"Una mañana saliendo de casa para concurrir á las bodas de uno de mis
criados que quise apadrinar, me detuvo cierta vendedora de alhajas
proponiéndome un collar de perlas:--No lo compro, señora,--la
dije,--porque no tengo á quién regalarlo.--¡Cómo no ha de tener Ud!---me
contestó con acento animado y un tanto malicioso, añadiendo:--¿Y la
novia de quien es Ud. padrino? ¿Y la Señorita María Luisa?"
"No supe qué contestar y continué mi camino."
"Más tarde, todos los convidados al casamiento bailaban y reían excepto
yo; pero no queriendo aparecer disgustado ante aquellas buenas gentes
que tanto me obsequiaban, invité para bailar á una joven de alegre
fisonomía y talle muy ancho, que se hallaba sentada junto á mí."
"La niña no era fea y yo, por hablar algo, la dije:--Es Ud. la joven más
graciosa que hay en esta reunión."
"Inmediatamente me contestó con mal reprimida coquetería:--Y _la mora_
no es graciosa?"
"Si aquella muchacha me hubiera dado una bofetada en vez de contestarme
como lo hizo, no hubiera sufrido tan fuerte alteración."
"A cada paso recibía pruebas flagrantes de que María Luisa no procuraba
cumplir las condiciones que le puse y sobre las que había insistido
muchas veces con ruegos y hasta con lágrimas."
"Alegando una ocupación me retiré de aquel baile para ir á soportar
otros golpes no menos dolorosos."