PINTOR FLORENTINO

_I. Barcelon lo g.ó_]

VIDA

DE LEONARDO DE VINCI,

_ESCRITA_

POR RAFAEL DU FRESNE.

Si la nobleza de sangre, que es solo una cosa imaginaria, hace tal

distincion entre los hombres que exâlta á los unos sobre los otros,

¿quién podrá dudar que la nobleza del ánimo, que consiste en la virtud

efectiva, y reside en la parte que trae su origen del Cielo, no es

capaz de ensalzar al hombre desde el estado mas ínfimo hasta los

confines de la divinidad? Adornado Leonardo de Vinci con esta verdadera

y mas esclarecida nobleza, pudo igualarse en la gloria y el honor á los

hombres mas grandes de su siglo, y elevándose sobre la baxeza de su

cuna, vivir, tratar y morir al lado de los Reyes y Príncipes soberanos,

y dexar su nombre (prerogativa concedida á pocos) vinculado á la

inmortalidad.

Nació Leonardo de Vinci en un lugar llamado Vinci, situado en el valle

de Arno, mas abaxo, aunque no muy distante de Florencia; y su padre se

llamó Pedro de Vinci. Este, advirtiendo la natural inclinacion de su

hijo, que entre las ocupaciones de sus estudios siempre se aplicaba á

dibuxar, resolvió coadyuvar á su propension y llevarle á Florencia, en

donde le puso baxo la direccion de Andres Verrochio, Pintor de alguna

reputacion en aquel tiempo. Admirado Verrochio del ingenio de aquel

jóven, formó de él el concepto que tanto acreditó despues el tiempo;

y recibiéndolo por su discípulo, prometió á Pedro de Vinci instruir

á su hijo con el cuidado y esmero que debia inspirarle la estrecha

amistad que entre ambos reynaba, y segun lo merecian, á su parecer, las

agradables modales y costumbres de Leonardo. Como Verrochio era, ademas

de Pintor, Escultor y Arquitecto, Tallista y Platero, aprendió Leonardo

en su escuela no solo á pintar, sino tambien todas las otras artes que

tenian conexîon con el dibuxo: en las que se adelantó tanto, que en

poco tiempo dexó atrás á su propio Maestro. De éste se lee que estando

haciendo un quadro para los Religiosos de Valumbrosa que están en S.

Salvi, cuyo asunto era S. Juan bautizando á Jesu-Christo, quiso que le

ayudase Leonardo, y le mandó dar el colorido á un Angel que tenia en

las manos unas vestiduras. Cumplió Leonardo el encargo de Verrochio

con tanta maestría, que excedia su obra considerablemente á lo demas

del quadro; y todos unánimes convinieron que nada podia igualar á la

belleza del Angel. Quedó avergonzado Verrochio viéndose superado de

un discípulo suyo tan jóven, y enfurecido contra sus pinceles, jamas

volvió á manejar colores, despidiéndose para siempre de la Pintura.

Luego que salió de su escuela Leonardo, ya en edad de poderse dirigir

por sí mismo, hizo en Florencia aquellas obras que refiere el Vasari,

que son el carton del Adan y Eva para el Rey de Portugal, quando

cometieron el pecado en el Paraíso; en el qual, ademas de las dos

figuras, pintó de claro y obscuro con increible paciencia y diligencia

los árboles y plantas. A instancias de su padre hizo para un labrador

de Vinci, amigo de éste, en una rodela de palo de higuera una

composicion tan extraña de animales diversos, como sierpes, lagartos,

grillos y langostas, que formando de todos ellos un solo monstruo,

parecia tan horrible y espantoso, que como si fuese la cabeza de

Medusa, pasmaba á quien lo miraba. Pero juzgando el padre que una

obra como ésta no merecia estar en manos de un labrador, la vendió

á unos Mercaderes, de quienes la compró luego el Duque de Milan por

trescientos ducados. Pintó un quadro con una Ntra. Señora hermosísima,

y entre otras cosas representó un frasco lleno de agua con algunas

flores dentro, sobre las quales pintó con admirable artificio el

rocío; cuya obra paró luego en poder del Papa Clemente VII. Hace

mencion tambien el Vasari de un dibuxo que hizo Leonardo en un papel

para un íntimo amigo suyo llamado Segni, en el qual representó con

extraordinaria invencion y con su acostumbrado primor al Dios Neptuno

en medio del mar agitado en su carro tirado de caballos marinos, y

acompañado de monstruosos peces, Tritones y otras cosas imaginarias que

le parecieron á propósito en aquel asunto.

Aqui observarémos que aunque Leonardo supo muy bien en lo que

consistia aquella divina proporcion que es madre de la belleza, tanto

que la gracia de sus figuras inspiraba amor á quien las miraba; no

obstante se aficionó de tal suerte á pintar cosas extravagantes y

ridiculizadas, que si veía por casualidad á algun hombre del campo con

fisonomía extraordinaria y rara, de modo que tocase en lo ridículo,

lo iria siguiendo un dia entero embelesado con la particularidad de

aquel obgeto, hasta que concibiendo una idea idéntica de aquella

cara, volvia á su casa, y la retrataba como si la tuviese presente.

Y dice Paulo Lomazo en su libro 6.º de la Pintura que en su tiempo

tenia Aurelio Lovino cincuenta cabezas de estas dibuxadas en un

libro de mano de Vinci. Por éste estilo está pintado el quadro que

hay en París, y se conserva entre otros muchos en el Palacio de las

_Tuilleries_ al cuidado de Mr. Le Maire, Pintor, como todos saben,

de no muy comun habilidad, que representa á dos ginetes en accion de

arrebatar violentamente á otros dos una bandera: éste grupo componia

parte de una obra mucho mayor que era el carton que hizo para el salon

del Palacio de Florencia, como adelante se dirá, y por su hermosura

lo pintó en pequeño con sumo gusto y aficion: y ademas del fuego de

los caballos y la bizarría de los trages se ven las cabezas de los

combatientes con semblante tan furioso, tan ardiente y colérico, y con

ademan tan extraordinario y particular, y (como suele decirse) con tal

_caricatura_, que al mismo tiempo causan espanto y risa á quien los

mira.

Volviendo á las primeras obras de Leonardo, dice el Vasari que empezó

la cabeza de Medusa en un quadro al óleo de extraña invencion, la qual

quedó sin concluir. Empezó tambien una adoracion de los Reyes Magos en

que habia algunas cabezas bellísimas; pero jamas la concluyó, como por

lo comun sucedia á todas sus obras: porque como era hombre de infinitas

noticias y bellas ideas, vivísimo por naturaleza, y de un ingenio muy

fecundo, lo mismo era dar principio á una obra, que ya le venia al

pensamiento el emprender otra. Ademas del arte de la Pintura, de que

hacia profesion con tanto esmero y diligencia, se aplicaba tambien á la

Escultura, y modelaba con perfeccion. Era excelente Geómetra, y en la

Mecánica siempre andaba ideando nuevas máquinas de que fue inventor.

Era muy inteligente en la Arquitectura, y nadie le aventajaba en la

Perspectiva ni en la Optica. Estudió tambien las propiedades de las

yerbas; y penetrando su ingenio hasta los Cielos, se aplicó á la

Astronomía, é hizo varias observaciones acerca del movimiento de las

estrellas. En la Música se adelantó admirablemente, y llegó á cantar y

tañer con tal destreza, que excedió á todos los Músicos de su tiempo; y

para que no le faltase habilidad alguna, con el mismo furor que Apolo

le inspiró para la Pintura y Música, le favoreció para la Poesía;

pero habiéndose perdido todas sus composiciones métricas, solo nos ha

quedado el siguiente Soneto moral.

Chi non può quel che vuol, quel che può voglia,

Che quel che non si può, folle è volere,

Adunque saggio è l’huomo da tenere

Che da quel che non può suo voler toglia.

Però ch’ogni diletto nostro e doglia

Stà in si, e no, saper, voler, potere,

Adunque quel sol può che co’l dovere

Ne trahe la ragion fuor di sua soglia.

Ne sempre è da voler quel che l’huom puote,

Spesso par dolce quel che torna amaro;

Piansi già quel ch’io volsi, poi ch’io l’hebbi.

Adunque, tu lettor di queste note,

S’a te vuoi esser buono, e a gl’altri caro,

Vogli sempre poter quel che tu debbi.

Tambien se exercitaba en otras varias habilidades, porque era en

extremo aficionado á los caballos, que manejaba con primor; y siendo

igual la agilidad y robustez de sus miembros á la gallardía de su

presencia y á la gracia de sus acciones, consiguió superior destreza

en la esgrima. Pero sobre todo gustaba de conversar con sus amigos, y

tenia tal atractivo en su trato, y tanta felicidad y urbanidad para

explicarse, que arrastraba tras sí el ánimo de quien le escuchaba.

Un número tan no visto de prendas, y un caudal tan grande de ciencia

hizo resonar el nombre de Leonardo por toda Italia, y movió á Ludovico

Sforcia, llamado el Moro, favorecedor de todos los hombres de talento

con quienes mostró muy bien su liberalidad, á proponerle que fuese á

Milan, señalándole quinientos escudos de renta al año. Lo primero que

hizo aquel Príncipe fue crear una Academia de Arquitectura, en la que

introduxo á Leonardo, quien aboliendo desde luego el modo de fabricar

á la Gótica, establecido en aquella Ciudad cien años antes baxo la

direccion de Michêlino, abrió el camino para que volviese éste arte á

su primitiva y antigua pureza. Ocupóse por órden de dicho Príncipe en

la conduccion de las aguas del Ada hasta Milan, formando aquel canal

navegable que vulgarmente llaman el _navio de Mortesana_, á quien se

le agrega un rio tambien navegable por espacio de mas de doscientas

millas hasta los valles de _Chîavena_ y _Valtelina_. La empresa era

tan dificil como importante, y digna del sublime ingenio de Leonardo,

por la noble emulacion que causaba el gran canal que doscientos años

antes se hizo en tiempo que era República Milan, á la otra parte de

la Ciudad, en cuyas aguas que toma del rio Tesino, se navega hasta

Milan, y con ellas se riega toda la campiña. Venció Leonardo todas las

dificultades que se suscitaron, y por medio de muchas esclusas hizo

navegar con toda seguridad los barcos por montes y valles.

No contento el Príncipe con los beneficios que hizo al Estado Leonardo

como Arquitecto y como Ingeniero, quiso tambien que lo adornase como

Pintor con alguna obra primorosa de su mano. Mandóle, pues, que en el

refectorio de los PP. Dominicos de Sta. Maria de Gracia pintase la

Cena de Jesu-Christo con los Apóstoles, cuyo asunto desempeñó Leonardo

con tanta excelencia, que se miró luego como un milagro del arte. En

efecto apuró en ésta pintura los primores del pincel de tal modo, que

todos á una voz confiesan que nada puede aventajarla ni en dibuxo, ni

en expresion, ni en diligencia, ni en colorido. Y en especial pintó con

tanta belleza las cabezas de los Apóstoles, particularmente la de ambos

Jacobos, que al llegar á la de Jesu-Christo, viendo que no era posible

darla mayor perfeccion, enfadado la dexó en bosquexo.

Parecíale al Prior del Convento que duraba mucho la obra del quadro, y

se quexó varias veces á Leonardo de su tardanza, y aun al mismo Duque,

quien hablando con Leonardo de ello, supo que solo faltaba para la

total conclusion acabar la cabeza de Christo y la de Judas; pero como

no podia formar una idea justa de la infinita belleza del Hijo de Dios,

no le era posible expresarla con el pincel. La cabeza de Judas, añadió

Leonardo, como que es hijo del Infierno la tengo ya en el pensamiento,

y no dexa de subministrarme idea para ella el gesto de este Frayle, que

tan groseramente nos ha importunado á ambos.

Executó con mucha felicidad la expresion de la sospecha que

concibieron los Apóstoles de querer saber quien era el que habia

vendido á su Maestro, segun escribe el Vasari, y dice Lomazo (que

tenia ésta pintura tan presente, como que habia hecho una copia de

ella para San Bernabé de Milan) que en cada rostro se advertia la

admiracion, el espanto, el dolor, la sospecha, el amor y otros varios

afectos que agitaban sin duda entonces el corazon de los discípulos;

y en Judas se notaba la traycion que maquinaba con un rostro propio

de un facineroso. Esto da á entender lo bien que sabía Leonardo las

diferentes alteraciones que causa en el cuerpo la agitacion del ánimo,

que es lo mas delicado y dificultoso del arte, y por consiguiente lo

menos practicado. Era ésta obra digna de permanecer para siempre;

pero estando pintada al óleo en una pared húmeda, duró muy poco: de

modo que hoy se halla casi del todo destruida. Quando Francisco I

fue á Milan, quiso que se buscaran todos los medios posibles para

llevarla á Francia, y enriquecer con ella aquel Reyno; pero como la

pared en que estaba era muy gruesa, y tenia de alto y de ancho treinta

pies, salieron inútiles todas las tentativas. Es verosimil que éste

Monarca mandase sacar alguna copia, y tal vez será la que hoy se ve

en la Parroquial de San German, clavada en la pared á mano izquierda,

conforme se entra en la Iglesia por la puerta del mediodia. En el mismo

refectorio en donde pintó la Cena Leonardo, retrató del tamaño natural

al Duque Ludovico, y á la Duquesa Beatriz su esposa de rodillas, y

delante de ellos sus hijos, y á la otra parte un Crucifixo. Pintó

tambien un nacimiento en una tabla para un Altar por mandado del mismo

Duque, cuyo quadro se regaló luego al Emperador.

Entre las varias ocupaciones de Leonardo durante su mansion en Milan,

fue de mucha importancia el estudio que hizo de la Anatomía, en cuya

ciencia, con el auxílio de Marco Antonio de la Torre, Catedrático de

ésta facultad en Pavia, adquirió un gran conocimiento, y dibuxó un

quaderno de figuras anatómicas, que vino á parar despues en manos de

su discípulo Francisco Melzi. Dibuxó tambien para un cierto Gentil

Borri, Maestro de esgrima, de cuya habilidad se preciaba igualmente

Leonardo, un libro entero de figuras batallando á pie y á caballo, en

donde estaban expresadas las reglas de la verdadera destreza. Escribió

tambien para el adelantamiento de su Academia de Milan varias obras

sobre diversas materias que estuvieron olvidadas mucho tiempo, y

enteramente desconocidas en la familia de los Melzis en su casa del

_Vávero_, y luego fueron á poder de varios sugetos, como acaece á casi

todos los libros; porque un tal Lélio Gavardi d’ Asola, Prepósito

de S. Zeno de Pavia, pariente cercano de Aldo Manucio que enseñaba

las letras humanas á dichos sugetos, como entraba con freqüencia en

la casa, tomó trece volúmenes, y se los llevó á Florencia con la

esperanza de que el Gran Duque se los compraria á muy alto precio.

Pero habiendo muerto éste Príncipe por aquel tiempo, marchó Gavardi á

Pisa, y hallando alli á Juan Ambrosio Mazenta, Caballero Milanes que

estaba estudiando, escrupulizó de tener en su poder aquellos libros,

y le suplicó los restituyese á los Melzis quando volviese á Milan.

Hízolo asi; pero marabillándose Oracio Melzi, cabeza de la familia, de

la escrupulosidad de uno y otro, se los regaló á Juan Ambrosio, quien

los conservó en su casa. Gloriábanse los Mazentas de ésta posesion, y

los enseñaban á todos; y habiendo dicho á Melzi Pompeyo Leoni, Escultor

del Rey de España, lo mucho que valian aquellos libros, le prometió que

lograria muchos honores y gracias, si recuperándolos se los regalaba

al Sr. Felipe II. Movido Melzi con ésta esperanza pidió con la mayor

sumision á Güido Mazenta hermano de Juan Ambrosio, le volviera aquellos

libros del Vinci. Dióle siete de ellos Mazenta, y se quedó con seis,

uno de los quales lo regaló al Cardenal Borromeo para la Biblioteca

Ambrosiana, y otro á Ambrosio Figgini, quien lo dexó al tiempo de morir

á su heredero Hércules Bianchî. Carlos Emanuel Duque de Saboya tuvo

otro de estos libros, y los otros tres fueron á poder de Pompeyo Leoni

por muerte del referido Güido; y Leoni los dexó á su heredero Cleodoro

Calchî, quien los vendió por trescientos escudos á Galeazo Leonato.

Solía Leonardo retirarse á la casa de campo de Vávero quando queria

filosofar, ó aplicarse á alguna cosa seria; y es constante que vivió

alli mucho tiempo en compañía de Francisco Melzi su discípulo. Abaxo se

pondrá un índice de las obras que escribió.

Despues de la muerte del Moro, acaecida en el año 1500, á quien

llevaron prisionero á Francia, en donde murió en la torre de _Loces_,

con motivo de las guerras que se originaron, se entibió mucho en Milan

el estudio de las bellas Artes, y fue deshaciéndose poco á poco la

Academia establecida, en la qual habian salido sobresalientes en la

Pintura Francisco Melzi, Cesar Sesto, Bernardo Lovino, Andrea Salaino,

Marco Vegioni, Antonio Boltrafio, Paulo Lomazo y otros Milaneses, que

todos seguian la escuela de Vinci; de tal manera que muchas veces no

solo entonces, sino tambien ahora se estimaron y vendieron muchas obras

suyas por de Leonardo, especialmente las de Sesto y Lovino, que fueron

los que mas imitaron la manera de su Maestro. Con todo hubiera sin duda

sobrepujado á los demas Lomazo, si no le hubiera faltado la vista en

lo mas florido de su edad, como lo habia ya predicho Gerónimo Cardano:

y ya que no podia dedicarse á la pintura con la mano, se dedicó con el

entendimiento, y siendo ciego compuso aquellos libros tan estimados de

los que tienen vista, en los que á cada paso propone á Vinci como idea

de un verdadero y perfecto Pintor.

Quando pasó á Milan Luis XII Rey de Francia, (que fue un año antes de

la prision del Moro) habiendo suplicado á Vinci los sugetos principales

de la Ciudad, que inventase alguna máquina extraña y magnífica para

cortejar y obsequiar á aquel Príncipe, hizo un Leon con tal arte, que

despues de haber dado muchos pasos por sí en una sala, se paró delante

del Rey, y luego abriéndose él mismo el pecho, arrojó una infinidad de

lises de que estaba lleno. En las obras de Lomazo, lib. 2.º cap. 1.º

se lee que esto lo hizo para Francisco I, pero fue error del copiante;

porque quando éste Monarca entró en Milan fue el año 1515, en cuyo

tiempo estaba Leonardo en Roma, como mas abaxo se verá.

Las revoluciones de Lombardía y las desgracias de los Sforcias,

protectores de Leonardo, le obligaron á dexar á Milan y volverse á su

patria Florencia, en donde lo primero que hizo fue aquel carton de la

Virgen con Jesu-Christo, Sta. Ana y S. Juan, que para verle corria á

gran priesa el pueblo. Este carton lo llevó Leonardo á Francia, donde

quiso el Rey que le diese el colorido. Despues hizo el retrato de Lisa,

muger de Francisco Giocondo que generalmente llamaban la _Gioconda_, y

se halla en Fontainebleau junto con otros muchos quadros de estimacion,

por haberlo comprado Francisco I en quatro mil escudos. Dicen que

tardó Leonardo quatro años en concluir éste retrato, y aun quedó sin

acabar del todo; porque era de tan delicado gusto y de un ingenio

tan sutil, que para llegar á la verdad de la naturaleza, buscaba

siempre excelencia sobre excelencia, y perfeccion sobre perfeccion,

y no contentándose nunca con lo que habia hecho por bello que fuese,

procuraba adelantar siempre mas y mas. Mientras que pintaba éste

retrato hacia que hubiese al rededor de Lisa gentes con instrumentos de

Música cantando con algazara para que siempre estuviese alegre, y no la

sucediera lo que regularmente acaece en todos los retratos que están

melancólicos. Y en efecto en el semblante de éste se advierte un gesto

tan alegre, que, como dice Vasari, mas parece á la vista cosa divina

que humana. Hay tambien en Fontainebleau otro retrato de mano de Vinci

que dicen que es de una Marquesa de Mantua. Es tambien hermosísimo el

de Ginebra de Amerigo Benci, doncella de singular belleza en aquellos

tiempos. No se debe omitir la Flora que pintó con tan admirable

suavidad y con ademan tan divino, la qual se conserva en París en poder

de un particular.

Debiéndose adornar la sala del Consejo en Florencia ácia el año 1503,

se eligió por decreto público á Leonardo para que la pintara. Para

éste efecto hizo un carton con delicado arte y graciosa expresion que

representaba una historia de Piccino. Empezó á pintar la obra al

óleo, y quando ya llevaba la mitad advirtió que por haber puesto una

imprimacion muy fuerte saltaba todo el color de la pared, y dexó el

trabajo.

En aquel tiempo, que fue en el Pontificado de Pio III, y no del segundo

como dice Vasari, Rafael de Urbino que apenas tenia veinte años, y

acababa de salir de la escuela de Pedro Perugino, deseoso de ver aquel

tan famoso carton, y llevado del renombre de Vinci (que entonces tenia

ya cumplidos sesenta años) marchó por la primera vez á Florencia. Quedó

pasmado á vista de las obras de Leonardo, y ellas fueron sin duda aquel

poderoso estímulo que le obligó á volar con tanta rapidez á la cumbre

de la perfeccion del arte, que despues fue mirado y reverenciado de

todos como el Dios de la Pintura, dexando desde entonces la manera

seca y dura del Perugino para pasar á la morbidez y ternura de Vinci.

Tambien presenció el jóven Rafael las historias que motivaron despues

aquella tan grande enemistad entre Vinci y Miguel Angel Buonarrota,

que entonces tenia veinte y nueve años, y por órden del Gobierno

habia hecho otro carton para la otra fachada de la mencionada sala

del Consejo, y representó en él la guerra de Pisa con varia multitud

de desnudos hechos á emulacion de Vinci. Permaneció éste en Florencia

hasta el año 1513, y pintó varias obras. Francisco Bochi en el libro

que escribió de las bellezas de Florencia hace mencion de un quadro

que en su tiempo estaba en poder de Mateo y Juan Bautista Botti, en

donde habia pintada una Ntra. Señora con suma diligencia y artificio, y

el Niño Jesus en los brazos prodigiosamente hermoso, que levantaba la

cabeza con mucha gracia. Borghini dice que en casa de Camilo de Albizi

habia una estupenda cabeza del Bautista de mano de Vinci.

Elevado Leon X al sumo Pontificado, en quien era hereditario el amor

á las Artes en especial á la Pintura, acudió Leonardo á Roma para

ofrecer sus respetos á aquel Príncipe, verdadero Mecenas de los hombres

hábiles. Mandóle pintar una tabla; y cuenta el Vasari que habiendo

empezado Vinci con gran priesa á destilar aceytes y preparar barnices,

dixo Leon X que no se podia esperar nada de quien al instante miraba

á los fines sin considerar los medios de una obra. Otras muchas cosas

indignas de la sublimidad del ingenio de Vinci cuenta Vasari, las

quales deben tenerse por sospechosas por referirlas un apasionado tan

acérrimo de Miguel Angel, el qual, como ya se ha dicho, era enemigo

declarado de Vinci, y se entretenia en quitarle la reputacion con

cuentos y burlas que inventaba. Hallábase Vinci sumamente disgustado

con aquel ódio tan implacable, y viendo que le llamaba á su Reyno

Francisco I, que se habia enamorado de sus pinturas quando estuvo en

Milan, se resolvió á pesar de su avanzada edad, pues pasaba de setenta

años, á abrazar un partido tan ventajoso y glorioso para él, y tomó el

camino de Francia.

Sumo gusto recibió Francisco I viéndose dueño de un profesor tan hábil,

como estimado y deseado; y aunque apenas podia ya trabajar por sus

muchos años, fue no obstante siempre acariciado sumamente del Rey. Bien

sabido es que habiendo estado enfermo muchos meses en Fontainebleau,

fue el mismo Rey á visitarle; y queriendo Vinci, movido del respeto,

incorporarse en el lecho y referirle su mal, le sobrevino un accidente,

de lo qual enternecido el Monarca le sostuvo con la mano la cabeza, y

Leonardo admirado de un favor tan extraordinario, espiró en sus brazos

á los setenta y cinco años de su edad con mucha mas gloria que ningun

Pintor, si es verdad que una buena y honrosa muerte da honor á toda la

vida.

Fue Leonardo de Vinci muy hermoso de cuerpo, como ya se ha dicho: su

juventud la pasó con descuido filosófico; de modo que se dexó crecer la

barba y cabello, y parecia un Hermes ó un Drúida antiguo. Nunca quiso

casarse, y si alguna vez tuvo esposa, como dice un Pintor, lo fue sin

duda el arte de la Pintura, y sus obras sus hijos. Estas se hallan

dispersas en varias partes, porque muchas de ellas las tiene el Gran

Duque de Florencia, y otras varias las he visto en Inglaterra. En la

Idea del Templo de la Pintura de Paulo Lomazo se hace mencion al cap.

33 de una Concepcion de la Virgen Santísima que pintó para la Iglesia

de San Francisco de Milan; y en la Biblioteca Ambrosiana de la misma

Ciudad hay muchos dibuxos y pinturas de su mano.

En París en el Palacio del Cardenal se ve una Ntra. Señora suya sentada

en el regazo de Sta. Ana, y en los brazos tiene al Niño Jesus que está

jugando con una ovejita. El pais que sirve de campo á éste quadro es

bellísimo; pero la cabeza de la Virgen quedó sin concluir. El Cardenal

Richelieu tenia una Herodías de singular hermosura; y el S. Juan en el

desierto, figura de cuerpo entero que está en Fontainebleau, y otro

quadro de la Virgen con el Niño y S. Juan, y un Angel de admirable

belleza, todos en un pais, son obras dignas de observacion. En el

gabinete del Marques de Sourdis en París hay tambien otra Virgen muy

buena del mismo autor.

Mr. de Ciarmois, Secretario del Mariscal de Schemberg, Caballero de

insignes prendas, que uniendo en sí la curiosidad y la inteligencia

tiene formada una copiosa coleccion de buenos quadros, posee entre

ellos uno de Vinci que representa en dos medias figuras al casto Joseph

huyendo de la hermosa y deshonesta muger de Putifar. Es un quadro

muy bello, y trabajado con suavidad y diligencia: la expresion es

admirable; y el pudor del un rostro y la lascivia del otro mas parecen

verdaderos que fingidos. Tiene tambien otro quadro de la Virgen, Sta.

Ana y el Niño con S. Miguel que le presenta una balanza, y San Juan

jugando con un corderito; todo sumamente hermoso. Pero sería nunca

acabar querer referir una por una todas las obras de Leonardo: baste

el haber hecho mencion de algunas de sus pinturas; y ahora pasemos á

hablar de las que hizo con la pluma.

Acostumbraba Vinci á escribir de derecha á izquierda como los Hebreos,

y de ésta manera estaban escritos aquellos trece volúmenes de que hemos

hecho mencion; pero como la letra era buena y clara, se leian con

facilidad por medio de un espejo. Es probable que en esto llevase el

fin de que no todos leyesen sus obras.

La empresa del canal de Mortesana le dió ocasion de escribir un libro

de la naturaleza, peso y movimiento del agua, el qual estaba lleno de

varios dibuxos de ruedas y máquinas para molinos, y para arreglar el

curso de las aguas y elevarlas.

Escribió tambien, como hemos dicho, un tratado de la Anatomía del

cuerpo humano, igualmente enriquecido con dibuxos hechos con sumo

estudio y diligencia, de la qual hace mencion el autor en la § XXII de

ésta obra. Del tratado de la Anatomía del caballo habla el Vasari,

Borghini y Lomazo; y habiendo sido Vinci tan primoroso en modelarlos y

pintarlos, como demuestra el quadro de los ginetes combatiendo que se

ha referido, es preciso que ésta obra fuese tan bella como útil.

En las §§ LXXXI y CX de ésta obra se cita un tratado de Perspectiva

del mismo autor dividido en varios libros, y tal vez en él estaria

explicado el modo de formar las figuras mayores del natural que tanto

alaba Lomazo al capítulo 4.º de la Idea.

En las §§ CXII y CXXIII promete escribir un libro de los movimientos

del cuerpo y de sus partes; materia anatómica que nadie ha tocado hasta

el presente.

Tambien promete en la § CCLXVIII otro libro de la equiponderacion del

hombre.

El tratado de las luces y las sombras se halla hoy dia en la Biblioteca

Ambrosiana de Milan, escrito en folio, forrado de terciopelo encarnado,

que es el que (como se dixo antes) regaló Güido Mazenta al Cardenal

Borromeo. En él trata el asunto como Filósofo, como Matemático y

como Pintor, y le cita en la § CCLXXVIII de ésta obra. En ésta parte

de la Pintura fue Leonardo muy sobresaliente, y llegó á imitar con

tal perfeccion el efecto de la luz y de la sombra, que sus obras mas

parecian verdaderas que fingidas.

Por último escribió la presente obra que intituló: _el tratado de la

Pintura_, la qual contiene varios preceptos del arte, y juntamente la

manera de dibuxar y pintar. Cuenta el Vasari que pasando á Florencia

cierto Pintor Milanes, le hizo ver dicha obra, y le prometió que asi

que llegase á Roma la haría imprimir; pero ésto nunca lo cumplió: y

una cosa que no se hizo entonces en Roma se efectuó en París un siglo

despues, en donde cotejando varios manuscritos, aunque viciados,

he podido por fin restituir á la luz pública una obra, que por la

excelencia de sus preceptos y por el mérito de su autor es digna de la

inmortalidad. Para hacer mas facil su inteligencia la traduxo al idioma

Frances Mr. Chambrai, sugeto sumamente hábil en el dibuxo, el qual

(como se dixo de Leon X) por un instinto comunicado á toda su familia

solo se divierte en cosas de habilidad y de talento. Esta version es

lo mismo que un comentario, por la exâctitud y claridad con que está

interpretado el sentido del autor.

[Ilustración]

EL TRATADO

DE LA PINTURA

DE

LEONARDO DE VINCI.

El tratado de la pintura · 第 7 / 18 题