Han pasado dos horas.
Son las nueve de la noche.
Tengo dinero.
¿Dónde cenaré?
Mis amigos, más felices que yo, olvidarán su soledad en el estruendo de
una orgía.
--«¡La noche es de vino!»--exclamaban hace poco rato.
Yo no he querido ser de la partida.--Yo he atravesado ya, sin ahogarme,
ese mar rojo de la juventud.
--«La noche es de lágrimas»--les he contestado.
Mis tertulias están en los teatros.--¡Los madrileños celebran la
Natividad de Nuestro Señor Jesucristo oyendo disparatar á los
comediantes!
Algunas familias, en las que soy extranjero, me han querido dar la
limosna de su calor doméstico, convidándome á comer,--¡porque ya no
cenamos!...--Pero yo no he ido; yo no quiero eso; yo busco mi cena
pascual, la colación de _Noche-buena_, mi casa, mi familia, mis
tradiciones, mis recuerdos, las antiguas alegrías de mi alma... ¡la
Religión que me enseñaron cuando niño!