Inspector D. José del Valle, desde Yanarico, cuanto le pareció
conveniente sobre la necesidad que, habia de repoblar y mantener la
villa de Puno, cuya respuesta recibió en el pueblo de Quiquijana, llena
de lastimosas consideraciones por la situacion en que dejaba el
vireinato de Buenos Aires, y las funestas consecuencias que podian
resultarle por el abandono de aquel pueblo, en cuya atencion le ordenaba
suspendiese la marcha con todas las familias extraidas, para que
quedasen en mejor proporcion de volverlas cuanto antes á su domicilio,
siempre que el Virey de Lima lo aprobase: pero reproduciéndole Orellana
algunas sérias reflexiones que de nuevo le ocurrieron, por hallarse tan
adelantado, le mandó siguiese á la ciudad del Cuzco con toda la gente
que conducia, donde á cada uno se le asignaria algun socorro que
sirviese á su sustento, para hacerles menos dolorosa la situacion
desgraciada en que se hallaban, como efectivamente se verificó,
considerándoles una diaria moderada gratificacion para que pudieran
mantenerse.
En el pueblo de Sicuani halló el Inspector D. José del Valle al Mayor
General, D. Francisco Cuellar, que como queda dicho en su lugar, habia
destacado á la provincia de Carabaya, para que persiguiese y prendiese
al traidor Diego Cristóval Tupac-Amaru, sus sobrinos y á cuantos le
acompañaban. Habian los rebeldes cerrado la comunicacion tan
cuidadosamente, que en todo el tiempo que se mantuvo este oficial
separado, solo llegó á manos del General una carta suya, en que le
decia no habia recibido noticia alguna del estado y situacion en que se
hallaba el ejército: lo que no era estraño, atendida la crueldad de los
sediciosos, quienes en el pueblo de Santiago de Pupuja habian arrestado
á un propio que le dirigia, y le habian cortado las orejas, la nariz y
las manos: cuyo inhumano castigo, divulgado inmediatamente en aquella
provincia, habia intimidado con tanto extremo á todos sus habitantes,
que ninguno queria convenirse á llevar una carta, aunque se le
ofreciesen crecidas sumas por esta diligencia. De forma que, hasta esta
ocasion no pudo saber D. José del Valle el éxito de las activas
diligencias de este oficial, todas infructosas, porque los principales
rebeldes elegian los caminos extraordinarios y extraviados, y con mas
proporciones de ocultarse á la vigilancia del que los perseguia. Tuvo en
su marcha y retirada cuatro acciones gloriosas, en que derrotó á los
insurgentes, causándoles graves y crecidos daños, y acreditando en todas
su pericia militar, y el mas constante anhelo de sacrificarse por el
servicio del Soberano.
Desde que pasó el ejército la raya que divide ambos vireinatos, fué la
desercion de la tropa de milicias, y la de los indios auxiliares de Anta
y Chincheros, tan exhorbitante, que llegó D. José del Valle á recelar
con fundadas razones le abandonasen enteramente en los mayores riesgos,
porque ya no les estimulaba la codicia del saqueo que los habia detenido
en parte hasta entonces. Pero superados tantos obstáculos, penalidades y
trabajos, como le sobrevinieron durante aquella retirada, llegó á la
ciudad del Cuzco, el dia 3 de Julio de 1781, con las pocas tropas que le
habian quedado: diligencia que no pudo verificar Orellana con el
vecindario de Puno, que convoyaba hasta el 5 del mismo, así por la
detencion que habia hecho, como por haberse visto precisado á seguir una
marcha mas lenta, á causa de las dificultades que le ocurrieron, por la
poca comodidad y proporciones de las familias que le seguian.