XXIII.

"Me alejé de allí como si estuviera loco; no sabiendo qué hacer, tomé el

camino de Oaxaca."

"Y aquí estoy, Padre, con mis dolores y mis remordimientos. Ahora, Ud.

castígueme ó avísele á la justicia; pero que no lo sepa D. Carlos; ya he

pensado que no soy digno de llegar á su presencia; sólo quiero verlo de

lejos y morir donde él está. Ud. que es bueno pídale á Dios que me

perdone."

Estas últimas palabras las pronunció Sebastián hincado, gimiendo y

bajando la frente hasta tocar las rodillas del anciano prelado.

Después de largo rato en que hablaron con voz muy baja, dijo el Padre al

afligido pordiosero:--Vaya Ud. en paz; yo creo que no estará lejos el

día que pueda permitirle abrazar á D. Carlos; entre tanto quedará Ud.

bajo la protección del convento.

El pobre inválido se levantó sereno y consolado, como el paralítico de

la Piscina cuando escuchó la voz del cielo que le dijo: _Levántate y

anda_.

Desde aquel día quedó Sebastián como mandadero del monasterio; pero sin

poder pasar adentro, comunicándose únicamente con el Padre José.

D. Carlos apenas se dejaba ver por el claustro, pasaba como una sombra,

su acento sólo se oía en la iglesia cuando exhalaba plegarias y quejidos

arrancados de la profundidad de su tristeza.

Vivía más retraído que nunca, pensando solamente cómo distribuiría su

fortuna en provecho de los necesitados.

Esta idea pudo realizarse con oportunidad durante las plagas que

asolaron á Oaxaca por aquel tiempo.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 124 / 153 题