X.

La noche adelantaba en silencio, apenas iluminada por pálidos luceros.

La fuente sollozaba en el fondo del jardín.

Algunas aves nocturnas se detenían graznando sobre las tapias.

Un viento helado agitaba las copas de los árboles y gemía lúgubremente

al entrar por el balcón para mover la flama de la vela y la cabellera de

D. Carlos.

La campana de la torre inmediata sonaba tan melancólica, tan lenta, como

si repitiera el toque de agonías.

El pobre joven, no de otro modo que si huyera de la tempestad de su

propia conciencia, repentinamente corrió hacia el balcón y se inclinó

demasiado como para precipitarse al vacío, pero en el acto se retiró

diciendo con profunda tristeza:--Está muy cerca el suelo.

Luego con firme pulso, pero deteniéndose á cada momento para reflexionar

sobre lo que hacía, escribió dos cartas; una para el criado que había

dejado en México cuidando su casa y la otra dirigida al Padre José.

La primera decía:

Mariano: Estoy enfermo. Cuando recibas esta carta ya no existiré. Ocurre

á mi notario y él te dará los títulos de propiedad de la casa que te

ofrecí por tus buenos servicios......

La otra carta estaba concebida en estos términos:

Padre: Hay infortunios superiores á las fuerzas humanas. El vacío del

corazón, la ingratitud del mundo y el oprobio inmerecido no tienen

remedio. Yo no he sido culpable hasta este momento, pero mi porvenir

está vacío de esperanzas; la tierra me abandona y el cielo ya no me oye.

Hay un abismo en mi pasado; tengo una enfermedad incurable en el

corazón, que devora mi vida. El destino ha pronunciado su oráculo: soy

desgraciado y necesito morir. No desconozco que hago mal, pero me es

imposible retroceder. Perdóneme que haya venido á turbar con mis

pasiones la calma de este retiro consagrado á la oración. Ruego á Ud.

que mi cadáver se oculte en un rincón ignorado. El capital que tengo en

su poder, cuya existencia sólo Ud. conoce, repártalo á los pobres sin

mentar mi nombre. Querido y muy querido Padre, como último favor le pido

que olvide para siempre á su infeliz amigo

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 15 / 153 题