hagas lo que no

quieres que te hagan a tí mismo", añadiéndole este sublime corolario:

"y sacrifícate por la masa". Si tal sucediera, y debe suceder, cuán

grande y fecundo habrá de ser para la humanidad el experimento hecho

en aquella porción, que dará por resultado la dignificación del hombre

por la igualdad de derechos, la elevación moral por la desaparición

de las sectas que hoy lo subdividen a aquel pueblo, enérgico por las

facultades físicas y eminentemente civilizado por la apropiación a

su existencia y bienestar de todos los progresos de la inteligencia

humana. Norteamericano es el principio de la tolerancia religiosa; está

inscripto en todas sus constituciones y ha pasado a axioma vulgar; en

Norte América fué por vez primera pronunciada esta palabra que debía

restañar la sangre que la humanidad ha derramado a torrentes, y venido

destilando hasta nosotros desde los primeros tiempos del mundo". Las

diversas religiones cristianas que emigraron de Europa, tenían dogmas

e intolerancias, hábitos de persecución y de venganza; "unos más

pronto, otros más de mala gana y refunfuñando, han tenido que apagar

sus tizoncitos y dejarse de esa bufonada de mal género que consiste

en quemar hombres para mayor gloria y honra de Dios. No tengo cuándo

acabar cuando entro en el campo de la teología; me vuelvo yankee, como

Vd. ve, y hasta gangoso me pongo al leer estos razonamientos. Pero mal

que le pese, tengo aún que apuntar una de las fuerzas de regeneración,

propaganda y auxilio al moroso que tiene en movimiento la inteligencia

en Norte América y fuerza a marchar adelante a los rezagados. Su origen

y su forma es religiosa, si bien sus efectos se hacen sentir en todos

los aspectos sociales. Hablo del espíritu de asociación religiosa y

filantrópica, que pone en actividad millares de voluntades para la

consecución de un fin laudable y consagra caudales gigantescos a la

prosecución de su obra. En este punto el norteamericano se ha creado

necesidades espirituales tan dispendiosas e imprescindibles como las

del cuerpo mismo, y esta provisión de necesidades del ánimo, aquel

tiempo, trabajo y dinero empleado en dejar satisfecho un deseo, una

preocupación, muestra cuán activa es la vida moral de aquel pueblo".

Y termina con estas palabras: "En todo este enorme y complicado

trabajo nacional, verá Vd. predominar una gran idea, la igualdad; un

sentimiento, el religioso, depurado de las formas exteriores; un medio,

la asociación, que es el alma y la base de toda la existencia nacional

e individual de aquel pueblo."

Conocéis la simpatía de Sarmiento por todo lo que representaba

liberalismo, progreso, porvenir. Era en él obsesiva la idea de

regenerar a nuestra América latina emancipándola de su pasado colonial,

en que sólo veía pereza y superstición; los conquistadores habían

enseñado a mirar el trabajo como una vergonzosa humillación, filtrando

en las venas de sus descendientes el parasitismo; los teólogos habían

enseñado a rezar mucho y a leer poco, limitándose a fundar las escuelas

necesarias para ir formando un clero autóctono. Con esas ideas, que

había expresado ya en _Facundo_ y de que no se apartaría hasta la

hora de escribir _Conflicto y armonías de las razas en América_,

profunda impresión debía producirle aquella otra América "en que

todos saben leer y trabajar". Se explica así el constante entusiasmo

por el modelo político y social norteamericano; y se explica también

su preferencia por aquellas religiones protestantes, creyendo que

en ellas la fe primaba sobre la superstición, el celo evangélico no

excluía la tolerancia recíproca y el misticismo personal podía escoger

una atmósfera propicia para remontar su vuelo sin que el Estado le

impusiera una determinada dirección dogmática. Sabéis que Alberdi,

con quien riñó tanto y tantas veces,--sin duda porque perseguían un

mismo ideal a través de sus opuestos temperamentos,--expresó análogas

simpatías por las religiones disidentes.

Hacia una Moral sin Dogmas: Lecciones sobre Emerson y el Eticismo · 第 12 / 51 题