"María Luisa se estremeció y secó el llanto que derramaba
involuntariamente, yo continué:"
"--Los hombres, después de haber agotado la juventud, quizás con malas
costumbres, llegamos á ocupar puestos distinguidos y nos llaman
respetabilísimos señores, mientras que á la pobre mujer que luchó en
defensa de su honor y sucumbió por hambre, al verla pasar humillada bajo
el peso de la deshonra, con el alma herida profundamente y la corona del
oprobio en la cabeza, en vez de llamarla para limpiar el llanto de sus
ojos y las llagas de su corazón, le decimos como los judíos: _Adelante,
tú has faltado al deber, no mereces compasión_. Y ella, por culpa
nuestra, rueda en la pendiente de la fatalidad pasando desde los salones
hasta los tugurios, de allí á los cuarteles y después al hospital. ¡Qué
horror! En estos tiempos de progreso y democracia, se forman sociedades
de beneficencia, se abren liceos para ilustrar á la juventud, se
inventan máquinas que alivian el trabajo del hombre, se aseguran los
buques para que el mar no absorba el dinero del rico y todavía no se
piensa en la rehabilitación de la joven descarriada...... Pocas son las
mujeres que se pierden por instinto, casi todas son irresponsables; han
sucumbido por engaño, por necesidad ó por mala educación. Cuando alguna
niña sola, pobre y hermosa llega á la edad en que el botón se vuelve
flor y la adolescente ángel, los mercaderes del amor impuro y los
libertinos de profesión, la ponen asechanzas, la narcotizan con su
aliento de serpiente, y como perros de presa, la persiguen hasta
precipitarla en el abismo del desprecio. Esa eres tú, María, huérfana
hermosísima, dotada de gigantescas pasiones y falsamente persuadida de
que te habían robado el primer amor de tu corazón ¿qué habías de hacer?
Viviendo en mi casa como una señorita, te lanzaron de repente á la vida
libre de la servidumbre; rodeada de seducciones y necesidades, llena de
juventud y de belleza, fuiste una perla caída en el fango, fuiste un
ángel que se perdió buscando el camino de los cielos. ¡Qué infames son
los que te han engañado, vendido y enlodado! Pero yo sé que tu alma está
virgen todavía; tú tienes talento y un corazón sensible; aun puedes ser
buena y llegar á sentir algún día el inefable contento de la casta
esposa y la honorable madre. Yo me propongo regenerarte por medio del
trabajo, del honor y de la religión. Créemelo, María, quiero ser tu
padre ó siquiera tu hermano por algún tiempo. Tú ya no eres la joven que
se pudiera encerrar en un colegio; el ave acostumbrada á volar de árbol
en árbol, se muere de tristeza cuando la guardan en la jaula. Si tú
quieres te pondré una casa donde tengas criados que te sirvan, maestros
que te instruyan y respetos que te honren; yo desde lejos procuraré que
nada te falte, mirando en tí una prenda de ventura puesta por Dios bajo
mi amparo. Cuando hayan pasado tres ó cuatro años, si aprendiste y
observaste los deberes de la dama honesta y fuerte, iremos á vivir donde
no te conozcan y me casaré contigo, pero has de cumplir estas tres
condiciones que te exijo: primera, te instruirás en los deberes y las
labores de la buena educación; segunda, ninguno sabrá de tus labios que
yo te amo y te sostengo; y por último, vivirás con modestia y honradez
sin tacha."