CAPÍTULO II.

1800-1858

El grito de independencia lanzado por las colonias españolas de Centro y

Sur América, al empezar el siglo XIX, hizo que el gobierno español

reforzara la guarnición de Puerto Rico, destinando un regimiento de

línea[5] con banda de música, que debió arribar a San Juan en la primera

década del siglo, ya que al verificarse, el 24 de julio de 1812, la

proclamación de la Constitución de Cádiz, en la _Gaceta de Puerto Rico_

del 29 de julio de 1812, No. 27, Vol. 7,[6] se cita, por dos veces, a la

música del regimiento de línea, solemnizando las fiestas.

[5] Según referencias, se denominaba "de Asturias."

[6] Boletín histórico de Puerto Rico. 1er. cuaderno del tomo

II.--Coll y Toste.--1915.

Dicha banda, sin que estuviese constituída por artistas, ni la índole de

sus trabajos formasen escuela, vino a ser un nuevo elemento en el

desarrollo del arte musical.

Durante las guerras de las colonias, se estableció una gran corriente de

inmigración hacia esta isla, que llegó a su mayor incremento cuando, en

el año 1821, se emancipó Venezuela.

De Costa Firme, como se la llamaba también, vinieron a Puerto Rico un

gran número de familias, muchas de ellas ricas, ilustradas y

cultivadoras de la música; y un nuevo regimiento de línea, creo que el

de _Granada_, con su música, constituyó, con el de Asturias, fijo de

artillería, la compañía de caballería y las milicias, la guarnición

militar de toda la isla.

Las bandas, entonces, estaban organizadas con el instrumental antiguo en

que, el _figle_ y el _serpentón_, ocupaban el puesto del _bombardino_ y

_bajo_ modernos; las _trompas_ y _clarines_ eran "de manos", es decir,

que la escala de sus sonidos se producía por la mayor o menor

introducción de la mano en la campana del instrumento, lo que hacía muy

difícil la ejecución; los _trombones_ eran de barras en vez de pistones

y el total de instrumentos no pasaba de 20 a 22, incluyendo los de

percusión.

La música recreativa empezó a tener mayores exponentes que los del

género bailable, pues las bandas que acostumbraban a solemnizar las

_misas de tropa_, dejaban oir, durante ellas, trozos de música un poco

más selecta que la, hasta entonces generalmente conocida.

Los bailables, cuya procedencia era completamente española, predominando

la contradanza de figuras, se aumentaron con el danzón de ritmo monótono

e insulsa melodía, que importado de Venezuela, tomó carta de naturaleza

_riqueña_, siendo el origen de nuestra danza actual.

En la parte religiosa, no hubo notable modificación, pues, oficialmente,

en la Catedral continuaba el cabildo haciendo los nombramientos de

organista y sorchantres.

Como organista, siguió reeligiéndose a Domingo de Andino (nombrado por

primera vez en diciembre de 1769) hasta el año 1819, en que, según acta

del 12 de diciembre de 1818, el cabildo acordó "que, en atención a estar

ya imposibilitado para ejercer la profesión (tenía 80 años) y haber

pasado más de sesenta años en el servicio de la iglesia, se le jubilase

con una pensión anual de 180 pesos, y que se le proporcionase otro

músico de canto llano y figurado para que le asistiese a tocar el

órgano en todas las misas de rúbrica y en las demás que hayan,

consignándole, por estos servicios, 300 pesos anuales."

Los sorchantres fueron: en 1800, Francisco Rodríguez Colón; en 1801, Don

Francisco Carbañón, interino hasta nuevo acuerdo, que recayó en el

fraile domínico, Francisco Riesco al que se le aumentó el salario hasta

completarlo en 100 pesos.[7] En 1802, Don Juan Nepomuceno Xusién al que

sucedió, en 1803, Don Emigdio de Torres, clérigo tonsurado, con

obligación de ponerse de acuerdo con el canónigo Don Juan de Andino,

para que le enseñase los tonos necesarios del canto llano y que no se

cubriese la plaza hasta la partida de Xusién.

[7] La minuta no dice si ese estipendio era anual o mensual. Antes

tenía la asignación de 32 pesos.

Vacante el cargo en 1804, el clérigo diácono Don Victoriano Martínez,

fué nombrado en 1805, desempeñando el cargo hasta el 1810 en que

designaron, interinamente, al tonsurado, Don Cayetano Pastrana, quien la

sirvió hasta el 1811.

Aumentadas a dos, en 1812, las plazas de sorchantres, Don Juan Vicens

ocupó la de 1º y Don José Matías Cuxach la de 2º, con 100 pesos de

asignación.

Cuxach desempeñaba, a la vez, la plaza de organista, sustituto, pues

como titular seguía apareciendo Domingo de Andino, honor especial que

quiso conferirle el cabildo hasta su muerte acaecida en 1822.

Desde el 1813 hasta 1824, en que falleció, continuó de organista,

sustituto y en propiedad, Don Matías Cuxach. Don Juan Vicens seguía

siendo el primer sorchantre, teniendo por segundo, en 1824, a Miguel

Sandoval.

Muerto Cuxach, en 1825 ocupó la plaza de organista Don José María

Benigno Freijó. Era en este año sorchantre 2º Don Ramón Girona.

Don Juan Vicens sirvió el cargo de organista, en calidad de interino, a

la muerte del anterior, nombrándosele en propiedad, hasta el 1830 en que

falleció.

Desde 1826 hasta 1830, figuraron como sorchantres, Ramón de Soto, Don

Isidoro Martí y Don Ramón Segné.

En la década del 40, el cultivo de la música debió de adquirir mayor

impulso, pues así lo hace suponer la existencia de algunos pianos o

clavicordios, en San Juan, y el haber sido terminado el teatro (el

actual municipal en su estructura antigua) que empezó a edificarse en el

1823, a iniciativas de la Real Sociedad Económica de Amigos del País,[8]

organismo que contribuyó poderosamente al desarrollo económico, social e

intelectual de Puerto Rico. Los músicos mayores y partes principales de

las bandas de música contribuyeron mucho al fomento de la enseñanza

musical.

[8] La Real Orden, aprobando los estatutos, tiene fecha 2 de julio

de 1814.--Coll y Toste.--_Boletín Histórico._--1914.

Entre aquéllos, figuró, en primera línea, Don José Álvarez, músico mayor

del Regimiento de Granada, y que después pasó con igual cargo, al de

Cataluña, cuando éste y el de Antequera, relevaron a los de Asturias y

Granada.

Don José Álvarez debió poseer buenos conocimientos de música, a juzgar

por los discípulos que obtuvo, entre los que sobresalieron sus hijos

Mauricio y Hermógenes, Don Felipe Gutiérrez y Juan Inés Ramos.

Además de Álvarez, por entonces ya figuraban como profesores de violín,

Don Victoriano Juárez (1838) y Mr. Wainet, violinista y compositor

francés, que, del 40 al 50, vivió en San Juan.

Como organistas, fueron nombrados: de 1831 al 32, Don Manuel Benigno

Freijó, y, en 1833, Don Isidro Martí, (interinamente) que era uno de los

sorchantres. Después fué designado Don José Bermejo Iturriaga (1834)

quien sirvió el oficio hasta su muerte, acaecida en 1848,

sustituyéndole, desde entonces, hasta el 1858, en que termina este

capítulo, Don Domingo Delgado, compositor de música religiosa de mucho

mérito, que desde 1846 venía sirviendo la plaza de segundo sorchantre y

la de organista sustituto, con la sola retribución de 25 pesos por mes y

sin ovenciones. Tan escasa retribución motivó una petición que hiciera

el padre Delgado, al cabildo, en que manifestaba: "que, haciendo diez

años que venía sirviendo dos cargos sin más estipendios que los de 25

pesos, suplicaba se le aumentase el sueldo o le señalasen ovenciones",

petición que fué atendida aunque no consta en el acta en qué forma.

Desde el 1831 hasta el 36, Don Isidro Martí era el primer sorchantre y

Don Ramón Segné, el segundo. Muerto Martí, en 1836, Segné ocupó el

primer puesto, designándose a Don Domingo Delgado para el segundo,

siendo éste sustituído, en 1848, por Don Domingo de Villanueva, al que

sucedió José Bey, desde 1851 hasta el 54 en que la ocupó Vicente

Martínez, permaneciendo como tal hasta 1858.

Desde el 1840, el cultivo de la música se extendió considerablemente,

predominando la afición al estudio de los instrumentos de cuerda,

incluso el arpa, aumentándose la importación de pianos. Los músicos

mayores de los regimientos de Antequera, Granada e Iberia (este último

fué agregado a la guarnición) así como el del batallón de Artillería,

(este organizó su banda, según referencias, en 1849) que después fueron

sustituídos por los de Cádiz, Madrid y Valladolid, eran músicos de gran

competencia, algunos extranjeros como Luigini, concertista de cornetín,

que murió en la guerra de Santo Domingo; Don Carlos Allard, flautista

afamado y hermano de Don Delfín, director, entonces, del Conservatorio

de París, cuya escuela de violín todavía se enseña en la Isla, y Don

Rosario Aruti, buen armonista y compositor.[9]

[9] Aunque al reorganizarse en 1841 el cuerpo de Artillería, en el

cuadro de oficiales y demás clases del batallón, no figuraban más

que un cabo y ocho tambores, más cuatro soldados aprendices de

tambor.--_Boletín histórico de Puerto Rico_. Pág. 163 del tomo

II.--Coll y Toste.--1915.--por referencias de buen origen podemos

afirmar, que al poco tiempo se organizó, con fondos del cuerpo, la

banda de música, siendo Don Felipe Costas el primer músico mayor,

sustituyéndole poco después Don Rosario Aruti, que había llegado a

la Isla como maestro director y concertador de una compañía de

Opera.

El modo de ser político-social de la época, hacía que las clases más

elevadas de la sociedad no desdeñasen el cultivo de la música,

pudiéndose decir, que en ellas estaban vinculadas la mayor parte de las

manifestaciones del arte. Familias enteras, como las de Santaella,

Oller, Paniagua, Montilla, Cabrera, Martínez Aparicio, Martorell,

Vassallo, Ginorio, Otero, Lago, Dueño, Geigel y otras más de toda la

Isla, al arte dedicaban su más preferente atención.

Desde el año 42, empezaron a visitar el país artistas de mérito y

algunas compañías de ópera, siendo la primera, la que trajo el señor

Stefano Busatti, en la que figuraba como soprano, la señora Giovanini y

como tenor, Don Félix Astol autor de la _Borinquen_, danza que por el

pueblo es considerada como el himno portorriqueño, por haber hecho su

aparición en la época de la insurrecta de Lares y haberse adaptado a la

música una letra con pensamientos separatistas.

No era solamente en San Juan en donde progresaba el arte; también en la

Isla tenía buenos cultivadores.

En Arecibo se estableció en 1840, como profesor de música, Juan Inés

Ramos, clarinete que fué de la banda del batallón de Cataluña,

obteniendo alumnos aventajados, como lo fueron sus hijos Heraclio y

Federico, y el diletante Don José María Lago, que como clarinetista

alcanzó gran renombre.

En Aguadilla, el pianista, compositor alemán, Mr. Mello; en Mayagüez el

farmacéutico Don Rufino Ramírez (discípulo en París, del gran maestro de

violín Mr. Beriot, profesor del Conservatorio); en Ponce, Don Antonio

Egipciaco; Don Ignacio Otero en Humacao; Don José Álvarez (ex-músico

mayor del Regimiento de Cataluña) en Caguas, donde fijara su residencia;

en Manatí, Don Pedro José Vega, músico principal que fué de la banda del

Regimiento de Antequera, fueron, entre otros, los que encauzaron el

temperamento artístico de los portorriqueños por las sendas del estudio

y del buen gusto.

La influencia del sentimiento religioso que entonces predominaba, hizo

que este género atrayese más principalmente, la atención artística y,

tal vez, por eso mismo fué que el arte alcanzó después tanto desarrollo,

pues no hay nada como la _fé_, como el _ideal_ y el cultivo de los

nobles sentimientos humanos para impulsar las artes.

El organista de Catedral, presbítero Don Domingo Delgado, fué el primer

maestro compositor que creó, en el país, un bellísimo repertorio de

música _sacra_, que en su mayor parte poseemos. A él sigue, y suponemos

fuera su discípulo de composición, el que después ha sido el mejor

maestro compositor sagrado que ha producido el país, Don Felipe

Gutiérrez y Espinosa, que fué músico mayor del Regimiento de Iberia, y,

más tarde, Maestro fundador de la Orquesta de Capilla de la Iglesia

Catedral.

Al finalizar los lustros de que venimos hablando, siendo Gobernador de

la Isla el General señor Conde de Mirasol, se constituyó, en la capital,

una sociedad titulada _La Filarmónica_ de la que fueron los más

entusiastas sostenedores, D. Martín Salavarría, D. Martín Travieso y la

familia Montilla. Su principal objetivo era fomentar las artes y,

especialmente, la música. Tenía su domicilio en la calle de la Cruz,

casa en donde se encuentra hoy establecido el Colmado Central y la que

todavía se designa con el nombre _La Filarmonía_.

Dicha sociedad puso en escena, en el Teatro, a los pocos meses de

haberse estrenado en Madrid, la bella zarzuela del maestro Arrieta, _El

Dominó Azul_, con tan buen éxito, que después acometió obras de mayor

empeño.

Y, en efecto, a los pocos meses estrenábase la ópera en tres actos,

letra de Don Alejandro Tapia y música de Don Felipe Gutiérrez, titulada

_Guarionex_, con el siguiente reparto:

Loarina, (Tiple) Srta. Dña. Antonia Montilla.

Anona, (Tiple) Srta. Dña. Isabel Oller.

El Español, (Tenor) Sr. D. Manuel Paniagua.

_Guarionex_, (Barítono) Sr. D. Antero Adzuar.

El indio Taboa (Bajo Cantante) Sr. D. Francisco Oller.

Los coros y partiquinos estaban desempeñados por jóvenes aficionados,

de la mejor sociedad, alcanzando un gran éxito dicha obra y

repitiéndose, por varias veces, su representación.

_La Filarmónica_ tuvo, por largo tiempo, vida robusta, dando a conocer

obras de autores y asuntos nativos, como _El Amor de un Pescador_, ópera

en dos actos del maestro Gutiérrez, hasta que después, el General la

Pezuela, al fundar la Academia de Buenas Letras, la hizo incorporar a

esta Institución.

El género bailable que, a principios del siglo, tenía poco sabor

criollo, con motivo de las _típicas_ fiestas de San Juan, fué tomando

tintes más regionalistas, pues venían de los pueblos comarcanos,

orquestas jíbaras constituídas por trovadores y afamados tocadores de

_tiple_, _cuatro_ y _bordonúa_, que hicieron conocer y apreciar las

bellezas de sus cantos titulados _Décimas_, _Caballos_, _Coplas_, así

como del característico _Vals Jíbaro_ y _Seis Chorreao_.[10]

[10] Según el doctor Don Cayetano Coll y Toste, el nombre de _Seis

Chorreao_ procede de que, siendo la sexta figura de la contradanza

la única en que las parejas se enlazaban para dar vueltas

vertiginosas, de ahí aplicaron los jíbaros el nombre a su

característico baile.

Caguas era el pueblo en donde el canto regional estaba mejor integrado,

no tan sólo por la pureza del género, en cuanto a la inspiración y

variedad, sí que también por contar con los mejores tocadores de tiple y

cuatro. El jíbaro Calderín, nos ha referido don Mauricio Álvarez, era un

concertista en el tiple y la bordonúa. En 1851, ya había en Caguas una

magnífica orquesta dirigida por Don José Álvarez y de la que formaban

parte, entre otros, Don José Ildefonso Latorre, 1er. violín, y como

voces, el escribano Don Jesús Calderón, Don Saturnino Colón y Don

Fulgencio Mercado; la orquesta tenía dos trompas.

Después de la Compañía de Busatti, vino un cuadro de ópera que dirigía

el barítono Vita, y, poco después la gran Compañía de Stefanelli.

La primer compañía de Zarzuela que visitó la Isla fué la de Blen, siendo

su Maestro Concertador el señor Conde, dando a conocer (en 1858) las

zarzuelas _Los Madgiares_, _Juramento_, _Jugar con fuego_ y _Los

Diamantes de la Corona_. Esta compañía fué la que inauguró el teatro _La

Perla_ de Ponce.

Además, venían con frecuencia, como hemos dicho antes, artistas de fama

que recorrían la Isla dando conciertos. En 1852, la célebre _diva_

Adelina Patti, que aún vive, y el no menos afamado pianista Goltschalk,

dieron una serie de recitales en los que tomaban partes elementos

artísticos de la alta sociedad, como la señora Kortright, de Manatí, que

era una buena arpista, y la señorita Isabel Oller, de San Juan, cuya

bien timbrada voz de soprano ligera, en nada desmerecía a la de la

Patti, en aquella época, cuando cantaban a dúo trozos de ópera.

La música _di camera_, tenía también sus cultivadores. En algunas casas

particulares, como las de Don Aurelio Dueño, Don Manuel Martínez

Aparicio, Don Felipe Hecht y otros extranjeros, se rendía culto al

cuarteto clásico.

El pueblo tenía como expresión musical, las canciones a una y dos voces

y la danza o danzón al que casi siempre le aplicaban letra, si bien ésta

era más bien adaptada a la música, después de oirse esta, y los temas

carecían de interés.

La cultura general del país, a la mitad del siglo XIX, se manifestaba ya

de una manera tan satisfactoria, considerando el corto número de años de

haber sido iniciada, que el Gobierno fué el primero que se interesó para

darla a conocer.

Dos hechos importantísimos vinieron a patentizar el desarrollo que el

arte iba adquiriendo.

Fué el uno, la celebración, en 1854, siendo capitán general de la Isla,

Don Fernando de Norzagaray, de la primer Feria-Exposición. Entre los

muchos premios consignados para las exhibiciones agrícolas, industriales

y profesionales, los había también para las artísticas, habiendo

obtenido la medalla de plata, premio de música, el joven pianista

arecibeño (sólo contaba 18 años) Adolfo Heraclio Ramos, por una fantasía

con variaciones para piano sobre _La Polka Favorita de Jenny Lind_.[11]

[11] _Jenny Lind_ fué una famosa cantante inglesa.--F. C.

El otro lo constituyó la creación, por el Rev. Obispo de la Diócesis,

Fray Pablo Benigno Carrión, de la orquesta de Capilla de Catedral, en el

año de 1858, con la siguiente organización:

Maestro director D. Felipe Gutiérrez.

Tenor D. J. Salavet.

Barítono D. Rafael Fatjó.

1er. Violín D. Claudio Grandi.

2do. Violín D. Aniceto Andino.

3er. Violín D. Francisco Martínez Aparicio.

Flauta D. Eduardo Martorell.

Clarinete 1º D. Salvador Laloma.

Clarinete 2º D. José Belén Tizol.

Trompa 1ª D. Juan Noriega.

Trompa 2ª D. Juan F. Borrás.

Bombardino D. Jaime Bastard.

Violoncello D. Manuel Martínez Aparicio.

Contrabajo D. Aurelio Dueño.

Para la inauguración compuso Don Felipe Gutiérrez una misa en _Do_, que

todavía se toca en algunas iglesias.

Música y Músicos Portorriqueños · 第 14 / 89 题