CAPÍTULO III.

Agesilao acudía desde Asia en auxilio del ejército[133]. Hallábase

en Anfípolis cuando Dercílidas[134] le anuncia la victoria de los

lacedemonios, victoria que les ha costado solo ocho hombres, mientras

han tenido los enemigos gran número de muertos.

--«¿No te parece --le dice Agesilao-- que sería muy conveniente

participar cuanto antes esta noticia a las ciudades que nos han enviado

soldados?

--Ciertamente --responde Dercílidas--, porque esto contribuirá a

aumentar su valor.

--Pero ya que estás aquí, ¿quién mejor que tú puede encargarse de

llevarles esta nueva?»

Dercílidas, que era muy aficionado a los viajes, le oye con gusto y le

dice:

--«Si tú lo ordenas...

--Te lo mando --contesta Agesilao--, y te encargo les digas que si la

fortuna nos es próspera, volveremos a verles conforme les prometimos.»

Dercílidas dirígese entonces al Helesponto, y Agesilao, después de

atravesar Macedonia, llega a Tesalia. Los de Larisa, Cranón, Escotusa

y Farsala, pueblos aliados todos de los beocios, así como los tesalios

que no se hallaban expatriados, le seguían acosándole: hasta entonces

su ejército estaba formado en un gran cuadrado con la mitad de la

caballería a la cabeza y la otra mitad a la cola. Pero como los

tesalios atacan su retaguardia deteniendo su marcha, envía allá toda

la caballería de la vanguardia excepto su guardia personal. Cuando

los dos ejércitos se hallan frente a frente, pareciendo peligroso a

los tesalios combatir a los hoplitas con solo caballería, se retiran

poco a poco. Son perseguidos prudentemente; y Agesilao, conociendo el

error que por ambas partes se comete, envía los vigorosos caballeros

que le acompañan[135] con orden de unirse a los demás y de perseguir

a los enemigos con la mayor prontitud posible sin dejarles tiempo

para rehacerse. Los tesalios, al verse cargados de improviso, no se

vuelven en su mayoría, y los que quieren hacerlo son alcanzados cuando

dan media vuelta sus caballos; mientras, el farsalio Policarmo[136],

comandante de la caballería que combate con denuedo, perece, con

los suyos, después de lo cual los tesalios se declaran en derrota.

Hallan unos la muerte, caen otros prisioneros, y los fugitivos no se

detienen hasta que llegan al monte Nartacio, y elevando Agesilao un

trofeo entre Pras y el monte Nartacio, queda muy satisfecho de haber

derrotado al pueblo más célebre por su caballería, con soldados que él

mismo ha reclutado y formado; al día siguiente atraviesa las montañas

aqueas de la Ftía, y desde entonces no tiene que pasar más que por

países amigos hasta la frontera de Beocia. Cuando iba a franquear dicha

frontera, el sol se muestra bajo la forma de luna[137] y reciben al

mismo tiempo la noticia del desastre naval de Cnido y la muerte del

lacedemonio Pisandro, comandante de las naves. Se le cuenta también

la manera cómo tuvo lugar este combate: junto a Cnido, Farnabazo,

ejerciendo de comandante de las naves, se hallaba al frente de las

trirremes fenicias, delante de las cuales Conón[138] con la flota

griega había dispuesto sus buques; Pisandro se había puesto en orden

de batalla, y cuando se vio cuán inferiores eran en número a los de la

flota griega mandada por Conón, los aliados que se hallaban en el ala

izquierda emprenden la fuga; reducido Pisandro a sus propias fuerzas,

libra combate, pero su trirreme, atravesada en varios puntos por los

espolones de los buques enemigos, tiene que encallar en la costa,

salvándose huyendo la mayor parte de los que estaban con él después

de haber abandonado la nave y refugiándose en Cnido, mientras perece

Pisandro combatiendo en su nave.

Al saber estas noticias experimenta Agesilao grande aflicción, y

reflexionando después que la mayor parte de su ejército se halla

bien dispuesto a pelear, pero que en modo alguno podrá retener a sus

soldados si saben han experimentado los lacedemonios algún desastre,

disimula y les anuncia que Pisandro ha muerto después de haber vencido

en un combate naval. Dicho esto, sacrifica algunos bueyes como en

acción de gracias por la buena nueva y manda a muchos algunos trozos

de las víctimas; de este modo las tropas de Agesilao, gracias al rumor

de la victoria naval de los lacedemonios, quedan vencedoras en una

escaramuza que tiene lugar poco después.

Los enemigos que iban a oponerse a Agesilao se componían de beocios,

atenienses, argivos, corintios, enianos, eubeos y locrios de las

dos regiones[139], mientras que Agesilao tenía consigo la cohorte

lacedemonia que había llegado de Corinto y otra media recién llegada

de Orcómeno, además de con los neodamodes que habían hecho la campaña

de Asia, los mercenarios mandados por Herípidas, las tropas de las

ciudades griegas de aquella misma región y las que había reclutado a su

paso por las de Europa, así como los hoplitas de Orcómeno y de Fócida.

Los peltastas de Agesilao eran mucho más numerosos y el número de los

caballos era casi igual por ambas partes.

Tal era la fuerza de cada uno de los dos ejércitos, cuyo combate voy a

describir[140], pues no ha habido otro igual en nuestra época. Tiene

lugar el encuentro en la llanura cercana a Coronea, viniendo los de

Agesilao del Cefiso y los tebanos del Helicón. Mandaba Agesilao el

ala izquierda y los tebanos en su ejército formaban el ala derecha y

los argivos la izquierda. Iníciase el combate con gran silencio, pero

llegados los tebanos a la distancia de un estadio, arrojan grandes

gritos y avanzan a paso de carga: había entre ellos aún un intervalo

de tres pletros, cuando la falange mercenaria de Agesilao, al mando de

Herípidas y con ella los jonios, eolios y helespontinos, se destacan

del grueso del ejército, y a la carrera ponen en derrota a los tebanos

cuando han llegado al alcance de las picas; los argivos, no pudiendo

resistir el empuje de las tropas de Agesilao huyen hacia el Helicón.

Coronaban ya a Agesilao algunos soldados extranjeros, cuando le

anuncian que los tebanos se han entrado por entre los orcomenios hasta

los bagajes; despliega entonces la falange por medio de una brusca

evolución, se arroja sobre ellos, y los tebanos, viendo que sus aliados

huyen hacia el Helicón, apresuran el paso para alcanzarlos.

Entonces es sin duda alguna cuando muestra Agesilao el valor más

decidido; pero el partido que toma es el más peligroso. Podía haber

dejado pasar al enemigo, que se batía en retirada, y luego, cayendo

sobre él, destrozar su retaguardia, pero no lo hizo, sino por el

contrario, marchó de frente contra los tebanos, que chocando entre

sí los apretados escudos, y combatiendo dan la muerte al par que la

reciben. Finalmente, una parte de los tebanos consigue refugiarse en el

Helicón, pero en la derrota ha perecido gran número de ellos. Después

que está ya la victoria asegurada y que se ha conducido al mismo

Agesilao herido hasta su falange, llegan algunas soldados de a caballo,

preguntándole qué deben hacer con unos ochenta enemigos que se hallan

armados en el templo, y él, cubierto de numerosas heridas, pero sin

olvidar lo que debe a la santidad del lugar, manda se les deje salir en

completa libertad. Después, como ya era tarde, cenan los soldados y se

entregan al descanso.

Al día siguiente, manda Agesilao al polemarca Gilis forme el ejército

y levante un trofeo, se coronen de flores los soldados en honor

del dios y toquen sus instrumentos los flautistas; todo lo cual se

cumple puntualmente. Envían los tebanos sus heraldos, pidiendo una

tregua para recoger los muertos: concédesela Agesilao y se dirige

a Delfos para consagrar al dios la décima parte del botín, que no

bajó de cien talentos. Retírase a la Fócida el polemarca Gilis a la

cabeza del ejército y desde allí invade la Lócrida. Durante el día

los lacedemonios saquean efectos y víveres en las aldeas, pero cuando

llega la noche y quieren retirarse, son perseguidos por los locrios

que les lanzan dardos y flechas: vuélvense los espartanos y tratan de

perseguirles, causando algunas bajas a sus enemigos, pero los locrios,

renunciando desde entonces a acosarles, se contentan con ofenderles

desde lo alto de las colinas; recházanles también los lacedemonios

hasta los lugares más escarpados, y cuando emprenden la retirada,

habiendo cerrado por completo la noche, unos caen por las desigualdades

del terreno, otros porque no pueden ver, y muchos, finalmente, a manos

del enemigo. Halla la muerte, entre otros muchos que le rodean[141],

el polemarca Gilis, así como diez y ocho soldados aplastados por las

piedras o atravesados por los dardos, y si no hubiesen sido socorridos

por los soldados del campamento, después de haber cenado en él, corrían

todos gran riesgo de perecer.

Las Helénicas; ó, Historia griega desde el año 411 hasta el 362 antes de Jesucristo · 第 27 / 52 题