Lo que vió Teodoro.
Teodoro oyó el ruido de los caballos que partian de la casa de Bárbara y
llamó á la vieja.
--¿Quereis decirme--le preguntó--quién estaba ahí?
--Fué Guzman, un amigo mio--contestó descaradamente la vieja--que vino
por esa muchacha conocida vuestra.
--¿Por quién?--preguntó Teodoro incorporándose espantado.
--Por esa muchachita que estaba aquí.
--¿Por Doña Blanca?
--Sí--contestó la vieja.
--¿Y ella qué hizo?--dijo Teodoro cada vez mas asombrado.
--¿Qué habia de hacer? irse con él.
--¡Irse con él! ¿Pero cómo?
--¿Cómo? Muy alegre y muy contenta.
--¡Mientes vieja infernal!--esclamó Teodoro trémulo de furor tomando á
Bárbara por la garganta y arrojándola sobre la cama--¡mientes! ¿Qué has
hecho con esa jóven?
--¡Socorro! ¡socorro!--gritaba Bárbara.
--Calla, ó te ahogo--dime, ¿qué has hecho de esa jóven? Responde, ó te
mato.
La vieja espantada, callaba.
--¿No contestas?......... ¿No contestas? Pues bien, voy á estrellarte
contra la pared, contra las piedras, como á una serpiente.
Y Teodoro sin hacer caso de sus heridas se levantó, y alzó en el aire á
la vieja para estrellarla.
--No, no--gritó la vieja--dejame, dejame, que yo lo diré.
--Bueno--contestó Teodoro--dime ¿qué hiciste con esa jóven?
--Se la llevó Guzman.
--¿Quién es Guzman?
--Un amigo mio.........
--¿Y para dónde se la llevó?
--Para su casa.
--¿Pero ella consintió?
--Sí.........
--¡Mientes!--dijo Teodoro alzando la mano.
--No, no consintió.
--Pues ¿cómo no gritó ni pidió auxilio?
--Por que..................
--¡Habla!
--Estaba privada le habia yo dado yerba.
--¡Infame!
Teodoro reflexionaba, pero no soltaba la mano de la vieja.
--¿En dónde esta la casa de ese hombre?
--No muy lejos, en un ranchito.
--¿Sabes tú?
--Sí.
--Pues vamos allá.
--¿Ahora con esta tempestad, en esta noche?
--Sí ahora mismo, ahora mismo.........
--Pero..........
--Vamos, pronto.
Teodoro se incorporó como pudo, y se puso su sombrero; todo esto sin
dejar para nada á la vieja.
De debajo de su lecho sacó un cuchillo, y lo colocó en su cinturon.
--Mira--dijo á la vieja--al menor impulso que sienta de que quieras
huir, te mato: ¡en marcha!
La vieja obedeció y salieron.
La noche era horrorosa, y caminaban casi adivinando en la oscuridad.
Así anduvieron como dos horas.
Teodoro, fatigado, sosteniéndose solo por la fuerza de su voluntad,
comenzaba á impacientarse.
--Oye ¿no decias que el rancho estaba cerca?
--Pero hemos perdido algo el tiempo por la mala noche.
--Te advierto que si llegamos, cuando á Doña Blanca la haya sucedido
alguna desgracia, te mato sin remedio.
--¡Ay!
--Pues vamos.
Y seguian caminando.
Algunas veces se detenia Teodoro á tomar aliento, y entonces era la
vieja la que le apuraba.
--Vamos--decia--es tarde--y volvian á caminar.
Por fin, comenzó á lucir la mañana y á los primeros reflejos la vieja le
dijo á Teodoro:
--Mirad, allí en aquel cerrito es la casa, poco nos falta.
Teodoro hubiera querido volar, pero aquella pendiente era muy larga y
muy elevada.
El sol estaba ya en el horizonte y todo el panorama se iluminó
perfectamente.
Teodoro y la vieja subian, pero el negro venia ya muy cansado y
necesitaba detenerse á cada momento. Por fin llegaron á descubrir la
casa.
Teodoro vió á Doña Blanca y á Guzman: sus figuras se destacaban, sobre
las rocas en el purísimo azul de los cielos.
Blanca estaba en pié desdeñosa y altiva, Guzman á corta distancia,
parecia no atreverse á acercarse.
Teodoro comprendió que habia llegado á tiempo.
Comenzó á caminar con mas violencia, y llegó á otro punto en que se
dominaba mejor la escena que pasaba en el rancho.
Doña Blanca estaba al borde del abismo, y parecia hablar, Guzman estaba
cerca de ella. Teodoro iba á continuar su camino, cuando la escena
cambió.
Guzman dió un paso adelante y un gritó agudo atravesó los aires: Doña
Blanca desprendiéndose de la roca cayó en el abismo, y se perdió entre
las alborotadas espumas del torrente.
* * * * *
Guzman dió un grito y se echó atrás espantado para no precipitarse
tambien.
Teodoro cayó de rodillas.
El torrente siguió su curso tranquilo, sin que nada indicara que sus
ondas habian sido el sepulcro de la pobre Blanca.