La escuadra Brasilera en el Rio de la Plata.
La presencia en nuestro puerto de una imponente escuadra brasilera,
destinada al parecer á surcar por los rios interiores y penetrar
hasta el Paraguay, para ventilar allí las cuestiones pendientes entre
esa república y el imperio del Brasil, es un hecho que ha preocupado
seriamente el espíritu público, y despertado la atencion de la prensa
periódica.
¿Qué significa ese formidable aparato de fuerzas navales en nuestras
aguas?
¿Qué sólidas razones de interés general pueden haber pesado en el
ánimo del gabinete imperial, que así le han aconsejado é inducido á
presentarse en el Rio de la Plata apoyado por el irresistible argumento
de una poderosa escuadra, antes de haber tratado de hacer valer sus
reclamaciones, aparentes ó positivas, cerca del gobierno paraguayo?
¿Se cree acaso el gobierno brasilero, ampliamente autorizado para
atravesar libremente nuestros rios interiores hasta arrojar el ancla
en el Paraguay, sin necesidad de consultar la voluntad de los pueblos
argentinos?
¿El gobierno de Buenos-Aires, y el de las provincias confederadas, han
exijido de las autoridades brasileras las mas ámplias esplicaciones
sobre el objeto y fines de la espedicion?
¿Han autorizado ellos el libre tránsito de esa escuadra por el corazon
del territorio de la república?
¿Han sido acaso consultados por el gobierno imperial?
¿Se les ha pedido su venia ó aquiescencia para el tránsito?
¿Han convenido ó no en él los poderes del Estado y las provincias
confederadas?
¿Conviene á la república argentina el franquear el tránsito por su
territorio á la escuadra brasilera?
¿Se ha pesado con meditacion y profundidad en la balanza de los
intereses politicos y comerciales, presentes y futuros de la república,
los resultados que puede ofrecerle la solucion de la cuestion
brasilero-paraguaya?
Tales son las cuestiones que han preocupado el ánimo de los hombres
pensadores en el Rio de la Plata, desde la aparicion de las fuerzas
navales brasileras en nuestras aguas.
Un hecho de esta naturaleza, en cualquier parte del globo donde tiene
lugar, se considera siempre como un asunto muy serio, y las naciones
que mas ó menos directamente creen poderse hallar complicadas, se
preocupan de los sucesos, y se preparan para el porvenir, tratando
de tomar todas aquellas medidas que aconsejan la prudencia ó la
conveniencia.
Entre nosotros, el espíritu público ha sido tambien lógico esta vez,
por que el sentimiento innato de la propia conservacion y la conciencia
de las ventajas ó peligros que puede originar un acontecimiento tan
notable, son hechos que los pueblos comprenden siempre en momentos
supremos.
Participando de la preocupacion general, creíamos que habiendo llegado
ya el momento oportuno, el gobierno, apreciando en su justo valor un
suceso de tanta magnitud y tan nuevo entre nosotros, habria hecho
conocer su pensamiento, revelando en su marcha las vistas de una
política ilustrada, previsora y hábil.
Creíamos que elevándose á la altura de los grandes intereses políticos
y mercantiles de la nacion argentina, se habria apresurado á manifestar
el espíritu de las pretensiones que ante él se han aducido, y que dando
publicidad á la correspondencia oficial que debe haber mediado entre
él y el gabinete brasilero, hubiera revelado el verdadero estado de la
cuestion y habilitado á la prensa para ocuparse de ella, á fin de que
ilustrada la conciencia pública, por medio del debate y choque de las
ideas, fuese mas dificil el caer en vias tortuosas, en un asunto en el
cual puede decirse que vá empeñada gran parte de los destinos de la
República.
Pero desgraciadamente nada de esto ha sucedido. Si se ha dado algun
paso cerca del gabinete brasilero; si este ó sus Enviados en el Rio de
la Plata se han dirigido á él; es un profundo misterio, un arcano que
no ha atravesado los salones ministeriales, y que á nadie ha sido dado
penetrar.
Todos nuestros informes á este respecto se reducen, á la mera
conciencia que tenemos de la existencia de una poderosa escuadra
brasilera en el Rio de la Plata, la salida de algunos vapores aguas
arriba en direccion al Paraguay, no sabemos si con la acquiescencia ó
sin el competente permiso de nuestras autoridades, y la declaracion
escuálida de un periódico _oficial_, que ninguna responsabilidad asume,
pues se apellida á sí mismo _oficioso_, de que el Gobierno _ni quiere
ni puede dudar_ de la buena fé del gabinete Imperial.
En vista pues de las ocurrencias que se van desarrollando, convencidos
por nuestra parte de la gravedad de la situacion, y de la gran
responsabilidad moral, que puede acarrearnos en lo futuro, un hecho tan
remarcable en los fastos de nuestra historia, no trepidamos un momento
en abordar tan espinosa cuestion, tratando de considerarla bajo todas
sus faces, hasta que esclarecidos nuestros derechos, podamos apreciar
debidamente toda la latitud de las conveniencias ó trastornos, que la
cuestion brasilera, resuelta en las aguas de nuestros rios interiores,
pueda originarnos en lo sucesivo.
Cuando se ventilan cuestiones graves, que pueden comprometer el
destino ó porvenir de los pueblos, hacer intervenir en ellas una ciega
credulidad, ó una confianza inocente, hácia personas, es incurrir en
un sacrilegio político. La credulidad y las afecciones personales
desaparecen siempre ante los grandes intereses de las naciones, donde
no debe oirse jamás otra voz que la de la historia que aconseja siempre
con la irrecusable lógica de los hechos.
En el caso actual surge uno positivo; y es, que, ninguna nacion
considera jamás la aglomeracion de fuerzas numerosas en un país
vecino, sin sentirse justamente alarmada, y sin que deje de entrar
inmediatamente en sérias esplicaciones respecto al objeto y fines de
ella. Y si esto sucede respecto á lo que pasa dentro de los límites
de una nacion estraña ¿con cuánta mayor razon no debemos alarmarnos
nosotros, cuando una poderosa escuadra se reune en nuestros puertos,
y anuncia su intencion de internarse en el corazon mismo de nuestro
territorio?
El derecho de la propia conservacion impone á las naciones el deber
de vigilar constantemente sobre ella, y la obligacion de prevenir
con tiempo todo cuanto pueda contribuir á ponerlas en peligro,
aniquilarlas, ó aun hacerles perder su influjo ó su preponderancia
mercantil ó política.
Todas las naciones están dándonos egemplos prácticos de esta verdad
incontestable: y si bien puede considerársele como un derecho
_imperfecto_, no obstante que la práctica lo haya hecho _perfecto_,
cuando tiene por objeto pedir esplicaciones sobre una reunion de
fuerzas en territorio estraño, se torna en un derecho _perfecto y
legítimo_ cuando entrando en el nuestro, se sitúan en él.
Las naciones no peligran tan solamente cuando se les hostiliza ó ataca
directamente. Ellas deben considerarse amenazadas y alarmarse con toda
justicia, siempre que un poder fuerte cualquiera, empeñándose en romper
el equilibrio que garante la paz entre los vecinos, tienda á robustecer
sus fuerzas, ya sea por medio de la conquista, ya por las influencias
políticas, asegurándose una preponderancia que venga á poner en duda su
seguridad ó su tranquilidad.
Los tratados del célebre Congreso de Viena, no tuvieron otro objeto
que asegurar el equilibrio europeo, porque aquella aglomeracion de
pequeñas nacionalidades, que podian ser absorvidas por los poderes de
primer órden, eran una constante alarma para unos y otros, y les hacian
temer á su vez el ser absorvidos ó ver peligrar sus destinos ante un
caprichoso juego de fortuna.
En la cuestion que actualmente ha iniciado el Brasil, no es posible
desconocerse á primera vista que, el equilibrio de los poderes sud
americanos en el Atlántico, se halla fuertemente comprometido. Si
cerrando nuestros ojos ante la evidencia del peligro, olvidados de
nuestra conveniencia, permanecemos indiferentes cuando se van á
jugar no solamente los intereses del Brasil y el Paraguay, sino muy
directamente los de la América del Sur y de un modo inmediato los de
la República Argentina, con razon podrá decirse que nosotros mismos
habremos contribuido eficazmente á labrar nuestra propia ruina. Los
intereses de la Repùblica Argentina se hallan hoy estrechamente ligados
á la República del Paraguay, y esta, ademas, es el verdadero fiel de
la balanza que marca el equilibrio de los poderes en esta parte de la
América.
Para dilucidar, pues, con refleccion y calma las verdaderas faces que
puede presentar la solucion de tan grave asunto, lo consideraremos
concienzudamente tratando de dejar esclarecidos primero, los siguientes
puntos:
Lo que importa la soberanía territorial.
Hasta donde se estiende el derecho de las naciones sobre los rios
enclavados dentro del territorio de una ó mas naciones ribereñas.
Que derechos permanecen inalienables, aun despues que la libre
navegacion ha sido reconocida de comun acuerdo.
Considerada esta cuestion bajo este punto de vista, trataremos de
averiguar si hay ó no conveniencia en autorizar el pasage de la
escuadra brasilera por nuestros rios interiores, y la influencia que la
solucion de esta cuestion puede egercer en los destinos futuros de la
República Argentina.