Como era un edicto del Santo Oficio.
Por la calle de Ixtapalapa, y fuera ya de la traza en los suburbios de
la Ciudad habia una pequeña y aislada casa, en la que nadie habitaba
hacía ya mucho tiempo, de manera que aquella casa se iba destruyendo
rápidamente.
Una mañana los vecinos advirtieron gran cantidad de trabajadores, que
casi en un solo dia, la pusieron en estado de servir. Durante la noche,
se observaron criados y esclavos, que alumbrados por hachones traian
muebles, que á lo que con aquella escasa luz podia mirarse, eran de
mucho lujo.
A la mañana siguiente, todo movimiento habia cesado, y nadie entraba ni
salia á la casa.
Dicen algunos que el animal mas curioso de la creacion es la muger.--Yo
opino que el vecino es mas curioso que la muger--y los vecinos de
aquellos rumbos observaron: (lo que prueba que estaban en acecho) que á
las diez de la noche del siguiente dia, se iluminó la casa por dentro.
La curiosidad creció y comenzaron á formarse mil comentarios, y á
fastidiarse porque trascurrian dos horas y no se veia mas que la luz.
A las doce y media se oyó á lo lejos el ruido de una carroza que se
aproximaba, y que vino á pararse frente á la puerta de la casa.
Quién salió de aquella carroza nadie lo supo, pero ella permaneció allí
hasta que comenzó á salir la luz, y entonces se retiró. Como habia modo
ya de percibir quién la ocupaba, todos se empeñaron en descubrirlo
creyendo encontrar, lo menos al diablo, pero solo pudieron alcanzar á
ver una mano negra que se apoyaba en una de las portezuelas.
La curiosidad del caritativo vecindario, no satisfecha, se contentó con
decir:
--Estas son cosas del enemigo malo: Dios nos saque con bien--y luego
santiguarse.
Vamos nosotros á retroceder un poco, para que el lector sepa lo que
contenia aquel misterio.
Don Cesar, como habia dicho muy bien el Ahuizote á Luisa, tenia ya
dispuesta su casa y debia trasladar á ella á Blanca. Teodoro instruido
por esta, era su auxiliar y su protector.
Pero á una muger como Blanca le hubiera sido imposible ser la querida de
un hombre, y aunque á trueque de un sacrificio, ella queria santificar
si esto era posible, su union con Don Cesar de Villaclara.
Doña Blanca creia que su deshonra y su castigo seria menor si al
descubrirse todo se publicaba que teniendo voto de castidad habia
contraido matrimonio, que si se hubiera referido en público pura y
sencillamente que era la manceba de Don Cesar de Villaclara. El orgullo
de su sangre y sus ideas religiosas se sublevaban contra esta idea y
pensaba que el Sacramento del Matrimonio atenuaba su falta.
Por otra parte con el Breve del Pontífice que autorizaba al Arzobispo
para relajar sus vínculos, se creia enteramente libre, y tanto en
aquello habia llegado á pensar, que no tenia ni el menor remordimiento
de que alguna vez pudieran llegar á decir de ella que era _Monja y
Casada_.
Los argumentos que favorecen nuestros planes toman tales visos de
certidumbre y se visten por la conciencia de tales apariencias de verdad
y de justicia, que llegan á parecernos sólidos y esactos, y el hombre
que se empeña en convencerse á sí mismo de que una cosa es buena, llega
mas tarde ó mas temprano á conseguirlo.
La mejor prueba de esto es el suicidio.
No hay quizá una cosa que repugne tanto á la naturaleza como la idea del
«no ser.»
La muerte vista de cerca y á la luz del dia, aterra aun á los mas
fuertes, y sin embargo, séres débiles y almas tímidas llegan á
persuadirse á sí mismas, de que el suicidio, la muerte, el no ser, son
medios para dejar de padecer, y se quitan la existencia esos mismos
séres, que en otro caso temblarian ante el menor peligro.
Don Cesar comprendió lo que pasaba en el alma de Blanca y se persuadió
también. No hay argumento sin fuerza cuando viene de boca de una persona
á quien se ama con pasion.
Don Cesar comenzó á dar los pasos necesarios, y dando á Blanca un nombre
y una parentela supuestas y valiéndose de su influjo y de su dinero,
logró sacar una dispensa de «publicatas ó amonestaciones» y el permiso
para casarse en el domicilio de su futura Doña Carolina de Sandoval, que
fué el nombre con que se presentó Blanca.
La toma del dicho se hizo en la casa de Teodoro por notarios ignorantes,
que á no ser tan torpes, lo hubieran parecido con las dádivas de Don
Cesar, y todo quedó dispuesto para la celebracion del matrimonio, fijada
para el dia siguiente de la traslacion de Blanca á la casa que tomó y
mandó comprar Don Cesar por el rumbo de la calle de Ixtapalapa y que ya
conocen nuestros lectores.
Se preparó todo en aquella casa, se tomaron criados y esclavos para el
servicio de Doña Carolina, y la noche que los vecinos vieron por primera
vez luz en el interior, Don Cesar y Teodoro condujeron á Blanca y la
instalaron en su nueva habitacion.
Blanca estaba verdaderamente loca por el placer y no pensaba en nada, en
nada mas, sino en que iba á ser ya del hombre á quien amaba tanto.
Teodoro y Don Cesar acompañaron á Blanca hasta el amanecer, y á esa hora
como hemos visto se retiraron.............
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El Arzobispo debia haber arreglado las cosas á su modo con el
inquisidor, porque al dia siguiente en todos los templos á la hora de la
misa mayor, se leia un edicto de la Inquisicion.
Perdónennos nuestros lectores si á riesgo de fastidiarlos les insertamos
un edicto del Santo Oficio, para que tengan una idea exacta de cómo eran
éstos, y las curiosas prescripciones que contenian.
✝
«_NOS LOS INQUISIDORES APOSTOLICOS, CONTRA la Herética pravedad y
Apostasía, en esta Ciudad de México, Estados y Provincias de la Nueva
España, Goatemala, Nicaragua, Filipinas y su Distrito y cercanía, &c.
Por Authoridad Apostólica._
«Hacemos saber á Vos los Vicarios, Curas, Capellanes y Sacristanes de
las Iglesias de todas las Ciudades, Villas y Lugares de este dicho
nuestro distrito; y especialmente á los de esta Ciudad, y á cada uno, y
qualquier de vos, que esta nuestra Carta dada á pedimento del Señor
Promotor Fiscal de este Santo Officio, que sea ley dada y publicada en
esta dicha Iglesia.
«Son exortadas y amonestadas todas, y qualesquier personas de qualquier
estado, grado, condicion y preeminencia que fuessen, que uviessen visto,
ú oido decir, que alguna, ó algunas personas, vivos, presentes, ausentes
ó difuntos uviessen prestado auxilio, ocultado, protegido, ó en
qualquier manera ayudado é dado amparo á la llamada Doña Blanca de Mejía
en el siglo, ó Sor Blanca del Corazon de Jesus, profesa en el convento
de Santa Teresa de la Orden de Carmelitas descalzas, de donde con gran
escándalo y perturbacion ha uido, y viviendo en relajada vida, pretende
contraer ó ha contraido ya sacrílego matrimonio, así como algo de lo
relativo á la dicha Sor Blanca, su pretendido esposo y demas que le
acompañen á él y á ella.
«Y les mandamos en virtud de Santa obediencia, y so pena de Excomunion,
_Trina Canónica monitione præmissa_, que dentro de seis dias primeros
siguientes, despues que la dicha nuestra Carta sea leyda, y publicada,
los quales les damos é assignamos, por tres plazos y terminos
peremptorios, vengan y parescan ante Nos, personalmente en la Sala de
nuestra Audiencia, á decir y manifestar lo que supiessen uviessen hecho,
visto hazer, ó oido decir cerca de las cosas, en esta nuestra Carta
dichas y declaradas, y otras qualesquiera que fuessen contra nuestra
Santa Fee Catholica, ó contra el recto y libre exercicio del Santo
Officio.
«E filo que Dios nueftro Señor, no quiera ni permita, por los feis dias
figuientes, las dichas perfonas, q’ affi han hecho, ó dicho, faben û
oyeron decir, quien haya hecho, ô dicho alguna cofa, ó cofas de las
contenidas en la dicha nueftra Carta primera, ú otras cofas contra
nueftra fanta Fee Catholica, ô contra el recto, y libre exercicio del
Santo Officio de la Inquificion, ô de fus Ministros perfiftiendo en fu
contumacia, y rebelion, y no lo vinieren á decir, y manifeftar ante Nos
por la prefente los defcomulgamos, anathematizamos, maldecimos, y
apartamos del gremio, ê union de la Santa Madre Iglefia Catholica,
participacion, y comunion de los Fieles, y Catholicos Chriftianos, como
á miembros pofeydos del demonio. Y mandamos á los Vicarios, Curas,
Capellanes, y Sacriftanes, y á otras qualefquier perfonas
Eclefiasfticas Seglares, y Religiofos, q’ los ayan, y tengan á todos
los fufodichos (q’ affi fueren rebeldes, y contumaces) por tales
publicos defcomulgados, maldecidos, y anatematizados, y vengan fobre
ellos, y á cada uno de ellos, la ira, y maldicion de Dios todo poderofo,
y de la Gloriofa Virgen Santa MARIA fu Madre, y de los Bienaventurados
Apoftoles S. Pedro, y S. Pablo, y de todos los Santos del Cielo. Y
vengan fobre ellos todas las plagas de Egypto, y las maldiciones q’
vinieron fobre el Rey Pharaon, y fus gentes porque no obedecieron, y
cumplieron los Mandamientos divinales; y fobre aquellas cinco Ciudades
de Sodoma, y Gomorra, y fobre Datán, y Abirón, que vivos los tragó la
tierra, por el pecado de la inobediencia, que contra Dios nueftro Señor
cometieron; y fean malditos en fu comer, y beber, y en fu velar, y
domir; en fu levantar, y andar; en fu vivir y morir; y fiempre eftén
endurecidos en fu pecado: el diablo efté á fu mano derecha; quando
fueren en juizio fiempre fean condenados; fus dias fean pocos, y malos;
fus bienes, y hazienda fean trafpaffados en los eftraños; sus hijos fean
huerfanos, y fiempre eftén en neceffidad; y fean lanzados de fus cafas,
y moradas, las quales fean abrafadas, todo el mundo las aborrezca; no
hallen quien halla piedad de ellos, ni de fus cofas fu maldad efté
fiempre en memoria delante del Acatamiento divinal, y maldito fea el
pan, y el vino, la carne, y el pefcado, y todo lo que comieren, y
bebieren, y las veftiduras q’ viftieren, y la cama en que durmieren, y
fean malditos con todas las maldiciones del Viejo, y Nuevo Teftamento;
malditos fean con Lucifer, y Judas, y con todos los demonios del
Infierno, los quales fean fus feñores, y fu compañia. Amen.
Y mandamos, que entre tanto q’ eftas nueftras cenfuras fe leen, y
publican, los Clerigos hagan tener dos Cyrios de cera encendidos,
cubierta la Cruz con velo negro en feñal de luto que la Santa Madre
Iglefia mueftra con los tales malditos, y defcomulgados, encubridores, y
favorecedores de Hereges. Y acabadas de leer las cenfuras, mandamos â
los dichos Curas, Clerigos, y Sacriftanes, y â cada uno de ellos, que
maten los dichos Cyrios ardiendo, en el agua bendita, diciendo: Affi
como mueren eftos Cyrios en efta agua, mueran fus animas, de los tales
rebeldes, y contumaces, y fean fepultadas en los Infiernos; y hagan
repicar, y tañer las campanas; y luego canten en tono el Pfalmo que
comienza: _Deus laudem meam ne tacueris._ Y el Refponfo que dice:
_Revelabunt cœli iniquitatem Iudæ_. Y no cefeys de lo affi hazer, y
cumplir hafta que los tales rebeldes vengan á obediencia de la Santa
Madre Iglefia, y digan, y declaren lo que faben, han vifto, y oîdo
decir, como dicho es, y fean abfueltos de las dichas cenfuras, en que
affi han incurrido. En teftimonio de lo qual mandamos dar, y dimos la
prefente firmada de nueftros nombres, y fellada con el fello de efte
Santo Officio, y refrendada del Secretario infracfcripto.