Cosa difícil por cierto será, querido amigo mío, el que esos desairados
rasgos de mi pluma y esas fantasías de mi imaginación abatida logren de
la severidad y corrección de tu gusto y de tus conocimientos en los
primores y galas de nuestro feliz idioma la indulgencia de que tanto
necesitan los frutos de mi estéril ingenio. Cosa será, por cierto,
difícil; pues en época como la presente, en que por todas partes y en
todas las lenguas de Europa se ven brotar obras de imaginación, hijas de
ingenios esclarecidos, que se afanan por coger una hoja de laurel en
senda tan áspera, a puro ser batida y trillada; es preciso achacar antes
a lance de buena fortuna, que no a deliberado fruto del talento y del
estudio, el crear, el escribir por tal estilo, que merezca los honores
de la lectura. Mas no todo lo que se escribe se escribió con el
estudiado objeto de mantener la atención pública, con la pretensión de
crear en los otros nuevas sensaciones, con el prurito de hacerse
notable, de hacerse mirar, como ventana de donde sale disparado cohete
volador. No, amigo mío: se escribe por fiebre, por enfermedad; se
escribe también por consuelo, por desahogo, por verdadero remedio.
¿Quién podrá explicar a cuál de los dos instintos deban referirse esas
inspiraciones que vas a leer? ¿Ni quién puede jamás, en medio de las
borrascas de la vida, explicarse, comprenderse a sí mismo, darse cuenta
de los resortes que han movido a su mente, ni de las ideas que han
presidido a sus inspiraciones? Nadie, amigo mío. Tú, empero, leyendo
esas mis fantasías nacidas en un suelo de azahares, en un país de
ilusiones y recuerdos, retratando las desventuras de una nación
desgraciada, los infortunios de altos personajes traídos a menos, a la
muerte, y al vilipendio por el desdén y la crueldad de la mala suerte,
sabrás distinguir la realidad de la ficción, lo que son memorias lejanas
de lo que son ecos de sensaciones más inmediatas, de impresiones acaso
palpitantes todavía. Tu sagacidad sabrá hacer tal distinción, y de todos
modos un leve signo de aprobación tuya, un movimiento solo de simpatía
de parte de tu corazón, llenará al mío de placer y de cierto linaje de
agradecimiento, que me enlaza con el sentimiento de la gloria y del
porvenir.