Con el placer con que acojes en serena noche las quejas de FILOMENA,
así serán gratas para tí mis razones, padre mío. Las nueve Hermanas y
yo leímos en los jardines del Parnaso ese libro de que habla la sabia
MINERVA. Su estilo festivo y su acento agradable suenan á mis oidos
cual la sonora fuente que brota en la entrada de mi gruta umbría. (Os
ruego no me tachéis de apasionado porque CERVANTES me haya dedicado
muchas de sus bellas páginas.) Si en la extremada pobreza,
engendradora del hambre, la miseria y las desgracias, que al infeliz
de contínuo acosan, un humilde hijo mío ha sabido elevar hasta mi sus
cantos y armonizar sus acentos, al ofrecerme un tributo mucho más
bello y precioso que mi carro reluciente é indómitos caballos; si en
la hedionda mazmorra, funesto encierro para mi alma que á volar
aspira, su bien cortada pluma supo verter raudales de deslumbradora
poesía, mucho más agradables y ricas que las linfas del dorado
Pactolo, ¿por qué le hemos de negar la superioridad y no darle la
victoria cuál á ingenio el más grande que los mundos vieron? Su
QUIJOTE es el libro predilecto de las MUSAS, y mientras festivo
consuela á tristes y melancólicos, é ilustra al ignorante, es al mismo
tiempo una historia, la historia más fiel de las costumbres españolas.
Opino, pues, con la sabia PALAS, y me perdonen los otros dioses que de
mi parecer no participan.