CAPÍTULO IV.

Farnabazo y los enviados conocen los sucesos de Bizancio en Gordio[35],

ciudad de Frigia, donde pasan el invierno; al comenzar la primavera[36]

se dirigen hacia el rey, encontrando en su marcha la embajada

lacedemonia, compuesta de Beocio y de otros mensajeros, los cuales les

participan que los espartanos han alcanzado del rey cuanto pedían.

Encuentran asimismo a Ciro, que había recibido el mando de todas

las provincias marítimas, y que debía auxiliar a los lacedemonios,

quien les enseña una carta con el sello real dirigida a todos los

habitantes del Asia inferior, y en la que se decía: «Envío a Ciro

como _cárano_[37] de los pueblos que se reúnen en el Castolo»[38].

Cárano quiere decir Señor. Los diputados atenienses, al conocer estas

órdenes, y después de haber visto a Ciro, desean aún más vivamente

dirigirse hacia el rey, y si no, regresar a su patria; pero Ciro ordena

a Farnabazo que le entregue los diputados, o que les impida a lo menos

volver a su patria, no queriendo que los atenienses conociesen cuanto

había sucedido. Farnabazo los retuvo todo el tiempo necesario, diciendo

unas veces iba a llevarles ante el rey, y otras que les enviaría a

Atenas, a fin de que nada pudiesen reprocharle; pero al cabo de tres

años suplica a Ciro les deje en libertad, representándole había jurado

volver a conducirles hasta el mar, si no les llevaba ante el rey; por

lo cual son enviados a Ariobarzanes[39] con la orden de conducirles

a la costa, y este les lleva a Cíos en Misia, de donde, por mar, se

reúnen a su ejército.

Queriendo Alcibíades volver con sus tropas a Atenas, se hace a la vela

directamente hacia Samos, de donde, tomando veinte naves, entra en el

golfo Cerámico de Caria y regresa de nuevo a aquella ciudad después de

haber exigido veinte talentos a estas comarcas. Trasíbulo, con treinta

buques, se dirige a Tracia, donde somete las plazas que habían sido

tomadas por los lacedemonios, y entre otras Tasos, que había sido

devastada por la guerra, las sublevaciones y el hambre. Trasilo llega a

Atenas con el resto del ejército, y antes de su llegada habían elegido

los atenienses tres generales: Alcibíades, desterrado; Trasíbulo,

ausente, y Conón, que se hallaba en la ciudad.

Alcibíades, con sus veinte trirremes y el dinero recogido, parte de

Samos, dirigiéndose a Paros, de donde marcha directamente a Gitio[40]

para vigilar las treinta trirremes que sabía preparaban allí los

lacedemonios, y para cerciorarse del modo que sería recibido a su

vuelta a Atenas. Después que conoció le era favorable la población, que

se le ha elegido general, y que especialmente sus amigos le incitan

a que regrese, entra en el Pireo el día en que la ciudad celebraba

las Plinterias[41], en las cuales se cubre con un velo la estatua de

Minerva Atenea, cosa que consideraron algunos como infausta para él y

para la ciudad, puesto que en aquel día ningún ateniense se atrevía a

emprender cosa alguna seria. Al desembarcar en el Pireo, la muchedumbre

de este y de la ciudad se aglomera alrededor de las naves para admirar

y ver a aquel Alcibíades que aseguran muchos es el mejor de todos los

ciudadanos, y el único, dicen, que ha mostrado la injusticia de su

destierro. Él es la víctima de muchos que le son inferiores y a quienes

aplastaba con su elocuencia, porque su política no tenía otro objeto

que el interés personal, mientras que él, por el contrario, tendió

siempre a aumentar el bien común con el simultáneo empleo de sus

propios recursos y de los de la ciudad; cuando ha querido ser juzgado

sin dilación alguna de la acusación contra él dirigida como profanador

de los misterios, sus enemigos han conseguido se desechase una súplica

que tan justa parecía, y durante su ausencia le han hecho desterrar

de su patria; entonces, esclavo de la necesidad, se ha visto obligado

a servir a sus enemigos más crueles, expuesto cada día a perder su

vida, y viendo a sus más íntimos amigos, a sus parientes, a sus

conciudadanos y a la ciudad entera cometer grandes faltas, sin poder

serles de ninguna utilidad a causa de su destierro; no deben temerse

las revoluciones ni las sublevaciones de hombres como él, añaden,

puesto que la popularidad le coloca encima de todos los de su edad y le

iguala a los que son más ancianos, mientras sus enemigos continúan a

estar dispuestos, como antes, a hacer perecer a los mejores ciudadanos,

así que puedan verificarlo impunemente, por lo cual quedarán solos en

su patria, ya que, apartados los ciudadanos que valen más que ellos,

deberá el pueblo necesariamente contentarse con los que queden.[42]

El partido opuesto a Alcibíades aseguraba era este la única causa de

todas las calamidades públicas que se habían experimentado, y que había

el peligro de que este general atrajese a la ciudad por sí solo, todos

los funestos resultados que eran de temer.

Alcibíades, después de haber entrado en el puerto, no desembarca en

seguida por temor a sus enemigos, pero quedándose sobre el puente,

procura distinguir a sus amigos, viendo a su primo Euriptólemo, hijo

de Pisianacte y a sus restantes parientes y amigos, desembarca y se

dirige a la ciudad con esta escolta, preparada a rechazar cualquier

ataque que contra él se intente. En el senado y en la asamblea se

defiende de la profanación, diciendo ha sido víctima de una injusticia,

y después de haber presentado varias razones del mismo género, sin

que nadie le replique, pues no lo hubiera tolerado la asamblea, por

unanimidad es proclamado generalísimo, con amplias facultades, como el

único capaz de recuperar para la república su antiguo poderío; hace

salir inmediatamente todas las tropas a fin de que la procesión de los

Misterios pueda celebrarse por su trayecto acostumbrado por tierra[43],

ya que a causa de la guerra había tenido que hacerse por mar, y después

levanta un ejército de mil quinientos hoplitas, ciento cincuenta

caballos y cien naves.

Tres meses después de su regreso, se embarca en dirección a Andros,

que se había separado de la alianza ateniense, designándosele como

generales adjuntos de las tropas de tierra, a Aristócrates y Adimanto,

hijo de Leucolófides. Desembarca Alcibíades su ejército en Gaurio, que

está en la isla de Andros; pone en fuga a los andrios, que se habían

dirigido a su encuentro, y después de haberles causado muchas bajas,

los encierra en los muros con los lacedemonios que estaban con ellos.

Levanta después un trofeo, y pasados algunos días, se dirige hacia

Samos donde principia las hostilidades.

Las Helénicas; ó, Historia griega desde el año 411 hasta el 362 antes de Jesucristo · 第 9 / 52 题