preeminente como autor de novelas. Posee una vasta erudición. Escribe
novelas de costumbres llenas de intuición y de verdad, aborda temas
religiosos y filosóficos, ofrece pinturas excelentes de la vida
aristocrática en España. Su estilo es de una perfección extremada; jamás
traspasa la medida; nos recrea al mismo tiempo que despierta nuestra
reflexión. Sus obras se han traducido a varios idiomas, y, sin duda,
Palacio Valdés ha contribuído más que ningún otro escritor español a dar
a conocer la literatura española fuera de su país y a hacerla estimar.
Es un hombre de mundo espiritual e irónico, es un filósofo serio que se
interesa por las cuestiones vitales y añade a un espíritu penetrante un
gusto excelente. Maneja su hermosa lengua magistralmente, y bajo una
forma elegante se encuentra siempre el contenido de un sentido profundo.
CARL DAVID AF WIRSÉN,
Secretario de la _Academia Sueca_.
La literatura española está de enhorabuena. Después de cinco años de
mutismo, el maestro de la novela contemporánea acaba de publicar una
nueva obra, _Papeles del Doctor Angélico_, que se aparta por su índole
de las demás producciones de su autor ilustre.
Me cabe la honra--y de ello me envanezco--de haberme anticipado al
entusiasmo que hoy despierta el autor de _Riverita_. Mucho antes de que
se desbordase la admiración acumulada en largos años de silencio, y los
rotativos propalasen la excelsitud de la labor de Palacio Valdés, yo
había publicado en _Nuestro Tiempo_ un extenso estudio asombrándome de
que en el extranjero tuviesen más perspicacia que nosotros otorgando al
maravilloso novelador el puesto preeminente que le corresponde dentro de
nuestra literatura.
AUGUSTO MARTINEZ OLMEDILLA
La novela española atraviesa por un período de extraordinario brillo, y
han nacido en la patria de Cervantes escritores que merecen ser
conocidos y estudiados por nosotros. Entre ellos es preciso citar en
primer lugar a Armando Palacio Valdés, que es realmente un novelista del
más alto mérito y de la más intensa originalidad.
PH.-EMMANUEL GLASER
_(Le Figaro.)_
Palacio Valdés, después de Cervantes, es el novelista más notable que ha
producido España.
FRANCISCO GIRALDOS
(_Labor Nueva._ Revista internacional. Barcelona.)
De toda esta pléyade de novelistas españoles aquel que más me ha
agradado y más me ha enseñado acerca de la vida de España es Armando
Palacio Valdés. Por la finura de observación, por su fidelidad a la
naturaleza, por su espíritu equilibrado, se puede afirmar que ningún
novelista en España ni fuera de ella ha escrito media docena de otras
que sobrepujen a la media docena mejor que ha salido de su pluma. Leerlo
en inglés con mucho de su aroma perdido es un exquisito placer, como la
venta de doscientas mil _Maximinas_ testifica.
GRANT SHOWERMAN
_(The Sewance Review.)_
En esto de concebir un argumento y madurarlo bien sometiéndolo a lenta
incubación cerebral y desarrollarlo después con número, peso y medida,
no alargando demasiado los episodios ni hinchando a fuerza de aire los
personajes, ni desmadejando el diálogo en fruslerías e insulseces, creo
que no tiene Palacio Valdés competidor entre todos nuestros novelistas.
Hay que reconocerle primado indiscutible de la novela española.
FR. GRACIANO MARTINEZ,
Agustino. Director de _España y América_.
Podemos afirmar que Valdés posee las primeras cualidades de un gran
novelista, en el sentido moderno, porque es un revelador y un intérprete
de la vida, porque tiene el poder de identificarse con la vida de los
otros. Cuando dice de su carácter que es vago e indefinido no debe
entenderse como algo sombrío y enfermizo. Es más bien el de un espíritu
que se oculta y gusta de sumergirse en la vida universal. Resplandece en
sus obras la más alta sinceridad y firmeza, y al mismo tiempo se
encuentra en todas ellas una profunda y delicada simpatía por todas las
cosas; una clara visión que penetra en las más oscuras profundidades y
lo eleva a las alturas más luminosas. El nos ofrece los acontecimientos
vulgares de la vida ordinaria como son en realidad, pero nos vemos
obligados a mirarlos con el sentido que él les presta; y mientras
reconocemos estos sucesos como algo que ya habíamos visto, observamos
que él les dota de un interés que no sospechábamos en ellos, y revela su
carácter oculto con una gran riqueza de detalles aclaradores.
SYLVESTER BAXTER
_(The Atlantic Monthly.)_
¿Por qué gusta tanto en Inglaterra y en los Estados Unidos el autor de
_El Idilio de un enfermo?_ ¿Es casualidad; es suerte? No; es conjunción
de ciertas cualidades fundamentales en el arte de nuestro novelista con
las tradiciones y el gusto literario de una gran parte del público de
aquellos países. Hay cierta serenidad y cierta suavidad en su arte y en
los aspectos de la vida que más le agrada pintar, que no pueden menos de
seducir a los lectores enemigos de las grandes explosiones trágicas y de
las fiebres pasionales naturalistas, y que casan muy bien con el tono de
una gran parte de la producción literaria inglesa. La misma sátira a que
antes me he referido contribuye poderosamente a imprimir ese sello a las
obras de Palacio Valdés. No es agria, épica, como en Zola y sus
discípulos, sino humorista, como lo fué en nuestra literatura
picaresca, y luego lo ha sido, con admirable manejo de la sonrisa del
idioma, en Thackeray y Dickens.
RAFAEL ALTAMIRA
El ilustre escritor no es de aquellos que al prestigio del talento
añaden el prestigio del reclamo: cuando viene a Francia no provoca, como
otros autores extranjeros bien conocidos, los artículos de periódicos y
las _interviews_ de los _reporters_; y cuando publica un libro deja a su
obra el cuidado de hablar por sí misma en su favor. El éxito le ha
llegado ya, un éxito de buena ley, que le han valido los méritos de la
forma y los del fondo.
Cuidadoso de la composición y del equilibrio, no se distrae en episodios
y digresiones; no cuenta por contar, no describe por describir.
Paisajista, evita ese defecto, tan familiar a los paisajistas, que
consiste en colocar a la Naturaleza en el primer plano y concederle un
desarrollo excesivo y absorbente. No le da más importancia que la que
conviene a una decoración, y reserva, por el contrario, un lugar
preponderante a lo que es esencial, al estudio de las costumbres, de los
caracteres y de los problemas morales.
F. VÉZINET
_(Le Parthénon.)_
Cuando, hará pronto un año, lamentaba yo aquí (El Universo) el ocaso del
gran novelista que anunció el término de su obra con _La aldea perdida_,
estaba muy lejos de pensar en que el autor de _Riverita_ y _Maximina_
preparaba un nuevo libro, y, sin embargo, no podía avenirme con la idea
de que la musa de Valdés hubiese callado para siempre.
Afortunadamente, no ha sido así.
Decía yo entonces que él era el novelista de nuestra literatura
contemporánea y que no había cuerda en la moderna épica que no hubiese
pulsado con arte exquisito el creador de _José, La Hermana San
Sulpicio_ y _La Aldea perdida_.
ROGERIO SANCHEZ
Palacio Valdés ocupa un sitio completamente singular entre los modernos
autores españoles. Y no es la corriente de la moda la que hace que se le
lea más que a los otros, sino porque sus novelas tienen una base muy
distinta de las de sus colegas. Aunque no pueda negarse la influencia de
la escuela francesa (influencia muy grande en España), sin embargo, un
estudio profundo de los clásicos y de la filosofía alemana han prestado
a sus obras el sello de una independencia innegable. Sus vistas
estéticas son distintas de las que ahora dominan y su realismo (porque
Palacio Valdés es realista) tiene su raíz más en los tiempos grandes de
Cervantes, Mateo Alemán y Vicente Espinel que en el culto desapoderado
de la verdad y en la oscuridad místico-espiritual de la escuela moderna.
H. KELLER-JORDAN
_(Allgemeine Zeitung.)_
Si alguien me preguntara qué opino de Armando Palacio Valdés, le
contestaría sin pérdida de momento que le juzgo por el primer novelista
de nuestros tiempos.
J. GIVANEL MAS
(_La Vanguardia_, Barcelona.)
Tiene horror al reclamo. Es un caso bastante raro en la literatura
universal para que merezca ser señalado al público francés. Todos los
libros de este escritor excepcional han aparecido en silencio, sin
levantar clamores de entusiasmo y de triunfo, que acogen alguna vez
entre nosotros a las más auténticas medianías. Se ha impuesto únicamente
por su mérito personal a la atención pública. Por lo demás, toca en sus
escritos cuestiones de tal modo apremiantes, que nadie puede evitar su
urgencia indubitable. El filósofo más escéptico no podrá menos de
sentirse conmovido leyendo _La Fe_.
El héroe de esta novela idealista es un joven sacerdote, el padre Gil,
vicario de la iglesia de Peñascosa, villa situada en el fondo de una
pequeña ensenada del golfo cantábrico. El primer capítulo de _La Fe_ es
un cuadro encantador de su primera misa. Ferdinand Fabre, si viviera,
quedaría celoso de estas páginas sobrias y pintorescas. Es una empresa
difícil el describir una ceremonia religiosa. Zola, en la _Faute de
l'abbé Mouret_, no ha estado en ello afortunado. Enumerar como lo hace,
complacientemente, el jefe de la escuela naturalista todos los detalles
y todos los accesorios del culto es hacer maquinalmente un inventario
sin comprender el profundo significado de la liturgia. El sentido
interior le escapa. Palacio Valdés, en vez de detenerse en el aspecto
superficial de las cosas, nos inicia en todos los secretos de las almas
sencillas que se han reunido para asistir a la primera misa de aquel
joven sacerdote.
_La Fe_ es un libro leal y fuerte, animado desde el principio hasta el
fin por un gran soplo de humana piedad.
GASTON DESCHAMPS
_(Le Temps.)_
En la suma de las admiraciones al gran novelista Palacio Valdés continúo
siendo uno más.
MANUEL LINARES RIVAS
Palacio Valdés no necesita que hablemos de él. Hace treinta años que se
encerró en su casa con sus recuerdos, con sus lecturas y sus
meditaciones, y desde ella nos habla con sus libros. Es él quien habla;
a los demás nos toca agradecérselo en silencio.
RAMIRO DE MAEZTU
Palacio Valdés ha tardado diez años en triunfar de la indiferencia del
público y de la Prensa. Hoy sus obras son leídas en el mundo entero. Se
comprende que esté orgulloso de una victoria tan noblemente ganada.
La sinceridad absoluta del artista, su cuidado profundo de la verdad, su
horror de lo que él llama el _efectismo_, y que no es más que la caza
del efecto en lugar de la emoción verdadera, esparcen por todos sus
libros un encanto penetrante.
El tiempo no está lejos, yo lo creo así, en que el amor de lo grandioso
y exagerado desaparecerá. Las grandes frases vacías se harán viejas y
serán reemplazadas por palabras menos sonoras, quizá más modestas, pero
más llenas de sentido, más precisas y más puras. Ese día, ciertamente,
la España quedará reconocida al escritor de este siglo que más ha
contribuído a hacer amar lo sencillo y lo natural.
L. BORDES
_(Revue des Lettres Francaises et Etrangères.)_
De la lectura de las novelas modernas solemos salir entristecidos, con
tedio en el corazón y hasta con náuseas en el estómago. "Siempre que
vengo de entre los hombres--dice Kempis--me siento peor..." Lo mismo me
acontece a mí cuando vengo de entre esos libros.
En cambio, cuando leo las novelas de Palacio Valdés, la vida, sin perder
para mí su melancólica gravedad, me parece noble y buena; el autor no
sólo me inspira admiración, sino cariño; en vez de deprimirme, me
vigoriza; en lugar de desalentarme, me da esperanza; lejos de hacerme
sentir vergüenza de ser hombre, me parece que reanima en las
profundidades de mi ser el soplo divino que Dios infundió en el pobre
barro humano.
ZEDA
ÍNDICE
Páginas.
Confidencia preliminar, 7
Marta y María, 23
Una excursión a la Isla, 27
José, 55
La desesperación de un hidalgo, 57
Aguas fuertes, 71
Lloviendo, 73
Polifemo, 81
Los Puritanos, 91
¡Solo!, 115
Riverita, 137
Una corrida de toros, 139
Maximina. El primer hijo, 155
Los majos de Cádiz, 179
Despedida, 181
La Fe, 199
Cruel desengaño, 201
La aldea perdida, 219
El desquite, 223
Adiós, 239
La hermana San Sulpicio, 251
Paseo por el Guadalquivir, 255
Tristán o el pesimismo, 305
Papeles del doctor Angélico, 317
Un testigo de cargo, 319
Vida de canónigo, 325
Una mirada a lo alto, 333
La procesión de los Santos, 339
Perico el Bueno, 343
Las burbujas 355
Opiniones de la crítica española y extranjera, 363
End of Project Gutenberg's Páginas escogidas, by Armando Palacio Valdés