CAPÍTULO PRIMERO.

Mientras se hallan así ocupados los atenienses y lacedemonios, los

tebanos, que han sometido ya todas las ciudades de Beocia, avanzan

contra la Fócida, mientras los focidios envían diputados a Lacedemonia

para participarles que si no se les socorre tendrán que someterse a los

tebanos; por lo cual los lacedemonios hacen pasar por mar a la Fócida

al rey Cleómbroto y cuatro cohortes con el contingente aliado[204].

Casi al mismo tiempo el farsalio Polidamante llega de Tesalia para

tratar ciertos asuntos con el gobierno lacedemonio. Era un hombre que

gozaba de brillante reputación en toda la Tesalia; pero en particular

era tenido en su ciudad por tan virtuoso, que los farsalios, a pesar

de sus disensiones, le habían confiado la acrópolis y entregado el

cuidado de la percepción de los impuestos fijados por la ley, para

que dispusiese de los ingresos para los asuntos religiosos y para

otros gastos de la administración; de todo lo cual rendía anualmente

sus cuentas: si le faltaba dinero, lo tomaba de su peculio particular

y se reembolsaba cuando había sobrante en los ingresos. Era además

hospitalario y muy amigo del lujo y la esplendidez, según la costumbre

tesalia. Después que llegó a Lacedemonia habló en estos términos:

«Ciudadanos lacedemonios: soy de tiempo inmemorial y de padre a hijo

vuestro próxeno y bienhechor, y por lo tanto creo poder recurrir a

vosotros cuando se levantan ante mí dificultades y cuando asimismo se

prevén serias complicaciones en Tesalia, para daros conocimiento de

ello. Sin duda habréis oído hablar de Jasón, pues es un hombre de gran

poder y de inmensa fama. Después de haber celebrado conmigo una tregua,

vino a encontrarme y me dijo:

«Polidamante: aunque Farsala tu ciudad quisiera oponérseme, podría

someterla por lo que voy a decirte. Tengo por aliadas las mayores

y más importantes ciudades de la Tesalia, y las he sometido cuando

reunisteis contra mí vuestras fuerzas a las suyas. Sabes también

que tengo a sueldo cerca de seis mil mercenarios, a los cuales

paréceme que ninguna ciudad podría hacer frente, y no porque no

puedan oponérseles igual número de tropas; pero los ejércitos de

las ciudades se componen de hombres de distintas edades, tanto de

gente anciana como de gente que no ha llegado aún a la virilidad,

y además solo un pequeñísimo número en cada ciudad se entrega a

los ejercicios gimnásticos, mientras que no hay uno solo de mis

mercenarios que no sea capaz de soportar las mismas penalidades que

yo.»

»Y a la verdad, Jasón es un hombre muy robusto y que despliega

mucha actividad: cada día somete a una infinidad de pruebas a su

ejército; pónese en armas a su cabeza, ya en los gimnasios, ya en las

expediciones, despide a los mercenarios en quienes apercibe molicie,

pero a los que ve llenos de ardor por las fatigas y los peligros contra

los enemigos, les distingue, dándoles doble, triple y cuádruple sueldo

y otros regalos, cuidándoles en sus enfermedades y honrándoles en sus

funerales: así es que todos estos extranjeros saben que el valor en la

guerra les asegura una vida honrada y opulenta. Me ha contado también,

aunque ya lo sabía por otro conducto, que los maracos, los dólopes y

Alcetas, gobernador de Epiro, le estaban sometidos.

«Pues bien --dijo--; ¿quién podría hacerme temer el más mínimo

obstáculo al someteros? Y sin embargo, dirá cualquiera que no me

conozca, ¿por qué no te diriges, pues, inmediatamente contra los

farsalios? ¿qué aguardas? Pero ¡por Zeus! no lo hago porque me parece

preferible me estéis sometidos voluntariamente que a la fuerza, pues

sometidos por la violencia, procuraríais por todos los medios que se

hallasen a vuestro alcance hacerme todo el daño que pudierais, y yo

desearía os vieseis reducidos a la mayor debilidad; pero si de buen

grado queréis someteros, claro es que ambos buscaremos las ocasiones

en que podamos favorecernos unos a otros.

»Yo bien sé, Polidamante, que tu patria ve solo por tus ojos; así,

pues, si tú procuras que se convierta en aliada mía, te prometo

hacerte después de mí el hombre más importante de Grecia. Escucha

en qué asuntos quisiera darte el primer puesto, y no creas lo que

te digo si tu propio raciocinio no te indica voy acertado en mis

conjeturas. ¿No es verdad (dicho sea entre nosotros) que una vez

me esté sometida Farsala y las ciudades que de ella dependen, me

constituiría fácilmente rey absoluto de toda la Tesalia[205], y

que una vez reunida la Tesalia entera, la caballería ascenderá lo

menos a seis mil hombres y los hoplitas a más de diez mil? Cuando

considero la robustez y valentía de esas tropas, me parece que

sabiendo cuidar de ellas no hay nación alguna que pueda dominar a

los tesalios; y además, siendo la Tesalia un país vasto y formando

las naciones a su alrededor un círculo, así que esté sometida a un

jefe absoluto, las irá dominando una a una. Casi todas las tropas

del país son de excelentes tiradores, por lo cual necesariamente los

peltastas han de ser vencidos por nuestro ejército. No puedo dejar

de aliarme a los beocios y a cuantos pelean contra los lacedemonios,

y seguramente consentirán todos en seguirme si les libro de ellos.

También los atenienses, estoy seguro, harían cuanto pudieran para

adquirir nuestra alianza; pero, sin embargo, no soy de parecer de

entablar relaciones con ellos, pues creo que nos ha de ser más fácil

apoderarnos del dominio marítimo que del terrestre.

»Para que veas si mi cálculo es justo, observa además lo que voy a

decirte. Una vez poseamos Macedonia, de donde los atenienses sacan

la madera de construcción, nos hallaremos en situación de construir

muchas más naves que ellos. Y en cuanto a sus tripulaciones,

¿quién podrá más fácilmente tripular sus naves, los atenienses o

nosotros que tenemos tantos penestes?[206]. En cuanto a lo que se

refiere a poder sostener los gastos, ¿no es natural que nosotros

tengamos más medios; nosotros a quien nuestra misma abundancia nos

permite exportar el trigo, mientras que los atenienses no tienen el

necesario si no lo compran? Y en cuanto a riquezas, es natural que

tengamos más abundancia de plata, puesto que en lugar de tener que

recurrir a pobres islotes, impondremos tributo a todas las naciones

continentales que nos rodean, y que tendrán que someterse desde el

momento en que los tesalios reconozcan a un jefe absoluto. Bien sabes

que el rey de Persia, que saca tributos no de las islas sino del

continente, es el más rico de los hombres. Pues bien, considero más

fácil el someterle a él que a Grecia, pues todos los hombres de dicho

país, menos uno solo, están más ejercitados a la servidumbre que al

valor guerrero, y conozco el género de fuerzas que han puesto en la

última extremidad al rey en la expedición de los griegos con Ciro y

en la de Agesilao.»

»Cuando me hubo dicho esto, contestele que todas sus palabras merecían

reflexionarse; pero que me parecía completamente imposible, sin haber

un motivo para ello, abandonar a los lacedemonios, con los cuales nos

hallamos ligados por la amistad, para unirnos a sus adversarios. Él

alabó mi proceder, y me dijo que desea aún más que sea su amigo, ya que

tales son mis sentimientos, y me encargó venga junto a vosotros para

relataros la verdad de todos estos sucesos, y haceros saber que piensa

marchar contra los farsalios si rechazamos sus proposiciones, por lo

cual me manda os pida refuerzos.

«Y si --añade-- te dan bastantes fuerzas para creerte en situación

de rechazarme, aceptaremos el resultado que dé la guerra; pero si

te parece no te dan bastantes refuerzos, entonces no podrás evitar

los justos reproches de tu patria, en la que has sabido elevarte al

primer puesto.»

»He aquí por qué vengo a visitaros y por qué os relato cuanto he visto

y cuanto él mismo me ha dicho. Ciudadanos lacedemonios: creo que si

nos enviáis fuerzas que parezcan suficientes, no solo a mis ojos,

sino al de todos los tesalios, para combatir a Jasón, las ciudades

abandonarán su partido, pues que todas temen el acrecentamiento del

poder de este hombre. Pero si creéis que algunos neodamodes y algún

hombre vulgar han de bastar para ello, os aconsejo que no os mováis,

pues tenéis que saber os hallaríais en guerra contra un vigor poco

común, contra un general suficientemente precavido para no experimentar

ningún desastre, para prevenir toda sorpresa, para tomar toda clase

de precauciones o vencer por la violencia; que igual partido saca de

la noche que del día, y que cuando quiere ir de prisa sabe almorzar y

comer sin abandonar la marcha; que no se concede descanso hasta que

ha conseguido su objeto y ha llevado a buen fin sus asuntos, a lo

cual ha acostumbrado a cuantos con él están. Cuando después de largas

penalidades han sabido sus soldados llevar a buen término alguno de

sus mandatos, realiza por completo sus deseos; de manera que saben sus

soldados y cuantos están a su alrededor, que de las fatigas nacen las

comodidades, y en cuanto a él, es el hombre más dueño de sus pasiones

que yo conozco; de modo que no da nunca a los placeres el tiempo

necesario para los negocios. Reflexionad, pues, y decidme lo que os sea

conveniente, lo que podéis y lo que queréis hacer.»

Así dijo. Aplazan los lacedemonios su respuesta para más adelante; pero

después de haber consagrado el día siguiente y el otro para reflexionar

sobre la cantidad de cohortes que se hallan ya fuera del país, el

número de tropas que sostienen en las costas de Laconia contra las

correrías de las trirremes atenienses, y en la guerra que sostienen en

las fronteras, contestan que en las circunstancias presentes no pueden

enviarle recursos bastantes, y le animan a que procure arreglar los

negocios del modo que sea más favorable a sus intereses y a los de la

patria.

Polidamante parte, alabando la franqueza de Lacedemonia: ruega a Jasón

no le obligue a entregar la acrópolis de Farsala, a fin de conservarla

para los que se la han confiado; pero le da en garantía sus mismos

hijos, y le asegura procurará que voluntariamente la ciudad entre en

su alianza y contribuya a proclamarle rey absoluto. Cuando se han dado

recíprocas garantías de seguridad, conciertan los farsalios la paz, y

Jasón es reconocido al poco tiempo como tago o jefe absoluto de los

tesalios. Una vez en el poder, fija el número de caballos y de hoplitas

que cada ciudad debe proporcionarle, y reúne de este modo más de ocho

mil caballos, contando con los de los aliados, y eleva hasta veinte mil

el número de sus hoplitas; y en cuanto a sus peltastas, por el número

y ardimiento podían dominar al mundo entero: sería trabajo muy pesado

el enumerar todas las ciudades que suministraban este ejército. También

ordenó a los periecos pagasen el tributo que había sido fijado por

Escopas: tal fue el resultado de estos sucesos. Reanudemos, pues, la

relación de los que interrumpimos para hablar de Jasón.

Las Helénicas; ó, Historia griega desde el año 411 hasta el 362 antes de Jesucristo · 第 39 / 52 题