En la noche que el médico desesperó de su curación, la fiebre hizo
crisis presentando los síntomas de un alivio repentino.
El enfermo abrió los ojos y viendo á su lado al Padre José, le dijo
resueltamente:--Creo que he dormido y he soñado mucho. Antes no sabía
qué camino tomar en el desierto de mi vida...... pero ya estoy
decidido..... Quiero huir de mis pasiones y de mis errores...... Hay
infortunios que nos separan del resto de los hombres..... Como si
hubiese muerto, desearía ser olvidado de cuantos me han conocido, ya que
sólo me quedan recuerdos y lágrimas para todos los días del porvenir.
Después de un rato de calma, volvió á decir con doloroso sentimiento:
--Me quedo aquí, según lo he prometido. El hombre nuevo pide á Ud. un
asilo en este lugar adonde no llegan las olas que se azotan en la
sociedad...... Solamente necesito un poco de paz para mi corazón. Ruego
á Ud., Padre, haga lo posible para que no sea conocida mi permanencia en
el convento, á lo menos de personas extrañas. Yo procuraré que pronto
llegue á México la noticia de mi muerte.
Volvió á callar y después de algunos instantes, prosiguió con voz apenas
perceptible:
--Ojalá que á la sombra de la muerte y bajo el peso del olvido, llegue
yo á ser bueno......
--Para serlo, hijo mío,--repuso el anciano--es necesario llevar la cruz
hasta la cumbre de la estéril montaña de la vida; en el otro lado se
halla la tierra de promisión.