Los artículos que contiene esta obra no fueron escritos con la previsión
de verlos nunca juntos. Como si fueran pedazos de las entrañas de un
internacionalista, cada uno es hijo de una casualidad, y todos fueron
publicados en tal ó cual periódico, á medida que el autor los iba
escribiendo, no enjuta muchas veces la tinta del original, cuando ya
estaban impresos y eran del dominio público. En cualquier país rico ó no
indiferente, hubiera bastado la favorable acogida que obtuvieron sus
repetidas inserciones en otros periódicos, y el ingenio y originalidad
que revelaban para que algún editor hubiera tratado, en aras de su
propio interés, de convertir al periodista en base de su fortuna, al
propio tiempo que formaba la suya. Pero si Fortuny, Rico, Zamacois y
otros pintores, han encontrado en el extranjero un Goupil para sus
cuadros, aún no han florecido para los escritores de España los Levy,
Dentu y demás inteligentes libreros de vecinas y de luengas tierras, á
pesar de ser el habla de Cervantes la más extendida por ambos
hemisferios, gracias al esfuerzo de nuestros valerosos é intrépidos
progenitores. Trasformado en editor de novelas de á dos cuartos la
entrega, prosigue aún su intrépido camino á través del populoso vulgo el
antiguo publicador de romances de ciego, viniendo á sustituir á esta
literatura en verso, su digna hermana, la que aseguraba hace poco _que
siendo de noche, sin embargo llovía_, y otros milagros por el estilo.
Todavía no ha entrado el público español por eso de comprar un libro de
un tirón, aunque debo decir, en honor á la verdad, que de cada vez se va
operando un saludable trastorno en nuestras rancias y poco civilizadas
costumbres, pues las gentes vanse convenciendo de que más vale comprar
un libro bueno por un duro, que no ir realito á realito, como quien lo
da con miedo, depositando 80 rs. en manos de un editor por otras tantas
entregas, llenas de más dislates que trazos de buril contiene la madera
de los grabados. Gracias á este pordioserismo de la industria librera,
solo el periódico es el punto donde de cuando en cuando, y si lo
permiten los extractos del Congreso ó del Senado, las noticias del
extranjero, de las provincias y de la capital, los anuncios, la bolsa y
algún que otro comunicado, de esos que se pagan bien, es permitido
hacer pinitos literarios á algún escritor de buen gusto, con cuyos
trabajos tendría en Francia, Inglaterra ó Alemania lo bastante para ser
solicitado de editores por todo el resto de su vida, mientras el limón
tuviera jugo, y éste produjera con el laboreo de la industria sendos
capitales para el productor y el industrial.
Escribiendo artículos, pues, ha pasado muchos años el Sr. Alarcon; por
consiguiente, figúrese el público si serán innumerables. Aparte los
políticos, que formarán acaso otro tomo, ha prescindido de centenares de
revistas de Madrid, de críticas de teatros, de folletines, de polémica,
etc., etc., donde, así como Bukingham dejaba caer perlas á su paso, él
tiene desparramadas, entre un estilo siempre bello y facil, profundas
observaciones, peregrinas ocurrencias ó genialidades tan propias y
exclusivas, como encantadoras y felices.--Colecciónanse únicamente aquí
los artículos que tienen algo genérico, los que retratan costumbres, los
didácticos ó los que son literarios por sí mismos.
Para poder apreciarlos en todo lo que valen como estilo, basta leerlos;
mas, para hacerse cargo de las facultades intelectuales de su autor,
unidas á la claridad del juicio ó á la intuición del genio, preciso es
retrotraer la imaginación á la época en que se escribieron.
Hace quince años España continuaba siendo el mismo territorio que hacía
exclamar á Espronceda:
¡Cuán solitaria la nación que un día
poblara inmensa gente:
la nación cuyo imperio se extendía
del Ocaso al Oriente!
Víctima del egoísmo europeo, después de haber herido en medio del
corazón al tirano que oprimía el continente, y desangrada en la guerra
civil, su política exterior era nula, su industria exígua, sus vías de
comunicación vergonzosos anacronismos, y la voz de sus cañones, que
habían atronado al mundo lo mismo en su apogeo que en su agonía, no
había vuelto á resonar desde muchos años. La marina, que iba renaciendo,
estaba virgen y deseaba, para probar sus bríos, las cuestiones que luego
llegaron de Africa, América y Occeanía. No había renacido la pintura
española. Madrid se moría de sed, las zarzuelas levantábanse prepotentes
y pretenciosas, el francés era fiel contraste de los héroes de salones,
no se sospechaba la caida de una monarquía y de un imperio, el poder
temporal sosteníase firme y enhiesto; la Internacional era una profecía
horrible, un fantasma del miedo, y los gérmenes de la disolución social
que hemos visto y que el autor señalaba, no eran, ni mucho menos, datos
seguros para raciocinar con acierto, en medio del desaliento y de la
desesperación que mudos reinaban en las almas.
Era preciso hallarse dotado de gran fé en el arte, de excepcional
inteligencia y de una perspicuidad de juicio admirable, para escribir
entonces esto que va á leerse coleccionado, sin que ninguno de los
sucesos ocurridos sea mentís inexorable de las fantasías del escritor.
Todo lo que este deseaba ó temía se ha verificado ya. La modesta linea,
cuya inauguración describía en el artículo _De Alicante á Valencia_[1],
es una red de ferro-carriles, y los doce años de silencio que median
entre las profecías del autor y la publicación de este libro, son el
cable submarino, el istmo de Suez roto, la perforación del Mont-Cenis,
la caida de Francia, la formación de Italia y de Alemania, la gloria del
Callao, la revolución de España, todo, en fin, lo que antes era un
siglo. Vese, además, en estos artículos el tedio del soltero, su
ardiente afán de descifrar un porvenir que hoy (digna recompensa á
tantas penalidades) es una casa tranquila, una mujer hermosa, pura y
buena, y una familia encantadora. En su estilo bullen la agitación de un
hijo del siglo XIX, la tristeza de un español que no sabe de qué
ufanarse, la angustia de un corazón afectuoso que llora sobre todo lo
que desaparece; que en _La Noche-buena_ clama por el hogar; en _Las
ferias de Madrid_ se resuelve contra esta vida de hotel que vamos
adoptando, gimiendo sobre los muebles profanados ó las reliquias santas,
vendidas al peso, y en el _Mapa poético de España_ conduélese viendo
desaparecer los varios caracteres, trages y costumbres de las
provincias. La cualidad que más revela el autor en este libro, formado,
como las diversas capas geológicas de la tierra, por diversas
influencias é impresiones, es su idoneidad para todos los géneros de
literatura.
Si queréis ver un crítico, más libre de la tutela de los preceptistas
que el eminente Larra, leed los artículos sobre _Fanny_, _Edgar Poe_,
_Los Pobres de Madrid_, _La desvergüenza_, _Las zarzuelas_[2]. En ellos,
más que con el cartabón y la escuadra de los preceptos, hácese la
crítica depurando en un crisol filosófico la esencia moral y social de
las cosas.
Si queréis deleitaros con un espiritualismo lúcido y con un ascetismo
inteligente, los veréis relucir en su _Carta á Castelar_, en _De
Villahermosa á la China_ y en el _Año nuevo_.
Los artículos _Bellas Artes_, _La Ristori_, y el viaje _De Alicante á
Valencia_ son la ejecutoria de un artista.
Como escritor analítico, son muestras de admirable observación y
claridad de percepciones _El pañuelo_, _La fea_, _autopsia_, _A una
máscara_, _Cartas á mis muertos_, etc.
Como estilista sin rival, como personalidad sin parecido en el terreno
de las letras, donde brilla la figura de Alarcon con luz propia y
bellísima, sirven de ejemplos constantes _Las ferias_, _El pañuelo_, los
trozos del _Diario de un madrileño_ y las _Visitas á la marquesa_, donde
hay diálogos, descripciones y discursos que bastan por sí solos á hacer
este libro una joya más de nuestra literatura, y un digno modelo para
los que se dediquen en España á esta forma tan dificil y compleja, tan
sin reglas y sin criterio, como que responde á la manera pública que
tienen de manifestarse cosas tan difíciles de manosear, como el hogar
doméstico, la fiesta de familia, la aventura galante, y todo ese mundo
de acciones individuales que, por medio de la imprenta periódica, tienen
su crítica constante en las columnas de los periódicos.