III.

--Pepe... (dije un día á cierto José que tiene mucho talento, pero que

necesita otros cien millones de reales): Pepe, _¡eureka!_

--¿Cómo? ¿Qué has encontrado?

--¡Los cien millones de reales!

--¡Son partibles!--exclamó Pepe.

--No es necesario... (repliqué yo.) Te regalo otros ciento.

--¡Esto es serio! (repuso Pepe, acercando su silla á la mía.) Explícame

tu idea.

--¡Es una idea de primer orden!...

--Veámosla enseguida.

--Atiende y la sabrás.--¿Cuántos habitantes tendrá la Tierra?

--Yo creo que tendrá de novecientos á mil millones...

--Me contento con que la habiten ochocientos cincuenta millones de seres

humanos.--Yo necesito buscar el modo de que cada uno de ellos me dé un

cuarto. Conseguido esto, heme ya poseedor de cien millones de reales.

--Exactamente... (respondió mi amigo.) Has echado bien la cuenta.

--Nadie me llamará ambicioso. ¡No hay pobre tan pobre que no tire

diariamente un cuarto, ni hay padre que no lo dé hasta por su niño

recién nacido, si se trata de procurarle alguna cosa muy precisa!--Ahora

bien; para que esta cosa muy precisa, Tendida á cuarto, me deje un

cuarto de ganancia, yo necesito: 1.º, que no me cueste nada: 2.º, poder

llevarla á todos los puntos de la Tierra sin gastos de conducción ó de

trasporte; y 3.º, cobrar todos y cada uno de esos cuartos sin descuento

ni quebranto alguno.--Por consiguiente, mi mercancía no ha de ser

física; ha de ser moral.--Siendo moral, no me cuesta nada el adquirirla,

ni el trasportarla, y logro al mismo tiempo simplificar la cobranza de

tal manera, que con hacer cuatro grandes viajes (cosa que deseo

muchísimo) á las cuatro Partes del Mundo que aún no conozco, habré

cobrado los cien millones.--Me explicaré.

Supongamos que digo á los habitantes del Planeta:--«Señores: yo soy

adivino. Yo sé qué día va á acabarse el mundo; y la prueba de que lo sé,

es esta, y esta, y la otra... Sin embargo, yo no se lo diré á nadie, á

menos que cada habitante de la Tierra me pague cuatro maravedís

adelantados. ¿Quién, por un cuarto, no querrá saber con anticipación la

terrible fecha del día del Juicio?--Pues bien: vosotros, europeos,

mandaréis ese cuarto á Madrid, calle de tal, número tantos, para lo cual

podéis reuniros por Municipios, enviar vuestro contingente á las

Capitales de provincia, de las Capitales de Provincia á las Metrópolis,

y de las Metrópolis á mi casa; ó bien podrá partir la iniciativa de los

Gobiernos, adelantándome cada uno la cantidad que corresponda á su

Nación, con arreglo á los habitantes que ésta cuente, imponiendo luego

una capitación de á cuarto por persona, ó inventando un arbitrio nuevo

sobre cualquier operación inocente é imprescindible de la

vida.--Vosotros, africanos, haréis lo mismo en Ceuta: vosotros,

asiáticos, podréis reunir vuestra cuota en Bombay: vosotros, americanos,

en la Habana; y vosotros, habitantes de la Oceanía, girad sobre Manila,

que es ciudad española.»

Esto diría yo á los habitantes de la Tierra.

Con el contingente de Europa, que, según te he indicado, podría cobrar

en mi casa, emprendería el viaje á Ceuta, á Cuba, á Filipinas y á la

India, y al cabo de un par de años me encontraría poseedor de todo mi

dinero y autor de un viaje de circunvalación.--Entonces, ó ya se les

habría olvidado á todos que me habían dado la despreciable cantidad de

un cuarto, ó diría yo para cumplir: «El mundo se acaba dentro de dos

siglos.» ¡Y que fueran á buscarme al terminar el plazo!--Queda, pues,

reducida la dificultad á probar y hacer creer que soy adivino.

--Eso es facil...--murmuró Pepe con acento filosófico.

--¡Y tan facil!--repliqué yo.

--La dificultad... (prosiguió mi amigo aún más filosóficamente): la

dificultad consiste en otras muchas cosas.

--¿En qué cosas?

--Primeramente, en la concurrencia, ó sea en la competencia.--Tan luego

como tú echases á volar el anuncio ó reclamo, y viesen tus prójimos que

el negocio prometía, en cada ciudad del mundo aparecería un prospecto

ofreciendo una edición económica de tu noticia: es decir, que los

kurdos, los mongoles, los japoneses, los hotentotes, los franceses, los

italianos, todos y cada uno de los pueblos á quienes pidieras el

_cuarto_, darían de sí un industrial que ofreciese revelar el día del

fín del mundo _por un ochavo_, ó sea con un 50 por 100 de rebaja. En

segundo lugar, muchos pueblos del globo no tienen todavía moneda. En

tercer lugar, carecen de periódicos y demás medios de publicidad, de

modo que tu proyecto tardaría cuarenta ó cincuenta años en llegar á

conocimiento de todos los hombres. En cuarto lugar, para entenderte con

el género humano entero, necesitarías poseer todos los idiomas del

mundo, ó buscar personas que los poseyeran, lo cual es prácticamente

imposible. En quinto lugar, como tú no tendrías medios de declarar la

guerra á la Nación que te estafase, resultaría que muchos Gobiernos,

sobre todo en los pueblos incultos, harían la cobranza y _se comerían tu

sangre_, como el otro que dice. En sexto lugar...

--¡No te canses, Pepe! (interrumpí yo). Estoy convencido. ¡Ni el hombre

ni la humanidad me darán los cien millones! ¡El hombre, ó sea el inglés,

será sordo á mis argumentos! ¡La humanidad, hostil á mis

intereses!--¡Oh! ¿Dónde está la familia humana? Si todos los pueblos de

la Tierra hablasen una misma lengua y tuviesen tratados aduaneros

mancomunes, ó (lo que sería mejor) no tuviesen aduanas; si en todas

partes fuesen iguales los pesos, las medidas, la moneda, las

costumbres, la forma de gobierno, las modas y las creencias, ¡qué

especulaciones tan grandes, qué negocios tan gigantescos podrían

hacerse! ¡Desde luego, yo les sacaría sin sentir á los hijos de Adán

esos cien millones de reales!

Cosas que fueron: Cuadros de costumbres · 第 38 / 140 题