Señor ministro de la corte de Londres: muy señor mío. He dado cuenta

a la suprema junta central de la nota que V. S. se ha servido pasarme

con fecha de 27 de febrero último, relativa a la guarnición de la plaza

de Cádiz por las tropas inglesas, y asimismo de la carta del general

D. Gregorio de la Cuesta que V. S. me incluye original, y tengo el

honor de devolver adjunta: y S. M. queda enterado de que no encontrando

V. S. por la respuesta del general Cuesta una necesidad imperiosa o

urgente de hacer marchar a su ejército el pequeño cuerpo de tropas

británicas que V. S. quería enviarle de refuerzo (obteniendo el permiso

de que ese cuerpo dejase una fracción suya en la plaza de Cádiz), ha

escrito V. S. al general Mackenzie, para que los transportes vuelvan a

Lisboa, donde su presencia parece necesaria según los avisos que acaba

de recibir. Con este motivo manifiesta V. S. que le ha parecido no

sería ni decente ni conveniente insistir en la admisión de beneficio,

cuyas consideraciones inseparables eran miradas con una especie de

repugnancia. V. S. tendrá presente cuanto sobre este particular he

tenido el honor de manifestarle en nuestras conferencias; pero la

suprema junta me manda presentar a V. S. algunas observaciones que

cree de importancia. Empezaré por repetir a V. S. que la suprema junta

está muy lejos de concebir la menor sospecha contra los deseos que V.

S. ha manifestado de que quedasen en la plaza de Cádiz algunas tropas

británicas. La lealtad del gobierno inglés, la generosidad con que ha

acudido a nuestro socorro, y la franqueza que ha usado con el gobierno

español hacen imposible toda sospecha. Pero la suprema junta debe

respetar la opinión pública nacional; y así se ha propuesto observar

una conducta mesurada y prudente que la ponga a cubierto de toda

censura. Si el estado presente de nuestros negocios militares fuese

tan apurado que hiciese temer alguna próxima amenaza contra Cádiz; si

nuestras propias fuerzas fuesen incapaces de defender aquel punto;

si faltasen otros sumamente importantes donde puede ser combatido el

enemigo con el mejor suceso, la suprema junta no tendría el temor

de chocar con la opinión pública, admitiendo tropas extranjeras en

aquella plaza; porque la opinión pública no podría menos de formarse

sobre este estado supuesto de cosas. Mas V. S. sabe que nada de esto

sucede; que nuestros ejércitos se mantienen en puntos muy distantes

de Cádiz; que aquella plaza está por ahora exenta de toda sorpresa;

que aun cuando las cosas sucediesen tan mal, como no podemos esperar,

le quedarían al enemigo mucho terreno y muchos obstáculos que vencer

antes de amenazar a Cádiz, que en ningún caso podía faltar tiempo

para replegarse sobre una plaza fácil de defender, y que no puede

mirarse sino como un último punto de retirada; y por último, que esos

puntos extremos no deben defenderse en ellos mismos, a menos de un

caso apurado, y sí en otros más adelantados. Así es que el ejército

de Extremadura defiende por aquella parte la entrada de los enemigos,

como la defiende por Sierra Morena el ejército de la Carolina y del

centro combinados. En esos puntos es necesario convenir que está la

defensa de las Andalucías; y por eso S. M. hace todo lo posible para

reforzarlos. Allí está el enemigo que de algún tiempo a esta parte

no ha podido hacer el menor progreso; y allí, si conseguimos reunir

fuerzas superiores, se puede dar un golpe decisivo al enemigo al paso

que no será nunca tal contra nosotros el que él pudiera darnos. Por

otra parte ve V. S. que la Cataluña se defiende valerosamente sin dejar

al enemigo adelantar un paso; y que Zaragoza, que debe mirarse como un

antemural, resiste heroicamente a los repetidos ataques y hace pagar

bien caro al enemigo su obstinada porfía. Es pues evidente que los

poderosos auxilios de la Gran Bretaña serían infinitamente útiles en

el ejército de Extremadura, en el de la Carolina, y en Cataluña, donde

podría servir directa o indirectamente a la defensa de Zaragoza. Esta

es la opinión de la suprema junta, de la nación entera, y esta será sin

duda la de quien contemple con imparcialidad el verdadero estado de las

cosas. La suprema junta espera que V. S. reflexionando detenidamente

sobre esta franca exposición, entrará en sus ideas, y se lisonjea de

que ellas merecerán el aprecio del gobierno de S. M. B., ya por el

valor que ellas tienen, y ya por la deferencia que el mismo gobierno ha

manifestado hacia la suprema junta; pues al dar el ministro británico

parte de su pensamiento sobre la entrada de tropas inglesas en Cádiz

al ministro de S. M. en Londres, solo se la presentó como una idea que

debía comunicarse a la suprema junta para oír su opinión acerca de

ella. De aquí nace en gran parte la confianza que tiene S. M. sobre los

sentimientos de S. M. B. en este asunto, luego que le sean presentes

estas justas observaciones.

Debe también considerarse que desembarcando las tropas auxiliares en

los puntos que se han indicado a V. S. en las inmediaciones de Cádiz,

y dirigiéndose a reforzar el ejército del general Cuesta donde pueden

cubrirse de gloria, siempre encontrarán en Cádiz una segura retirada

en caso de desgracia. Pero si un cuerpo desde luego poco numeroso

hubiese de dejar en Cádiz parte de su fuerza para asegurar en tanta

distancia la retirada, V. S. convendrá que semejante socorro inspiraría

a la nación poca confianza, sobre todo después de los sucesos de la

Galicia. V. S. cree que todos los transportes deben volver a Lisboa,

donde juzga necesaria su presencia, y ha comunicado en su consecuencia

las órdenes al efecto. De esa medida pudiera decirse lo que de la que

acabo de exponer; a saber: que la suprema junta tiene la firme opinión

de que el Portugal no puede defenderse en Lisboa, y de que el mayor

número de tropas debería emplearse en las líneas más adelantadas donde

se halla el enemigo, y donde puede ser derrotado de un modo que sea

decisivo en sus consecuencias. Por todas estas razones está persuadida

la suprema junta de que si el gobierno británico resolviese que sus

tropas no obren unidas con las nuestras sino con la condición indicada,

jamás podrá imputársela esa no cooperación. No puede ocultarse a la

discreta ilustración de V. S. que la suprema junta debe obrar en todas

ocasiones, y mucho más en las presentes circunstancias, de tal modo,

que si por hipótesi fuere necesario manifestar a la nación y a la

Europa entera las razones de su conducta en todos, o en algunos de los

grandes negocios que ocupan la atención de S. M., pueda hacerlo con

aquella seguridad y aquellos fundamentos que la concilien la opinión

general, que es el primero y principal elemento de su fuerza.

S. M. espera que tomadas por V. S. en seria consideración estas

observaciones, serán presentadas por V. S. al gobierno de S. M. B. como

los sentimientos francos de un aliado fiel y reconocido, que cuenta en

tan honrosa lucha con el auxilio eficaz de las tropas inglesas. Tengo

con este motivo el honor &c. — Dios &c. — Sevilla 1.º de marzo de

1809. — B. L. M. de V. S. &c. — Martín de Garay.

NÚMERO 8-5.

_Véase la Gaceta extraordinaria del gobierno de Sevilla de 24 de abril

de 1809 y el suplemento a la misma del 8 de mayo del mismo._

NÚMERO 8-6.

_Esta correspondencia se insertó íntegra en el suplemento a la Gaceta

del gobierno de Sevilla de 12 de mayo de 1809. Todas las contestaciones

honran a sus autores, como también otra que dio más adelante y sobre

el mismo asunto al general Sebastiani Don Francisco Abadía. Esta se

insertó en la Gaceta del gobierno de Sevilla de 29 de mayo de 1809._

NÚMERO 8-7.

Reales.

Las rentas ordinarias de la provincia

de Asturias produjeron entonces al año lo

mismo que antes 8.000.000.

Los donativos 4.000.000.

Un préstamo 3.500.000.

Así el total que entró en arcas desde

mayo de 1808 hasta mayo de 1809 de

rentas y recursos de la provincia, fue de

unos 15.500.000.

Deben agregarse a estos quince millones quinientos mil rs. vn. veinte

millones de reales que vinieron de Inglaterra; mas de los últimos

habiéndose enviado dos a la central, quedan reducidos a diez y ocho,

ascendiendo por consiguiente el total a 35.500.000 reales vn. Durante

este tiempo mantuvo la provincia constantemente de 18 a 20.000 hombres

sobre las armas; a los que al principio dio hasta una peseta diaria.

Véase si con este gasto y lo que costaba el pago de las autoridades

civiles había lugar a dilapidaciones. Además el marqués de Vista

Alegre, que estaba al frente de la hacienda del principado, era hombre

de gran severidad en la materia e incapaz de entrar en ningún manejo

deshonroso y feo.

NÚMERO 8-8.

D’Argenton se escapó por la noche luego que los franceses salieron de

Oporto. Pasó a Inglaterra y de allí parece ser que yendo a Francia para

sacar a su mujer y a sus hijos fue cogido y arcabuceado.

NÚMERO 8-9.

Sabe V. M. que hace más de cinco meses que no he recibido órdenes ni

noticias, ni socorros: por consiguiente carezco de muchas cosas, e

ignoro las disposiciones generales. El general de brigada Viallanes se

hallaba muy cansado, y me dijo en Lugo que estaba malo. Conocí que su

dolencia no era tan grave como decía; pero viendo su temor le mandé

que se retirase hacia el lado del mayor general de V. M. a recibir sus

órdenes. También hubiera querido dar igual destino a los generales

La Houssaye y Mermet que no siempre han hecho lo que pudieran hacer

para ventaja nuestra; pero dejé de tomar esta determinación hasta

llegar a Zamora, para no dar más crédito a las voces de las cabalas o

conspiraciones que se esparcieron... Sacado de la Gaceta del gobierno

de 28 de julio de 1809. (Pliego interceptado del mariscal Soult a José,

fecho en la Puebla de Sanabria a 25 de junio de 1809.)

NÚMERO 8-10.

He aquí algunos pormenores de tan singular hecho. Era en el otoño de

1805 y daba Mr. Pitt una comida en el campo, a la que asistían los

lores Liverpool (entonces Hawkesbury) Castelreagh, Bashurst y otros,

como también el duque de Wellington (entonces Sir Arthur Wellesley)

que acababa de llegar de la India. Durante la comida recibió Pitt un

pliego, cuya lectura le dejó pensativo. A los postres yéndose los

criados, según la costumbre de Inglaterra o como ellos dicen _the cloth

being removed and the servants out_, dijo Pitt «Malísimas noticias;

Mack se ha rendido en Ulm con 40.000 hombres, y Bonaparte sigue a

Viena sin obstáculo.» Entonces fue cuando exclamaron sus amigos, y

él replicó lo que insertamos en el texto. Como su respuesta era tan

extraordinaria, muchos de los concurrentes, aunque callaron por el

respeto que le tenían, atribuyéronla sobre todo en lo que dijo de

España a desvarío causado por el mal que le oprimía, y de que falleció

tres meses después. Pitt percibiendo en los semblantes el efecto que

habían producido sus primeras palabras, añadió las siguientes bien

memorables. «Sí, señores, la España será el primer pueblo en donde se

encenderá esta guerra patriótica que solo puede libertar a Europa. Mis

noticias sobre aquel país, y las tengo por muy exactas, son de que si

la nobleza y el clero han degenerado con el mal gobierno y están a los

pies del favorito, el pueblo conserva toda su pureza primitiva, y su

odio contra Francia tan grande como siempre, y casi igual a su amor

a sus soberanos. Bonaparte cree y debe creer la existencia de estos

incompatible con la suya, tratará de quitarlos, y entonces es cuando

yo le aguardo con la guerra que tanto deseo.»

Hemos oído esto en Inglaterra a varios de los que estaban allí

presentes: muchas veces ha oído lo mismo al duque de Wellington el

general Don Miguel de Álava, y dicho duque refirió el suceso en una

comida diplomática que dio en París el duque de Richelieu en 1816, y a

la que se hallaban presentes los embajadores y ministros de toda Europa.

FIN DEL TOMO II.

ERRATAS

DE LOS TOMOS 1.º Y 2.º

TOMO 1.º DICE. LÉASE.

— — —

Pág. 20, lín. 4, uno y otro, uno y otra.

Pág. 51, lín. 1, exprimir, expresar.

Pág. 73, epígrafe, 16 de abril, 16 de marzo.

Pág. 241, lín. 24, triunfo, Triunfo.

Pág. 344, lín. 7, siguisen, siguiesen.

Pág. 401, lín. 25, dospojados, despojados.

APÉNDICES.

Pág. 100, lín. 24, cuam, quam.

Pág. 112, lín. 34, nullaae, nullae.

TOMO 2.º

Pág. 304, lín. 24, esta, estas.

Pág. 307, lín. 5, propia, propias.

Pág. 332, lín. 19, Marte, Martí.

Pág. 356, lín. 9, embocadura, desembocadura.

Pág. 360, lín. 5, Calzada, calzada.

Pág. 363, lín. 3, tanto, tanta.

Pág. 394, lín. 13, Zuaim, Znaim.

APÉNDICES.

Pág. 1, lín. 7, summunque, summumque.

Pág. 19, lín. 24, cuam, quam.

Pág. 23, lín. 11, aperations, operations.

Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (2 de 5) · 第 27 / 27 段