Hace muchos años (¡como que yo tenía siete!) que, al oscurecer de un día
de invierno, y después de rezar las tres Ave-Marías al toque de
Oraciones, me dijo mi padre con voz solemne:
--Pedro: esta noche no te acostarás á la misma hora que las gallinas: ya
eres grande, y debes cenar con tus padres y con tus hermanos
mayores.--Esta noche es _Noche-buena_.
Nunca olvidaré el regocijo con que escuché tales palabras.
¡Yo me acostaría tarde!
Dirigí una mirada de desprecio á aquellos de mis hermanos que eran más
pequeños que yo, y me puse á discurrir el modo de contar en la escuela,
después del día de Reyes, aquella primera aventura, aquella primera
calaverada, aquella primera disipación de mi vida.