"Oyendo y mirando alternativamente, llegó un momento en que percibí que
María, esforzándose por hablar con una voz armoniosa y suplicante,
clamaba:--No, No.--Y á pesar de todo estaba yo sintiendo que la amaba
irresistiblemente."
"Trascurrido un largo rato en el que padecí todos los vértigos del
infierno, la vela desapareció de la mesa."
"Mis ojos se cubrieron con un velo de sangre, á través del cual miré á
la ingrata que risueña, despeinada, y en estado de completa ebriedad, se
dirigía con negligente paso á su alcoba y tras ella, llevando la vela,
el joven panadero aquel de quien tanto había yo desconfiado."
"Al llegar junto á María, la tomó del talle para sostenerla y ella luego
le puso la mano en el hombro con voluptuosa languidez."
"Ante la evidencia de los hechos me sentí aterrado, las sienes me latían
violentamente y queriendo ver más todavía, me aproximé tanto al horrible
agujero, que toqué la llave con la frente haciendo ruido como si
quisiese abrir la puerta."
"En el acto María dió un grito de espanto, el hombre se estremeció, dejó
caer la vela y todo quedó en la más negra obscuridad."
"Entonces yo me erguí con penoso esfuerzo y no pudiendo continuar en
pié, caí hacia atrás causando tal ruido, que sin duda lo percibieron
aquellos desdichados."
"¡Ay Padre! Sólo Dios sabe lo que sufrí en aquel lugar."
Aquí desfalleció la voz de D. Carlos, mas reponiéndose á pocos
instantes, continuó:
"No puedo decir cuánto tiempo estuve allí caído."
"Sólo recuerdo que en aquella hora de crisis de mi vida, hablé mucho en
voz alta, lloré, lancé gritos de náufrago y suspiros de agonizante."