CADA CUAL SE AGARRA CON LAS UÑAS QUE TIENE

La lechuza, agorera de la muerte para nosotros los de la edad presente,

era para los de la edad remota,--que zurcieron el poema en que a los

animales se atribuyen las prerrogativas de los hombres--, mensajera

de amores y de enredos y quien preparó con sus hábiles manejos la

extraña boda de la nutria y el jabalí, progenitores del carpincho, en

unión con su comadre la vizcacha, personificación de la avaricia que

proporciona la comodidad de sus barracas subterráneas a todos aquéllos

que pertenecieran a este mundo, pues desde la noche el agua en que

se revolvía había sufrido una merma considerable,--vió de repente

acercarse con cautela a su amigo el gato, que andaba a la pesca de un

bocado apetitoso:

--¡Hola, compañero!... ¡Acerquesé!... ¡Mire cómo está su amigo!

--¡Hombre, hombre,--dijo el gato, atusándose el bigote--; ¡cómo lo

encuentro, compañero!... ¿Y qué tal la señora?

--¡Vea!... No estoy para informes ahora... ¿Quiere hacerme el favor de

arrastrarme hasta por ahí donde haya agua?... ¡Me estoy ahogando en

seco!

--¡Cómo no, bagre amigo... ya lo creo!... Vea: monte a caballo sobre

mi y lo llevaré hasta allí, frente aquel barranco donde hay un pozo

profundo.

Y pronto comenzó el gato a trotar con su jinete, que se agarraba con

las aletas y echaba el alma tosiendo:

--¡No tan ligero, por vida suya!... ¡Espérese que me caigo!

Y de repente el gato, dando un brinco, exclamó encolerizado.

--¿Qué es eso, compadre?... ¡Me está taladrando las costillas!

--¡No, compadre; es que me agarro!

--¿Que se agarra? ... ¿A ver si larga?... ¡Orts!... ¡Esto sí que está

bueno!... ¡Largue, compadre, o lo estrello!

Y el bagre, en silencio, aguantaba los brincos de su cabalgadura,

exclamando entre dos golpes de tos:

--¡Si no es nada!... ¡Me he afirmado con la espina no más!... ¡Siga un

poquito que ya llegamos!

--¡Bueno!... ¡Saque, amigo!... Que me aujerea el costillar!

--¡Pero hombre, usted me desolló el lomo la vez pasada y yo no grité

tanto!

--¡Fué con las uñas amigo, que es distinto!

--¡Hombre!... ¡Yo me afirmo con la espina no más!

Y como en ese momento llegaran a la orilla, el bagre pegó un salto y

cayó al agua, exclamando mientras el gato se revolcaba en la arena

desesperado:

--Amigo, en este mundo cada cual se agarra con las uñas que tiene... y

no hay vuelta... Ya lo sabe para otra vez, como lo sé yo.

Cuentos de Fray Mocho · 第 16 / 92 题