y un instante tan sólo dejad
el arrobo, el cariño y los mimos
y este hizno al amor escuchad.
Hizno chulo
que ha compuesto este gachó,
un e-mulo
del glorioso don Gunó.
Paca, Paca,
pa casarse hay que tener
poca, poca,
poca juerga y trabajar,
y no beber y no faltar
ni una noche de tu hogar.
Se mu formalito,
cumple su deseo,
pero siempre acorde
con lo que aconsejan
en el himeneo.
Pero si ella _tace_
algo que esté feo,
cógela del moño
y meneo, meneo, meneo.
Como este plan
lo cumplas tú,
turururú,
nadie en Madrí
te tose a ti,
tiriririrí;
mas si ella no
te es fiel del tó,
tororororó;
pero si la guías
como un hombre debe hacer
no hay que temer.
Si eres formalito
como así lo creo,
ya verás qué dulce
himeneo, meneo, meneo.
Y esto dicho
que el Señor salud os dé,
y avi-sarnos
en cuanto venga un bebé
bebé, bebé, bebebebé.
=Hablado=
TESTIGO 1.º—¡Creo que ha salío al pelo!
TESTIGO 2.º—¡Superior!
TESTIGO 3.º—Sin embargo, en la segunda corchea del otavo compás, te se
duerme la púa.
TESTIGO 2.º—Se tendrá en cuenta.
TESTIGO 1.º (_Se oye dentro rumor de gente._)—¡Chits!... ¡Callarse...
que están ahí! ¡Ya viene la cometiva!
TESTIGO 3.º—¡Es verdá!... ¡Mialos!
TESTIGO 2.º—¡Vivan los novios!...
VOCES (_Dentro._)—¡Vivan!...
ESCENA XIV
DICHOS, _el_ GUITARRERO, _la_ ISABEL, CARMEN, VALERIANO, _la_ SEÑÁ
ANTONIA, LIBORIO, INVITADOS _e_ INVITADAS. _Salen todos los del
acompañamiento, detrás de los novios y los padrinos, armando alegre
algazara, dando vivas y tirando al alto gorras y sombreros._
ANTONIA.—Hombre, podíais haber avisao. Ya sus echábamos de menos.
TESTIGO 1.º—Pues estábamos aquí aguardando.
LIBORIO.—Pues una vez que no falta nadie, en marcha pa la vicaría.
Primera pareja, los novios. Segunda, la Carmen y el señor Valeriano,
que pronto harán el mismo recorrido por su cuenta.
ANTONIA.—¡Y que lo digas!
LIBORIO.—¡Y el resto de la cometiva a la _neglisé_, y la orquesta a la
cola!
TODOS.—Mú bien.
TESTIGO 1.º—¡Andando!
TODOS.—¡Andando!
ESCENA XV
DICHOS _y_ SERAFÍN, _luego_ LUCILA, _después unos_ CHICOS, _y por
último_ BALBINO
SERAFÍN (_Saliendo por la derecha._).—¡Señores, un minuto!
CARMEN (_Con sorpresa._)—¡Serafín!
ANTONIA.—¿Otra vez?
VALERIANO.—¡El consabido pollo!
LIBORIO.—¿Qué se ofrece, joven?
SERAFÍN.—Ustés disimulen. Siento molestar, pero deseo decirle dos
palabras a ese señor.
VALERIANO.—¿A mi humilde persona?
SERAFÍN.—Quería que tratásemos un asunto solos y fuera de puertas.
VALERIANO.—Joven, es usté menos oportuno que una charanga a la hora e
la siesta. Voy envitao. Tenga usté cachaza, que hay tiempo pa todo. (_A
la gente._) ¡Andando!
SERAFÍN (_Deteniéndole._)—¡Es que u viene usté u le llevo yo!
VALERIANO (_Con calma._)—No me zarandee usté, que puede que me moleste.
HOMBRES.—¿Pero qué es eso?
SERAFÍN.—¡Eche usté pa alante como los hombres, so tardío!
TODOS.—¡Fuera ese!
CARMEN.—No haga usté caso. (_A Valeriano._)
ANTONIA.—¿Vienes a armarla, so charrán?
VALERIANO.—Señores calma. Por un garbanzo no se descompone la olla.
Ustés, a la Vicaría. Yo voy ahí a cincuenta pasos, hago así, (_Acción
de dar un papirotazo._) y regreso. (_A Serafín._) ¡Andando!
SERAFÍN.—Vamos. (_Vanse los dos por la izquierda._)
TODOS (_Intentando detenerlos._)—¡No, no!
ANTONIA (_Furiosa, deteniéndolos a todos._)—¡Sí!... ¡Sí!... ¡Dejarlos!
(_Se asoma Lucila a la taberna._) ¡Dejarlo que lo escalabre!... ¡Quieto
tóo el mundo! (_Volviéndose hacia donde se han ido._) ¡Rómpale usté la
cabeza a ese golfo, pa que escarmiente! ¡Zurre usté a ese granuja!...
¡Así te hagan trizas, so hambrón!... ¡Sinvergüenza!... ¡Fuerte, dele
usté fuerte!
LUCILA (_Frenética de ira, sale de la taberna, se lanza hecha una hiena
sobre la señá Antonia, y la agarra del moño zarandeándola._)—¿Que le dé
fuerte? ¡Toma, tía perra! ¡Toma!
ANTONIA (_Aterrada._)—¡Jesús!
CARMEN.—¡Ay, mi madre!
ANTONIA.—¿Pero quién?... ¿Quién ha sido?
LUCILA.—¡Yo!... ¡Yo he sido, tía gamberra!
ANTONIA.—La arrastro. (_La sujetan._)
LUCILA.—¡Azuzar a dos hombres pa que se maten!... ¡Tía asesina! ¡tía
chula! (_A los hombres._) ¡Y vosotros, gallinas, que lo consentís!...
¡Cobardes!... ¡Granujas!... ¡Yo!... ¡Yo sola contra todos! (_Empieza a
tirarles verduras del serón que dejó Balbino a la puerta de la taberna,
con una ira y una rapidez que les asusta._) ¡Tomar, tomar, blancotes!
ISABEL (_Huyendo._)—¡Ay, mi mantilla! (_Se arma un escándalo
monumental._)
NOVIO.—¡Que me han dao con un tomate! (_Limpiándose la cara._)
CARMEN.—¡Sujetarla!
TESTIGO 1.º—¿Pero quién se arrima?
MUCHOS.—¡Guardias, guardias!
LUCILA (_A unos chicos que salen._)—¡Ayudarme vosotros, chicos!
CHICO 1.º—¡Venga de ahí! (_Los chicos empiezan a tirar también._)
CHICO 2.º—¡Duro! (_Tirando._)
BALBINO (_Que sale corriendo._)—¿Pero qué es esto?
LUCILA.—¡Padre, duro con ellos!
BALBINO.—¡Vaya una menestra! (_Huyen todos chillando y corriendo._)
LUCILA.—¡Cobardes! ¡Granujas! (_Tirando._)
BALBINO.—¡Una boda con patatas!
=Mutación=
CUADRO SEGUNDO
Telón corto. Un lugar de las afueras de Madrid. En el telón, a la
izquierda, se verá pintado un merendero cuya puerta es practicable.
Sobre la puerta un emparrado, y debajo de él dos o tres mesas y
algunas sillas de anea y banquetas. Es de día.
ESCENA PRIMERA
DUEÑO _del merendero y el_ CHICO
_El Dueño retira el servicio de una mesa que acaba de ser abandonada
por algunos parroquianos._
CHICO (_Sale por la derecha mirando hacia atrás con cara de
asustado._)—¡Anda diez!
DUEÑO.—¿Qué te pasa?
CHICO.—Náa... dos que se están pegando ahí en un desmonte.
DUEÑO.—¿Por qué?
CHICO.—No sé; se conoce que venían desafiaos. Y uno le ha dao al más
joven una de tortas que lo ha vuelto loco... (_Mirando._) ¡Calle!...
Sí... ya han acabao de pegarse... y vienen pa acá.
DUEÑO.—Pues silencio. Nosotros _ande_ nos llamen. (_Entran los dos en
el merendero._)
ESCENA II
SERAFÍN _y_ SEÑOR VALERIANO
_Salen por la derecha, revelando cierta agitación en sus semblantes, y
con los trajes algo descompuestos. Serafín viene sacudiéndose la ropa,
sucia de tierra, oprimiéndose los labios con un pañuelo, y mirando a
ver si tiene sangre. De vez en cuando escupe. Trae un carrillo muy
colorado._
VALERIANO (_Con su habitual tranquilidad._)—Bueno, yo, salvando su
parecer, creo que las bofetás tienen un límite, pollo.
SERAFÍN (_Secamente._)—Lo que a usté le parezca. (_Se toca las narices
con un pañuelo._)
VALERIANO.—Lo de las narices es una ligera erosión. Tengo una mano...
¡que estoy más disgustao!... ¡paece una piedra! ¿Conque me guarda usté
rencor por los cachetes?
SERAFÍN.—A usté, no.
VALERIANO.—Pues entonces, después de la refriega yo opino que debíamos
darnos las manitas, como hacen los hombres.
SERAFÍN.—Me es igual. (_Se dan la mano._)
VALERIANO.—Sí, señor; en medio de su desgracia, me ha sido usté
simpático, joven. Es usté un hombrito de corazón, aunque no le
acompañen las fuerzas; y ¡qué caramba! Eso no es náa; a su edad de usté
me las han arreao a mí, que durante ocho días tenía que llevar las
narices en equilibrio. Siéntese usté ahí. (_Señalando una mesa._)
SERAFÍN.—No, gracias.
VALERIANO.—Que se siente usté, digo.
SERAFÍN.—Bueno. (_Se sientan los dos. Valeriano llama dando dos
palmadas._)
DUEÑO (_Sale._)—¿Qué desean?
VALERIANO.—Dos quinces y un botijo.
DUEÑO.—En seguida. (_Vase al merendero._)
VALERIANO.—Y ahora cuando la traigan, se lava usted el carrillo con un
poco de agua fresca; es mejor que el árnica.
SERAFÍN.—No, si no tengo náa.
VALERIANO.—Bueno, hombre, pero por si se infla _espontaniamente_. (_El
dueño sirve el vino y el botijo y vase._) Beba usté. (_Ofreciendo un
vaso de vino a Serafín. Beben unos sorbos._)
SERAFÍN.—Gracias.
VALERIANO.—Y ahora, joven, aquí de sobremesa y antes de separarnos,
quiero darle a usté como compensación de los mamporros, cuatro consejos.
SERAFÍN.—Usté dirá.
VALERIANO (_Bebe un trago._)—Discreto pollo: es usté un chavalillo
inesperto con el atolondro propio de la _juventú_ y debe usté apuntarse
esta máxima pa el resto de su vida: La mujer, es como un sorbete,
cuando se toma con mucho calor hace daño. Tóquese usté las narices y me
dará la razón; y crea usté a un zorro viejo: no desafíe usté a nadie
sin motivo, porque acalorao no mira usté el rótulo y, creyendo meterse
en una confitería, a lo mejor le resulta a usté una tahona. Llueven
las tortas. Y no canso más. Respective a lo de la Carmen, no sea usté
niño. Yo, como ca _quisque_, poseo el espejuelo de mis atraztivos y lo
manejo con la contumelia propia de una pestaña experimentada. ¿Que cae
una alondra? No la voy a hacer ascos por miramientos al cazador vecino.
Sería majadero. (_Se levanta._) Conque cuatro cosas en total, joven;
pacencia, serenidaz, agua fresca y... pague usté esas dos copas, que no
lo voy yo a poner todo. Y venga esa mano. Sé que se queda usté amargao
por dentro y por fuera; pero así he aprendido yo, y como el tiempo
_desinfla_ y tranquiliza, cuando pasen algunos días, pué que no tenga
usté una mano más amiga que la que hoy le ha hecho a usté daño, bien a
su pesar. Salú. (_Vase por la izquierda._)
ESCENA III
SERAFÍN; _luego_ LADISLAO. EL DUEÑO _del merendero durante la escena_.
SERAFÍN (_Casi llorando._)—¡Sí! ¡Me comen la vergüenza y la rabia!...
¡pero ese tío tié razón! ¡No tié él la culpa; es ella!... ¡ella!
LADISLAO (_Sale por la derecha azorado y jadeante._)—¡Gracias a
Dios! ¡Por fin doy contigo! (_Mira a todos lados._) ¿Pero qué es
esto?... (_Con burlona sorpresa._) ¡Tú solo! ¡Solo con dos copas! ¡Tú
_meditamundo_! ¿Y ese hombre, que no lo veo? (_Mira por debajo de las
mesas y las banquetas y luego dice a Serafín con voz siniestra y casi
al oído._) Serafín, ¿ande has echao los pedazos?
SERAFÍN (_Con desprecio._)—¡Déjame en paz!
LADISLAO.—Oye, ¿pero qué tiés en la cara?... ¿Tú no habías pasao el
sarampión?
SERAFÍN (_Llama y sale el dueño del merendero._)—¿Qué se debe?
DUEÑO.—Treinta céntimos.
SERAFÍN.—Ahí van. (_Paga y se levanta. Vase el dueño llevándose las
copas._)
LADISLAO.—¡Recontra! De modo, que tras... _ecétera_, apaleao y encima
pagano.
SERAFÍN (_Furioso._)—¡Cállate, o por mi salú que te dejo seco!
LADISLAO (_Aterrado._)—Oye, tú...
SERAFÍN (_Separándose dominado por una gran excitación._)—¡Sí! ¡No
tengo cara pa vivir mal mirao! Ahora irá ese tío, lo contará todo y se
reirán de mí... Y se reirá ella... ¡ella más que nadie! Y luego, por
donde voy, la burla y la chirigota... ¡No, no lo resisto; ella me ha
engañao, pues contra ella! ¡La mataré! ¡Tengo derecho! ¡Hay que ser
hombres! Adiós, Ladislao; voy a dar gusto a todos, a ti y a mí, y a
los compañeros de taller y a las vecinas y al mundo entero.
LADISLAO.—Pero, ¿qué dices?
SERAFÍN.—¡Adiós! (_Vase por la izquierda._)
LADISLAO.—Oye, tú, y de paso dile a tu tío Balbino, que ya lo cogeré yo
a solas, que lo de esta mañana no me s’ha olvidao. (_Se sienta y da dos
palmadas._) ¡Merenderero!
ESCENA IV
LADISLAO _y_ BALBINO
BALBINO (_Que sale por la derecha, se acerca a la mesa._)—¡Va!
LADISLAO (_Sorprendido y temeroso._)—¡Caray!
BALBINO.—¿Qué desea el gorrión?
LADISLAO.—¿Usté? ¡Hombre, m’alegro! (_Levantándose, al mismo tiempo se
sienta Balbino._)
BALBINO.—No; que he venido, he visto la solfa que le han dao a tu amigo
por seguir tus consejos, he visto que la cosa no pasaba a mayores, he
permanecido _nutral_ y aquí me tiés pa servirte.
LADISLAO.—Pues m’alegro, porque quería yo que arreglásemos la
cuentecita de esta mañana.
BALBINO.—¿Tiés prisa en cobrar?
LADISLAO (_Amenazador._)—¡Lo que tengo prisa es en mascarle la nuez a
los que me faltan, eso!
BALBINO (_Fingiendo miedo._)—¡Oye, tú, Ladisladito, por Dios, que yo
creo... (_Solloza._) que no debías ensañarte con un pobre viejo!
LADISLAO (_Envalentonado._)—Y si tié usté miedo, ¿pa qué insulta usté,
so maula?
BALBINO (_Llorando._)—¡Hombre, no te enfades... yo, ha sío en
un pronto; y piensa que si a mis años me haces así, (_Le da un
pescozón._) me tiras al suelo!... ¡Tenme lástima!
LADISLAO.—Oiga usté... (_Cogiendo el sombrero._)
BALBINO.—No sabes el miedo que he pasao dende esta mañana... porque yo
decía, si esa fiera me encuentra, con el genio que tiene, y me da así
na más... (_Le da un puñetazo._) ¡me atonta!
LADISLAO.—Oiga usté, haga el favor de poner los ejemplos de palabra,
¿eh?
BALBINO.—Los viejos, hijo, ya no valemos pa náa... Figúrate si con
tu fuerza levantas el pie y me das de esta manera... (_Le da un
puntapié._) pues me amargas.
LADISLAO (_Asustado._)—¿Pero quiere usté hablar sin acionar?
BALBINO.—¡Yo es pa que me comprendas, hijo! De manera que tenme
lástima y que no te se ocurra darme dos chuletas así... (_Le pega
dos bofetadas._) ni tirarme encima de una silla, como un pingajo
indecente... (_Lo tira al suelo._)
LADISLAO.—¡Pero qué es esto!
BALBINO (_Llorando._)—Ten lástima de un pobrecito anciano, hijo...
LADISLAO (_Furioso._)—¡Eso le vale a usté, que es un viejo!
BALBINO.—¡Dios te lo pague, hijo! ¡Adiós, rico! (_Vase llorando._)
=Mutación=
CUADRO TERCERO
Riberas del Manzanares. En los laterales izquierda, últimos
términos, se ve la fachada posterior de un restaurant, y un trozo
de jardinillo correspondiente a él y circundado por una empalizada
de listones unidos en forma de celosía. Esta valla que constituye
un ángulo recto, tiene un pequeño portoncillo, practicable, que da
a la escena en línea paralela a la casa. Por las ventanas abiertas
del merendero sale la viva claridad de la luz eléctrica. En el
telón de fondo se ven los pinares de la Florida, y en la parte
derecha de la decoración un poético remanso del río, iluminado por
la luna, que luce su claridad entre las copas de viejos álamos. Un
puentecillo rústico da por el foro, paso sobre el río.—Sobre la
orquesta se oye muy lejos la marcha de un tren, que pasa por la
vía férrea próxima al lugar de la acción; las levísimas campanadas
de un reloj muy lejano y los perdidos ecos de la canción de un
viandante. Escúchase también el ladrido, casi imperceptible, de
un perro de los que acompañan a los vigilantes de los lavaderos,
y contrastando con estas perdidas notas de soledad y misterio se
escucha dentro del merendero el rasgueo alegre de las guitarras
y la vibrante voz de un cantador de flamenco, que es jaleado con
ruidoso entusiasmo.
ESCENA PRIMERA
CANTADOR, _dentro_
=Música=
Es la penita más grande
querer y que no te quieran,
quien quiere sin esperanza
conoce la pena negra.
Ay, serrana mía,
por quererte a ti de veras
conozco yo esa penita.
ESCENA II
LUCILA. _Sale por la izquierda, primer término, envuelta en un
mantoncillo; se para junto a la empalizada y escucha las últimas notas
de la canción flamenca, que termina con voces y aplausos, reinando
luego el silencio._
=Hablado=
LUCILA (_Admirada._)—¡Buena voz! Paece un mixto de verderón. Debe
ser Pepe el Trampas. Náa, que no he marrao. Aquí está la boda del
Guitarrero. ¡Jesús divino, qué día llevo! Dende la ensalá que armé esta
mañana lo estoy pasando de _ole_. Primero cuatro horas en la _delega_
por haberle deteriorao el crepé a la Señá Antonia; así de que salgo,
dejo a mi padre, me voy a cá la señá Quintina a ver qué había sido de
Serafín, y me cuenta la pobre vieja, toa _azará_, que a las siete había
llegao el susodicho joven con la cara como una pandereta, después de
haber corrido tóo el _barrio_ averiguando en qué merendero estaban
celebrando la toma de dichos; y así de que llegó a casa escribió una
carta, le dijo a la señá Quintina que se la llevase a su maestro si a
las once de la noche no había vuelto, y apretó a correr. No se necesita
ser un lince pa calcular las tripitas que traerá. Y yo, yo estoy que me
deshago de nerviosa; tengo frío y calor tóo a un tiempo, y me saltan
las sienes. ¡Ojalá dé con él! Rondaré el merendero... (_De pronto queda
escuchando._) ¡Sí!... (_Mira con atención._) Uno se acerca. ¿Será él?
(_Se oculta por la izquierda._)
ESCENA III
LUCILA, _oculta_; SERAFÍN. _Después_ CARMEN, SEÑOR VALERIANO, INVITADO
1.º _e_ INVITADA 1.ª
SERAFÍN (_Apoyándose angustiado en la empalizada._)—¡No me puedo tener
en pie! Tengo el sudor helao y la boca amarga como una retama. Llevo
dos horas esperando una ocasión, sin saber si entrar de repente u
aguardar que salgan. Aguardaré: es más seguro. He querido irme cien
veces, he probao y no puedo; cuando me separo de aquí paece que hasta
las piedras me llaman gallina... Y en toas partes oigo lo mismo... las
mismas palabras, que ya se me han agarrao al corazón. ¡Te ha engañao!
¡Mátala! ¡Tiés derecho!... Y yo no sé; no sé si tengo derecho u no,
lo que digo es que me ciega la idea de que está con otro. Y así no
puedo vivir. Sí. Esta noche acabará todo. (_Se oyen voces dentro del
merendero._) Salen... ¡Que no me vean! ¡Si fuera ella! (_Se oculta tras
la empalizada._)
CARMEN (_Dentro del jardinillo y como hablando con alguno del
merendero._)—¡Ja, ja, ja! (_Ríe._) No, si no tardamos.
SERAFÍN.—¡Ella! ¡Por fin! (_Saca la navaja._)
VALERIANO (_Dentro._)—No, un menuto. Vamos ahí, al lavadero del
_Quico_, a ver si quié dejar venir a la chica, y verán ustés cómo baila
las sevillanas. (_Salen por el portoncillo a la parte exterior de la
escena Carmen, Valeriano, Invitada primera e Invitado primero._)
INVITADA 1.ª—¡Oye... qué noche hace; si paece de verano!
INVITADO 1.º—Da gusto.
CARMEN.—Yo estaba deseando de salir; me ahogaba ahí dentro con el humo
de los cigarros (_Aparte a Valeriano._) y tenía gana de que hablásemos
un ratito con libertá.
VALERIANO.—Y yo. Pero, ¿por qué no has sacao el mantón?
CARMEN.—Si no tengo frío.
INVITADA 1.ª—Yo me le he puesto.
VALERIANO.—Póntelo que por aquí siempre cae relente.
CARMEN.—Lo cogeré por darte gusto. (_Entra por el jardinillo al
merendero._)
INVITADA 1.ª—No tardes.
INVITADO 1.º (_Desde el puentecillo._)—Mirar qué bonito hace desde aquí
este pedazo del río con la luna. (_Valeriano y la Invitada_ 1.ª _van a
mirar._)
INVITADA 1.ª—Qué hermosa es la noche, ¿verdá?
VALERIANO.—La noche y el día; cuando se está a gusto tóo es bonito.
CARMEN (_Saliendo._)—¿Dónde están?... (_En este momento Serafín, que se
oculta tras la empalizada, va a lanzarse sobre Carmen con la navaja en
la mano y se encuentra fuertemente detenido por Lucila, que al ver su
actitud sale de su escondite sigilosamente quedando en acecho tras él,
hasta este momento en que le sujeta el brazo y le tapa la boca con la
otra mano._)
SERAFÍN (_Va a llamar._)—Car...
LUCILA (_Tapándole la boca._)—Chissss...
SERAFÍN (_Con voz ahogada._)—¿Eeeeh?... ¿quién?
LUCILA (_En voz baja._)—¡Silencio!
CARMEN (_Llamando._)—¡Valeriano!
VALERIANO (_Desde el foro._)—Por aquí.
CARMEN (_Mirando hacia atrás al irse._)—Juraría que he oído moverse
esas ramas. (_Desaparece por el foro._)
ESCENA IV
LUCILA _y_ SERAFÍN
SERAFÍN.—¡Lucila! pero, ¿eres tú?
LUCILA.—Sí, yo; ¡yo mismita!
SERAFÍN.—Suelta... suelta... (_Forcejean._)
LUCILA.—No... aguarda... aguarda un momento. (_Al ver que ha
desaparecido Carmen._) Ya... ya estás libre; ya _pués_ guardarte esa
navajita y salir. Y a tóo esto mu buenas noches.
SERAFÍN (_Tembloroso y frenético._)—¿Y tú a qué has venido?
LUCILA.—Náa, hombre, que como no _te se vé_ el pelo por dengún lao y no
tiés _tiléfono_, quería hablarte y ¡velay!
SERAFÍN.—¡Vete... vete y déjame, Lucila!
LUCILA.—Y ¡camará, cómo recibes; recibes que arañas! (_Restañándose con
saliva un arañazo de la mano._) Si lo sé te dejo _trajeta_.
SERAFÍN.—Bueno, pronto; acaba y vete. ¿A qué has venido?
LUCILA.—¿Que a qué he venido? (_En voz baja con ira._) ¡pues a llamarte
asesino y cobarde!...
SERAFÍN.—¡A mí!
LUCILA.—¡A ti!... ¡que querías asesinar a una mujer! (_Le sujeta el
brazo._)
SERAFÍN.—¡Lucila!
LUCILA.—¡Baja la voz!... ¡Sí, asesinarla!
SERAFÍN.—¡Tengo derecho!
LUCILA.—¿Derecho a matar? ¡A matar a una mujer! ¿porque no te
quiere?... ¡Mentira!
SERAFÍN.—Suelta.
LUCILA.—No quiero. Ten paciencia. Alguna vez en la vida hay que oir
a la razón, aunque moleste. El hombre, no tié derecho a matar a una
mujer, nunca, Serafín, nunca; ni aunque le engañe. Así, en redondo.
¡Ni aunque le engañe!
SERAFÍN.—¡Bueno, déjame en paz! Tú eres una chica que no sabes lo que
hablas.
LUCILA.—¿Que no sé lo que hablo? ¿que no tengo razón?... Bueno,
conformes; pero si yo no la tengo, menos la tienen esos chulos
indecentes que te aconsejan y que porque llevan un pantalón ceñido y
unos tufos repeinaos, se creen amos de las mujeres y jaleándose unos a
otros arrean por el mundo, haciendo cisco a toda la que se les resista.
¡Pero, eso sí, cuando ellos se cansan de una mujer, entonces, chito!
Pa eso son los amos. La pisotean y ahí queda eso. ¡A la basura!...
¡Ole los valientes! ¿Quién defiende eso?... ¿Quién? ¡porque si lo dice
la justicia, reniego de ella! ¡y si lo dicen los hombres, los hombres
que dicen eso, no son hombres, Serafín! ¿Queréis que la mujer sea una
esclava?... bueno; pero entonces lo menos que se pué hacer es dejarla
que escoja la cadena que más le guste. ¿No te parece?
SERAFÍN.—Yo no sé de eso que me dices; pero oye, Lucila, (_Con
amargura._) ¿cómo vive uno viendo su querer en otros brazos?
LUCILA.—¡Ay, mu remalamente, chico! Eso sí que lo sé yo por
_esperencia_.
SERAFÍN (_Sorprendido._)—¿Tú?
LUCILA.—¡Yo!... ¿Te paece raro, verdá? Pues sí, Serafín; yo, he querido
a un hombre más que a mi vida.
SERAFÍN.—¿Pero tú?
LUCILA.—Más que a mi padre; más que a náa en el mundo. ¡Y él, ni agua!
SERAFÍN.—¡No se lo habrás demostrao!
LUCILA.—Tóos los días.
SERAFÍN.—¿Con palabras?
LUCILA.—¡Qué palabras! Lo que no dicen los ojos al mirar y las acciones
buenas, ¿cómo lo van a decir los labios? Y ese hombre, no ha reparao en
ello ni pa agradecérmelo. Y yo callando y sufriendo le he visto irse
con otra. Llorar y reir por ella; y en mis ratos de desesperación lo
he pensao tóo, tóo... ¡Menos matarlo!... porque él no tenía la culpa.
El cariño lo escoge el corazón libremente y se quiere lo que se quiere,
bueno o malo, sin saber por qué. Y por amor, Serafín, se sufre, como yo
he sufrido; se llora, como yo lloro... ¡pero no se mata! (_Llora._) ¡No
se mata!
SERAFÍN.—¡Lucila!
ESCENA V
DICHOS, SEÑOR BALBINO; _luego_ VALERIANO _y_ CARMEN
BALBINO (_Saliendo y poniendo la mano en el hombro de Serafín._)—Y
sabes...
SERAFÍN (_Sorprendido._)—¡Tío Balbino!
LUCILA.—¡Padre!
BALBINO.—¿Y sabes quién es el sujeto que ha matao la alegría de esa
creatura?
SERAFÍN.—¿Quién?
BALBINO.—¡Tú!
SERAFÍN.—¿Yo?
BALBINO.—¡Tú!
LUCILA.—¡Padre, por Dios!
BALBINO.—¡Me da la gana decirlo! No está la nochecita pa miramientos;
conque trae esa navaja, (_Se la quita del bolsillo._) y arrea pa tu
casa.
SERAFÍN (_Resistiéndose._)—¡Tío!
BALBINO (_Amenazador._)—Y cállate, si no quiés llevarte el melón en
rajas; que lo menos que podemos pedirte es que sufras tú por esa, lo
que ésta ha sufrido por ti, ¡conque andando!
SERAFÍN.—¡Es que me llamarán cobarde!
BALBINO.—Te aguantas. ¡Más vale paecer cobarde que ser asesino de
mujeres! ¡Esa sí que es cobardía!... Y además, mira... (_Aparecen en
el fondo Carmen y Valeriano, cogidos del brazo muy juntos, hablándose
amorosamente al oído. Quedan parados._)
SERAFÍN.—¡Ellos!
BALBINO.—¡Ellos!... ¿Y ves ese cariño que es pa otro? ¡Pues ese no
sería pa ti ni a navajazos! Conque ¿a qué pelear?...
SERAFÍN.—¡Sí... tié usté razón!... ¡Tié usté razón!... ¡Adiós!... ¿Por
qué... por qué no me habrá querido? (_Vase rápidamente frotándose los
ojos._)
LUCILA (_Con amargura infinita. Abrazando a su padre._)—¡Así, Serafín,
así es como se quiere!... ¡Ay, padre, cuántas veces he dicho yo esas
mismas palabras!; ¿por qué... por qué no me habrá querido?
(_Se escucha en el merendero la voz del Cantador que canta_:)
¡Es la penita más grande
querer y que no te quieran;
quien quiere sin esperanza
conoce la _pena negra_!
(_Cae pausadamente el telón, mientras cantan la copla._)
FIN DEL SAINETE
LAS ESTRELLAS
PERSONAJES
ANTOÑITA
SEÑÁ FELICIANA
UNA TIPLE
LA TRIANÓN
SEÑOR PRUDENCIO
CASILDO
POLINIO
SEÑOR PEPE EL CARPANTA
ACACIO
LEOVIGILDO
SEÑOR MÁXIMO
EL CIRUQUI
EL REPOLLO CHICO
PARROQUIANO 1.º
EL EMPRESARIO
RODRÍGUEZ
UN SERENO
UN INSPECTOR
UN CAFETERO AMBULANTE
ELECTRICISTA 1.º
ÍDEM 2.º
UN CARPINTERO
UN TRAMOYISTA
PARROQUIANO 2.º
LA ACCIÓN EN MADRID.—ÉPOCA ACTUAL
ACTO ÚNICO
CUADRO PRIMERO