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Volví a ver al rey niño, más crecido y supe de intimidades de palacio;

por ejemplo, que su pequeña majestad llamaba a sus hermanitas, las dos

infantas hoy yacentes en sus sepulcros del Escorial, a la una _Pitusa_ y

a la otra _Gorriona_. Busqué por todas partes el comunicarme con el alma

de España. Frecuenté a pintores y escultores. Asistí al entierro de

Castelar, escribí sobre el periodismo español, sobre el teatro, sobre

libreros y editores, sobre novelas y novelistas, sobre los académicos,

entre los cuales tenía admiradores y abominadores; escribí de poetas y

de políticos, recogí las últimas impresiones desilusionadas de Núñez de

Arce. Traté al maestro Galdós, tan bueno y tan egregio, estudié la

enseñanza, renové mis coloquios con Menéndez y Pelayo. Hablé de las

flamantes inteligencias que brotaban. Relaté mi amistad con la princesa

Bonaparte, madame Rattazzi. Di mis opiniones sobre la crítica, sobre la

joven aristocracia, sobre las relaciones ibero-americanas, celebré a la

mujer española; y sobre todo, ¡gracias sean dadas a Dios! esparcí entre

la juventud los principios de libertad intelectual y de personalismo

artístico que habían sido la base de nuestra vida nueva en el

pensamiento y el arte de escribir hispano-americanos, y que causaron

allá espanto y enojo entre los intransigentes. La juventud vibrante me

siguió, y hoy muchos de aquellos jóvenes llevan los primeros nombres de

la España literaria. Imposible me sería narrar aquí todas mis peripecias

y aventuras de esa época pasada en la coronada villa; ocuparían todo un

volumen.

Autobiografía Obras Completas Vol. XV · 第 52 / 123 题