En aquella época de turbulencias sociales, la conversación de casi todas
las reuniones versaba sobre los temblores de tierra y los cambios de
Gobierno.
El viajero procedente de la Capital tenía que dar cuenta minuciosa de
los acontecimientos políticos más ó menos desastrosos que allá se
repetían y de las fatigas soportadas en el camino durante quince días.
Para D. Carlos había en aquel monasterio un asunto más que tratar y aun
discutir, muy grave ciertamente, y era el afán con que procuraban
conquistarlo para que se hiciera fraile.
En otra ocasión se había excusado diciendo que su carácter parecía
incompatible con las reglas monásticas y hablando cortésmente sobre las
reformas que necesitaban los conventos.
El Padre José no tenía parte en aquellas discusiones; mas preocupado con
la misteriosa enfermedad de su huésped, aquel día se permitió indicarle,
que para ciertas dolencias no podría encontrarse mejor remedio que la
paz y la soledad del claustro, terminando por invitarlo á que se quedara
en el convento aunque no profesara.
D. Carlos, que por entonces sólo podía ocuparse de sus tristes ideas,
continuó mintiendo y esforzándose por aparecer alegre, locuaz y aun
descreído; dijo que la vida del claustro era fría, monótona é imposible
para él y aseguró que solamente apetecía las distracciones y placeres
que había venido á buscar en Oaxaca la víspera de Navidad.
--No obstante, yo me haría fraile--dijo con entusiasmo--si Udes. me
proporcionasen aquí tertulias, banquetes, bailes......... aunque no
fuera con frecuencia.
--Nadie puede resolver los problemas de la Providencia--contestó el
anciano Guardián con acento de grave cortesía.--Si esa es la única
condición, todo lo tendrá Ud. y en esta _noche buena_, por principio, le
daremos un festín.
--¿Y habrá buen vino?
--Sí, señor.
--¿Concurrirán señoras?
--Quizás.
--Con una me conformo...... Vea Ud., Padre...... Si me proporcionaran en
este retiro un departamento con balcones al jardín, una biblioteca de mi
gusto y una compañera de quince años, le aseguro que ya no saldría de
aquí.
--Todo se puede tener para el servicio y la gloria de Dios.
--¿Todo?
--Sí, D. Carlos, dándome Ud. su palabra...... yo le proporcionaré......
cuando Ud. guste......
--Hoy, si se puede.
--Sin duda, esta noche tendrá Ud. banquete, música.......
--¿Y la niña?
--También......
--¿A qué hora?
--A las doce.
--Convenido. ¿Es hermosa?
--Como los ángeles.
Al oir los otros padres tan atrevidas y poco edificantes afirmaciones de
su venerable superior, unos se santiguaron creyendo que había perdido la
razón, otros se dirigían miradas maliciosas y casi todos cesaron de
comer.