VII.

En aquella época de turbulencias sociales, la conversación de casi todas

las reuniones versaba sobre los temblores de tierra y los cambios de

Gobierno.

El viajero procedente de la Capital tenía que dar cuenta minuciosa de

los acontecimientos políticos más ó menos desastrosos que allá se

repetían y de las fatigas soportadas en el camino durante quince días.

Para D. Carlos había en aquel monasterio un asunto más que tratar y aun

discutir, muy grave ciertamente, y era el afán con que procuraban

conquistarlo para que se hiciera fraile.

En otra ocasión se había excusado diciendo que su carácter parecía

incompatible con las reglas monásticas y hablando cortésmente sobre las

reformas que necesitaban los conventos.

El Padre José no tenía parte en aquellas discusiones; mas preocupado con

la misteriosa enfermedad de su huésped, aquel día se permitió indicarle,

que para ciertas dolencias no podría encontrarse mejor remedio que la

paz y la soledad del claustro, terminando por invitarlo á que se quedara

en el convento aunque no profesara.

D. Carlos, que por entonces sólo podía ocuparse de sus tristes ideas,

continuó mintiendo y esforzándose por aparecer alegre, locuaz y aun

descreído; dijo que la vida del claustro era fría, monótona é imposible

para él y aseguró que solamente apetecía las distracciones y placeres

que había venido á buscar en Oaxaca la víspera de Navidad.

--No obstante, yo me haría fraile--dijo con entusiasmo--si Udes. me

proporcionasen aquí tertulias, banquetes, bailes......... aunque no

fuera con frecuencia.

--Nadie puede resolver los problemas de la Providencia--contestó el

anciano Guardián con acento de grave cortesía.--Si esa es la única

condición, todo lo tendrá Ud. y en esta _noche buena_, por principio, le

daremos un festín.

--¿Y habrá buen vino?

--Sí, señor.

--¿Concurrirán señoras?

--Quizás.

--Con una me conformo...... Vea Ud., Padre...... Si me proporcionaran en

este retiro un departamento con balcones al jardín, una biblioteca de mi

gusto y una compañera de quince años, le aseguro que ya no saldría de

aquí.

--Todo se puede tener para el servicio y la gloria de Dios.

--¿Todo?

--Sí, D. Carlos, dándome Ud. su palabra...... yo le proporcionaré......

cuando Ud. guste......

--Hoy, si se puede.

--Sin duda, esta noche tendrá Ud. banquete, música.......

--¿Y la niña?

--También......

--¿A qué hora?

--A las doce.

--Convenido. ¿Es hermosa?

--Como los ángeles.

Al oir los otros padres tan atrevidas y poco edificantes afirmaciones de

su venerable superior, unos se santiguaron creyendo que había perdido la

razón, otros se dirigían miradas maliciosas y casi todos cesaron de

comer.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 12 / 153 题