JÚPITER.

Hubo un tiempo, excelsos dioses, en que los soberbios hijos de la

tierra pretendieron escalar el Olimpo y arrebatarme el imperio,

acumulando montes sobre montes, y lo hubieran conseguido, sin duda

alguna, si vuestros brazos y mis terribles rayos no los hubieran

precipitado al Tártaro, sepultando á los otros en las entrañas de la

ardiente Etna. Tan fausto acontecimiento deseo celebrar con la pompa

de los inmortales, hoy que la Tierra, siguiendo su eterna carrera, ha

vuelto á ocupar el mismo punto en su órbita, donde giraba entonces.

Así, que yo, el Soberano de los dioses, quiero que comience la fiesta

con un certamen literario. Tengo una soberbia trompa guerrera, una

lira y una corona de laurel esmeradamente fabricadas: la trompa es de

un metal, que solo VULCANO conoce, más precioso que el oro y la plata;

la lira, como la de APOLO, es de oro y nacar, labrada también por el

mismo VULCANO, pero sus cuerdas, obra de las Musas, no conocen

rivales, y la corona, tejida por las Gracias, del mejor laurel que

crece en mis jardines inmortales, brilla más que todas las de los

reyes de la Tierra. Las tres valen igualmente, y el que haya cultivado

mejor las letras y las virtudes, ese será el dueño de tan magníficas

alhajas. Presentadme, pues, vosotros el mortal que juzguéis digno de

merecerlas.

El Consejo de los Dioses · 第 9 / 35 题