(_Empujando a Antoñita._)
POLINIO.—Sí, hombre, es mejor, déjala. (_Trata de que Prudencio suelte
a su hija, que es zarandeada por unos y otros._)
PRUDENCIO.—¡Mi hija humillada!
ANTOÑITA.—¡Sí, señor; deje usted, padre, saldré! ¡Después de todo,
he faltao! Así no se me llevarán, ¿verdá? ¡Que suban el telón! ¡Ay,
sostenerme! (_Desfallecida, sin poder casi andar._)
RODRÍGUEZ.—¡Arriba el telón! (_Sube el telón._)
EMPRESARIO.—Vamos. (_Empujándola._)
ANTOÑITA (_Sale trémula, cogida a los bastidores; al verla el público
protesta y grita._)
VOCES.—Chist... (_Imponen silencio._)
ANTOÑITA (_Entre el hipo amargo de un llanto mal contenido._)—¡Re...
re... respetable público!... ¡Perdón! (_Se echa a llorar amargamente y
cae arrodillada. Baja el telón en silencio._)
PRUDENCIO (_Sale a cogerla._)—¡Canallas! ¡Asesinos! (_Llorando._) ¡Hija
mía! ¡Yo, yo tengo la culpa! ¡Perdón, hija mía! ¡Perdóname! ¡Insultarme
a mí!... ¡Matarme a mí, si queréis... pero a este peazo e mi alma!...
(_Llora._)
POLINIO.—¡Vamos, vámonos! (_Sacándolos del escenario._)
EMPRESARIO.—¡Vaya, fuera, fuera, despejar! (_Los empuja a un rincón._)
RODRÍGUEZ.—¡Libre la escena! (_Empujando a todos._)
ANTOÑITA.—¡Ay, sí... nos echan!... (_Angustiadísima._) Vámonos... ¡pero
con mi madre!... ¡Llevarme con mi madre!
PRUDENCIO.—¡Sí, hija, sí! Polinio, trae la ropa en un rebuño.
POLINIO.—¡Voy en seguida! (_Vase puerta derecha._)
EMPRESARIO (_Empujándolos._)—¡Libre el paso! (_A Rodríguez._) Que salga
la Trianón y les cante la pulga, a ver si los contenta.
RODRÍGUEZ.—¡Trianón! ¡Trianón! (_Dando voces primera derecha._)
TRIANÓN (_Saliendo._)—Aquí estoy. (_Viste de cupletista._)
RODRÍGUEZ.—¡Sugestiva, niña, sugestiva: a ver si los amansas!
TRIANÓN.—Conmigo _hocican_... Verá osté. Arriba er trapo. (_Esto último
lo dice mirando arriba.—Se levanta el telón, se oye el tango, empieza a
bailar y se oyen voces en el público._)
VOCES.—¡Esto, esto!... ¡Ahí lo bueno!... ¡Tu madre!... ¡Olé!... (_La
Trianón baila de un modo descocado e indecente._)
POLINIO (_Sale, puerta derecha, con un lío de ropa y el mantón, y
se acerca donde están Prudencio y Antoñita abrazados._)—¡Vámonos!
(_En este momento hace la Trianón un desplante y el público aplaude,
quedando luego en silencio._)
ANTOÑITA (_Llorando._)—¡Cómo la aplauden a esa! ¿Por qué no habré
gustao yo así, padre?
PRUDENCIO (_Con amargura._)—¿Que por qué no has gustao así? ¡Pues
porque Dios no me ha querido castigar del todo, hija mía! (_Salen por
detrás del telón del foro. Sigue bailando la Trianón y el público
jaleándola._)
=Mutación=
CUADRO TERCERO
Calle corta de los barrios bajos de Madrid. Es de noche.
ESCENA PRIMERA
_La SEÑÁ FELICIANA dando muestras de impaciencia y de extremada
curiosidad pasea por la calle envuelta en un mantón. Se para, se acerca
a menudo al primer término izquierda y mira._
FELICIANA.—¡Ay, Dios mío! ¡Cuánto tarda ese chico! ¿Qué habrá pasao?...
¡Los menutos se me hacen siglos! ¡Ay, Jesús Nazareno de mi alma,
Dios quiera que haiga gustao esa chica!... ¡Su padre me creerá tan
tranquila roncando en la cama, le conozco y llevo un diíta que no sé
cómo me tengo en pie!... Porque yo lo odio; odio eso de _ercenarios_
y de públicos, bien lo sabe la Virgen Santísima, pero así de que
recibí el recao de que la chica debutaba esta noche, le puse dos velas
a la Virgen, le recé un rosario y le pedí... ¡paece mentira que se
lo pidiera yo!... ¡le pedí que la aplaudiesen, que la llenasen el
_ercenario_ de flores, de coronas, de tóo lo mejor que haiga en el
mundo! ¡No por mí, bien lo sabe Dios! ¡Por ella, na más que por ella,
por su bien y por su alegría! ¡Hija de mi alma! (_Se seca los ojos con
el pañuelo y mira a la izquierda._) ¡Ay! ¿es aquél?... ¡Sí, aquél es!
¡Gracias a Dios! ¡Acacio!... ¡Aquí, aquí estoy! (_Llamándole con la
mano._)
ESCENA II
DICHA _y_ ACACIO_, que sale por la izquierda, con el traje descompuesto
y con las narices hinchadas; jadeante._
ACACIO.—¡Señá Feliciana!
FELICIANA (_Cogiéndole la mano con gran impaciencia._)—¿Qué, qué ha
pasao?
ACACIO.—Pu... pu... pues nada, que...
FELICIANA.—¿Te has caído?
ACACIO.—¡Yo no!... ¡Ha sido que!... ¡Espere usté que respire! (_Toma
aliento._)
FELICIANA.—¿Pero ha gustao la chica?... ¡Pronto, dilo pronto!
ACACIO (_Titubeando y sin saber qué decir._)—No... si... la... la
chica... como gustar la chica... le diré a usté...
FELICIANA.—¿Qué?
ACACIO.—Que al principio, sí, señora, ha gustao.
FELICIANA.—¿Y luego?
ACACIO.—Luego también... ¿sabe usted?... Al menos a mí.
FELICIANA.—Bueno, ¿y al público, y al público?
ACACIO.—Sí... sí, señora... al público, mucho... Sino que aunque ha
gustado un poco, yo que usté en cuanto llegase a casa, lo que es las
dos velitas de la Virgen, ¡puf! ¡puf!... (_Hace la acción de soplar._)
¡Apagás!
FELICIANA.—¡Pero, ay, no me asesines! ¡Habla! ¿Qué es lo que ha sucedío
con la chica?
ACACIO.—Pues na; tóo ha sío por culpa de uno; un guasón de patillas
que estaba en delantera. Verá usté cómo ha pasao la cosa. Se alza la
cortina, se presenta la Antoñita de verde, que estaba pa comérsela, con
permiso de usté, y rompo yo sólo en un aplauso nutrido, y me sigue el
público; ella, en vez de saludar, hace una cosa así elegante con la
cabeza, (_Imita el saludo de Antoñita._) como si _estornudara_, y va
el guasón de las patillas y dice:—¡_Jesús_!—Y yo digo:—¡_Fuera ese_!
y me sigue el público y le echan. Encomienza a bailar la chica, y en
esto me veo que se la salía una cinta por la abertura de la falda...
y van, y se ríen las butacas. La Antoñita, algo azará canta, se le va
una nota que yo no sé si era un _re_ o un _sí_, aunque creo que _sí_, y
al dar el _gallo_, se armó el _maremanun_ en el público. Risas, toses,
patadas, ladridos... Ella se sofoca, se echa a llorar, yo aplaudo, me
sigue el público; les llamo ¡_cochinos_!... y me sigue el público... me
sigue el público y me da una paliza en el _fuayere_, con grabaos en el
texto como salta a la vista. Y el final no lo he visto. No lo he visto
por dos razones: primera, porque misté cómo tengo este ojo; y segunda,
porque me echaron los guardias a la calle; y me he venido corriendo pa
tranquilizarla a usté como lo hago; porque como gustar, la verdá es que
la chica ha gustao. ¡Al menos a mí!
FELICIANA (_Que durante el relato anterior expresa con gestos el
convencimiento del desastre, dice con energía._)—¡Bueno, no me digas
más! ¡Lo que yo me temía! (_Sigue furiosa como hablando consigo
misma._) ¿Lo ves, infame, ladrón, asesino, mal padre?... ¿Lo ves? ¿Lo
estás viendo? ¡Amarga es la _leción_... pero quién sabe si Dios lo
habrá hecho! ¿Dónde habrán ido?... ¿Qué será de ella?... ¡Pobre hija
mía! (_Vase derecha._)
ACACIO (_Que ha dicho la anterior escena con el sombrero en la mano,
intenta ponérselo de varias maneras sin conseguirlo._)—¡Rediez con el
_debutito_! ¡Na, que póngame el sombrero como me lo _póngamelo_, me
encuentro con una dificultad del tamaño de una nuez! No, lo que es como
debute otro día, voy de mantilla. ¡Palabra! (_Vase corriendo por la
derecha._)
=Mutación=
CUADRO CUARTO
Plaza en los barrios bajos de Madrid. Desembocan en ella distintas
callejuelas. A la izquierda; en segundo término, una puerta
practicable cerrada, y sobre ella un rótulo que dirá «Barbería».
Sobre la puerta cuelgan dos bacías de cartón. Es de noche. Los
faroles de la plaza y de las callejuelas encendidos. La luna
ilumina con suave claridad la parte izquierda del escenario.
ESCENA PRIMERA
EL SERENO _y un_ CAFETERO _ambulante. Al levantarse el telón aparece
el_ SERENO _sentado en un portal leyendo un periódico a la luz del
farol. Se oye a lo lejos el pregón del_ CAFETERO.
CAFETERO (_Hablado con música._)—¡Cafeeé calienteeeé!... ¡Cafeeé!...
(_Sale a escena._)
SERENO.—¡Hola, tú!
CAFETERO.—¡Adiós, Pepe!
SERENO.—Échate un vasito.
CAFETERO (_Sirviéndole._)—¡Vaya una helá que está cayendo!
SERENO.—¡Anda, que de peores han de caer! ¡Ahora escomienza el
invierno! (_Bebe el café._)
VOZ (_Lejos._)—¡Serenooó!
SERENO (_Fuerte._)—¡Vaaá!... (_Pagando._) ¡Toma! (_Vase foro
izquierda._)
CAFETERO.—¡Hasta mañana! (_Vase foro derecha._) ¡Cafeeé calienteeé...
cafeeé!
ESCENA II
_El_ SEÑOR PRUDENCIO _y_ ANTOÑITA. _Al desaparecer el_ CAFETERO,
_aparecen por el extremo de la calle del foro el señor Prudencio,
embozado en su capa y Antoñita, arrebujada en un mantón, con una
toquilla en la cabeza y un lío de ropa en la mano. Andan vacilantes y
como temerosos de llegar a la barbería_.
ANTOÑITA (_Llorosa y sosteniéndose en el brazo de su padre._)—¡Ay,
padre de mi alma, yo no puedo más!... ¡Tengo un temblor y un frío!...
¡Yo no me muevo de aquí! (_Se sienta en el quicio de una puerta al lado
de la barbería._)
PRUDENCIO (_Muy conmovido._)—Pero oye, rica, ¿por qué no nos vamos en
cá el señor Polinio, donde estábamos, y mañana de día vienes tú solita?
ANTOÑITA.—¡Ay, no, padre; no se empeñe usté! ¡Yo estoy muy mala! ¡Yo
quiero subir a casa! ¡Yo no estoy fuera de mi madre ni un _menuto_ más,
no señor!
PRUDENCIO.—¿Pero no comprendes, hija, que después de lo que nos acaba
de pasar y siendo tu madre dueña de la barbería, yo ya no puedo entrar
ahí más que a que me pelen? ¡y carcúlate si me coge tu madre, me
rapa!... ¡y con razón!
ANTOÑITA.—¡Ay, qué temblor! (_Tiritando._)
PRUDENCIO.—Llamaremos al sereno y entras tú, ¿quieres? ¡Yo... yo voy a
dar un paseo!... (_Llorando._)
ANTOÑITA (_Se levanta y le abraza._)—¡No, padre; por Dios! ¿cómo se va
usté a ir?
PRUDENCIO.—¿Pero con qué cara entro yo, si esa casa ya no es nuestra,
Antoñita?
ANTOÑITA.—La casa no será de usté, pero es de mi madre, y mi madre es
mía, y usté también es mío; y yo la hablaré, y verá usté cómo no nos
echa; porque si nos echara, ¿dónde vamos a media noche y con la _helá_
que está cayendo?
PRUDENCIO.—¡Hija de mi alma!... ¿tienes frío?
ANTOÑITA (_Llorando._)—¡Ay! ¿por qué no habré gustao, padre?
PRUDENCIO.—¡No, si has gustao, hija!... ¿pero crees que no has
gustao?... ¡ya lo creo que sí!... sino que... vamos... te ha faltao eso
que... ¿Quiés mi capa, hija? ¿Estarás helá con ese traje?
ANTOÑITA.—No. Misté qué lástima, ¡se me ha roto todo! (_Enseña el traje
roto._) ¡Pero el frío lo tengo en los huesos!
PRUDENCIO (_Con ira, señalando a la barbería._)—¡Y esa madre infame y
egoísta, ahí dentro, roncando!... ¡miserable!
ANTOÑITA.—¡Ay!... ¡mire usté! (_Asustada mirando al foro._)
PRUDENCIO.—¿Qué es? (_Volviéndose._)
ANTOÑITA.—Dos hombres. (_Aparecen en el foro discutiendo el Ciruqui
y el Repollo Chico._) ¿Me querrán coger por lo del teatro? Arrímese
usté... tengo miedo. (_Prudencio la abraza._)
ESCENA III
DICHOS, _el_ CIRUQUI _y el_ REPOLLO CHICO, _que salen del foro, se
acercan a la barbería, se fijan en el grupo y saludan_
CIRUQUI (_Acercándose._)—¡Güena noche!
PRUDENCIO.—(¡Calla! ¡Paece la voz del Ciruqui!) (_Alto._) Ciruqui,
¿eres tú?
CIRUQUI.—¡Pa servirle, no asustarse!
REPOLLO.—¡Y un servidó!
PRUDENCIO.—¡Con el Repollo Chico! (¡La cuadrilla de tu hermano!)
ANTOÑITA.—(¿A qué vendrán?)
PRUDENCIO.—¿Y qué os trae por aquí a estas horas?
CIRUQUI.—Pos na, que viníamos a jasele una rasón a la señá Felisiana
de parte de Casirdo y se la _jaremo_ a osté, que mejó será. ¿No? (_Al
Repollo._)
REPOLLO.—Sí (_Muy seco._)
PRUDENCIO.—¿Pues qué pasa?
REPOLLO (_A Ciruqui._)—(Díselo en frazmentos. ¿No?)
CIRUQUI.—(Sí.) (_Titubeando._) Pué lo que pasa es que... Casirdo ¿sabe
osté?... pué ha toreao esta tarde.
PRUDENCIO.—¡Mi hijo! ¿Ha toreao? (_Muy alegre._)
REPOLLO (_Con tristeza._)—Un ratito.
CIRUQUI.—Y como Casirdo e como e, que ya sabe osté como e, dijo dise,
puesto que esta noche _drebuta_ mi hermaniya, si le digo a mi pare que
atoreo, le doy un día de acongojo... ¡y se lo cayó er probetiyo!
PRUDENCIO.—¡Pobre hijo mío! (_Con cara radiante._) Y qué, ¿habrá quedao
como los ángeles? (_Los toreros se miran._)
CIRUQUI.—¿Como los ángeles? (_Mira al cielo._) ¡Por ahí, por ahí!
REPOLLO (_Mirando al cielo también._)—¡Más arto!
PRUDENCIO (_Cambiando en gesto de terror la expresión alegre de su
cara._)—¡Recontra! ¿Qué decís?
ANTOÑITA.—¡Ay mi Casildo! (_Llora._)
PRUDENCIO.—¡Ay mi hijo! ¡Ay, Ciruqui, habla! ¿Muerto?... ¿herido?...
(_Interroga con ansia horrible._)
CIRUQUI.—Una mijita meno. Carmarse.
REPOLLO.—¡Cuéntalo tó!
PRUDENCIO.—Sí, cuenta, cuenta... (_Impaciente._) ¿qué le ha ocurrido?
CIRUQUI.—Pos na... fué en su segundo. Era un berrendo en negro, gordo,
de Palha... ¡Palha tenía que ser! ¡Mardita sea su casta, que le tengo
yo un asquito a esos bichos!... Coge Casirdo los trastos, se va ar
toro, y ar da er quinto pase, lo empitona, se lo sacude, ¡y a la
armósfera!
PRUDENCIO.—¡Dios mío!
ANTOÑITA.—¡Qué horror!
CIRUQUI.—Y esto sería a las cinco y media... güeno, pos no le gorvimo a
ve hasta las ocho y cuarto.
REPOLLO.—¡Con desile a osté que bajó ya vendao!
ANTOÑITA.—¡Virgen Santa!
PRUDENCIO.—¿Y dónde tiene la cornada?
CIRUQUI.—No, corná no tié denguna. Ha sío una palisa na má, sino que ha
sío una de esa ¡de órdago! ¿No? (_Al Repollo._)
REPOLLO.—¡Ha sío un _cúmulo_!
PRUDENCIO.—¿Y dónde está? ¿dónde está mi hijo?...
CIRUQUI.—Pues ahí se queó en un cafetín hasta sabé si su mare quié
recibilo.
ANTOÑITA.—¡Vamos, vamos por él!
PRUDENCIO.—Sí. ¿Dónde? ¿Dónde es?
ESCENA IV
DICHOS _y_ CASILDO, _que viene por el foro cojeando, con la cabeza
vendada y un brazo en cabestrillo_
CASILDO (_Con voz llorosa._)—¡Padre!
CIRUQUI.—_¡Erse-lomo!_
PRUDENCIO.—¡Hijo mío! (_Van a abrazarle Prudencio y Antonia y huye._)
CASILDO (_Con terror._)—¡No; no apretarme! ¡Ay, ay, qué dolores!
PRUDENCIO.—¿Qué tienes?
ANTOÑITA.—¿Qué ha sido?
CASILDO.—¡Ay, padre, que yo no toreo más! (_Llorando._) ¡Que no toreo
más!
CIRUQUI.—¡Vaya, pues nosotros... con permiso!...
PRUDENCIO.—¡Gracias por todo, hijos!
REPOLLO.—Aliviarse y que no sea na. (_Mutis los toreros foro._)
PRUDENCIO.—¿Dónde te duele, hijo de mi alma, dónde?...
CASILDO.—¡Me duele _en el total_, padre! ¡Ay, qué dolores!... (_Mirando
a su hermana._) ¿Y qué... y ésta cómo ha quedao?
PRUDENCIO.—Pues por el estilo. ¡Le ha tocao un publiquito de Palha
también!
ANTOÑITA.—¡Podíamos estar en la cárcel, conque no te digo más!
CASILDO (_Con desconsuelo._)—¡Dios mío! ¿De manera que ya no se van
ustés a París?
PRUDENCIO (_Con viveza y furia imponente._)—¿A París?... ¡Maldita sea
su vida!... ¡Si yo cogiera alguna vez al ladrón aquel del Carpanta, que
fué el que me metió en el jaleo y el que me ha traío esta ruina y esta
tristeza, te juro que!... (_Amenazador y furioso._)
PEPE (_Desde lejos pregonando._)—¡Chuletas de huerta! ¡Chuletaas!...
PRUDENCIO.—¡Recontra! (_Con asombro._)
CASILDO.—¡Paece su voz! (_Atendiendo._)
PEPE.—¡Que humean!... ¡Chuletaas!...
PRUDENCIO.—¡Él es! (_Se acerca a la primera derecha y llama a voces._)
¡Carpanta! ¡Carpanta!
ESCENA V
DICHOS _y_ PEPE EL CARPANTA _por la primera derecha con una cesta_
PEPE (_Saliendo._)—¿Quién?
PRUDENCIO.—¡Carpanta! ¡Maldita sea! (_Le amenaza._)
PEPE.—¡Prudencio! ¡Tú! ¡Ay, Prudencio de mi alma, mátame si quieres!
PRUDENCIO.—Pero oye: ¿cómo es esto? ¿No estabas en París?
PEPE.—Sí, Prudencio. Allí estuve y de allí vengo.
PRUDENCIO.—¿Pues qué te ha pasao?
PEPE.—¿Que qué me ha pasao?... Pues que a mi mujer y a mi hija me las
encontré que estaban de una conformidad... que ya sabes tú que yo
siempre he sido un fresco; bueno, pues pa ver lo que veía y aguantarlo,
tenía que ser completamente _glacial_, y a _frapé_ no hay padre que
llegue. Las dejé y me volví.
ANTOÑITA.—¡Pobrecito! ¿De manera que se ha quedao usté solo en el mundo?
PEPE.—¡Solo, no, con patatas! (_Señalando la cesta._) Me he vuelto
a agarrar a la cesta, y poco es una peseta, pero al menos se duerme
tranquilo. ¿Y vosotros, qué hacéis?
PRUDENCIO (_Señalándole a los hijos._)—Pues mira el _espetáculo_; ésta
recién gritada, éste recién cogido y yo recién ambas cosas; con la
barbería perdida y sin atreverme a implorar de la Feliciana la miaja de
acobijo que tanto despreciábamos.
ESCENA ÚLTIMA
DICHOS, FELICIANA _y el_ SERENO _por el foro_
FELICIANA (_Dentro, llamando._)—¡Pepeee! ¡Serenooo!
PRUDENCIO.—¡Ay, callarse! ¿Esa voz?...
ANTOÑITA.—¡Es mi madre! (_Con alegría._)
CASILDO.—¡Ella es!
SERENO (_Dentro y desde lejos._)—¡Vaaa!
PRUDENCIO.—¡Ay, en cuanto nos vea! ¡Pero ella fuera e casa! ¿A qué
habrá salido? (_Carpanta se separa y se va a un rincón. El padre y los
dos hijos se quedan formando un grupo a la puerta de su casa._)
FELICIANA (_Sale foro._)—¡Abra, Pepe! (_Deteniéndose al fijarse en el
grupo._) ¿Quién está a la puerta e casa?
SERENO.—No sé... (_Acercándose._) ¿Quién?
ANTOÑITA.—¡Madre! (_Los dos con voz lastimera._)
CASILDO.—¡Madre!
FELICIANA (_Corriendo y abrazando a Antonia._)—¡Mis hijos! ¡Hijos míos!
¡Hija de mis entrañas! ¡Corazón! ¡Alma mía! (_Abraza y besa a su hija,
y al ir a abrazar a su hijo, éste da un grito de terror. Pausa larga._)
¿Has toreao, eh? (_Con amargura._)
ANTOÑITA.—¡Un ratito!
CASILDO.—¡Palhas, madre!
FELICIANA.—¡Pobrecitos míos! (_A Prudencio que permanece callado._) ¿Y
tú alucinao, pobre loco, lo ves? (_Teniendo abrazados a sus hijos._)
¿Lo estás viendo? ¿Has visto las estrellas?
CASILDO.—¡Yo las he visto, madre!
ANTOÑITA.—¡Y yo casi, casi!
PRUDENCIO (_Realmente conmovido._)—¡Feliciana, perdón... pero pa ellos
na más! ¡Yo no lo merezco! ¡Armítelos en casa, y yo... yo me iré solo!
¿Los armites?
FELICIANA (_Furiosa y gritando._)—¡Vaya usté a paseo, peazo animal!
¡Eso se le pregunta a una loba! Abra usté esa puerta, sereno. (_Abre
el Sereno_.) Adentro, hijos míos. (_Con dulzura._) Entrad a ese rincón
de casa que llamábais triste y oscuro, porque vosotros ¡pobrecitos! no
sabíais que el cariño y el trabajo son alegría y claridad. Adentro.
ANTOÑITA.—¡Ay, madre! ¡Cualquier día vuelvo yo a bailar un tanguito!
(_Antonia y Casildo hacen mutis por la barbería._)
PRUDENCIO (_Entusiasmado y conmovido._)—¡Feliciana, eres una santa!
¡¡Adiós!!
FELICIANA (_Cogiéndole del pescuezo._)—¡Pasa, pasa tú también o te
acogoto, so mandria! (_Le lleva a la barbería a empujones y puñetazos._)
PRUDENCIO.—¡Eres una santa! ¡Dame un beso!
FELICIANA (_Rechazándole bruscamente._)—¡Quita de ahí, majadero!
PRUDENCIO.—Bueno, te lo daré dentro. (_Entra en la barbería._)
FELICIANA (_Con inmensa satisfacción._)—¡Ya son míos! ¡Y curaos de su
locura! ¡Gracias a Dios! (_Al Sereno._) ¡Buenas noches, Pepe! (_Mutis
barbería._)
SERENO (_Cerrando._)—¡Ustés descansen!
PEPE (_Acercándose con entusiasmo._)—¡Eso es una madre, eso!... y
no las que cogen a las hijas y las quién pa... ¡maldita sea!...
(_Marchándose hacia el foro y pregonando._) ¡Chuletas de huerta!...
¡Chuletaaas! (_Música._)
TELÓN
EL AMIGO MELQUIADES
O
POR LA BOCA MUERE EL PEZ
PERSONAJES
CUADRO PRIMERO
BENITA
NIEVES
SEÑÁ DAMIANA
SEÑÁ ZOILA
TRINI
PEPITA
AMALIA
JULIA
LA ONOFRA
SEÑOR MELQUIADES
AVELINO
SERAFÍN EL PINTURERO
HIGINIO
SEÑOR RAFAEL
BERNABÉ
EL TULIQUI
EL VIRUTAS
EL SEÑOR VIRIATO
_Coro general_
CUADRO SEGUNDO
BENITA
NIEVES
PACA LA FIERA
SEÑÁ CELES
UNA VIEJA
SEÑOR MELQUIADES
AVELINO
SERAFÍN EL PINTURERO
HIGINIO
UN CANTADOR
_Un farolero y varios transeuntes_
CUADRO TERCERO
BENITA
NIEVES
PACA LA FIERA
MOZA 1.ª
ÍDEM 2.ª
SEÑOR MELQUIADES
AVELINO
SERAFÍN EL PINTURERO
HIGINIO
EL TULIQUI
BERNABÉ
EL VIRUTAS
UN CAMARERO
JOVEN 1.º
ÍDEM 2.º
ÍDEM 3.º
ÍDEM 4.º
UNO
LUCIO
UN JOVEN
NIÑO 1.º
ÍDEM 2.º
ÍDEM 3.º
NIÑA 1.ª
ÍDEM 2.ª
_Concurrentes al salón_
—
=La acción en Madrid.—Época actual.=
—
Derecha e izquierda, las del actor.
ACTO ÚNICO
CUADRO PRIMERO
Lugar ameno y pintoresco, próximo a la Ribera del Manzanares, en
Puerta de Hierro. Sin simetría, pero dejando entre sí los espacios
naturales, se levantan por distintos lados de la escena los anchos
troncos de viejos árboles, cuyas espesas ramas prestan al lugar
grata sombra. El suelo está tapizado de césped. Al fondo continúa
la arboleda. En primer término izquierda, al pie de un árbol, un
tronco caído, que sirve de banco, y en tercero derecha, un columpio
hecho con una cuerda atada a dos árboles, dando frente al público.
Es un hermoso día del mes de Mayo.
ESCENA PRIMERA
_Al alzarse el telón aparecen los siguientes personajes: Al pie de un
árbol corpulento que se levanta en primer término, hacia la derecha,
y en derredor de un mantel extendido sobre el césped, sentados en el
suelo, la_ SEÑÁ DAMIANA, _la_ SEÑÁ ZOILA, _el_ SEÑOR VIRIATO, _el_
SEÑOR RAFAEL _y_ LA BENITA (_de derecha a izquierda_). _Sobre el mantel
se ve una cazuela con restos de comida, platos sucios, mendrugos de
pan, varios tenedores y cuchillos, botellas y algunos vasos mediados
de vino. Al pie de otro árbol próximo, cestas, mantones y guitarras.
Colgados en las ramas y en los troncos de algunos árboles, chaquetas
y sombreros de hombre. Debajo de otro árbol, en el primer término
izquierda, sentadas sobre el tronco cortado que sirve de banco_, NIEVES
_y_ LA TRINI. _Detrás de éstas, en un pequeño claro, varias_ INVITADAS_
juegan al corro, cantando alguna canción infantil_. _Más a la
izquierda, otro grupo de_ INVITADOS _beben alegremente_. _En el fondo,
centro_, BERNABÉ _toca la guitarra y canta una jota, mientras bailan
dos_ MUCHACHAS, _rodeándolas varios_ INVITADOS DE AMBOS SEXOS, _entre
los que se cuentan el_ TULIQUI _y_ AMALIA. _En el columpio, sentada_,
JULIA, _a la que mece el_ VIRUTAS, _y a su lado, chillando y riendo_,
PEPITA _y dos o tres más_. _En el centro de la escena_, AVELINO _salta
a la comba, dando él mismo_. _Al empezar la obra hablan todos a la vez
y reina en los grupos gran animación y extraordinaria alegría_.
GRUPO DEL COLUMPIO
VIRUTAS (_Dando fuerte._)—¡Arza!... ¡Ande!
JULIA (_Asustada, a gritos._)—¡Estate quieto, Virutas!... ¡Que no me
dés más!
VIRUTAS (_No haciendo caso._)—¡Arza!... ¡Vaya!...
JULIA.—No le dejes, Pepita.
PEPITA.—¡No seas bruto, que la vas a dejar de caer! (_Siguen chillando
y riendo._)
GRUPO DE LA DERECHA
DAMIANA (_Ofreciendo con el tenedor._)—Amos; otra tajadita, señor
Viriato.
VIRIATO.—No, gracias, Damiana; no me cumple más.
RAFAEL.—Arriba con este muslo (_ofreciéndole uno de pollo, que saca
de la cazuela_), que sabemos tu debilidaz por los muslos. (_Ríen en el
grupo._)
VIRIATO.—¡Si es que me vais a hacer de reventar!
BENITA.—Yo me lo comeré si no lo quiere. (_Siguen bromeando. Benita
come vorazmente._)
(_Las del baile y el corro cantan a la vez._)
AVELINO (_Saltando._)—Ochocientos noventa y cinco. Ochocientos noventa
y seis. Ochocientos noventa y siete...
DAMIANA (_Riendo._)—Pero ¿qué hace este chico?
RAFAEL.—No saltes más, hombre.
ZOILA.—Pero ¿qué furia te ha entrao de saltar, demonio?
AVELINO (_Para de saltar; habla fatigosamente._)—No, ¿sabe usté? es
que le estoy batiendo a un amigo el _rencor_ de la hora, en el salto a
comba. Ya le he batido el _rencor_ de la media.
RAFAEL (_Riendo._)—¿De la media? ¿Y por qué no te subes el calcetín?
AVELINO.—¡Ay, es verdá! (_Se sube el que se le está cayendo._)—Esto,
lo hago yo porque hemos fundao una Sociedad el gremio de ultramarinos
que se titula: _La dependencia azlética_, y cada uno nos dedicamos a
un sport. Yo, es por ver si adelgazo. (_Sigue saltando._)—Ochocientos
noventa y ocho. Ochocientos noventa y nueve. _Nuevecientos_.
_Nuevecientos uno_... (_Sigue saltando y contando._)
DAMIANA (_Al señor Rafael._)—Dale, dale un poco de vino, que se
refresque; que entre la corbata tan verde y la cara tan colorá, paece
un tomate mollar. (_El señor Rafael sirve vino._)
JULIA (_En el columpio._)—¡Que no me dés tan fuerte, que me voy a
matar! (_Chillando._) ¡Madre!... ¡Madre!
ZOILA.—Tú, Virutas, a ver si la tiráis a la chica.
VIRUTAS.—No tenga usté cuidao; si cae, cae encima de mí.
RAFAEL.—Pues eso le faltaba si cayese, darse contra un adoquín.
AVELINO (_Riendo._)—¡Ja, ja, ja! ¡qué señor Rafael! Tié usté unos
golpes que acardenalan. (_Sigue saltando._) _Nuevecientos diez_.
_Nuevecientos once_. _Nuevecientos doce_...
RAFAEL (_Dándole un vasito de vino._)—Toma, de lo blanco.
AVELINO.—Gracias. (_A Benita._) ¿Quié usté _inagurarme_ este _chato_,
Benita?
BENITA (_Muy huraña y hablando con la boca llena._) No, señor; no
quiero náa.