1998: LAS BIBLIOTECAS SE INSTALAN EN LA WEB

= [Resumen]

A partir de 1998, muchas bibliotecas "tradicionales" crean su propio

sitio web, que se convierte en "escaparate virtual" y les permite

proponer su catálogo, información práctica y una selección de otros

sitios web para evitar a sus lectores la molestia de perderse en la

red. Estas bibliotecas proponen también bibliotecas digitales para dar

a conocer sus colecciones a un público amplio: colecciones de textos,

colecciones de imágenes (fijas o animadas) y colecciones sonoras. Las

bibliotecas digitales se desarrollan rápidamente y proporcionan acceso

facil a documentos que hasta entonces eran difíciles o casi imposibles

de consultar, por pertenecer a fondos antiguos, a fondos regionales o a

fondos especializados.

= Bibliotecas tradicionales

La primera biblioteca "tradicional" presente en el internet es la

Biblioteca municipal de Helsinki (Finlandia) que inaugura su sitio web

en febrero de 1994. Varias bibliotecas elaboran "ciberespacios" para

sus lectores. Otras dan a conocer las joyas de sus colecciones por

medio de la web. Algunas bibliotecas nacionales unen fuerzas para crear

un portal común.

Frente a una web enciclopédica y a la proliferación de las bibliotecas

digitales, ¿tendrán las bibliotecas tradicionales los días contados?

¿Será la biblioteca digital una verdadera amenaza para la existencia de

la biblioteca tradicional? Éstas son las preguntas que se plantean en

1998. En esta fecha, varias grandes bibliotecas explican en su sitio

web que a pesar de que el sector digital esté en plena expansión, la

comunicación física de los documentos sigue siendo esencial. A

continuación estos comentarios desaparecen. A principios de los años

2000, casi todas las bibliotecas tradicionales disponen de colecciones

digitales, sea para uso interno, sea en libre acceso en la web. Se

digitalizan los documentos para evitar tener que manipularlos después,

y de este modo cualquier usuario puede acceder fácilmente a ellos.

La razón de ser de las bibliotecas nacionales es preservar un

patrimonio acumulado a lo largo de los siglos: manuscritos, incunables,

libros impresos, diarios, periódicos, grabados, carteles, partituras

musicales, imágenes, fotos, películas, etc. Esto no va a cambiar

pronto, a pesar de que la tecnología digital ocupe un lugar cada vez

más importante en el mundo del libro y de los demás soportes. Aunque

esta omnipresencia de los soportes digitales favorezca la comunicación,

sigue siendo necesario encontrar un lugar donde almacenar los

documentos físicos originales, empezando por las Biblias de Gutenberg.

Las bibliotecas nacionales archivan también los documentos electrónicos

y los sitios web. En la Biblioteca nacional de Francia (BnF) por

ejemplo, han decidido recoger y archivar los sitios web cuyo nombre de

dominio termine con ".fr", y también los sitios dedicados a las

campañas electorales, primero para las elecciones presidenciales de

2002, luego para las legislativas de 2004, y finalmente para las

presidenciales y las legislativas de 2007, recogiendo y archivando los

sitios institucionales, los sitios y blogs oficiales de los candidatos,

los sitios de los medios de comunicación, los sitios de asociaciones y

de sindicatos, etc.

Las bibliotecas públicas tampoco parecen estar en peligro de

desaparecer. A pesar de la curiosidad suscitada por el libro digital,

los lectores aseguran con frecuencia en diversos sondeos que no están

dispuestos a leer a Zola o a Proust en pantalla. Una cuestión de

generación, quizás. Tal vez los niños que hayan aprendido a leer

directamente en la pantalla no tengan ningún problema a la hora de leer

libros online en soportes electrónicos de todo tipo.

Si bien las bibliotecas nacionales y las bibliotecas públicas siguen

siendo útiles, la situación de las bibliotecas especializadas es

diferente. En muchos campos del saber, en los que prevalece la

información más reciente, se plantean actualmente preguntas sobre la

necesidad de colocar documentos impresos en unos estantes, cuando es

mucho más práctico reunir, almacenar, archivar, organizar, catalogar y

difundir documentos electrónicos, e imprimirlos sólo a petición de los

usuarios.

Pierre Perroud, fundador de la biblioteca digital Athena, insiste en la

complementariedad del texto electrónico y del libro impreso. En su

opinión, "los textos electrónicos representan una incitación a la

lectura y una participación atrayente a la difusión de la cultura",

especialmente respecto al estudio y a la búsqueda textual. Estos textos

"son un buen complemento del libro impreso – aunque este último sea

irremplazable si se trata de leerlo". Aunque esté convencido de la

utilidad del texto electrónico, sigue pensando que el libro impreso aún

es "un compañero misteriosamente sagrado hacia el cual convergen

símbolos profundos: uno puede apretarlo en su mano, estrecharlo contra

su pecho, mirarlo con admiración; su pequeñez nos tranquiliza tanto

como nos impresiona su contenido; su fragilidad esconde una densidad

que nos tiene fascinados; como el hombre, teme el agua y el fuego, pero

es capaz de mantener al pensamiento humano a salvo del Tiempo."

(fragmento de la revista Informatique-Informations, Ginebra, febrero de

1997)

= Bibliotecas digitales

La difusión del libro, un objetivo perseguido por varias generaciones

de bibliotecarios, por fin se hace posible a gran escala, ya que hoy en

día éste puede ser convertido en archivo electrónico y transitar vía el

internet para alcanzar a un público que no siempre tiene acceso a una

biblioteca tradicional.

Si bien algunas bibliotecas digitales nacen directamente en la web, la

mayoría emana de bibliotecas tradicionales. En 1996, la Biblioteca

municipal de Lisieux (Normandía, Francia) lanza la Biblioteca

electrónica de Lisieux, que ofrece las versiones digitales de obras

literarias cortas elegidas entre las colecciones municipales. En 1997,

la Biblioteca nacional de Francia (BnF) crea el sitio web Gallica, que

propone, en una primera fase, imágenes y textos del siglo XIX en lengua

francesa, con una selección de 3.000 libros y una muestra de la futura

iconoteca digital. En 1998, la Biblioteca municipal de Lyon pone las

iluminaciones y miniaturas de 200 manuscritos e incunables a

disposición de todos en su sitio web. Y estos no son más que tres

ejemplos entre otros tantos.

Las bibliotecas digitales permiten a un amplio público tener acceso a

documentos difíciles de consultar en fondos antiguos, locales,

regionales o especializados, poco accesibles por diversos motivos: afán

de conservar documentos raros y frágiles, horarios, formularios

múltiples para rellenar, plazos de comunicación largos, penuria de

personal.

Gracias a la biblioteca digital, la biblioteca tradicional por fin

puede reconciliar dos objetivos que hasta ahora no eran compatibles, a

saber la conservación de los documentos y la comunicación de los

mismos. De esta manera nadie saca el documento del estante más que en

una sola ocasión: para escanearlo, y además el público por fin puede

acceder a su contenido. Si el lector desea aún consultar el documento

original, quedará libre de hacerlo, pero sabrá de antemano si el

contenido le interesa o no, gracias al "hojeo" previo en pantalla.

Según la British Library, pionera en este campo, la biblioteca digital

puede definirse como una entidad que emana del uso de las tecnologías

digitales para adquirir, almacenar, preservar y difundir documentos. O

bien se publican estos documentos directamente bajo forma digital, o

bien se digitalizan a partir de un documento impreso, audiovisual o

generado a partir de otro soporte. Se considera que una colección

digital constituye una biblioteca digital cuando cumpla con los cuatro

criterios siguientes: 1) puede ser creada y/o producida en distintos

lugares, pero se accede a ella en calidad de entidad única; 2) debe

estar organizada e indexada de tal manera que el acceso al servidor

resulte lo más fácil posible; 3) se debe almacenar y administrar de

manera que pueda perdurar bastante tiempo tras su creación; 4) debe

encontrar un equilibrio entre el respeto de los derechos de autor y las

exigencias universitarias.

Hospedada por la Universidad Carnegie Mellon (Estados Unidos), la

Universal Library realza las tres ventajas de la biblioteca digital:

1) ocupa menos espacio que una biblioteca tradicional y su contenido

puede ser copiado o guardado electrónicamente; 2) cualquier persona

puede acceder inmediatamente a su contenido en el internet; 3) el hecho

de que cualquier búsqueda de contenido esté automatizada permite a la

vez reducir significativamente los costes de funcionamiento e

incrementar la accesibilidad de los documentos.

A título histórico, el sitio web Library 2000 presenta un compendio de

las investigaciones realizadas entre octubre de 1995 y octubre de 1997

por el MIT/LCS (Massachusetts Institute of Technology / Laboratory of

Computer Science). Library 2000 es un proyecto pragmático, que se

propone estudiar durante dos años los problemas planteados por el

almacenamiento en línea de una inmensa cantidad de documentos.

Desarrolla un prototipo que podría ser económicamente viable en el año

2000. Gracias a este prototipo se ponen en línea varias bibliotecas

digitales de grandes dimensiones a partir de noviembre de 1997.

Para las imágenes, los problemas con el ancho de banda van

desapareciendo. Primero las bibliotecas optaron a menudo por imágenes

de página entera, muy agradables visualmente, pero que tardaban

demasiado en aparecer en pantalla. Deciden entonces presentar imágenes

en formato reducido, con posibilidad de hacer clic en ellas para

obtener un formato más grande. Esta presentación es la que se ha

establecido luego como norma, incluso después de que se generalizara el

internet de banda ancha. Ahora el paso de un formato pequeño a un

formato grande resulta muy rápido – o incluso inmediato –, a gran

satisfacción de los iconógrafos, de los fotógrafos y demás consumidores

de imágenes.

= Digitalización: modo texto o modo gráfico

No sé puede hablar de biblioteca digital sin hablar de digitalización.

Para que un libro pueda ser consultado en pantalla, primero hace falta

digitalizarlo, en modo texto o en modo imagen.

La digitalización en modo texto implica la necesidad de dactilografiar

el texto. Consiste en digitar el libro con paciencia en el teclado,

página a página. Ésta era la solución que se solía adoptar al

constituirse las primeras bibliotecas digitales, o bien cuando los

documentos originales carecían de claridad, por ejemplo en el caso de

los libros antiguos. Han pasado varios años, y para digitalizar en modo

texto ya casi basta con escanear el libro en modo imagen, y luego en

convertirlo en texto gracias a un software OCR (optical character

recognition). Se supone que un buen software OCR tiene una fiabilidad

de un 90%, luego basta con una relectura en pantalla para corregir el

texto.

En este caso, la versión informática del libro no conserva el diseño

original de este libro, ni tampoco el de la página. El libro se

convierte en texto, es decir en un conjunto de caracteres que aparecen

de continuo en la pantalla. A causa de la cantidad de tiempo que se

necesita para procesar cada libro, este modo de digitalización resulta

bastante largo, y por lo tanto es más costoso que la digitalización en

modo imagen. A pesar de todo, es muy preferible el modo texto, ya que

permite la indexación, la búsqueda y el análisis textual, así como

estudios comparativos entre varios textos o varias versiones del mismo

texto. Éste es el método utilizado por ejemplo por el Proyecto

Gutenberg, fundado en 1971, y también por la Biblioteca electrónica de

Lisieux (Normandía, Francia), creada en 1996.

Digitalizar en modo imagen equivale a fotografiar el libro página a

página. La versión informática no es sino un facsímil digital de la

versión impresa. Como se conserva la presentación original, luego es

posible "hojear" el texto en pantalla, página a página. Éste es el

método empleado para digitalizaciones a gran escala, por ejemplo para

la biblioteca digital Gallica de la Biblioteca nacional de Francia

(BnF). Sin embargo, para la tabla de contenidos, los sumarios y los

corpus de documentos iconográficos se utiliza la digitalización en modo

texto, a fin de facilitar la búsqueda textual.

¿Por qué no se digitaliza todo en modo texto? La BnF contesta esta

pregunta en 2000 en el sitio web de Gallica: "El modo imagen permite

conservar el aspecto inicial del documento original, e incluso los

elementos no textuales. En cuanto al modo texto, permite efectuar

búsquedas más amplias y precisas en un documento, y reducir

substancialmente el volumen de los archivos tratados, pero supone un

coste de procesamiento más o menos diez veces superior al de una simple

digitalización en modo imagen, bien se trate de teclear el texto o de

utilizar un software OCR. Se pueden utilizar estas técnicas si el

volumen es limitado, pero no podría justificarse a nivel económico

tratándose de los 50.000 documentos (o sea casi 15 millones de páginas)

que se han puesto en línea."

Pierre Schweitzer, el diseñador del software Mot@mot – que sirve para

reorganizar el diseño de los facsímiles digitales – insiste sobre la

utilidad de ambos modos de digitalización. "El modo imagen permite

digitalizar deprisa y con costes muy reducidos, explica en enero de

2001. Esto es importante porque la tarea de digitalización del domino

público es inmensa. Hay que tomar en cuenta también las diferentes

ediciones: si se digitaliza el patrimonio, es para facilitar el acceso

a las obras. Por lo tanto sería paradójico focalizarse en una sola

edición, dejando de lado el acceso a las otras ediciones. Cada uno de

los dos modos de digitalización conviene a un tipo de documentos,

antiguo/frágil o reciente, libre o no de derechos (para el autor o para

la edición), parca o abundantemente ilustrado. Los dos métodos también

tienen estatutos bastante distintos: en modo texto puede tratarse de la

nueva edición de una obra, mientras que en modo imagen se trata más

bien de una 'edición de otra edición'. En la práctica, la elección

depende del tipo de fondo que se quiere digitalizar, del presupuesto

disponible y de los objetivos que hay que alcanzar. Sería difícil

prescindir de una de las dos técnicas."

# Gallica

Gallica, la biblioteca digital de la Biblioteca nacional de Francia

(BnF: Bibliothèque nationale de France), se inauguró en octubre de 1997

con la digitalización de imágenes y textos del siglo XIX francófono,

"el siglo de la edición y de la prensa moderna, el siglo de la novela y

también el de las grandes síntesis históricas y filosóficas, un siglo

científico y técnico".

Al principio del proyecto, el servidor almacenaba por una parte

2.500 libros digitalizados en modo imagen, y por otra los 250 libros en

modo texto de la base Frantext del Instituto nacional de la lengua

francesa (INaLF: Institut national de la langue française).

Clasificados por disciplina, estos libros se acompañan de una

cronología del siglo XIX y de algunas síntesis sobre las grandes

corrientes en historia, ciencias políticas, derecho, economía,

literatura, filosofía, ciencias e historia de las ciencias.

El sitio web propone también una muestra de la futura iconoteca

digital, es decir el fondo del fotógrafo Eugène Atget, una selección de

documentos sobre el escritor Pierre Loti, una colección de imágenes de

la Escuela nacional de ingeniería civil (Ecole nationale des Ponts et

Chaussées) que representan las grandes obras vinculadas con la

revolución industrial en Francia, y por último una selección de libros

ilustrados sacados de la Biblioteca del Museo del Hombre (Musée de

l’Homme) de París, un museo de antropología.

A finales de 1997, Gallica se considera más un "laboratorio que se

propone evaluar las condiciones de acceso y de consulta a distancia de

los documentos digitales" que un simple banco de datos digitalizados.

El objetivo es experimentar la navegación en estas colecciones,

permitiendo a cualquier usuario saciar su curiosidad libremente, o

realizar búsquedas textuales especializadas.

A inicios de 1998, Gallica anuncia 100.000 volúmenes y 300.000 imágenes

para finales de 1999, y una amplificación rápida de las colecciones a

continuación. De los 100.000 volúmenes previstos – o sea un total de 30

millones de páginas digitalizadas – más de un tercio concierne el siglo

XIX. En cuanto a las 300.000 imágenes fijas, la mitad pertenece a

departamentos especializados de la BnF (Estampas y fotografía,

Manuscritos, Artes del espectáculo, Monedas y medallas, etc.).

La otra mitad proviene de las colecciones de establecimientos públicos

- varios museos y bibliotecas, la Documentation française (una

editorial pública), la Escuela nacional de ingeniería civil (Ecole

nationale des Ponts et Chaussées), el Instituto Pasteur, el

Observatorio de París, etc. - y de establecimientos privados - agencias

de prensa entre las cuales Magnum, Agence France-Presse, Sygma, Rapho,

etc.

En mayo de 1998, la BnF revisa a la baja sus expectativas para Gallica

y modifica un poco sus primeras orientaciones. Jérôme Strazzulla,

periodista del diario Le Figaro, explica en la edición del 3 de junio

de 1998 que la BnF "ha pasado de un proyecto universalista y

enciclopédico, a la necesidad de elegir orientaciones precisas". En el

mismo artículo, el presidente de la BnF, Jean-Pierre Angremy, comunica

la decisión del comité editorial de Gallica: "Hemos decidido abandonar

la idea de un vasto corpus enciclopédico de cien mil libros, al que

siempre se le podría reprochar algunas omisiones. Ahora nos orientamos

hacia corpus temáticos, lo más completos posible, pero más

restringidos. (...) Lo que buscamos es satisfacer en prioridad las

solicitudes de los investigadores y lectores."

El primer corpus, cuya puesta en línea está prevista para el año 2000,

tendrá que ver con el tema de los viajes por Francia. Reunirá textos,

estampas y fotografías del siglo XVI hasta 1920. A continuación, los

corpus se organizarán en torno a los temas siguientes: París, los

viajes a África desde los orígenes hasta 1920, las utopías, y las

memorias de las Academias de ciencias de ciudades francesas.

En 2003, Gallica reúne 70.000 obras y 80.000 imágenes que cubren desde

la Edad Media hasta el principio del siglo XX, incluyendo sólo

documentos libres de derechos. Sin embargo, muchos usuarios opinan que

los archivos son muy pesados ya que los libros se han digitalizado en

modo imagen, y resulta muy largo acceder a su contenido. Otro problema

importante es que la digitalización en modo imagen no permite realizar

búsquedas textuales, a pesar de que Gallica sea la biblioteca digital

francófona más amplia de la red en cuanto a la cantidad de títulos

disponibles en línea. Sólo una pequeña colección de libros (1.117

libros en febrero de 2004) se ha digitalizado en modo texto, los de la

base Frantext.

En febrero de 2005, Gallica cuenta con 76.000 obras. En la misma fecha,

la BnF anuncia que pronto se pondrá en línea (entre 2006 y 2009) la

prensa francesa publicada entre 1826 y 1944, o sea 22 títulos, con un

total de 3,5 millones de páginas. A principios de 2006, los primeros

periódicos disponibles en línea son los diarios Le Figaro (fundado en

1826), La Croix (fundada en 1883), L'Humanité (fundada en 1904) y Le

Temps (fundado en 1861 y desaparecido en 1942).

En diciembre de 2006, las colecciones abarcan 90.000 obras

digitalizadas (incluso fascículos de prensa), 80.000 imágenes y decenas

de horas de recursos sonoros. Gallica empieza la conversión en modo

texto de los libros - que primero habían sido digitalizados en modo

imagen - con el fin de facilitar el acceso a su contenido así como su

indexación en los buscadores.

En noviembre de 2007, Gallica anuncia que se han de digitalizar 300.000

obras adicionales de aquí a 2010. Éstas estarán accesibles en su nuevo

sitio web Gallica2, en modo imagen y en modo texto a la vez, lo que en

total representa 45 millones de páginas.

Una historia del eBook · 第 14 / 26 题