_Óigase el juicio de Menéndez y Pelayo[3]: “Talento de estil

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se

han convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.

* Se ha respetado la ortografía del original impreso, que difiere

algo de la actual, normalizándola a la grafía de mayor frecuencia.

* Se han añadido tildes a las mayúsculas que las necesitan.

* Las páginas en blanco han sido eliminadas.

* Las notas a pie de página han sido renumeradas.

* Las notas al margen aparecen encerradas entre corchetes y

presentadas como [Marginal:...] dentro del texto.

[Ilustración]

BIBLIOTECA RENACIMIENTO

DIRIGIDA POR

_G. MARTÍNEZ SIERRA_

COLECCIÓN DE

OBRAS MAESTRAS

DE LA LITERATURA UNIVERSAL

[Ilustración]

LA EDICIÓN Y COMENTARIO DE LOS TEXTOS CLÁSICOS ESPAÑOLES, LA

TRADUCCIÓN DE LOS EXTRANJEROS Y LOS PRÓLOGOS DE UNOS Y OTROS ESTÁN

Á CARGO DE EMINENTES ESCRITORES, CRÍTICOS Y ERUDITOS, LOS MÁS

COMPETENTES EN LA MATERIA:

_GABRIEL ALOMAR, AZORÍN, PÍO BAROJA, JACINTO BENAVENTE, BERNARDO

G. DE CANDAMO, AMÉRICO CASTRO, JULIO CEJADOR, ENRIQUE DÍEZ-CANEDO,

FERNANDO FORTÚN, RICARDO FUENTE, VICENTE GARCÍA DE DIEGO, J.

GÓMEZ OCERÍN, FRANCISCO A. DE ICAZA, JUAN R. JIMÉNEZ, RICARDO

LEÓN, EDUARDO MARQUINA, G. MARTÍNEZ SIERRA, FRANCISCO MEDINA,

ENRIQUE DE MESA, ANTONIO PALOMERO, R. PÉREZ DE AYALA, JACINTO O.

PICÓN, CIPRIANO RIVAS CHERIF, FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN, VÍCTOR

SAID-ARMESTO, EUGENIO SELLÉS, RAMÓN M. TENREIRO, MIGUEL DE UNAMUNO,

FRANCISCO F. VILLEGAS. ETC., ETC._

LA PARTE ARTÍSTICA

DE ESTAS EDICIONES ESTÁ ENCOMENDADA AL

ILUSTRE DIBUJANTE

_FERNANDO MARCO_.

[Ilustración: RETRATO DEL P. BALTASAR GRACIÁN SACADO DEL LIENZO QUE

PERTENECIÓ AL COLEGIO DE LOS PP. JESUÍTAS DE CALATAYUD _Y HOY ES

PROPIEDAD DE D. FÉLIX SANZ DE LARREA_.]

[Ilustración: BIBLIOTECA RENACIMIENTO

OBRAS MAESTRAS DE LA LITERATURA UNIVERSAL]

[Ilustración: EL CRITICÓN

POR

LORENZO GRACIÁN

EDICIÓN

TRANSCRITA Y REVISADA

POR

JVLIO CEJADOR

RENACIMIENTO

_Casa Central_: MADRID, _Pontejos 3_

SVCVRSALES:

BVENOS AIRES, _Libertad 170_

PARÍS, _26, Rue Richelieu_]

PRÓLOGO

_El Padre Baltasar Gracián[1] y Morales nació en Belmonte, aldea de

la ciudad de Calatayud, el 8 de Enero de 1601, de casa y familia

infanzona. Tuvo por hermanos al P. Felipe Gracián, Clérigo Menor,

Asistente de su Religión en Roma; al P. Fr. Pedro Gracián, Trinitario,

que murió en la flor de su edad; al P. Fr. Raimundo Gracián, Carmelita

Descalzo. Varones todos religiosos y literatos, como se ve en su_ Arte

de Ingenio y Agudeza, _Disc. 20, 13, 32 y 53. En el 25 dice que él se

crió en Toledo en casa de su tío el Licenciado Antonio Gracián. Enseñó

en la Compañía de Jesús letras humanas, filosofía y teología con el

crédito que puede suponerse._

[1] En la partida de bautismo se halla escrito _Galacián_, como

todavía llama por Calatayud la gente del pueblo á la familia

_Gracián_, que aún dura en la comarca.

_Exacto religioso, celoso en los cargos de su profesión, grande orador,

sabio filósofo, discreto, ingenioso y agudo sobre todo encarecimiento.

Tan dulce y suave en el numen poético como en la ciencia y en la

práctica del gobierno._

_Tuvo por íntimos amigos á Manuel de Salinas, á Francisco Andrés de

Ustarroz, el Solitario, y al famoso anticuario oscense Vincencio

Juan de Lastanosa, el cual, según testimonio de su hijo Vincencio

Antonio[2], publicó en Huesca las obras de Gracián contra la voluntad

de su autor._

[2] _Revista de Archivos_, t. VIII, 1877, p. 30.

_Fué Rector del Colegio de Tarragona y murió en el de Tarazona el 6 de

Diciembre de 1658, de edad de cincuenta y ocho años._

_Al pie del retrato del P. Gracián, que se hallaba en el claustro del

Colegio de los PP. Jesuítas de Calatayud, y que hoy posee D. Félix Sanz

de Larrea y reproducimos en esta edición, se lee:_

“_P. Balthasar Gracian ut iam ab ortu emineret in Bellomonte natus

est prope Bilbilim, confinis Martiali patria, proximus ingenio, ut

profunderet adhuc xristianas argutias Bilbilis, quae poene exhausta

videbatur in aethnicis. Ergo augens natale ingenium innato acumine,

scripsit_ Artem ingenii _et arte fecit scibile, quod scibiles facit

artes. Scripsit item_ Artem prudentiae _et a se ipso artem didicit.

Scripsit_ Oraculum _et voces suas protulit. Scripsit_ Disertum _ut se

ipsum describeret. Et ut scriberet_ Heroem _heroica patravit. Haec et

alia eius scripta Mecenates Reges habuerunt, Iudicem admirationem,

Lectorem Mundum, Tipographum Aeternitatem. Philippus 4s saepe illius

argutias inter prandium versabat, ne deficerent sales regiis dapibus.

Sed qui plausus excitaverat calamo, deditus Missionibus excitavit

planctus verbo, excitaturus desiderium in morte, qua raptus est 6

Decemb. 1658, sed aliquando extinctus aeternum lucebit._”

_Las obras de Gracián son:_

1. _El Criticón. Primera Parte en la Primavera de la Niñez y en el

Estío de la Juventud._ En Madrid 1650. Publicólo antes D. Vincencio

Juan de Lastanosa, amigo del autor, como escribe D. Vincencio

Antonio de Lastanosa, hijo de aquel insigne literato y anticuario,

en su manuscrito _Habilitación de las Musas_. Lo mismo hizo con la

segunda y tercera partes.

2. _El Criticón. Segunda Parte. Juiciosa y cortesana Filosofía en

el Otoño de la varonil edad._ En Huesca por Juan Nogués, 1653.

3. _El Criticón. Tercera Parte. En el Invierno de la Vejez._ En

Huesca 1653.

_Las tres partes de_ El Criticón _se imprimieron en dos tomos en

Madrid 1664 por Pablo de Val y en Barcelona el mismo año por Antonio

Lacavallería_.

4. _El Héroe._ En Madrid 1630. En Huesca publicado por Lastanosa en

1637.

5. _Agudeza y Arte de Ingenio._ Imprimióse en Huesca dos veces,

años de 1648 y 1649.

6. _El Discreto._ Publicólo Lastanosa en Huesca 1645. Se reimprimió

en Bruselas, 1665.

7. _El Político Don Fernando el Católico_, publicado por Lastanosa

en Zaragoza, año de 1640.

8. _Oráculo Manual y Arte de Prudencia_, sacado de los Aforismos de

las Obras de Lorenzo Gracián. Diólo á luz Lastanosa en Huesca, año

de 1647, edición que se desconoce; hay otra anterior á la de Madrid

de 1653.

9. _Meditaciones varias para antes y después de la Sagrada

Comunión_, que salieron con el nombre de su autor, siendo

Catedrático de Escritura, con el título de _Comulgatorio_ y se

imprimió en Zaragoza el 1655.

10. _Máximas del P. Baltasar Gracián con respuestas á los Críticos

del Hombre Universal_, que se estampó en París.

11. _El Varón Atento_, de que hace mención el autor en el _Arte de

Ingenio_ y en el _Discreto_.

12. _Selvas de todo el año en verso_, que se publicaron por primera

vez con las demás obras en Barcelona, 1734.

13. _Diversos Poemas_, que corren divididos.

_Juntas todas estas obras se publicaron más tarde varias veces dentro y

fuera de España, entre ellas en Madrid por Pablo de Val, en dos tomos,

año 1664, Barcelona 1664, Amberes 1725, Barcelona 1757, Madrid 1773._

_En todas ellas, en vez de su propio nombre Baltasar, salió el de

Lorenzo Gracián, no se sabe la causa. Tal vez lo puso su editor

Lastanosa, ya que las publicaba á disgusto de la modestia de su autor y

aludiendo á S. Lorenzo, natural de Huesca._

_Bien definió el vulgo el que lo definió: “El vulgo no es otra cosa,

que una sinagoga de ignorantes presumidos y que hablan más de las

cosas, cuanto menos las entienden.” Y no miréis al vestido ni á los

zapatos para tener á uno por del vulgo. “Aunque sea un príncipe, en

no sabiendo las cosas y queriéndose meter á hablar dellas, á dar su

voto en lo que no sabe ni tiene, al punto se declara hombre vulgar y

plebeyo”. De estos hombres vulgares, que pasan por sabios y sonlo á

veces en otras cosas, escribió el mismo autor: “Si dan en alabar á uno,

si una vez cobra fama, aunque se eche después á dormir, él ha de ser

un gran hombre. Aunque ensarte después cien mil disparates, dicen que

son sutilezas y que es la primera cosa del mundo. Todo es que den en

celebrarle. Y por el contrario, á otros, que estarán muy despiertos,

haciendo cosas grandes, dicen que duermen y que nada saben”._

_Esto último le sucedió al autor de los renglones aquí citados, al

satírico más hondo que ha criado España, al ignorado Baltasar Gracián.

Por nebuloso é incomprensible se le califica, aunque ingenioso y sutil.

Sin que yo ni nadie alcance á casar estos dos extremos de_ ingenioso

_é_ incomprensible, _de_ sutil _y_ nebuloso. _Porque si la sutileza y

el ingenio no sirven para ver y hacer ver claramente las cosas, sino

antes para verlas y hacerlas incomprensibles y nebulosas, son una bien

triste cualidad._

_Lo que hay es que tan excelso ingenio como el de Gracián vuela muy

alto para el vulgo, y el vulgo, según la definición que de él mismo

hemos visto, abraza á más personajes, no sólo personillas, de lo que

parece._

_Yo apuesto que, si aquí asiento que Quevedo es mucho menos hondo, más

superficial, menos filósofo que Gracián, los más de mis lectores lo

echarán á exageración. Perdonen esos lectores, por muchos que sean,

que les meta en la docena de ese vulgo y que me atreva á apuntarles,

con todo el respeto que les debo, pero con toda la sinceridad que no

menos les debo á ellos y me debo á mí mismo, que juzgan de Gracián

y de Quevedo por lo que han oído, no por propio juicio: lo cual es

cabalmente lo propio del vulgo._

_¿Qué alaban, qué desalaban? “Hablaba uno por boca de ganso y otro

murmuraba con hocico de puerco”, repetiré con el mismo Gracián. El

cual, como escondido jesuíta, que escribía en su rincón, sin meter la

bulla que Quevedo, es para mí, sin quitarle nada á Quevedo, más grande

que él; aunque para el vulgo fuera uno de los que dormían y sólo era

sonado por su_ Agudeza y Arte de ingenio. _El vulgo trompeteó esta

obra de arte filosófico y no entendió ni pregonó_ El Criticón, _obra

de filosofía artística. En la una se muestra filósofo tratando acerca

de la retórica y del arte, en la otra se muestra artista y escritor

consumado tratando acerca de la más honda filosofía._

_Quevedo, dice Farinelli, es inferior á Gracián en la profundidad, en

la energía, en la originalidad del pensamiento filosófico. Quevedo

tiene ideas geniales, que parecen y desaparecen como relámpagos.

Gracián tiene ideas completas, fijas, duraderas. Quevedo toca sin

penetrar, lleva consigo gran parte de la ciencia escolástica, se apoya

con preferencia en otras autoridades, sacrifica voluntariamente su

propio juicio, su razón y su lógica, sofoca el escepticismo al nacer

en su ánimo, apenas se le pone la infalible é indiscutible tradición

católica. No conoce ni regla ni sistema. Tiene menor capacidad y

firmeza de pensamiento que Gracián y á la vez menos gusto. En Quevedo

hay exuberancia de fantasía, en Gracián de reflexión. Quevedo es más

poeta, Gracián más filósofo._

_Hago mío el juicio que él mismo da de Quevedo, en el cual se verá

cómo escribía el filósofo aragonés: “Acertó á sacar unas (hojas) de

tal calidad, que al mismo punto los circunstantes las apetecieron y

unos las mascaban, otros las molían y estaban todo el día sin parar,

aplicando el polvo á las narices.--Basta, dijo: que estas hojas de

Quevedo son como las del tabaco, de más vicio que provecho, más para

reir que para aprovechar.”_

_Las hojas de_ El Criticón _ni las han apetecido ni menos mascado

las gentes vulgares: son más para aprovechar y llorar, que para reir

y enviciar las narices. Schopenhauer, que buscaba el provecho y el

lloro, no el vicio ni la risa, fué el primero que las alabó y de

ellas se aprovechó. Los españoles “abrazan todos los estranjeros,

pero no estiman los propios”. Bien ha sido menester venga un alemán á

descubrirnos al vulgo de los españoles lo que no sabíamos apreciar._

_Gracias que en el correr de los siglos el vulgo se hunde é hinca

el pico para siempre jamás y los que verdaderamente entienden, por

poquísimos que sean, con el andar de la Historia van haciéndose

muchos y sus escritos siguen hablando á las nuevas generaciones. Es

el triunfo, que el tiempo da á la verdad, encargándose á la vez de ir

tapando la boca al vulgacho, harto de oirle vocear necedades los pocos

días que de vida le concede._

_Alcanza el mal sino hasta á los más esclarecidos ingenios. Pocos tan

desconocidos y olvidados como el gran filósofo aragonés, con ser bien

pocos los que en España y aun fuera de ella puedan serle comparados.

Fué demasiado hombre para un tiempo en que el ingenio español había

bastardeado en ingeniosidad de bambolla, de palabrería huera, de

burbujas de jabón. El culteranismo, el gongorismo carcomía y tranzaba

el recio y frondoso árbol de la literatura._

_Cada hombre es, en la mitad por lo menos, hijo de su tiempo. Gracián,

arrastrado por la ley de naturaleza, también iba á serlo. Metióse á

retórico, como los demás; pero, como no era cual los demás, sin dejar

de ser de su tiempo, sobrepujó á todos y, en vez del culteranismo

palabrero y hueco, sin sustancia, su obra retórica ensalzó lo único

de bueno y verdadero, que en aquella desviación del gusto literario

yacía sin echarlo nadie de ver, la_ Agudeza y Arte de ingenio. _Dote,

ciertamente del arte de escribir; pero que los tiempos aquellos le

hicieron creer á Gracián era la única ó principal. En esto estuvo

el error, que para mí más ha de atribuirse á su siglo, que al autor

mismo. Todos le reconocieron como un maestro; aunque su escuela distaba

tanto de la de Góngora como el alma del cuerpo, la sustancia del

accidente, el concepto de la palabra: era la escuela conceptista, de

la ingeniosidad del pensamiento, harto diferente de la fantasmagórica

del retruécano, del puro juego de palabras, de la extravagancia de la

metáfora._

_Aun en su yerro fué grande._

_Pusiéronle en las nubes y, cuando quiso aplicar su penetración,

erudición, experiencia y maravillosas dotes de pensador á una obra

honda de crítica moral, ya nadie le entendió. Andaban á pájaros y no

vieron al gran filósofo, la cabeza baja, la mano en la mejilla. Hablaba

como sabio á necios. El gusto se desvahaba en nubes sin sustancia._

_Medio siglo después llegó el seudo-clasicismo de Francia con su regla

y compás, con su tijera, hecha á recortar los evónimos y boneteros de

los jardines de Versalles. Al cesto fueron de un golpe cuantos libros

se habían escrito y leído en España durante dos centurias, por no

compasarse con tan menguado compás y regla. Á vueltas iban también los

feos y raquíticos tomos de_ El Criticón, _infamemente salidos de las

prensas de Huesca y que no había leído nadie._

_Pero en sonando que suene una vez la voz del ingenio, tarde ó temprano

recude de una ú otra parte. Esta vez recudió de Alemania. Cristiano

Enrico Postel en su epístola_ De linguae Hispanae difficultate,

elegantia et utilitate, _llamaba á fines del siglo_ XVII _á Gracián

“unicus”, “summus”, añadiendo: “Huius viri sunt libri, quibus in eo

genere orbis terrarum nil maius vidit. In stylo enim illo nemo tersior,

in phrasibus nemo uberior, in metaphoris nemo iudiciosior, in maiestate

nemo sublimior, in allusionibus nemo felicior.” En Alemania cayó la

semilla de_ El Criticón _como en tierra bien aparejada y dió sus frutos

en los grandes pensadores que la ilustraron. Ha tratado este asunto

Karl Borinski en su obra_ Baltasar Gracian und die Hofliteratur in

Deutschland, _Halle 1894. Obra que además dió pie al gran erudito

italiano y devotísimo de las cosas españolas Arturo Farinelli para

escribir en la_ Revista crítica de historia y literatura españolas,

portuguesas é hispano-americanas _(año I, n. 2) un estudio crítico

sobre Gracián, tan acabado, que harto mejor partido fuera haberlo

puesto aquí en lugar de este malaliñado prólogo. Tomémosle al menos sus

últimas palabras._

“_No ha sido gloria pequeña de Gracián la de haber cautivado, en el

atormentadísimo siglo que ahora baja al sepulcro, el corazón y la

fantasía de Schopenhauer, el grande escudriñador pesimista de las

quimeras humanas. Ni Gracián siquiera, el jesuíta solitario, apartado

siempre de los torbellinos del mundo, destilando de su cerebro y de la

sabiduría de sus libros favoritos la ciencia de la vida, la ciencia del

hombre, que expuso con sagacidad deslumbradora en breves tratados y

en la alegoría verdaderamente inmortal de_ El Criticón, _el moralista

agudo y amargo, convencido de la vanidad inmensa de todas las cosas

humanas, ni Gracián, digo, hubiera soñado, aun en los más halagadores

sueños, llegar á tal punto con sus doctrinas y fecundar, á la

distancia de dos siglos, la ciencia y la experiencia de otros geniales

pensadores._”

“_¿Puede llegar á más nuestra desdicha?, decía Feijóo en 1751. Ó por

mejor decir, ¿puede llegar á más nuestro oprobio, que el que los

mismos extranjeros nos den en rostro con la desestimación de nuestros

escogidos autores?_”--_Sí, había que responderle. La desdicha de los

españoles del siglo_ XX _llega más allá. Sin el menor sonrojo han

oído á los sabios alemanes é italianos, ingleses y franceses echárselo

en cara, se han encogido de hombros y no han pensado en abrir_ El

Criticón, _de Gracián. Y hablo no de la plebe: para la plebe no son

las obras de los grandes pensadores. ¿Cuántas personas cultas, cuántos

literatos lo han leído? Cada uno de mis lectores sabe de sí. ¡Qué

extraño es nos vengan después con que no ha habido pensamiento ni

pensadores en España! No ha faltado quien ha dicho sobre el particular

la última palabra de la desidia española: ¡Rarezas de Schopenhauer!

Así se ha respondido á la frase aquella del famoso filósofo alemán,

escribiendo á Keil en 1832: “Mi escritor favorito es este filosófico

Gracián. He leído todas sus obras. Su_ Criticón _es para mí uno de los

mejores libros del mundo. De buena gana lo traduciría, si hallara un

editor para imprimirlo.”_

_Las fuentes de donde bebió Gracián fueron tantas, que enzarzada tarea

echará sobre sí el que emprenda comentarlo. Hombre de variadísima

lectura, escudriñó en su lengua original los grandes pensadores griegos

y romanos, el enjambre de políticos y moralistas, que se dieron en

España durante los siglos_ XVI _y_ XVII _y, sobre todo, los más famosos

entre los italianos. Aprovechóse de Platón, Aristóteles, Plutarco,

Luciano, Tácito, Marcial y Séneca, entre los clásicos; de Guevara, Fox

Morcillo_ (Regni Regisque institutione, _1556_), _Ginés de Sepúlveda_

(De Regno et Regis officiis, _1571_), _Juan de Torres_ (Filosofía

moral de príncipes, _1576_), _Alonso de Barros_ (Filosofía cortesana

moralizada, _1587_), _C. de Bobadilla_ (Política para corregidores y

señores de vasallos en tiempos de paz y de guerra, _1597_), _M. de

Carvalho_ (Espejos de Príncipes y Ministros, _1598_), _Juan Márquez_

(El Gobernador cristiano, _1612_), _Juan de Salazar_ (Política

española, _1619_), _Francisco de Barreda_ (El mejor Príncipe Trajano

Augusto, _1622_), _Claudio Clemente_ (Machiavellismus iugulatus,

_1637_), _Diego Niseno_ (El gran padre de los creyentes Abrahan, El

Político del cielo, _1636-8_), _Mariana_ (De Rege), _Agustín de Rojas_

(Buen repúblico), _José Micheli Márquez_ (Deleite y amargura de las dos

cortes, celestial y terrena, _1642_), _Quevedo, Antonio López de Vega,

Pedro Fernández de Navarrete, Juan Eusebio Nieremberg, Vera y Zúñiga,

Padilla Manrique_ (Idea de nobles y sus desempeños en aforismos,

_1637-44_), _Antonio Pérez_ (Norte de príncipes, Aforismos), _Saavedra

Fajardo, Alonso de Ledesma, etc., etc., de entre los españoles; del

Petrarca, Boscán, Maquiavelo, Alciato, Giovio, Doni, Guicciardini,

Bentivoglio, Birago, Siri, y, sobre todo, de Malvezzi, Botero y

Boccalini, entre los italianos._

_Pero “el mejor libro del mundo es el mismo mundo”, decía el mismo

Gracián. Sus amigos Ustarroz, Lastanosa, Manuel de Salinas, llevábanle

libros, que nunca hartaban su sed de leer; empero el hondo conocimiento

del mundo, que supo pintar como nadie, los desengaños de la vida, la

infelicidad humana en los vaivenes de la fortuna y hasta en sus más

soterradas raíces, los disparates de los hombres, el reinado de la

injusticia señoreándolo todo, la verdadera sabiduría, que desprecia

los bienes aparentes y se yergue armada de valor y ceñido el corazón

de santa saña para pelear oponiendo la_ milicia _á la_ malicia, _sin

dejarse vencer á vista del poder del mal, todo eso no lo aprendió

Gracián en los libros, que en los libros nadie lo aprendió; sino en

las misiones á que á veces se dedicó, en la soledad y apartamiento

á tiempos de los hombres, en la viva penetración de su poderosa

inteligencia, en la nobleza y reciura aragonesa de su corazón._

_Y en esto se parece á Nietzsche, más bien que á los grandes pesimistas

Spinoza, Leopardi, Schopenhauer y Hartmann, de cuya filosofía dice con

razón Farinelli ser la de Gracián el primer eslabón de la cadena. No

se abate ni se somete y rinde el fiero aragonés á la resignación ni al

quietismo, no quiere sufrir ni tolerar tan triste destino; sino que

salta colérico, afila sus armas y se lanza denodado á la lucha de la

vida, porque sabe que sólo el héroe, el esforzado combatiente, alcanza

la victoria._

_¿Cómo el hombre tiene que acometer á sus enemigos en la vida, cuáles

cualidades del ánimo y del entendimiento tiene que desarrollar con

preferencia, en cuál manera debe guiar su frágil navecilla en este

borrascoso mar para llegar seguro al puerto, al sosiego deseado, á la

quietud y al descanso? Tal es el problema, en cuya solución empeñó

Gracián su pluma, intentando formar el varón perfecto y acabado, que

se levante sobre el vulgo, discreto en el pensar, ingenioso en el

decir, héroe en el obrar._

_Si realismo es llevar al arte lo que hay de hecho en la realidad,

aunque tamizado por el cerebro del artista, Gracián nada tiene de

artista realista. No trae nada de fuera; lo saca de dentro, de su

poderosa imaginación. Todos son símbolos, virtudes, vicios, cualidades

personificadas, ya en personajes históricos, ya en puramente

fantásticos. Las escenas en que tercian estos personajes simbólicos no

son menos hijas de la fantasía de Gracián. Con todo es tal la preñez

de realidad y de vida, que en la cabeza de este filósofo y artista

soberano engendra personajes y escenas de pura fantasía, que bullen y

hablan como si fueran personas de carne y hueso, solo que condensan

los vicios, las virtudes, los conceptos abstractos, como no pudieran

condensarlos los personajes reales. Es artista, no de fuera adentro,

como los realistas; sino de dentro á fuera, como los verdaderos

filósofos._

_Pero para Platón lo únicamente real son las ideas, de las cuales los

hombres y las cosas son puras sombras, que de ellas participan y por

ellas son y viven, como viven y son las sombras por reflejar los seres

reales. Los personajes de Gracián no son otros que las ideas platónicas

y en este sentido más reales que los de los artistas realistas. No son

condensaciones teatrales, muñecos tiesos, movidos siempre por resorte y

torpe, esquinadamente, porque no parece han salido de la condensación

de las cualidades de los seres vivos en un seco concepto; sino que

metidos esos seres en la fragua del ingenio filosófico de Gracián, han

brotado de ella en su primitiva forma de ideas platónicas, anteriores á

la realidad._

_Este simbolismo lo aprendió Gracián, según me sospecho, en la_ Cárcel

de Amor, _y, sobre todo, en_ Guzmán de Alfarache, _donde hizo alguna

vez primoroso alarde del género Mateo Alemán. Por eso llamó al escritor

sevillano el escritor aragonés “el mejor y más clásico español”._

_Es Gracián el continuador de Séneca, de Mateo Alemán y de Quevedo,

como satírico moralista; pero diferénciase de todos ellos por haber

buscado más en lo hondo, sacando como personajes de su obra las puras

ideas platónicas y dádoles con todo eso vida en un diálogo tan vivo

y real como el_ Guzmán de Alfarache, _obra de filósofo realista de

fuera adentro. Tan variado y ligero es Gracián en su_ Criticón, _como

en sus_ Sueños _es Quevedo, tan sentencioso y dogmático como en sus_

Epístolas _Séneca. Gana á Séneca en lo ceñido, escultural y hondo de

los dictámenes, á Mateo Alemán en el mismo realismo al modo dicho, á

Quevedo en lo macizo, sistemático y escéptico de las doctrinas, á todos

tres en la profundidad filosófica._

_Óigase el juicio de Menéndez y Pelayo[3]: “Talento de estilista

de primer orden, maleado por la decadencia literaria, pero así

y todo, el segundo de aquel siglo en originalidad de invenciones

fantástico-alegóricas, en estro satírico, en alcance moral, en bizarría

de expresiones nuevas y pintorescas, en humorismo profundo y de ley,

en vida y movimiento y efervescencia continua, de imaginación tan

varia, tan amena, tan prolífica, sobre todo en su_ Criticón, _que

verdaderamente maravilla y deslumbra, atando de pies y manos el juicio,

sorprendido por las raras ocurrencias y excentricidades del autor, que

pudo no tener gusto, pero que derrochó un caudal de ingenio como para

ciento.”_

[3] _Ideas estéticas_, t. II, vol. II, p. 535.

_Este juicio del maestro me parece atinado, si al llamarle el

segundo de su siglo miraba á Cervantes, como al primero de él; pero

no, si miraba á Quevedo. Tampoco admito lo del mal gusto ni las

excentricidades tratándose de_ El Criticón, _aunque sí tratándose de

algunas otras de sus obras._

_Algo, muy poco, de la falsa bambolla, propia del tiempo, empaña

alguna que otra vez el mismo_ Criticón; _pero fuera de esto, el estilo

es claro y transparente, como no suele serlo en sus obrillas menudas

de estilo puramente sentencioso, y el lenguaje tan castizo y rico en

modismos y rodeos castellanos como el de Cervantes, Mateo Alemán y

Quevedo._

_Cuanto á la profundidad de concepción de la obra total, á la fuerza y

amargor de la sátira de la sociedad, al escudriñamiento de las almas y

al conocimiento del mundo y de la vida, de lo cual nada dice Menéndez y

Pelayo, no sólo es para mí_ El Criticón _la obra más grande escrita en

España, pero acaso en el mundo entero._

_“Más obran quintas esencias, que fárragos”, decía Gracián, y

verdaderamente sus obras son quintas esencias. Gran artista de la

palabra, maestro del arte de hablar le creyeron sus contemporáneos, y

de hecho_ El Criticón _es un raudal bullente y despeñado, que salta

de un solo chorro y corre por entre peñascales sin el menor tropiezo,

arrollándolo todo y cual si deslizase por un cauce de arena. Pero no

es raudal de retórico desfrenado, no es folla ni soniquete huero;

es raudal quintesenciado de acendradísimo oro, donde no huelga una

frase ni desdice un pensamiento de la más elevada filosofía. Cada_

Crisi _es un estudio acabado con maestría sin igual y las_ Crisis

_van creciendo en importancia cada vez mayor, y el teatro de la vida

humana ensanchándose y las negras tintas, que sombrean las miserias

de los hombres ennegreciéndose y ensombreciéndose por momentos. Las

más profundas sentencias de los mayores pensadores han desaguado en_

El Criticón; _pero hánse revestido de una tan nueva y desusada forma,

hánse concentrado en un tan fuerte elixir, que están desconocidas y

nos muestran el poder de aquel asombroso cerebro, que como ningún otro

alcanzaba á alquitarar la expresión y dar espíritu á los pensamientos._

_Era incapaz un tan hondo filósofo de aderezar una novela, por

filosófica que fuese, metiendo en una acción y en unos personajes

particulares la filosofía de la vida, como ella verbeneaba en su

cabeza; tuvo que vaciar esa filosofía en símbolos condensados, en

matrices de novelas, en un cuadro fantasmagórico de tanto alcance,

que puede servir de clave á todas las novelas de hechos particulares,

que artistas menos preñados de pensamientos y de más vagar que este

pensador, verdaderamente volcánico, saben tomar de la realidad y

describir despaciosamente._

_Torno á repetirlo: Baltasar Gracián es el más grande pensador de la

raza hispana y uno de los grandes pensadores de la humanidad. Leed_ El

Criticón _y lo veréis._

_JULIO CEJADOR._

EL CRITICÓN

PRIMERA PARTE

EN LA PRIMAVERA DE LA NIÑEZ

Y EN EL ESTÍO DE LA JUVENTUD

Á DON PABLO DE PARADA

CABALLERO DE CRISTO, GENERAL DE LA ARTILLERÍA Y GOBERNADOR DE TORTOSA

Si mi pluma fuera tan biencortada como la espada de V. S. cortadora,

aun pareciera escusable la ambición del patrocinio; ya que no llegue á

tanto, solicita una muy valiente defensa. Nació con V. S. el valor en

su patria Lisboa, creció en el Brasil entre plausibles bravezas y ha

campeado en Cataluña entre célebres victorias.

Rechazó V. S. al bravo Mariscal de la Mora en los asaltos, que dió á

Tarragona por el puesto de San Francisco, que V. S. con su tercio y su

valor tan bizarramente defendió. Desalojó después al que llamaban el

invencible Conde de Arcuhurt, sacándole de las trincheras sobre Lérida,

acometiendo con su regimiento de la Guarda el fuerte real, que ocupó

y defendió contra el general recelo. Y desta calidad pudiera referir

otras muchas facciones, aconsejadas primero de la prudencia militar de

V. S. y ejecutadas después de su gran valor. Emula dél la felicidad,

le asistió á V. S., siendo General de la flota, para que la condujese

á España con tanta prosperidad y riqueza. Y de aquí se ha ocasionado

aquella altercación entre los grandes Ministros, si es V. S. mejor para

las armadas de mar ó para las de tierra, siendo eminente en todas. Por

no hacer sospechosas estas verdades, aunque tan sabidas, con el afecto

de amigo, quisiera hablar por boca de algún enemigo; pero ninguno

le hallo á V. S. Sólo uno que, para desconocer obligaciones quiso

afectarlo, no pudo. Pues él mismo decía, ¡brava cosa!, que: “Quisiera

decir mal deste hombre y no hallo qué poder decir”.

Pero lo que yo más celebro es que, siendo V. S. hombre tan sin

embeleco, se haya hecho lugar en la mayor estimación de nuestro siglo.

El cielo le prospere. B. L. M. de V. S. su más apasionado

_LORENZO GRACIÁN_

Á QUIEN LEYERE

Esta Filosofía cortesana, el curso de tu vida en un discurso, te

presento hoy, lector juicioso, no malicioso. Y aunque el título

está ya provocando ceño, espero que todo entendido se ha de dar por

desentendido, no sintiendo mal de sí.

He procurado juntar lo seco de la filosofía con lo entretenido de la

invención, lo picante de la sátira con lo dulce de la épica, por más

que el rígido Gracián lo censure, juguete de la traza en su más sutil

que provechosa Arte de ingenio. En cada uno de los autores de buen

genio he atendido á imitar lo que siempre me agradó, las alegorías de

Homero, las ficciones de Esopo, lo doctrinal de Séneca, lo juicioso de

Luciano, las descripciones de Apuleyo, las moralidades de Plutarco,

los empeños de Eliodoro, las suspensiones del Ariosto, las crisis del

Boquelino y las mordacidades de Barclayo. Si lo habré conseguido,

siquiera en sombras, tú lo has de juzgar.

Comienzo por la hermosa naturaleza, paso á la primorosa arte y paro

en la útil moralidad. He dividido la obra en dos partes, treta de

discurrir lo penado, dejando siempre picado el gusto, no molido.

Si esta primera te contentare, te ofrezco luego la segunda, ya

dibujada, ya colorida; pero no retocada y tanto más crítica, cuanto son

más juiciosas las otras dos edades de quienes se filosofa en ella.

CRISI PRIMERA

_Náufrago Critilo, encuentra con Andrenio, que le da prodigiosamente

razón de sí._

Ya entrambos mundos habían adorado el pie á su universal monarca el

católico Filipo. Era ya real corona suya la mayor vuelta, que el

sol gira por el uno y otro hemisferio. Brillante círculo, en cuyo

cristalino centro yace engastada una pequeña isla ó perla del mar ó

esmeralda de la tierra. Dióla nombre augusta emperatriz, para que ella

lo fuese de las islas, corona del océano. Sirve, pues, la isla de Santa

Elena en la escala del un mundo al otro, de descanso á la portátil

Europa y ha sido siempre venta franca, mantenida de la divina próvida

clemencia en medio de inmensos golfos á las católicas flotas del

oriente.

Aquí, luchando con las olas, contrastando los vientos y más los

desaires de su fortuna, mal sostenido de una tabla, solicitaba puerto

un náufrago, monstruo de la naturaleza y de la suerte, cisne en lo ya

cano y más en lo canoro, que así exclamaba entre los fatales confines

de la vida y de la muerte: ¡Oh vida! [Marginal: _Vida._] ¡No habías de

comenzar; pero, ya que comenzaste, no habías de acabar! No hay cosa más

deseada ni más frágil que tú eres y el que una vez te pierde, tarde te

recupera: desde hoy te estimaría como á perdida. Madrastra se mostró

la naturaleza con el hombre, pues lo que le quitó de conocimiento al

nacer, le restituye al morir: allí porque se perciban los bienes que se

reciben y aquí porque se sientan los males que se conjuran.

¡Oh tirano mil veces de todo el ser humano aquel primero, que con

escandalosa temeridad fió su vida en un frágil leño al inconstante

elemento! Vestido dicen que tuvo el pecho de aceros, mas yo digo que

revestido de hierros. En vano la superior atención separó las naciones

con los montes y los mares, si la audacia de los hombres halló puentes

para trasegar su malicia. Todo cuanto inventó la industria humana ha

sido perniciosamente fatal y en daño de sí misma. La pólvora es un

horrible estrago de las vidas, instrumento de su mayor ruina y una

nave no es otro, que un ataúd anticipado. Parecíale á la muerte teatro

angosto de sus tragedias la tierra y buscó modo cómo triunfar en los

mares, para que en todos elementos se muriese.

¿Qué otra grada le queda á un desdichado para perecer, después que

pisa la tabla de un bajel, cadalso merecido de su atrevimiento? Con

razón censuraba el Catón, aun de sí mismo, entre las tres necedades

de su vida, el haberse embarcado por la mayor. ¡Oh suerte! ¡Oh cielo!

¡Oh fortuna! Aun creería que soy algo, pues así me persigues y, cuando

comienzas, no paras hasta que apuras. Válgame en esta ocasión el valer

nada, para repetir de eterno.

De esta suerte hería los aires con suspiros, mientras azotaba las

aguas con los brazos, acompañando la industria con minerva. [Marginal:

_Grandes hombres._] Pareció ir sobrepujando el riesgo, que á los

grandes hombres los mismos peligros ó los temen ó los respetan. La

muerte á veces recela el emprenderlos y la fortuna los va guardando los

aires. Perdonaron los aspides á Alcides, las tempestades á César, los

aceros á Alejandro y las balas á Carlos V. ¡Mas ay!, que, como andan

encadenadas las desdichas, unas á otras se introducen y el acabarse

una es de ordinario el engendrarse otra mayor. Cuando creyó hallarse

en el seguro regazo de aquella madre común, volvió de nuevo á temer

que, enfurecidas las olas, le arrebataban para estrellarle en uno de

aquellos escollos, duras entrañas de su fortuna, Tántalo de la tierra,

huyéndosele de entre las manos, cuando más segura la creía: que un

desdichado, no sólo no halla agua en el mar, pero ni tierra en la

tierra.

Fluctuando estaba entre uno y otro elemento, equívoco entre la

muerte y la vida, hecho víctima de su fortuna, cuando un gallardo

joven, ángel al parecer y mucho más al obrar, alargó sus brazos para

recogerle en ellos, amarras de un secreto imán, si no de hierro,

asegurándole la dicha con la vida. En saltando en tierra, selló sus

labios en el suelo, logrando seguridades y fijó sus ojos en el cielo,

rindiendo agradecimientos. Fuése luego con los brazos abiertos para el

restaurador de su vida, queriendo desempeñarse en abrazos y en razones.

No le respondió palabra el que le obligó con las obras; sólo daba

demostraciones de su gran gozo en lo risueño y de su mucha admiración

en lo atónito en el semblante. Repitió abrazos y razones el agradecido

náufrago, preguntándole de su salud y fortuna y á nada respondía el

asombrado isleño.

Fuéle variando idiomas de algunos que sabía; mas en vano, pues,

desentendido de todo, se remitía á las extraordinarias acciones, no

cesando de mirarle y de admirarle, alternando extremos de espanto y de

alegría.

Dudara con razón el más atento ser inculto parto de aquellas selvas,

si no desmintieran la sospecha lo inhabitado de la isla, lo rubio

y tendido de su cabello, lo perfilado de su rostro, que todo le

sobrescribía europeo. Del traje no se podían rastrear indicios, pues

era sola la librea de su inocencia.

Discurrió más el discreto náufrago, si acaso viviría destituído de

aquellos dos criados del alma, el uno de traer y el otro de llevar

recados, el oir y el hablar. Desengañóle presto la experiencia, pues

al menor ruido prestaba atenciones prontas sobre el imitar con tanta

propiedad los bramidos de las fieras y los cantos de las aves, que

parecía entenderse mejor con los brutos, que con las personas: tanto

pueden la costumbre y la crianza. Entre aquellas bárbaras acciones

rayaba como en vislumbres la vivacidad de su espíritu, trabajando el

alma, por mostrarse: que donde no media el artificio, toda se pervierte

la naturaleza.

Crecía en ambos á la par el deseo de saberse las fortunas y las

vidas; pero advirtió el entendido náufrago que la falta de un común

idioma les tiranizaba esta fruición. Es el hablar efecto grande de

la racionalidad: que quien no discurre, no conversa. [Marginal:

_Conversación._] Habla, dijo el filósofo, para que te conozca.

Comunícase el alma noblemente, produciendo conceptuosas imaginaciones

de sí en la mente del que oye, que es propiamente el conversar. No

están presentes los que no se tratan ni ausentes los que por escrito se

comunican. Viven los sabios varones ya pasados y nos hablan cada día en

sus eternos escritos, iluminando perennemente los venideros. Participa

el hablar de lo necesario y de lo gustoso. Que siempre atendió la

sabia naturaleza á hermanar ambas cosas en todas las funciones de la

vida. Consíguense con la conversación á lo gustoso y á lo presto las

importantes noticias y es el hablar atajo único para el saber. Hablando

los sabios engendran otros y por la conversación se conduce al ánimo la

sabiduría dulcemente.

De aquí es que las personas no pueden estar sin algún idioma común para

la necesidad y para el gusto. Que aun dos niños, arrojados de industria

en una isla, se inventaron lenguaje para comunicarse y entenderse. De

suerte que es la noble conversación hija del discurso, madre del saber,

desahogo del alma, comercio de los corazones, vínculo de la amistad,

pasto del contento y ocupación de personas.

Conociendo esto el advertido náufrago, emprendió luego el enseñar á

hablar al inculto joven y púdolo conseguir fácilmente, favoreciéndole

la docilidad y el deseo. Comenzó por los nombres de ambos,

proponiéndole el suyo, que era el de Critilo, imponiéndole á él el

de Andrenio, que llenaron bien el uno en lo juicioso y el otro en

lo humano. El deseo de sacar á luz tanto concepto por toda la vida

repasado y la curiosidad de saber tanta verdad ignorada picaban la

docilidad de Andrenio.

Ya comenzaba á pronunciar, ya preguntaba y respondía. Probábase á

razonar, ayudándose de palabras y de acciones. Y tal vez lo que

comenzaba la lengua lo acababa de exprimir el gesto. Fuéle dando

noticia de su vida á centones y á remiendos, tanto más extraña, cuanto

menos entendida. Y muchas veces se achacaba al no acabar de percibir lo

que no se acababa de creer. Mas, cuando ya pudo hablar seguidamente y

con igual copia de palabras á la grandeza de sus sentimientos, obligado

de las vivas instancias de Critilo y ayudado de su industria, comenzó á

satisfacerle de esta suerte.

[Marginal: _Conocimiento._]

Yo, dijo, ni sé quién soy ni quién me ha dado el ser ni para qué me le

dió. ¡Qué de veces y sin voces me lo pregunté á mí mismo, tan necio

como curioso! Pues, si el preguntar comienza en el ignorar, mal pudiera

yo responderme. Argüíame tal vez para ver si empeñado me excedería á

mí mismo. Duplicábame aun no bien singular, por ver si, apartado de mi

ignorancia, podría dar alcance á mis deseos. Tú, Critilo, me preguntas

quién yo soy y yo deseo saberlo de ti. Tú eres el primer hombre, que

hasta hoy he visto y en ti me hallo retratado más al vivo, que en

los mudos cristales de una fuente, que muchas veces mi curiosidad

solicitaba y mi ignorancia aplaudía. Mas, si quieres saber el material

suceso de mi vida, yo te lo referiré, que es más prodigioso, que

prolijo.

La vez primera, que me reconocí y pude hacer concepto de mí mismo,

me hallé encerrado dentro de las entrañas de aquel monte, que entre

los demás se descuella: que aun entre peñascos debe ser estimada la

eminencia. Allí me ministró el primer sustento una de éstas, que tú

llamas fieras y yo llamaba madre, creyendo siempre ser ella la que me

había parido y dado el ser que tengo: corrido lo refiero de mí mismo.

[Marginal: _Niñez._]

Muy propio es, dijo Critilo, de la ignorancia pueril el llamar á todos

los hombres padres y á todas las mujeres madres. Y al modo que tú hasta

una bestia tenías por tal, creyendo la maternidad en la beneficencia,

así el mundo en aquella su ignorante infancia á cualquier criatura su

bienhechora llamaba padre y aun le aclamaba Dios.

Así yo, prosiguió Andrenio, creía madre la que me alimentaba fiera

á sus pechos. Me crié entre aquellos sus hijuelos, que yo tenía por

hermanos, hecho bruto entre los brutos, ya jugando y ya durmiendo.

Dióme leche diversas veces que parió, partiendo conmigo de la caza

y de las frutas, que para ellos traía. Á los principios no sentía

tanto aquel penoso encerramiento; antes con las interiores tinieblas

del ánimo desmentía las exteriores del cuerpo y con la falta de

conocimiento disimulaba la carencia de la luz, si bien algunas veces

brujuleaba unas confusas vislumbres, que dispensaba el cielo á tiempos

por lo más alto de aquella infausta caverna.

[Marginal: _La luz de la razón._]

Pero, llegado á cierto término de creer y de vivir, me salteó de

repente un tan extraordinario ímpetu de conocimiento, un tan grande

golpe de luz y de advertencia, que revolviendo sobre mí, comencé á

reconocerme, haciendo una y otra reflexión sobre mi propio ser.

¿Qué es esto?, decía, ¿soy ó no soy? Pero, pues vivo, pues conozco

y advierto, ser tengo. Mas si soy, ¿quién soy yo? ¿Quién me ha dado

este ser y para qué me lo ha dado? Para estar aquí metido: ¡grande

infelicidad sería! ¿Soy bruto como éstos? Pero no, que observo entre

ellos y entre mí palpables diferencias: ellos están vestidos de pieles,

yo desabrigado, menos favorecido de quien nos dió el ser.

También experimento en mí todo el cuerpo muy de otra suerte

proporcionado, que en ellos: yo río y yo lloro, cuando ellos aúllan:

yo camino derecho, levantando el rostro hacia lo alto, cuando ellos

se mueven torcidos é inclinados hacia el suelo. Todas éstas son bien

conocidas diferencias y todas las observaba mi curiosidad y las

confería mi atención conmigo mismo.

Crecía de cada día el deseo de salir de allí, el conato de ver y saber,

si en todos natural y grande, en mí como violentado, insufrible; pero,

lo que más me atormentaba era ver que aquellos brutos, mis compañeros,

con extraña ligereza trepaban por aquellas inhiestas paredes, entrando

y saliendo libremente, siempre que querían y que para mí fuesen

inaccesibles, sintiendo con igual ponderación que aquel gran don de la

libertad á mí solo se me negase.

Probé muchas veces á seguir aquellos brutos, arañando los peñascos,

que pudieran ablandarse con la sangre que de mis dedos corría. Valíame

también de los dientes; pero todo en vano y con daño, pues era cierto

el caer en aquel suelo, regado con mis lágrimas y teñido con mi sangre.

Á mis voces y á mis llantos acudían enternecidas las fieras, cargadas

de frutas y de caza, con que se templaba en algo mi sentimiento y me

desquitaba en parte de mis penas.

¡Qué de soliloquios hacía tan interiores, que aun este alivio del habla

exterior me faltaba! ¡Qué de dificultades y dudas trababan entre sí mi

observación y mi curiosidad, que todas se resolvían en admiraciones y

en penas!

Era para mí un repetido tormento el confuso ruido de estos mares, cuyas

olas más rompían en mi corazón, que en estas peñas. ¿Pues qué diré,

cuando sentía el horrísono fragor de los nublados y sus truenos? Ellos

se resolvían en lluvia; pero mis ojos en llanto. Lo que llegó ya á ser

ansia de reventar y agonía de morir era que á tiempos, aunque para

mí de tarde en tarde, percibía acá fuera unas voces como la tuya, al

comenzar con grande confusión y estruendo; pero después poco á poco

más distintas, que naturalmente me alborozaban ó se me quedaban muy

impresas en el ánimo.

Bien advertía yo que eran muy diferentes de las de los brutos, que

de ordinario oía. Y el deseo de ver y de saber quién era el que las

formaba y no poder conseguirlo me traía á extremos de morir. Poco era

lo que unas y otras veces percibía; pero discurríalo tan mucho, como de

espacio.

[Marginal: _Concierto de el Universo._]

Una cosa puedo asegurarte, en que imaginé muchas veces y de mil modos,

lo que habría acá fuera, el modo, la disposición, la traza, el sitio,

la variedad y máquina de cosas, según lo que yo había concebido; jamás

di en el modo ni atiné con el orden, variedad y grandeza de esta gran

fábrica, que vemos y admiramos.

¡Qué mucho, dijo Critilo, pues, si aunque todos los entendimientos de

los hombres, que ha habido ni habrá, se juntaran antes á trazar esta

gran máquina del mundo y se les consultara cómo había de ser, jamás

pudieran atinar á disponerla! ¿Qué digo el universo? La más mínima

flor, un mosquito, no supieran formarlo. Sola la infinita sabiduría de

aquel supremo Hacedor pudo hallar el modo, el orden y el concierto de

tan hermosa y perenne variedad.

Pero, díme, que deseo mucho saberlo de ti y oírtelo contar, ¿cómo

pudiste salir de aquella tu penosa cárcel, de aquella sepultura

anticipada de tu cueva? Y sobre todo, si es posible el exprimirlo,

¿cuál fué el sentimiento de tu admirado espíritu, aquella primera vez

que llegaste á descubrir, á ver, á gozar y admirar este plausible

teatro del universo?

Aguarda, dijo Andrenio, que aquí es menester tomar aliento para

relación tan gustosa y peregrina.

CRISI II

_El gran teatro del universo._

Luego que el supremo Artífice tuvo acabada esta gran fábrica del mundo,

dicen trató repartirla, alojando en sus estancias sus vivientes.

Convocólos todos, desde el elefante hasta el mosquito. Fuéles mostrando

los repartimientos y examinando á cada uno, cuál de ellos escogía para

su morada y vivienda. Respondió el elefante que él se contentaba con

una selva, el caballo con un prado, el águila con una de las regiones

del aire, la ballena con un golfo, el cisne con un estanque, el barbo

con un río y la rana con un charco.

[Marginal: _La ambición humana._]

Llegó el último el primero, digo el hombre y, examinado de su gusto y

de su centro, dijo que él no se contentaba con menos, que con todo el

universo y aún le parecía poco. Quedaron atónitos los circunstantes

de tan exorbitante ambición; aunque no faltó luego un lisonjero, que

defendió nacer de la grandeza de su ánimo.

Pero la más astuta de todos: Eso no creeré yo, les dijo; sino que

procede de la ruindad de su cuerpo. Corta le parece la superficie de

la tierra y así penetra y mina sus entrañas en busca del oro y de la

plata, para satisfacer en algo su codicia. Ocupa y embaraza el aire con

lo empinado de sus edificios, dando algún desahogo á su soberbia. Surca

los mares y sonda sus más profundos senos, solicitando las perlas,

los ámbares y los corales, para adorno de su bizarro desvanecimiento.

Obliga todos los elementos á que le tributen cuanto abarcan, el aire

sus aves, el mar sus peces, la tierra sus cazas, el fuego la sazón,

para entretener, que no satisfacer su gula. ¡Y aún se queja de que todo

es poco! ¡Oh monstruosa codicia de los hombres!

Tomó la mano el soberano Dueño y dijo: Mirad, advertid, sabed que al

hombre le he formado yo con mis manos para criado mío y señor vuestro

y como rey, que es, pretende señorearlo todo. Pero entiende, oh,

hombre, aquí hablando con él, que esto ha de ser con la mente, no con

el vientre; como persona, no como bestia. Señor has de ser de todas las

cosas criadas, pero no esclavo de ellas; que te sigan, no te arrastren.

Todo lo has de ocupar con el conocimiento tuyo y reconocimiento mío:

esto es, reconociendo en todas las maravillas criadas las perfecciones

divinas y pasando de las criaturas al Criador.

Á este grande espectáculo de prodigios, si ordinario para nuestra

acostumbrada vulgaridad, extraordinario hoy para Andrenio, sale atónito

á lograrlo en contemplaciones, á aplaudirlo en pasmos y á referirlo de

esta suerte.

Era el sueño, proseguía, el mismo vulgar refugio de mis penas, especial

alivio de mi soledad. Á él apelaba de mi continuo tormento y á él

estaba entregado una noche, aunque para mí siempre lo era, con más

dulzura que otras, presagio infalible de alguna infelicidad cercana.

El criticón (tomo 1 de 2) · 第 1 / 24 段