VII.

La _Casa_, aquella mansión tan sagrada para el patriarca antiguo, para

el ciudadano romano, para el señor feudal, para el árabe; la Casa, arca

santa de los penates, templo de la hospitalidad, tronco de la raza,

altar de la familia, ha desaparecido completamente en las capitales

modernas.

La _Casa_ existe todavía en los pueblos de provincia.

En ellos, nuestra casa es casi siempre nuestra...

En Madrid, casi siempre es del casero.

En provincias, cuando menos, la casa nos alberga veinte, treinta,

cuarenta años seguidos...

En Madrid, se muda de casa todos los meses, ó á más tardar todos los

años.

En provincias, la fisonomía de la casa siempre es igual, simpática,

cariñosa: envejece con nosotros; nos recuerda nuestra vida; conserva

nuestras huellas...

En Madrid, se revoca la fachada todos los años bisiestos, se visten las

habitaciones con ropa limpia, se venden los muebles que consagró nuestro

contacto.

Allí, nos pertenece todo el edificio: el yerboso patio, el corral lleno

de gallinas, la alegre azotea, el profundo pozo, terror de los niños, la

torre monumental, los anchos y frescos cenadores...

Aquí, habitamos medio piso, forrado de papel, partido en tugurios, sin

vistas al cielo, pobre de aire, pobre de luz.

Allí, existe el afecto de la vecindad, término medio entre la amistad y

el parentesco, que enlaza á todas las familias de una misma calle...

¡Aquí, no conocemos al que hace ruido sobre nuestro techo, ni al que se

muere detrás del tabique de nuestra alcoba, y cuyo estertor nos quita el

sueño!

En provincias, todo es recuerdos, todo amor local: en un lado, la

habitación donde nacimos; en otro, la en que murió nuestro hermano; por

una parte, la pieza sin muebles en que jugábamos cuando niños; por otra,

el gabinete en que hicimos los primeros versos...; y, en un sitio dado,

en la cornisa de una columna, en un artesonado antiguo, el nido de

golondrinas, al cual vienen todos los años dos fieles esposos, dos

pájaros de África, á críar una nueva prole...

En Madrid, se desconoce todo esto.

¿Y la chimenea? ¿Y el hogar? ¿Y aquella piedra sacrosanta, fría en el

verano y durante las ausencias, caliente y acariciadora en el

invierno,--en aquellas noches felices que ven la reunión de todos los

hijos en torno de sus padres, pues hay vacaciones en el colegio, y los

casados han acudido con sus pequeñuelos, y los ausentes, los hijos

pródigos, han vuelto al seno de su familia?--¿Y ese hogar?...

decidme... ¿dónde está ese hogar en las casas de la corte?

¿Será un hogar acaso la chimenea francesa, fábrica de bronce, marmol ó

hierro, que se vende en las tiendas al por mayor y al por menor, y hasta

se alquila en caso necesario?

¡La chimenea francesa! ¡He aquí el símbolo de una familia cortesana! ¡He

aquí vuestro hogar, madrileños! ¡Hogar sujeto á la moda; que se vende

cuando está antiguo; que muda de habitación, de calle y de patria:

hogar, en fín (y esto lo dice todo), que se empeña en un día de apuro!

Cosas que fueron: Cuadros de costumbres · 第 28 / 140 题