"Cuando acabé de hablar, María Luisa continuaba llorando y me contestó
profundamente conmovida:"
"--Ni mi madre que me quiso tanto, ni mi tía que me dió muchos consejos
al morir, ni los hombres ricos, sabios y apasionados que tuve á mis
piés, me han dicho esas cosas. Toda mi vida te serviré contenta y
agradecida; tú eres mi padre."
"Aquella tarde María Luisa, trémula de dicha, se despidió de mí bien
aleccionada y provista del dinero suficiente para comprar una de las
casas contiguas á mi jardín, que según yo sabía, era fácil obtener y su
adquisición nos convenía porque, como he dicho antes, cuando formé
aquella finca, quedó comunicada con el jardín; por allí podría visitar á
María Luisa, cuando fuera preciso, para no ser visto y dar lugar á
maliciosas interpretaciones."
"A los ocho días quedó ella instalada en la casa que había obtenido y
adornado con cristales, pájaros y flores; yo le obsequié un tocador de
mármol y una cama de ébano adornada con arabescos de marfil, que
ostentaba en la cabecera una magnífica Virgen de Murillo, en placa de
concha, cuyos muebles habían pertenecido á mi madre."
"También la dí lo necesario para comprar otra finca, cuyas rentas
completarían sus gastos."
"El público supo que María Luisa había recibido uno de los primeros
premios de la lotería; yo, fiel á mi propósito, la visitaba cada ocho
días, permaneciendo á su lado sólo el tiempo preciso para que me diera
cuenta de sus adelantos y necesidades."
"Una de las piezas que ocupaba en el jardín cuando iba yo á estudiar ó
distraerme desde que comencé á formarlo, era la que tenía comunicación
con la casa de María."
"Abriendo una pequeña puerta, me hallaba en un pasillo largo que tenía
otras dos, una á la derecha para la alcoba y otra en el fondo para la
sala, de modo que cuando María cerraba la puerta principal de la sala,
que conducía al corredor, quedaba sola y á la hora convenida podía yo
entrar sin ser visto de los criados."